¿Existen las guerras justas?
Líbano 2006
Por
primera vez en 40 años Israel parece estar en una guerra justa.
Esta es
la segunda vez desde 1948, tras la Guerra de Iom Kippur, que Israel
está defendiendo su territorio en lugar de ocupar, conquistar o
colonizar alguna zona o, como en 1956, ser parte de una
conspiración
fraudulenta para defender los intereses de occidente en la
región. La
situación está bien clara: Israel está actuando en
contra de una
organización terrorista que ignoró los acuerdos
limítrofes
internacionales y actuó en contra del estado de Israel con el
consentimiento de Damasco y Terán. Los motivos para responder
son
suficientes, los objetivos, métodos y resultados
problemáticos.
Como
ya sabemos, esta no es la primera crisis que desencadena operaciones
militares en el Líbano. La primera de ellas fue en 1978 cuando
la lucha
contra guerrilleros palestinos se convirtió en un combate mayor
llamado
“Operación Litani”. Pero incluso en el más
serio de los incidentes, la
Operación “Paz para Galilea” de 1982, que
incluyó años de lucha en el
Líbano entre Israel y las fuerzas Sirio-Libanesas las partes
pudieron
mantener el conflicto dentro de límites razonables, evitando una
escalada de violencia y la regionalización del mismo.
Las incursiones dentro de Líbano son una
manifestación de uno de los más significantes aspectos de
lucha
asimétrica. Mientras que las historias de los conflictos en
occidente
generalmente se vieron guiadas por las clásicas visiones
greco-romanas
de enfrentamientos entre ejércitos en campos de batalla, las
guerras
que ha luchado Israel en el Líbano lejos se encuentran de los
conflictos al estilo occidental. En el caso libanés la lucha ha
sido
contra, guerrillas, terroristas y grupos fundamentalistas, una lucha
que no es entre estados sino contra organizaciones terroristas que
funcionan como pseudos-estados dentro de estados, en el caso actual una
guerra en la cual hay que tomar las precauciones necesarias para no
dañar al gobierno oficial del Líbano, un gobierno que
cuenta con el
apoyo del mundo occidental.
Las preguntas que surgen inevitablemente de esta
crisis es ¿Por qué ahora? ¿Por qué
eligió Hizbolá atacar justo en este
momento? Probablemente es debido a Irán, ya que en estos
días debería
vencer el ultimátum impuesto por occidente a fin de llegar a un
acuerdo
sobre los planes atómicos persas. Quizás por que el
dictador sirio
Assad hijo está incumpliendo con la resolución 1559 de la
ONU y dando
protección al líder terrorista de Hamas Khaled Mashal en
Damasco.
Quizás para bajar la presión a la que se ve expuesto el
gobierno
terrorista de Hamas, o quizás simplemente debido a que el
proceso de
democratización del Líbano dirigido por Fuad Siniora
resta importancia
al estatus que Nasrallah desea tener en ese país.
No importa realmente cuales son los motivos, lo que
debemos tener en cuenta, como hemos dicho, es que Hizbolá
decidió
unilateralmente atacar a Israel, violar el límite internacional,
asesinar y secuestrar soldados, motivo suficientemente justo para
responder, el hecho de que la soberanía israelí fuese
violada es un
delito internacional, y debido a esto podemos ver el apoyo
internacional a Israel.
Guerra local con objetivos zonales
“No hay enemigo pequeño ni fuerza
desdeñable por que ya no hay pueblos aislados”.
Ernesto Che Guevara
Por más de 50 años las guerras en
Medio Oriente han
sido guerras internacionales. Grandes potencias han utilizado
pequeños
países y grupos como sus soldados y las batallas entre grandes
estados
se han peleado en pequeños países como el actual
debilitado Líbano,
pero las consecuencias mundiales pueden ser impredecibles.
Las relaciones entre Hizbolá, Hamas,
Irán y Siria
son extremadamente obvias. El armamento de la guerrilla libanesa ha
llegado desde las tierras persas, y hoy, en medio de los ataques
israelíes, aún hay intentos sirios de proveer armamento a
Hizbolá. Si
bien es difícil predecir como responderán estos dos
países, debemos
tener en cuenta que en el caso de Irán el ingreso a una guerra
contra
Israel y la regionalización oficial del conflicto sin duda
traería
consecuencias negativas a sus intentos de resolver el conflicto sobre
la construcción de facilidades nucleares en su país y le
generará una
insolación aún mayor en la comunidad internacional.
