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El pensador y el poltico: la tensin entre la esencia y la existencia

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Aportado por: aizik
Fecha de creación: 2003-10-19 10:21:52
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El pensador y el político: la tensión entre la esencia y la existencia

Personalidades del Mundo Judío

Por: Jaime Barylko

Barylko nos deleita nuevamente con un fabuloso articulo de alto nivel intelectual, en el cual revive el espíritu del filosofo frente al espíritu del político, las tensiones generadas por estos dos conceptos y sus respectivas influencias en las personas, en los estadistas. En este análisis podemos observar las conjunciones de políticas e ideologías y los diferentes tipos de consecuencias resultantes de esta combinación.

I

Baruj Kurtzweil era un gran polígrafo, un crítico literario, un humanista de la cultura, de raíces ortodoxas judías, un combativo hombre de ideas, un filósofo.

Ben Gurión era un gran estadista, un realizador de la historia, el hombre que usa las ideas para trazarlas como horizonte de acción para que la realidad las alcance y se moldee en ella.

El pensador.

El político.

Suelen despreciarse entre sí.

El político suele aparecer coma un des-cerebrado, y por eso, dicen los del bando contrario actúa tan bien, se arriesga a la acción. La acción, esa apuesta sobre el tapete del tiempo requiere un grado de irreflexión, cierto matiz de inconsciencia. Porque la conciencia es siempre - cuanto más consciente, tanto más - algo de duda, algo de incertidumbre, conocimiento de todas las posibilidades que impide lanzarse en pos de una de ellas, excluyendo al resto.

El político tiene que decidir. Y de inmediato. No puede pensar demasiado. En el sentido de que no tiene tiempo. Debe optar. Para ello previamente, desde luego, ha de pensar, pero su meditación deberá concentrarse en pragmáticas consecuencias sabiendo de antemano qué posibilidades no se realizarán, qué deberá ser dejado de lado. El político se ve forzado a maniatar la conciencia y silenciarla un tanto. Haya o no leído las obras de Maquiavelo se comportará constantemente - en la medida en que sea un buen y exitoso político - de modo maquiavélico.

Al pensador le importan verdades, valores.

Al político le interesa eso, intereses, compromisos, coyunturas.

De ahí el término que usamos anteriormente y nada al azar, EXITO. El éxito es el aplauso momentáneo a la momentaneidad de lo bien logrado. Es el área del político. La historia luego juzgará. Por ahora se juega al éxito de la persona, de la empresa, de la circunstancia. El tiempo se encargará de encasillar ese éxito en el tema de los avances o en el triste rubro de las derrotas y desastres.

II

Cuando un pensador es israelí no puede alejarse demasiado de la realidad y flotar entre nubes realistas y nominalistas. Cierto imperativo moral, raíz del ser judaico, le obliga a incidir de algún modo en la realidad inmediata. Sépalo o no se toma de esta manera en sucesor de los profetas.

¿Qué es el profeta?

El pensador en función de... la política.

Hay profetas porque hay reyes. El profeta es la voz de la eternidad - los valores, las verdades - contra el minimalista de la actualidad exitosa y sonriente de superficies mentidas.

Después de todo - y sin ofender a nadie, claro - la última finalidad del rey es el rey, la preservación de su trono.

La finalidad del profeta es recordarle al rey que lo transitorio tiene sentido cuando esté al servicio de algo menos pasajero.

Normal y naturalmente los políticos no oyen a los pensadores, por falta de oídos simplemente. Entonces el clamor se hace más grande, más estremecedor.

Ben Gurión guardaba sensibilidad en los nervios acústicos para registrar la exigencia de la idea. Por eso lo recordamos, justamente hoy, en tiempos de sordera creciente.

Porque significa, precisamente, la reinserción de los judíos en la historia. Jaim Hazaz, en su famosos cuento HADRASHA, denunciaba que " los otros nos han hecho siempre la historia". En consecuencia es tiempo de que tomemos la historia en nuestras manos y la hagamos nosotros. Ese es el ideario más elemental del movimiento sionista que condujo al establecimiento del Estado de Israel.

