Intifada de Al-AqsaPor el Lic. Julian Schvindlerman
Para juzgar equitativamente el uso de la violencia por parte de las fuerzas de seguridad israelíes en la presente “Intifada de Al-Aqsa”, deben usarse criterios internacionales ecuánimes. Y no es necesario observar a nuestros vecinos árabes, cuyos gobernantes no han dudado en borrar en pocas horas a miles de sus propios ciudadanos de la faz de la tierra cuando vieron peligrar sus regímenes. También comparados con países avanzados -en tiempos de guerra- los israelíes terminan por ser los más moderados. Aunque ello no convenga al rating de la CNN.
Imágenes vs Estadísticas
Solamente durante el primer mes de la “Intifada de El Aksa”, los palestinos
- atacaron a tiros a civiles y militares israelíes en 599 oportunidades,
- arrojaron 400 bombas Molotov,
- detonaron 26 bombas,
- y lanzaron piedras en más de 1.397 ocasiones.
Desde el inicio de la violencia,
- atentados terroristas fueron llevados a cabo contra la población civil israelí en Jerusalem y Hedera;
- civiles circulando en los caminos de Judea, Samaria y Gaza fueron repetidamente atacados a tiros, con bombas o apedreados;
- dos soldados fueron brutalmente linchados en Ramallah;
- al menos tres lugares sacros judíos fueron profandos, y varios bosques incendiados.
Desde hace tres meses los residentes del barrio jerosolimitano de Guiló deben dormir en habitaciones que no miren hacia la aledaña Beit-Djala para evitar ser tocados por las balas que reiteradamente son disparadas desde la aldea palestina. En un incidente particular, el gran rabino de Israel, Meir Lau, se salvó “por milagro” (según él mismo relató) de ser atravesado por balas palestinas, mientras regresaba -en un camión blindado- de una ceremonia religiosa oficiada en un asentamiento en los territorios. Menos afortunados fueron tres niños cuyas piernas debieron ser amputadas luego de que una bomba palestina fuera detonada al lado del micro escolar que los transportaba.
Por defenderse de este torrente de ataques, Israel fue moralmente condenada por 4 organismos de las Naciones Unidas (el Conejo de Seguridad, la Asamblea General, la Comisión de Derechos Humanos, y el Comité Económico y Social), además de por Amnesty International, la Unión Europea, y la CNN, BBC, et al. La Liga Árabe llamó al sometimiento de líderes israelíes ante un tribunal internacional de justicia bajo cargos de cometer “crímenes de guerra”. La Autoridad Palestina pidió a la ONU que envíe 2.000 observadores para detener las “masacres” de los soldados israelíes que “tiran a matar”.
Semejantes condenas por parte de prácticamente toda la comunidad internacional dejan a un observador objetivo un tanto perplejo. Que la Liga Árabe acuse al estado judío de efectuar crímenes no es ni nuevo ni llamativo. Que un ente como las Naciones Unidas, casi la totalidad de la prensa del mundo libre, organismos de derechos humanos, y la mayoría de las democracias occidentales se sumen al tren acusatorio árabe, sugeriría que algo de validez pudiera haber en los cargos.
¿Es esto así? ¿Usó Israel fuerza excesiva contra los palestinos durante los últimos tres meses? Para responder el interrogante apelemos a la razón, donde una excelente herramienta la brinda la matemática. Según estadísticas del ejército israelí, durante las primeras seis semanas de violencia Israel enfrentó 5.085 ataques instigados por los palestinos. Estimaciones confiables ubican al número de palestinos muertos en alrededor de 300 y el de heridos en unos 4.000. De estas cifras podemos arribar a dos conclusiones básicas, tal como las presentó el coronel Daniel Reisner, titular del Departamento de Derecho Internacional de las Fuerzas de Defensa de Israel:
- menos de una persona fue herida por cada incidente violento;
- menos del 10% de los palestinos que participaron en los incidentes resultaron muertos.
Entonces, ¿puede uno considerar esto fuerza excesiva? ¿Refleja esto una política de “tirar a matar”? Claramente no.
Israel en perspectiva comparada
Diez años trás, cuando el estado judío era duramente censurado por la comunidad internacional mientras enfrentaba la primera Intifada, el renombrado comentarista político norteamericano Charles Krauthammer escribió un artículo que marcó un verdadero hito en la historia del análisis político contemporáneo en lo concerniente a la relación Israel-occidente. En su fabuloso ensayo, azorado por la severidad de la condena mundial, Krauthammer definió el parámetro moral y lógico adecuado bajo el cual Israel debería ser juzgado. ¿Debía Israel ser juzgado según los standards bajo los cuales sus vecinos, las naciones árabes, son juzgadas?
