Shlomo Slutzky. TEL AVIV. ESPECIAL.
Fue en la aldea cooperativa Metzer, fundada por argentinos. Convivían en paz con vecinos árabes. El domingo, un palestino entró y mató a una mujer, sus dos hijitos y otros dos israelíes. Pesar en los funerales.
Miles de judíos y árabes israelíes, soldados y campesinos, veteranos
y nuevos inmigrantes, políticos y niños de todas las edades colmaron
ayer el pequeño cementerio del kibutz Metzer, la aldea cooperativa
creada en 1953 por jóvenes argentinos del movimiento sionista
socialista Hashomer Hatzair a los que se sumaron israelíes, años
después.
Aquellos jóvenes idealistas fundaron, 50 kilómetros al norte de Tel
Aviv, un kibutz “argentino”. Desde un primer momento, el kibutz
mantuvo excelentes relaciones con los habitantes del poblado árabe
vecino —Meisar—, con los que comparten hasta el día de hoy las
fuentes de agua, los ómnibus, y una amistad que sobrevivió en paz
cinco décadas y cinco guerras.
El domingo por la noche, en 10 minutos de matanza a mansalva, se puso
fin a lo que los habitantes de la zona veían como una “isla de
calma”. Un terrorista palestino se deslizó bajo una cerca de
seguridad de esta aldea cooperativa, penetró en una casa y mató a una
mujer de 34 años y sus dos hijos, de 4 y 5 años, cuando ella les leía
un cuento en la cama, a la hora de dormir. El atacante mató a dos
israelíes más antes de huir en la oscuridad.
Los aterrorizados residentes del kibutz —unas 700 personas— pasaron
la noche reunidos en sus casas y no salieron hasta la mañana de ayer,
luego de que las fuerzas de seguridad anunciaron que el atacante
aparentemente había huido a Cisjordania, a un kilómetro de distancia.
“Creíamos que estábamos inmunizados”, dijo ayer a Clarín Pesaj
(Pascual) Zaskin, quien llegó al kibutz desde Argentina en abril de
1953. Zaskin comentó que “siempre dijimos que el principal elemento
de nuestro sistema de defensa es la buena relación con los vecinos
árabes. Primero, con los amigos de Meisar, con quienes compartimos
fiestas y desgracias, clima y caminos, y a partir de 1967, con los
habitantes de Kesin, el poblado palestino al otro lado de la
frontera, que desde siempre supieron de nuestra posición contraria a
la ocupación israelí de su territorio”.
Rayib Abu Rakía, un palestino del poblado Meisar, relata a
Clarín: “Hace unas horas me ofendieron por la radio cuando me
preguntaron si iba al entierro en el kibutz. ¿Cómo me pueden
preguntar si voy o no al entierro de mis hermanos? Lo que hay entre
nuestros dos poblados no es grandilocuencia sobre paz y prosperidad.
Se trata de una convivencia y ayuda mutua de 50 años que nadie podrá
arruinar”.
Rayib —un militante de la organización de defensa de derechos humanos
Betselem —junto con Yitzhak Dori, el secretario general de Metzer,
que también fue asesinado el domingo— fueron dos de los personajes
principales de la batalla que encararon Metzer y las aldeas árabes de
Meisar y Kesin contra la intención del gobierno israelí de expropiar
al poblado 400 hectáreas para construir el cerco de separación que se
está levantando a lo largo de cientos de kilómetros.
Zaskin explicó que Dori, el jefe del kibutz, decía a todo el mundo
que si se concretaba la expropiación de esas tierras finalmente
pagarían ellos el precio en vidas humanas. “Dori perdió su vida antes
que se aclare si su batalla había dado frutos. Pero el llamado de los
miles de asistentes al entierro fue el de continuar la batalla contra
la construcción del cerco.”
Muchos de los presentes en el entierro, entre ellos la dirección del
Frente de Izquierda Meretz, al que apoyan la mayoría de los miembros
del kibutz y también cientos de argentinos de todo el país,
recordaron el anterior encuentro en la zona. Había sido en el
entierro del argentino Carlos Jerusalinsky, quien fue largos años un
activo miembro de Metzer y fue asesinado en un atentado terrorista a
principios de abril junto a Carlos Wegman, su amigo de la época del
Nacional de Buenos Aires.
Minutos después del funeral, Doron Liber —el director administrativo
de Metzer— fue consultado sobre si no se había quebrado algo su
confianza en la paz y la posibilidad de convivencia. Habló con dolor,
pero no titubeó con su respuesta: “Por supuesto que surgen dudas
respecto del género humano en general y del esfuerzo necesario para
llegar a la deseada paz. Pero algo está claro, y es que espero que ya
mañana vuelvan los chicos de Meisar a jugar en el parque de juegos de
Metzer”.
Pesaj Zaskin se suma: “Paradójicamente, quizá pagamos el precio de
nuestra buena voluntad. La actividad conjunta de árabes y judíos
israelíes junto a los palestinos de Kesin se había convertido en un
modelo de cooperación que levantaba oposición entre los extremistas
de ambos lados. El ataque contra Metzer y las represalias
generalizadas contra los palestinos que seguramente vendrán de parte
de Israel pretenden atentar contra nuestro mensaje de paz. Pero no
tenemos más remedio que luchar aún más fuerte para no darnos por
vencidos”.
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