Por el lado del otro miembro del “eje del
mal”,
Siria, a pesar de la ya comprobada inexperiencia de su presidente, es
de suponer que tampoco debería entrar en este conflicto
directamente ya
que el ingreso de fuerzas de este país a territorio
Libanés supondrían
una violación de la resolución 1680 de la ONU la cual le
prohíbe
desplegar fuerzas armadas en Líbano y las sanciones inmediatas
sobre el
ya debilitado país serían prácticamente inmediatas.
La comunidad internacional, sorprendentemente apoya,
hasta ahora, la posición israelí, siempre y cuando el
estado Judío no
realice matanzas de civiles y no dañe sustancialmente el
frágil
gobierno de Fuad Siniora. Los líderes del Grupo de los 8
acordaron en
San Petersburgo permitir el uso de “mano dura”
israelí a fin de
castigar a Hamas y Hizbolá, los esfuerzos diplomáticos se
encuentran
prácticamente congelados dándole tiempo al
ejército israelí para
completar su misión.
Para Olmert y Peretz, dos políticos cuya
capacidad
de gobernar bajo situaciones de extrema presión se encontraba
bajo
grandes dudas entre la ciudadanía israelí la actual
crisis les ha dado
grandes réditos políticos.
A pesar de que Olmert siempre deseo ser Primer
Ministro no muchos israelíes creían que llegaría a
ocupar este puesto,
como declarara Yosi Sarid “ganar la lotería hubiera
sido más fácil”,
demás está decir que las dudosas capacidades militares
– entre otras –
del líder laborista Amir Peretz hace pocos meses daban que
pensar que
ver al mismo en el puesto de Ministro de Defensa sería solamente
una
broma de mal gusto. Ambos, principiantes en sus puestos, cuentan hoy en
día con gran apoyo de la población, una población
víctima de los
sentimientos que piden venganza y victoria, dos factores que estos dos
políticos están dispuestos a brindar.
La actual guerra en el Líbano finalmente le
dio a la
discutida y problemática coalición gubernamental de
Kadima consenso
nacional, permitiéndole salir a una guerra apoyada por la mayor
parte
de los israelíes. Las grandes preguntas son: ¿cuanto
tiempo podrán
Olmert y Peretz mantener a Israel en guerra, especialmente cuando los
ataques con misiles sobre Israel no aparentan disminuir?
¿Cuánto tiempo
continuará apoyará la ciudadanía la estadía
del ejercito en Líbano
mientras vuelven al país cuerpos de soldados? Debemos tener en
cuenta
dos reglas básicas de los conflictos modernos: 1) las escaladas
de
violencia contra grupos extremistas generalmente generan más
extremismo
y fundamentalismo, especialmente cuando hay un gran número de
víctimas
civiles. 2) un ejercito profesional ha raramente podido desmantelar y
derrotar completamente guerrillas fundamentalistas bien armadas y
organizadas.
Los límites actuales del conflicto y las “sorpresas de Nasrallah”
A pesar de las lluvias de misiles sobre las ciudades
del norte de Israel y los constantes ataques israelíes sobre el
Líbano
debemos tener en cuenta que ninguno de los dos bandos está
usando su
máxima capacidad para derrotar al enemigo, podemos decir que el
conflicto está limitado. El ejército Libanés no ha
intervenido, y la
tan esperada ayuda externa desde Siria e Irán aún no ha
llegado. Aún
así los ataques sufridos por el norte del Israel son solamente
comparables a los que sufriera el país durante la Guerra de la
Independencia.
Los objetivos de las partes también
todavía son
limitados. Hizbolá aún no ha intentado ataque contra
ciudades en el
centro de Israel, probablemente este grupo no esperaba una
reacción
israelí tan severa a su ataque. Es de suponer, que a pesar de
las
declaraciones de guerra de Hassan Nasrallah, este esperando que la
comunidad internacional logre un cese de fuego y así pueda
Hizbolá
declarar un triunfo sobre el Estado Judío fortaleciendo su
estatus de
único defensor del Líbano.
Por parte de Israel los objetivos son limitados pero
muy importantes. El primero es expulsar a Hizbolá del Sur del
Líbano,
intentando obtener una victoria militar que le permita reducir la
amenaza de esta guerrilla sobre Israel, y fundamentalmente devolver al
estado judío la capacidad de atemorizar al enemigo con la
contaba desde
la guerra de los Seis Días. Varias formas existen para lograr
estos
objetivos, algunas pueden ser más dolorosas y letales que otras,
y cabe
recordar que en una guerra generalmente ambos bandos sufren, si bien el
más fuerte sufre menos, este aún tiene bajas.
