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Shakespeare y el judo

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Aportado por: aizik
Fecha de creación: 2003-08-08 15:06:17
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Shakespeare y el judío

Los puentes del judaísmo
Por: Gustavo Perednik

Como muchos aspectos en la biografía de William Shakespeare, el de su visión del judío es un misterio complejo, que no debe ser dado por resuelto a la ligera. El, como los ingleses de su época, amaba la Biblia y la incorporaba a sus guiones. Y sin embargo, ello mismo está en discusión. Aunque realmente el dramaturgo fuera un lector avezado, ello solo no alcanza para develar la actitud de Shakespeare hacia el Pueblo del Libro. A estos y otros interrogantes se dedica aquí el autor de esta nota.

A pesar de su lenta y peligrosa penetración en los contenidos de la educación israelí, los post-sionistas no han logrado aún arrebatarnos la Biblia. Se escuchan voces de tanto en tanto, que sugieren que los niños judíos del país judío se circunscriban a asomarse a las "grandes obras religiosas" y estudien de este modo, un poco de Corán, un poco de Vedas y un poco de Tanaj, pero esas voces siguen siendo la de pequeñas minorías destinadas a desvanecerse en la pujanza del Estado judío renacido.

Por ello, en todas las escuelas de Israel, aun en las más laicas, se estudia nuestra Biblia, así como en centenares de academias, institutos religiosos, universidades, y por doquier; este país organiza los certámenes bíblicos internacionales y aquí constantemente se llevan a cabo seminarios y congresos sobre el tema. El idioma cotidiano de Israel es el de la Biblia, así como su calendario anual y festividades; también la geografía, que diera a cada lar y colina su nombre original, y la historia de las Escrituras, que se asume como propia. Como es sabido, en suma, la Biblia es el libro de Israel.

Menos sobreentendida es la devoción de otro pueblo por la Biblia: el inglés . La primera versión completa de la Biblia en esa lengua ya cumplió más de seis siglos, pero la perseverante lectura de las Escrituras fue impulsada desde la Reforma. A la versión de William Tyndale sucedieron cinco más durante el siglo XVI. Sin embargo, sólo a comienzos del siglo siguiente el Rey James I ordenó una nueva traducción, que puso en movimiento energías morales y espirituales que cristalizaron la cultura y el pensamiento ingleses.

Aquella Versión Autorizada abrió las compuertas de los puritanos y de los Padres Peregrinos que cruzaron el Atlántico portando poco más que ese volumen; en ella abrevó Cromwell, quien se veía como "un hijo espiritual del Antiguo Testamento", la estudió diariamente y proveyó a cada soldado de una edición de bolsillo. El espíritu hebreo influía en Albión aun más que el de Grecia y Roma, y la Biblia, según sintetizara Thomas Huxley, se transformó en "la epopeya nacional de Inglaterra".

Del modo siguiente Paul Knell parafraseó en 1648 la identificación nacional con el Pueblo Elegido: "Y ahora, Inglaterra , qué exige Dios tu Señor de ti, sino temerlo, amarlo, y andar en Sus caminos". Matthew Arnold explicaba que del mismo modo que Homero y Shakespeare cultivaban en el britano el sentido poético, el ético se alimentaba en el Antiguo Testamento, cuyo valor de la rectitud forjaba el carácter inglés.

Sus sabios y escritores fueron, según Thomas Carlyle, "educados en la Biblia", que por más de doce siglos fue fuerza activa en la literatura inglesa, con su centro en William Shakespeare. Muchos de sus dramas se ofrecen al veedor de teatro en la Londres de hoy, y aventuremos que la idolatría inglesa por el bardo, puede entenderse mejor en el mentado marco de amor por las Escrituras.

Las abundantes referencias bíblicas de Shakespeare generaron un debate acerca de en qué medida conoció la Biblia y cómo la aprendió.

Identidad Controvertida

Esta polémica es más fundada que la que desatara la malograda Delia Bacon, quien se obstinó en que las obras atribuidas a Shakespeare habían sido escritas por un club secreto de eruditos (Walter Raleigh, Francis Bacon y Edmund Spenser) quienes desde ese anonimato filtraban sus filosofías revolucionarias. La Bacon demandó la apertura de la tumba de Shakespeare a fin de exhumar pruebas de que fue un "vulgar e iliterato cazador furtivo de venados, que cuidaba la caballeriza de Lord Leicester". La demanda le valió que la encerraran en un hospicio para insanos cerca de Stratford, castigo que sorprende menos que la nómina de sus simpatizantes, que incluía a Ralph Waldo Emerson, Mark Twain, Walt Whitman, Henry James, y Sigmund Freud.

La opinión del obispo Wordsworth de que Shakespeare "fue un lector diligente y devoto de la Palabra de Dios" fue artificialmente estirada hasta la frontera de la Kábala cuando Gerard Balfour anotó que en el Salmo 46, si unimos la palabra 46 desde el comienzo, con la palabra 46 desde el final, formaremos el nombre "shakespear" ("sacude" en " though the mountains shake ", se combina con "lanza" en " and cutteth the spear "). Como era de esperarse, esa revelación es eficaz para la edición publicada cuando Shakespeare tenía 46 años de edad. En fin, una muestra más de que ningún libro ha sido tan vastamente leído y cuidadosamente estudiado en Inglaterra, como la Biblia… o como Shakespeare.

