Pilar Rahola
Estos días se cumplirán 30 años desde la muerte de Ben Gurion, El profeta del desierto.
Contemplo una fotografía en la casita del kibutz Sde Boker donde escogió vivir sus últimos años, y donde murieron él y su esposa Pola.
Es un hombre pequeño, frágil, prácticamente invisible al lado del inmenso De Gaulle que le acompaña en el retrato.
La casa tiene los lujos propios de un kibutz del desierto: es decir, ninguno. Un saloncito de juguete, donde recibía a los Jefes de Estado; un baño de aquellos que recuerdan la prehistoria; un despacho que, si no fuera por la montaña de libros que lo abruman, sería un rincón sin ningún atributo; una Biblia subrayada; en el dormitorio, una foto de Gandhi, única, solemne, simbólica. Y en el fondo de este humilde y enjuto espacio, el refugio para protegerse de las diversas guerras que vivió.
La tumba, algún kilómetro más allá, es tan humilde como él: un espacio de piedra blanca sin decoración ni texto de homenaje, situada en una pequeña cima que permite contemplar la belleza estremecedora del árido desierto que la rodea. Unas piedrecillas encima, recuerdan que hay gente que la visita.
Es difícil, en la concepción actual de la política, tan estrechamente ligada al éxito personal, entender la profunda entrega a una causa que motivaba a los hombres de aquellos tiempos, a una estirpe de idealistas la lucha de los cuales trascendía la propia biografía.
“Nunca he suspirado por un honor, tampoco he codiciado bienes materiales ni rango académico o atributos personales. Pero durante mi visita a vuestro kibutz me ha resultado difícil evitar sentir la envidia en el corazón. Podría merecer el honor de participar en vuestra empresa?”. Seis meses despues de esta carta, el hombre que creó el Estado e intentó dotarlo del ideal de justicia que le inspiraba, vestía unos pantalones de campo, ordeñaba cabras y recogía aceitunas.
No muchos kilómetros más allá, otro símbolo de este país torturado hacia lo mismo: Golda Meir.
Pienso en todo esto, mientras contemplo el Néguev. Ben Gurion estaba convencido que la empresa más importante que tenían que conseguir, despues de crear un Estado normal y justo, donde poder vivir en convivencia árabes y judíos, era dominar el desierto. “Traer el verde” decía. Para eso, fundó una universidad allí donde había únicamente piedras y cabras, por eso mismo intentó animar a la gente a vivir allí donde nadie había soñado vivir ni en sus peores pesadillas. No puedo imaginar como debía ser el shock para aquellos judíos ucranianos, polacos, lituanos, fugitivos de los progroms rusos y llegados en los años 20 a Tierra Santa, bajo el dominio inglés, cuando llegaron al Néguev: Nada. Ni siquiera beduinos en la mayoría de las zonas, y allí plantaron tiendas, construyeron regadíos, establecieron una sanidad precaria pero efectiva e incluso montaron en un lugar imposible, una universidad.
Poca gente del país sueña ahora con el Néguev. ” Los jóvenes sueñan con triunfar, tener dinero, huir a Estados Unidos. Para eso creamos el Estado?”. Me lo pregunta uno de aquellos Olim (inmigrantes ) que llegaron en los inicios del país, impelido por la fuerza de los ideales. ” Venia de la gran Ciudad de La Plata, en Argentina y cuando llegué a Mitzpe Ramon, al sur del sur, tuve la impresión de haber aterrizado en la luna. Al principio el silencio me agredía”. Como la mayoría de ellos, Raúl Vaich es un hombre de ideas socialistas y la creación del Estado de Israel tenía para él, como para Ben Gurion, un doble sentido: crear un derecho internacional que protegiera a los judíos del mundo, convencidos de que siempre serían perseguidos, y hacerlo bajo el amparo del socialismo. Los kibutzim nacieron de esta utopía, utopía que la primera guerra árabe se encargó de agrietar. Despues vinieron todas las otras y la espiral de violencia ya no ha dejado nunca de acompañarles.