La muerte de Nasrallah, otro de los objetivos
israelíes, si bien dejaría contenta a la población
israelí y a todos
aquellos quienes se oponen al terrorismo fundamentalista no
significará
el fin de Hizbolá. Nasrallah ya ha sobrevivido varios intentos
de
asesinato en Beirut. Si bien habría algunos beneficios
inmediatos dado
su gran carisma, el valor de este asesinato a largo plazo es más
que
dudoso. Es de tener en cuenta que la reacción de Hizbolá
ante el
asesinato del líder será casi con seguridad un escalda en
la violencia
que puede incluir el uso de sus misiles “Zedal” para atacar
el centro
de Israel o activar sus redes terroristas internacionales.
El líder de Hizbolá promete
constantemente
“sorpresas”, alguna de las cuales resultaron ser
verdaderamente letales
y llevaron al conflicto a un nivel mucho más dramático
del que
aparentaba durante los primeros días. Los ataques al norte del
país
llegaron hasta Haifa, Tiberias, Carmiel, Afula, ciudades que durante
décadas no habían sido víctimas de los enemigos
del Estado de Israel.
Según Nasrallah sus “sorpresas” aún no han
terminado, a fin de saber
que tipo de sorpresas nos prepara debemos analizar el pasado de esta
organización. Hizbolá, dado que es organización
guerrillera y
terrorista, en el pasado a respondido ya con “sorpresas” en
diferentes
lados del mundo. Este grupo tiene una larga lista de ataques cometidos
fuera del Líbano e Israel. Sus víctimas incluyen
objetivos no solo
Israelíes y occidentales sino que varios estados árabes
como Arabia
Saudita, Kuwait, Bahrein, y los Emiratos Árabes ya han sido
sufrido sus
ataques. Quizás los ataques más recordados llevados a
cabo por esta
organización han sido los atentados contra la Embajada
Israelí en
Buenos Aires en 1992 y la Sede de la comunidad Judía (AMIA) en
el mismo
país dos años mas tarde. Ambas acciones tuvieron lugar
luego de
acciones israelíes y bajo el aparente apoyo de Irán, y
con el correr de
los años contaron con el vergonzoso encubrimiento de facto
de
los corruptos gobiernos argentinos y el ridículo sistema legal
de este
país. En 1992 Israel atacó un campo de entrenamiento de
Hizbolá donde
decenas de terroristas fueron eliminados y en 1994 el Sheik Abbas
Musawi fue eliminado por un helicóptero Apache.
La sofisticación de estos ataques en
Argentina
demostró la habilidad de Hizbolá e Irán para
exportar terrorismo y
actuar rápidamente sin aviso previo. Es de suponer que luego de
los
fatales ataques en Argentina Hizbolá ha continuado mejorando su
capacidad para realizar ataques terroristas en diferentes partes del
mundo. Los objetivos pueden ser muchos, no solo ataques en Israel o los
Estados Unidos, por ejemplo Turquía debido a la presencia de
células de
Hizbolá, su proximidad a Siria y Líbano y a la existencia
de numerosas
instituciones judías se encuentra bajo alto riesgo, Europa
también
puede ser víctima y países árabes como Egipto y
Jordania quienes han
demostrado oponerse al terrorismo islámico y como si fuera poco
“traicionaron” al mundo musulmán firmando acuerdos
de paz con el Estado
Sionista sin duda están entre los países que pueden verse
afectados. Es
de suponer que estas son algunas de las “sorpresas” de
Nasrallah.
quizás el motivo principal por el cual aún no ha hecho
uso de esta
posibilidad es debido a que el uso de terror debilitaría
aún más la
posición de Hizbolá dentro de la comunidad internacional
y también
dentro del mismo Líbano, país donde Hizbolá
intenta presentarse como el
único verdadero defensor de los intereses nacionales del mismo.
¿Hasta donde llegar?
Si nos ponemos a analizar cuales serían las
condiciones que gran parte de la población de Israel desea que
se
logren en esta operación militar concluiríamos
básicamente que esta
desea la eliminación de Hizbolá de la forma más
rápida, fulminante y
elegante posible, la destrucción de todos los misiles de esta
organización, la muerte de su líder Nasrallah y alejar a
este grupo del
límite internacional. Estos objetivos no pueden ser obtenidos en
su
totalidad por medio de operaciones aéreas, por lo cual el
gobierno
israelí posee dos opciones, permitir el ingreso de fuerzas
terrestres
al Líbano o modificar los objetivos a fin de evitar mayores
bajas en
sus fuerzas y en la población civil libanesa.