Transcurrimos en tiempos de sordera creciente. De ahí la vigencia del absurdum, que es composición de ab ysurdum = sordo. Los oídos tienen paredes, escribieron los revolucionarios parisinos del 68. La capacidad para hablar se mantiene en pie. No tan así la de oír. El judaísmo, al menos, reside en la capacidad de oír, por eso su fundamento es Shema Israel = Oye Israel. Si oyes podrás aprender, comunicarte, entender.

Mientras el político oiga al pensador, hay esperanza.

Esperanza de que la política, amén de ser arte de conquistar intereses, conservar intereses, aprovechar coyunturas - y eso jamás dejará de serlo, no hay que engañarse, a menos que se traicione a sí misma -, amén de ello sea también un medio que aplica todas esas conquistas para algún fin que va más allá del político, su partido, el régimen preconizado y protagonizado.

III

Decíamos que en estos tiempos de absurdum, recordar románticas épocas, no muy lejanas, en las que un estadista desde su mismo puesto en el gobierno se digna a replicar a un pensador a dialogar con él, a decirle que toma en cuenta sus ideas aun si no las aprueba, Podría ser edificante no para demostrar que todo tiempo pasado fue mejor sino que todo tiempo futuro podría ser mejor al presente. Podría ser. No hay garantías. Todo lo humano no es más que posibilidad que se juega, a veces pareciera que a los dados, entre el ángel y la bestia.

En 1961 hubo un encuentro ideológico del Congreso Judío Mundial. Entre otros intelectuales participó Baruj Kurtzweil, hombre de letras e ideas, pensado su tema: "El nacionalismo judío en nuestros días".

Kurtzweil es religioso, ortodoxo.

En sus varias obras, ensayos, discursos, cátedras, entiende que todo nuestro ser actual gira en torno a la alternativa: un mundo con o sin Dios. Una concepción religiosa de la existencia, o la opci6n del vacío. No se trata de defender lo primero contra lo segundo. El tema es definir exactamente los conceptos, cotejados con la realidad y decir, describir, qué es la realidad, Luego veremos si esa realidad es la que deseamos que sea o debe ser modificada o combatida.

Ahora bien, dice Kurtzweil, la realidad del nacionalismo judío

consiste en que está calcada sobre los moldes del nacionalismo europeo del siglo XIX. "Este nacionalismo es laico en su raíz, y radicalmente se aleja de teorías historiosóficas que formaban parte de nuestro bagaje espiritual durante milenios. Este nuevo nacionalismo se considera extraño frente a la idea que Rosenzweig denontinó como a-histórica (del judaísmo). El judaísmo, dice Rosenzweig correctamente, es metahistórico".

Se habla del nacionalismo. Traduzcamos: el tema, es el sionista. El nacionalismo judío moderno es el sionismo.

Franz Rosenzweig, en función de su lealtad a ese judaísmo meta-histórico, entendió que el sionismo de algún modo negaba la esencia del judaísmo.

Kurtzweil es sionista. Pero su sionismo, dice, ha de implicar justamente una situación de tensión dialéctica entre el nacionalismo moderno, estatal, histórico, internacional y sus coyunturas momentáneas, todas ellas engarzadas en elementos vaciados de toda sustancia religiosa, y el judaísmo como sustancia trans-histórica que, insiste Kurtzweil, tiene un legado religioso, sin el cual pierde toda especificidad la existencia judía. Si el nacionalismo requiere una aparición sobre las tablas de la historia de los pueblos significando algo, algo propio, algo nuestro, algo personal-nacional, ese algo debería ser la esencia religiosa-judaica. Si no lo es, sino se tiene algo propio, ¿para qué aparecer?

Si el profeta no es un político, y si el político no piensa en términos transhistóricos se pierde la tensión de la existencia en su riqueza de fecundidad nacional.

Frente a los que opinan que el sionismo "esta acabado", la polémica transcrita debe servir de paradigma que señala, justamente, que sionismo es y ha de ser el punto donde historia y transhistoria se cruzan, se interrogan, se condicionan recíprocamente. La historia es el significante.

Para que haya historia ha de haber transhistoria, un rumbo hacia un horizonte, hacia el significado.

Dios le pregunta a Adán:

"¿Dónde estás?"

En todas las generaciones se vio en ese interrogante la pregunta esencial a la cual cada individuo, cada comunidad, cada generación debe responder.

De algo no cabe duda: sin historia no hay posibilidad de transhistoria.