En contraste con la opinión de Wordsworth, Raleigh sostuvo en la biografía de Shakespeare que sus referencias bíblicas se limitan a la fraseología habitual de su era . El bardo habría escuchado Biblia sin deliberación ni esfuerzos; su cultura era apenas la de un hombre atento e inteligente en una época que debatía las Escrituras.

Esa posibilidad es rebasada por algunos versos de Shakespeare, sobre todo en El Mercader de Venecia . Por ejemplo la descripción del convenio entre Jacob y Labán (capítulo 30 del Génesis) muestra un conocimiento más profundo que el de un mero "hombre atento".

Shylock, cuatro siglos después

El Mercader adolece de limitaciones de estilo; al combinar la fantasía romántica con la realidad trágica, ambas quedan truncas. Shylock mismo es un personaje poco apropiado para la comedia. Los argumentos de Porcia son en general poco creíbles, y más inverosímil aun es el subargumento de la elección de las cajitas que determinaba el destino nupcial del elector. Pese a todo ello, fue la comedia más popular de Shakespeare. Este tomó su argumento de la traducción de Richard Robinson de Gesta Romanorum . Se han reconocido también otras fuentes (el cuento Il Pecorone de Giovanni Fiorentino, que se presentó en el Palacio del Placer , y obras de William Painter y Anthony Munday) y entre ellas se destaca un par de eventos que sin duda dictaron El Mercader .

Uno, es que Londres acababa de conmoverse por la ejecución en Tyburn del médico marrano de la reina Isabel, Roderigo López, cuyo enemigo era Antonio, como el de Shylock. Los jueces intervinientes llamaron al reo "codicioso, astuto, vil judío, mercenario y corrupto", epítetos que Shakespeare pone en boca de Graciano.

El otro evento, es que con El Mercader Shakespeare venía a responder al éxito teatral del drama El judío de Malta de su competidor Christopher Marlowe, a quien quiso superar o refutar (a decir de Borges "un gran escritor crea a sus precursores... y de algún modo los justifica. ¿Qué sería de Marlowe sin Shakespeare?").

Cabe consignar que a partir del año pasado el drama de Marlowe fue nuevamente presentado con gran éxito en Londres. A diferencia del Barrabás de Marlowe (un monstruo que sólo despierta las peores pasiones de la audiencia) Shylock es un ser humano complejo. Shakespeare humaniza a la otrora raza despreciada, y así trasciende los prejuicios de su tiempo. Tampoco vaciló en presentar a los enemigos de Shylock como oportunistas, holgazanes y soberbios, quienes para humillarlo lo someten a una pavorosa injusticia, por medio de un juicio que resulta cinco veces escandaloso.

El juicio que pena a Shylock es improcedente, en primer lugar, porque el dux que es el juez , simpatiza abiertamente con el acusado aun antes de comenzar las deliberaciones; segundamente, porque permite a quienes son parte interesada (Basanio y Graciano) interferir a mansalva; en tercer lugar, porque en desafío de la lógica y la ley, se prohibe el procedimiento con el que se debe cumplir con la sentencia; cuarto, porque la corte se desvía del cargo que la ha convocado, hacia nuevas acusaciones contra una de las partes; y finalmente, porque la enojosa sentencia incluye que el reo debe convertirse al cristianismo.

Por todo ello, aunque el antipático retrato que crea Shakespeare sí refleja estereotipos reinantes ("la encarnación del diablo" llama a Shylock su sirviente Gobo), debe también recordarse que el emocionado soliloquio del judío en la escena primera del tercer acto muestra una intención reparadora de parte del dramaturgo.

Esa virtud, empero, fue revelada sólo un siglo y medio después. Para los isabelinos Shylock siempre fue enteramente villano, y los primeros actores competían en personificarlo cada cual más monstruoso. En 1741 Charles Macklin fue el primer actor que destacó facetas humanas en Shylock, de quien comienza entonces a comprenderse su ira debida a los insultos recibidos. Sin modificar ni una coma del texto original, fue arribándose eventualmente a versiones totalmente idealizadas del protagonista, como la que presentara Sir Henry Irving en 1879.

La predilección del bardo por la Biblia, y su intento por humanizar a los judíos, parecen agradecerse en el Israel de hoy por medio de sociedades shakesperianas que leen y actúan en la lengua original, y también por medio de numerosas producciones de Shakespere en hebreo.

La primera data de 1930, cuando el Teatro Habimá (que para entonces dividía su tiempo entre Europa y Eretz Israel) presentó en Berlín La duodécima noche . Desde entonces más de veinte obras de Shakespeare fueron puestas en escena por las cuatro compañías de teatro de Israel que nacieron en la década del veinte. Casi siempre fueron dirigidas por directores del extranjero, en especial británicos.

El Mercader de Venecia fue presentada en la traducción hebrea de Shimon Halkin en Tel Aviv, en 1936 y 1959. La segunda de ellas fue menos exitosa, debido tal vez a que el director irlandés Tyrone Guthrie optó por un vestuario moderno. En ambas realizaciones (¡separadas por un cuarto de siglo!) Shylock fue personificado por los mismos actores, Shimon Finkel y Arón Meskin, quienes se alternaban cada noche con estilos muy distintos, irónico e inteligente el primero, despectivo e iracundo el último. El recurso atrajo a muchos espectadores que deseaban comparar a dos Shylocks. Nunca se le había ocurrido a Shakespeare.

Bibliografía

Tomado de Hagshama E-zine



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