Contemplo el fondo del valle desde la cima donde está la tumba. Un grupo de jóvenes está haciendo una excursión y cantan algo. Todo parece tan normal….. Me viene a la memoria la rutilante fiesta de cumpleaños que montaron para Shimon Peres, y participaron entre otros,Gorbachov, Clinton….. Un ejercicio de vanidad pública que aquí donde estoy ahora, en esta orgullosa aridez, me resulta muy grotesca. No me imagino a Ben Gurion montando un ejercicio de autocomplacencia, pero, acaso es imaginable a Ben Gurion en el presente?. Acaso lo es para el otro pequeño gran hombre que honoró el siglo XX, el estimado Gandhi?. Gente herida por la fuerza de los ideales, sacudida por un incorruptible sentido noble de la vida, tan convencidos de su lucha que se diluyeron hasta desaparecer.
“Cuando llegué al Néguev, Ben Gurion era para mi un mito inalcanzable, el hombre que me había hecho subirme a un barco trasatlántico, correr medio mundo, dejarlo todo a los 18 años, casarme e instalarme en medio de la nada. Pero cuando le conocí, pequeño, afable, hablando con grupitos de personas como si fuera un amigo, recorriendo los caminos que yo recorría, quedé tocado de por vida. El ideal adquiría mucho más sentido” . Dicen que solo Rabin ha vuelto a tocar el corazón de los israelíes como lo hizo Ben Gurion.
La prosaica y violenta realidad que vive la sociedad israelí no está ahora para romanticismos. “Es una sociedad traumatizada” me dice uno de los mejores corresponsales de la zona, Enrique Zimmerman. Por un lado están convencidos de que, hagan lo que hagan, no habrá paz. Han vivido tres guerras árabes – la del 48, el 67 y el 73 – y desde hace años viven una situación permanente de terrorismo. Rabin firmó los Acuerdos de Oslo en el 93, porque Arafat había prometido la paz. Rabin en el 93 en Oslo, Netanyahu con el acuerdo de Hebron, Barak en el 2000 en Camp Davis ( donde ofreció mucho más de lo que era razonable), y sin embargo….. Arafat siempre dijo no.
Sharon es el resultado de un largo proceso de esperanzas truncadas, de violencia cotidiana y de un futuro incierto. Al mismo tiempo sin embargo, la sociedad israelí nacida bajo el aliento de los valores europeos, no entiende la criminalización que sufre por parte de Europa y se siente más sola que nunca. “Ni uno solo de nuestros muertos os afecta?” me pregunta un joven. Como explicarle la distorsión de la información que se da sobre el próximo Oriente, la minimización que hacemos del terrorismo integrista – que está destruyendo la sociedad palestina – , como decirle que Europa practica un maniqueísmo de buenos y malos que convierte a los judíos en culpables, como explicarle el antisemitismo que está creciendo.
Le pongo un ejemplo: todos en Europa dicen que los palestinos pasan hambre, y es cierto. Cuando vivian en paz con Israel, tenían el mejor estándar económico del mundo árabe, y ahora están como en el Yemen. Pero nadie en Europa da los datos siguientes:
– El Banco Mundial ha dado al gobierno palestino el doble por habitante de lo que recibió Europa con el Plan Marsal:
– 330 millones de euros ha dado Europa para el sistema educativo palestino ( donde se enseña a odiar a los judíos);
– la CBS habla de una fortuna personal de Arafat de más de un BILLÓN de dólares:
– solo durante la primera guerra del golfo, Saddam le dio 50 millones de dólares a Arafat; sus inversiones personales
incluyen acciones en la fábrica de coca cola en Ramalah , telefonía movil tunecina, cuentas en las Islas Caiman……
y los palestino pasan hambre. Eso sí, el dinero llega de todas partes para los grupos terroristas.
Pero Europa esas cosas, ni las ve, ni las dice, ni las escucha.
En el fondo del valle hay una línea verde. A pesar de todo, el sueño de Ben Gurion late bajo la aridez.
Publicado en AVUI el 27.11.03
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