Sin camino, ninguna meta será alcanzada.

Responder implica por lo tanto desdoblar la cuestión:

1) "¿Estás?"

2) "¿Dónde?"

IV

Nacionalismo sí, concede Kurtzweil. Pero, ¿para qué?

Ese para qué determina el qué del ser nacional.

Si el nacionalismo significa Estado, Soberanía, el tema conflictivo consiste en determinar si es fin en sí o medio para algo trascendente, algo que no es estado ni es soberanía; una finalidad, un valor.

¿Qué valor se realza a un estado laico con esencia laica? Ninguno. "Folklore", acota tristemente Kurtzweil.

¿Qué marcará nuestra esencia fuera del idioma hebreo?. Es un contenido demasiado pobre para dedicarle tanto esfuerzo. Hay después de todo tantos idiomas nacionales..,

De aquí en adelante las conclusiones de Kurtzweil se toman severas, duras, implacables:

 
"Esta es la situación. El nacionalismo judío, como solemos definirlo, ha entrado en definitiva bancarrota. Pero esto es un secreto que más bien se oculta. Entiendo que debemos decidir por una u otra opción... Ni hemos de ser un modelo tecnológico.., ni militar.., ni social, como, según se dijo, alternativa entre los modelos de Rusia y China. ¿Cuáles son nuestros fines? ¿Qué ha de dar el Estado de Israel al judaísmo y qué a la diáspora? ¿Qué nos une?"

 
Baruj Kurtzweil llega a resúmenes acibarados. El camino parece no ofrecer salida salvo el retomo del Sionismo a Sión, si se me permite la redundancia. Es decir: salvo el reingreso del nacionalismo a una concepción más amplia, más englobadora, que sería la filosofía del judaísmo. Un nacionalismo al servicio de. De algo específico. Algo propio.

Algo que no puede universalizarse ni ‘venderse en recetas baratas de "nosotros, los más morales", "nosotros, los más socialistas". Ese eslogan está acabado; es el último reducto del laicismo, y es totalmente relativo: en función de otros, para otros, por otros. En última instancia se trata de un retroceso al ghetto, al qué dirán los goim de nosotros.

No tiene más asidero. Es tiempo de ser por sí y para sí, Aprueban o no Sartre, Fanon, las comisiones de derechos humanos y las anticomisiones.

A raíz de estas expresiones reaccionó el entonces jefe del Estado de Israel, David Ben Gurión, en carta del 9 de julio de 1961.

V

Abramos un paréntesis para comentar que el hecho en sí, la presencia de esta misiva, esta reacción, de un jefe de estado a las palabras de un pensador, son un síntoma de salud nacional, por más perplejidad que haya en redefinir la esencia del ser nacional.

El rey está dispuesto a oír. El profeta habla, y encuentra oídos. Esto desde ya es maravilloso.

Ben Guiríón se expresa así:

"Yo no soy partidario de un nacionalismo’judío, sino del judaísmo.

Yo no soy sionista, ni nacionalista, sino judío. Y solamente judío."

Permítaseme comentar las palabras del estadista. Se es judío o no se es. El sionismo ha de ser una consecuencia de ese ser.

El nacionalismo ha de ser un producto de ese ser. Ese ser ha de ser la raíz de cualquier ismo al cual uno quiera adherir dentro del pueblo y su historia.

El ismo no justifica al ser. Al revés: el ser ha de justificar a la ideología que de él quiera desprenderse.

En su República esbozó Platón la utopía según la cual los gobernantes deben ser filósofos. En nuestro tiempo Ortega y Gasset se preguntó porqué odiaba Platón tanto a los.., filósofos para desearles ese aciago destino.

Platón intentó realizar su utopía en la historia griega y fracasé. Entonces se retiró a sus aposentos, y no volvió más a la incidencia política.

El tema lo analizó Martín Buber en un precioso ensayo, donde compara al filósofo con los profetas de Israel. Los profetas no gobernaban, pero hacían oír su palabra a reyes y jerarcas. Luchaban por la Idea. Y también fracasaban, al igual que el filósofo Platón.

Pero no se retiraban. Confiaban en que el fracaso ha de ser más que momentáneo, esporádico. Volvían a la lid. Confiaban, tenían fe en la historia, en el tiempo, y en el final de los tiempos. Eso es judaísmo. El sionismo advino para que eso sea el judaísmo: tensión entre medios y fines, fracasos y esperanzas, logros y ausencias.