Si este fuera el caso, Israel saldría notablememte airosa de la comparación. Las instancias que inmediatamente afloran son
- Jordania en 1970 (el Rey Hussein aplastó su propia Intifada palestina, dejando un saldo de 3.000 muertos en 10 días);
- Siria en 1982 (Hafez el-Assad suprimió un levantamiento islámico interno masacrando a 20.000 personas en dos semanas y cubrió luego los cuerpos con cemento);
- Arabia Saudita en 1987 (aprovechando la peregrinación anual a la Meca, Irán intentó desestabilizar al régimen saudita; tropas saudíes ametrallaron a 275 peregrinos e hirieron a 4.500);
- e Irak en 1988 (Saddam Hussein gaseó a 5.000 kurdos).
Esto llevó a Krauthammer a observar lo siguiente:
“Todo juicio moral que rehúse considerar la alternativa, será meramente irresponsable. Esto explica por qué la calidad moral de los vecinos de Israel es importante. No es sólo la vecindad, sino la alternativa, y si Israel sucumbiera, también el futuro. Por lo tanto, es moralmente absurdo rechazar a Israel por un presunto incumplimiento de las normas morales que atañen a los derechos humanos, pues la consecuencia de ese rechazo significaría la entrega de la región a las manos de vecinos cuyo respeto por los derechos humanos es considerablemente menor”.
Con todo, este analista señaló que el estado judío debía ser juzgado no conforme a las normas morales que rigen en el Medio Oriente, sino a la normas morales del mundo libre del cual Israel es parte. Y aquí Krauthammer introdujo una segunda distinción, la que será de suprema importancia para nuestro análisis, a saber, que hay dos normas morales para occidente: las que exigimos de las naciones en tiempos de paz y las que exigimos de ellas en tiempos de guerra. “No sería justo ni lógico pedirle a Israel -que sólo ha conocido guerras durante [50] años de su existencia- que actúe como un país de occidente en tiempo de paz”, escribió.
Veamos entonces cómo se han comportado las naciones del mundo libre cuando enfrentaron similares desórdenes internos:
- Durante la “revuelta árabe” en Palestina de 1936-1939, los británicos arrasaron aldeas enteras, mataron más de 3.000 árabes y solamente en 1939 ahorcaron a 109 revoltosos.
- La presencia francesa en Argelia trascendió por su absoluta brutalidad.
- En 1984, la democrática India atacó a sikhs rebeldes en el Templo del Oro, matando a 300 personas en un solo día.
- En 1989, en disturbios originados a partir del alza de precios decretada por el gobierno, más de 300 manifestantes fueron asesinados por fuerzas venezolanas.
Los ejemplos arriba mencionados alcanzan para probar la tesis del presente artículo: comparada con la conducta de países occidentales en tiempos de guerra o desorden doméstico, la conducta israelí emerge tranquilamente vindicada. Sin embargo, hay otros dos casos que merecen especial atención en el marco de la presente nota. El Dr. Alexander Safian los detalló con claridad en un reciente reporte de la organización CAMERA (Committee for Accuracy in Middle East Reporting in America).
En 1989 Estados Unidos invadió Panamá y arrestó a su presidente Manuel Noriega. La expedición norteamericana demandó un despliegue de 20.000 hombres fuertemente armados, transporte a otro país, y dejó un saldo de alrededor de 4.000 muertos, la mayoría civiles. ¿Y cuál fue el acto motivador de semejante aventura? El asesinato de un soldado norteamericano por soldados panameños. Cuatro marines que iban manejando en la ciudad de Panamá se perdieron y llegaron a un puesto de control panameño. Cuando los marines rehusaron bajarse del vehículo, los soldados panameños abrieron fuego matando a uno e hiriendo a otro.
Compare esto con la reacción israelí luego del brutal linchamiento de dos reservistas israelíes en Ramallah. Tal como los marines, éstos perdieron su ruta y por error arribaron a un puesto de control policial palestino. Fueron inmediatamente secuestrados y transportados al cuartel de la policía de Ramallah, donde una muchedumbre proveniente de un funeral los asesinó de manera animalesca. La respuesta israelí consistió en primero anunciar que atacaría determinados objetivos -con tres horas de anticipación- y luego en bombardear edificios vacíos en Ramallah y Gaza. En consecuancia, la cantidad de muertos resultantes de este acto de “represalia” fue cero.