El justificado trauma israelí generado por el
oscuro
pasado de las invasiones al Líbano debería
lamentablemente ser tomado
en cuenta antes de ingresar al Líbano por tierra. Una
invasión
terrestre siempre tiene un comienzo pero generalmente no se sabe cuando
culmina, lo que al principio es una invasión puntual y reducida
se va
ampliando lentamente a fin de derrotar al cruento enemigo, más y
más
fuerzas son enroladas y los cuerpos de los soldados comenzarán a
llegar. El deseo de conseguir la victoria absoluta, puede requerir un
precio tan alto que el mismo concepto de “victoria” se
convierte en muy
discutido, ¿puede realmente haber victoria en una guerra?
Muchos sectores de la población
israelí están
asombrados de que Tzahal, potente, poderoso, quien puede enfrentar a
cualquier enemigo, aún no consigue vencer a un grupo de
guerrilleros
como Hizbolá.
Israel salió a una guerra por
obligación, justa e
inevitable. Durante 10 días los sofisticados aviones de la
fuerza aérea
se ocuparon de destruir una gran parte de Líbano,
demostrándole al
mundo árabe que el Estado Judío responde, y muy duramente
cuando lo
considera necesario, devolviéndole a Tzahal su capacidad de
imponer
miedo ante los enemigos del Estado Sionista. Tras esos 10 días
también
quedó muy claro en el ámbito diplomático que
cualquier cese de fuego
debería incluir el regreso de los soldados secuestrados por
Hizbolá y
Hamas, la salida de Hizbolá del Sur del Líbano y el
control de esa zona
por el ejercito del Líbano. Esos deberían haber sido los
únicos
objetivos de esta guerra. Por su parte, el debilitado gobierno
libanés
presidido por Fuad Siniora y la comunidad internacional aparentemente
tras 10 días de ataques masivos comprendieron el mensaje y
declararon
interés en comenzar negociaciones para en cese de fuego y
comenzar con
el juego político en lugar de seguir con los ataques militares.
Habría
que haber llegado a un acuerdo que implique el cese de fuego hacia el
norte del país y la devolución de los soldados, pero
lamentablemente el
inexperto gobierno israelí se dejó guiar por los
sentimientos y va en
busca de más.
El ingreso terrestre a Líbano es
extremadamente
problemático, el alto precio a pagar con la vida de soldados es
un
precio muy duro para la sociedad israelí y lamentablemente como
lo
hemos dicho toda entrada pone en duda la fecha de salida, y la historia
se repite, tras muchas muertes y días en los cuales los
ciudadanos del
norte del país pasen en los bunkers en lugar de estar en las
playas de
Haifa, Naharía y Tuberías se deberá llegar la
solución política, pero,
hasta que eso pase el apoyo de la comunidad internacional y
impresionantes logros obtenidos por tzahal durante los primeros 10
días
esta guerra que fuera justa estarán muy lejos de ser recordados.
Como en la mayoría de los casos de conflictos
bélicos de baja intensidad, la confrontación actual
será raramente
resuelta por medios militares, pero aún no hay consenso sobre
alguna
estrategia política factible para terminar las confrontaciones.
Básicamente el enfrentamiento entre Israel y
Hizbolá
puede convertirse en una “cuestión de honor”, algo
muy común en Medio
Oriente. Ambos lados están fuertemente influenciados por la
opinión
pública. Si bien una línea de pensamiento racional
llevaría a ambas a
partes a comenzar con las negociaciones diplomáticas a fin de
facilitar
la vida de los civiles de los dos lados de la frontera, el
fundamentalismo, el orgullo y la inexperiencia de los líderes
muchas
veces los llevan a pensar que la guerra es una solución mejor
que la
paz.
La historia nos muestra que cada una de las batallas
del conflicto árabe-israelí es solamente un preludio de
la próxima, las
victorias en los campos de batalla son temporales, las luchas de estos
días son probablemente solo otra de las batallas.
La habilidad de los grandes líderes y
políticos que
se ven envueltos en conflictos armados reside en tener la capacidad de
ver el momento justo en el cual una guerra comienza a perderse en el
campo diplomático, en el cual llega el momento de no intentar ir
demasiado lejos, en el cual se corre el riesgo de que una guerra justa
se convierta rápidamente en una masacre para ambos lados y como
consecuencia en simplemente injusta, sin importar quien tenga la
razón.
Tomado de Hagshana
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