Habla Ben Gurión y explica por qué no le es menester atenerse a etiquetas de sionista, nacionalista, u otras varias, por qué le es suficiente ser judío y manifestarse como tal:

"El concepto 'judío' lo dice todo. Es el que me liga con las generaciones pasadas y con las que vendrán. También niega el ideal bastante dudosa del Dr. Goidman (vertido en el congreso del 61, antes mencionado; JB), el de un "estado mundial", y tampoco necesito apelar a la idea de soberanía. Pero sí exilo y veo en este una condición de la existencia judaica, la presencia de la redención y libertad de Israel, en contra de la dependencia y la esclavitud que rige en la diáspora, en toda diáspora, sin ninguna excepción, sea la diáspora de Babel ola de España (la del siglo de oro; JB), la de Alemania (de preguerra; JB) o la de América (actual;JB). La libertad de un pueblo se realiza cuando está asentado en la tierra patria e independiente de extraños.,"

 

Recalquemos: 

  1. La presencia del Estado, es la presencia de la libertad, y libertad significa independencia, negación de toda esclavitud, física o espiritual.

  2. La presencia de la diáspora implica la situación de no libertad de gran parte del pueblo, ya que está fuera de sí, en dependencia, visible o encubierta, de otros y, por lo tanto alienado.

  3. El pueblo puede ser él mismo tan solo libre e in-dependiente. Luego de haber establecido estos principios mínimos, se acerca Ben Gurión al tema de la esencia, de la sustancia. Pregunta:

    "Ud. dice contenido religioso. Entiendo que no usa la palabra dat (= religión) en su sentido original (bíblico, JB) que era el de "ley’. Entiendo que se refiere a fe...

    Podría estar de acuerdo en principia con Ud. Pero ahora cabe preguntar cuál es la esencia religiosa (que no es meramente legislativa)...

    Si se refiere a fe en Dios, podría aceptarlo. Pero ocurre que también los árabes creen en Dios, único, creador de cielo y tierra. ¿En qué consiste pues la esencia espiritual y moral del judaísmo?"

El diálogo concluye así, con preguntas.

Y no preguntas irónicas. Ben Gurión confiesa que no sabe y pregunta.

Si estamos de acuerdo, dice, en que la idea religiosa no se reduce a la Halajá y el imperio rabínico central, ¿qué es, qué significa, cómo se concretiza, qué es lo que se debe optar, a qué apostar?

"No es éste un reproche sino una pregunta. La pregunta de un judía que no está de acuerdo con todo lo que Ud. escribe, pero que aprecia a Ud. y quiere saber qué concepción tiene Ud. del judaísmo".

Kurtzweil responderá a la misiva de Ben Gurión. Comentemos, con leve sonrisa, lo siguiente: el pensador firma con título académico: PROFESOR BARUJ KURTZWEIL. El estadista firmó: DAVID BEN GURION. Sin títulos.

(Este es un mal universal, el de "ser un título", al cual Baruj Kurtzweil pensador de la esencia específica del judaísmo no le prestó atención. ¡Cómo y cuán asimilado estaba... académicamente hablando!)

Dejado al margen ese prurito crítico la respuesta de Kurtzweil no añade nada. El pensador sabe que quiere, pero no sabe exactamente qué quiere.


"No estoy capacitado - escribe - para proponer una solución fácil. Estamos todos perplejos.,. Tan sólo esto pretendo, que haya una clara diferencia entre los campos de lo sacro y de lo profano, para que la primero no sirva de uso a lo segundo."

 
Y en eso estamos: perplejos, con muchas preguntas, y ninguna respuesta. Pero en verdad la existencia no depende de respuestas. Mientras haya preguntas e incertidumbres habrá movilización espiritual y crecimiento nacional.

El sionismo que otrora fue una respuesta, hoy debería ser un interrogante, la puesta en cuestión de una existencia que no se justifica a menos que mediatice un significado; y. por otra parte, de una sede de ideas desprovistas de toda carnadura a menos que se realicen.

La tensión esencia-existencia es, para nosotros, imprescindible.

Bibliografía

Tomado de Hagshama E-zine



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