Un caso aún más pertinente, tal como el Dr. Safian nos recuerda, es la performance de no otra que la ONU -ese paladín de justicia universal siempre tan avieso a condenar a Israel- en Somalía en 1993. En el contexto de un país cada vez más sumergido en el caos, con milicias paramilitares luchando entre sí y una economía en ruinas, la ONU intervino en el país africano para restaurar el orden. Soldados de la ONU en varias ocasiones fueron atacados por tropas rebeldes somalíes las que usaban a mujeres y niños como escudos humanos. En respuesta, la ONU envió helicópteros Cobra a bombardear Mogadishu, un ataque que produjo más de 60 muertes y más de 100 heridos. Un misil cayó en el patio de una agencia francesa de ayuda humanitaria, matando a un empleado e hiriendo a siete. Sobre la base de que la radio de Mogadishu emitía mensajes incitadores, la ONU hizo añicos el edificio desde la cual ésta operaba. Luego de una batalla que dejó un saldo de 100 somalíes muertos, el vocero militar de la ONU defendió la prerrogativa del organismo de disparar, incluso desde helicópteros, contra civiles, algunos armados, otros no, con estas palabras: “Todo el mundo sobre la tierra en la vecindad era un combatiente, porque querían hacernos daño”. Safian observó que la cantidad de muertos en esa sola batalla igualó el número de palestinos muertos durante la primeras tres semanas de confrontaciones con Israel.
A pesar de haber enfrentado una situación similar a la de la ONU en Somalía (explotación de niños en el conflicto, prensa incitando a la violencia, civiles armados disparando, otros apoyando la revuelta, etc.), Israel fue condenada precisamente por el mismo organismo cuya conducta en el continente negro fue significativamente desmedida en términos comparativos. Después de todo, los somalíes no querían destruir a la ONU. Semanas atrás, en Sierra Leone, soldados de la ONU abrieron fuego contra manifestantes cuya gesta más amenazante fue quemar neumáticos…
Un mundo perfecto
No se requiere demasiada imaginación para predecir cuál hubiera sido la reacción de la CNN y Amnesty International si un misil israelí hubiera caído sobre las instalaciones de una organización no-gubenamental francesa en Djenín, tal como sucedió durante la presencia de la ONU en Somalía. Tampoco se necesita ser versado en estudios mesorientales para imaginar la respuesta del mundo musulmán si el mufti palestino, el máximo sacerdote islámico, hubiera sido por poco asesinado por una banda paramilitar judía, tal como ilustró el ataque contra el gran rabino de Israel.
Y si Estados Unidos invadió otro país a partir del asesinato de uno de sus soldados, uno tiembla al pensar en qué respuesta hubiera dado el Tío Sam si dos de sus soldados hubieran sido salvajemente linchados como los reservistas israelíes. De hecho, para rescatar a soldados atrapados en Somalía, Estados Unidos lanzó un operativo que dejó un saldo de 500 muertes. Cuando un soldado israelí mortalmente herido quedó atrapado en la Tumba de Iosef y tiradores palestinos impedían su evacuación, el ejército israelí se abstuvo de emplear la fuerza necesaria para garantizar el rescate del soldado herido porque eso hubiera necesariamente demandado varias vidas palestinas. “Imagine cómo hubiera lucido ante el resto del mundo”, fue el comentario lacónico de un militar israelí.
Es cierto que las imágenes televisadas de misiles israelíes aterrizando en Gaza y Ramallah, o tanques posicionados frente a localidades palestinas, o soldados disparando contra manifestantes, no contribuye especialmente a fomentar una percepción benigna del ejército israelí. Pero a diferencia de la CNN y la ONU, los soldados israelíes tienen bien presente el destino que les espera si llegaran a caer en las manos de esos “manifestantes”, tal como el linchamiento de Ramallah escalofriantemente ha ilustrado. El mundo occidental aún no ha comprendido que Israel no enfrenta civiles pacíficos protestando por mejoría en los servicios sociales, sino un pueblo económicamente frustrado, con su nacionalismo encendido, y religiosamente antagónico. Desvestida de toda la cháchara propagandística, los palestinos debieran verdaderamente agradecer a Allah por tener como enemigo a Israel en lugar de cualquier otra democracia occidental, por no decir una dictadura árabe.
La realidad es que el ejército israelí es el más medido del mundo. Si hubiera respondido con real fuerza excesiva, las cifras de muertos palestinos estarían en los 4 dígitos. Para los escépticos que tienen dificultades en asociar a las Fuerzas de Defensa de Israel con esta imagen de moderación en la conducta, podrán encontrar en el siguiente factor pragmático otra razón de la contención militar israelí: muchas víctimas palestinas hubieran validado el reclamo de Arafat en cuanto a la necesidad de despachar fuerzas de la ONU a la región. Un incidente como el de Kfar Kana de 1996, en el cual un misil israelí cayó sobre un campo de refugiados en el Líbano, es la carne de cañón perfecta que el líder palestino necesita para involucrar a la ONU. Por eso la OLP cínicamente manipuló las vidas de sus niños y se aseguró que las cámaras de la BBC estuvieran siempre presentes para filmar la desencadenante tragedia. Pero esto, por supuesto, no ameritó condena internacional.
Bibliografía
Tomado de Hagshama E-zine
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