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Los judos y sus enemigos

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Aportado por: aizik
Fecha de creación: 2003-08-08 14:15:11
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Los judíos y sus enemigos

Los puentes del judaísmo
Por: Gustavo Perednik

Cuando buena parte de la opinión pública occidental comienza a comprender que la dicotomía entre Israel-malo y palestinos-buenos es una maniquea construcción propagandística, vale la pena reevaluar a esa luz la identidad de los verdaderos instigadores de esta enemistad relativamente nueva entre judíos y árabes. Es la propuesta del siguiente artículo.

Malbim, denominado "el comentarista del ghetto", fue uno de los rabinos más eruditos y polémicos, ante cuya obra resulta difícil permanecer neutral. El gobierno rumano lo descalificó por "enemigo jurado del progreso"; precisamente, de "enemigos" sabía mucho. Sobre ese término hizo una creativa disquisición en Jazón Yeshaiáhu , su exégesis de 1849 sobre el profeta Isaías.

El método de Malbim rechaza la posibilidad de metáforas y repeticiones en el lenguaje profético. Por eso, cuando el capítulo 59 de Isaías distingue dos tipos de retribución divina (para "adversarios" y para "enemigos") Malbim se esfuerza en mostrar la diferencia entre las dos voces. El primero ( tsar ) es el que causa daño directamente; el segundo ( oiév ) es quien guarda la inquina en su corazón, provoca el perjuicio por interpósita persona. Aplaude la agresión de otros; la celebra, pero no la perpetra.

Es tentador aplicar esas categorías a la actual guerra contra el terrorismo, y deducir que paralelamente a que los Talibán eran los oivím pasivos del mundo libre y El-Saika era el tsár activo, en el caso de Israel esos roles se los distribuyen la Autoridad Palestina y los grupos terroristas que desde ella actúan impunemente. Una buena parte de la opinión pública viene paulatinamente comprendiendo ese cruel paralelismo. Aunque en rigor sean pocos los valientes que admiten la aberración de haber entronizado a Arafat en la legitimidad del "proceso de paz", en la práctica cada vez quedan menos ilusos aferrados al caduco espejismo de Oslo.

Hasta los voceros más protagónicos del proceso "de paz", como Shlomo Ben Ami, aceptan en retrospectiva que fue un error de cálculo armar a la banda de Arafat y dotarla de prestigio, recursos y tierras. Aun los "nuevos historiadores" como Benny Morris, de esos que al mejor estilo BBC o CNN, solían "primero culpar a Israel y después averiguar", incluso él, digo, dejó a Berkeley atónita y decepcionada cuando hace unas semanas anunció allí que la mayor responsabilidad del sangriento conflicto que viene corroyéndonos por un siglo, la tienen, pues, los árabes. Menuda herejía.

Por supuesto, nadie osará solicitarle a los nuevos contritos que se disculpen ante aquellos a quienes desacreditaron durante una década, acusándolos de "enemigos de la paz" sólo por opinar que nunca fue "de paz" el proceso. Pero nos alegramos de que cada vez los realistas sean más.

Todavía no todos. No Vargas Llosa, quien en su país fue derechista sin complejos pero a Israel le exige que adopte "posturas progresistas" para defenderse del terror palestino. Tampoco los exponentes del autoodio judío contemporáneo como Uri Avneri o Zeev Sternhal, principales responsables de la "arafatización" de estos lares.

Pero más allá de los obcecados, la mayor parte de la gente pensante ha entrado en razones. Se han dado cuenta de que a Arafat se le ofreció todo, y todo lo rechazó. Los motivos del rechazo fueron dos: primero, porque en la sociedad fascista que gobierna, los logros, para ser aceptados, deben conquistarse por vía violenta y no por negociaciones. Segundo, porque el todo de Arafat siempre incluyó el suicidio de Israel (el sector del pueblo judío que alertaba sobre este macabro objetivo, fue el denigrado por los medios y por los entusiastas del proceso "de paz").

Y aunque por lo antedicho uno se ve tentado a aplicar las categorías de enemigos que enseña Malbim a las dictaduras árabes-musulmanas empecinadas en el exterminio de Israel, no lo haré. Me sobrepongo a la tentación, porque nuestros verdaderos enemigos no son ni los árabes ni los palestinos. Los pueblos árabes están sometidos a los peores regímenes de la Tierra, monolíticos y violentos, en los que los derechos humanos son hollados, no hay libertad de conciencia ni de opinión. Sabremos lo que los pueblos árabes verdaderamente sienten y desean sólo cuando se liberen de los infiernos medievales que los oprimen y puedan expresar sin miedos sus íntimos deseos de paz. Sólo entonces habrá verdadera paz, y el Medio Oriente será efectivamente nuevo. Después de todo, entre democracias, nunca hay guerras.

Nuestros adversarios en el mundo árabe son, en todo caso, no la gente, sino sus regímenes, que manipulan aun las creencias religiosas de sus sufrientes pueblos en aras de atacarnos. Y aun cuando Salman Rushdie tenga parcialmente la razón cuando advierte que el Islam es el problema, la aversión del mundo árabe-musulmán por el pueblo judío es relativamente nueva y menos profunda, y podrá ir desvaneciéndose en la medida en la que el diferendo político vaya superándose. En la dicotomía de Malbim, los árabes son meramente el tsar , el adversario activo, pero no la fuente del odio.

Los verdaderos enemigos

El encono profundo hacia el pueblo judío, la judeofobia, viene desde Europa, y no del Islam. Los pueblos europeos sí viven bajo democracias que reflejan su sentir. Sí pueden expresarse en manifestaciones, parlamentos, oposición, sindicatos, prensa libre. Ellos sí podrían exigir de sus representantes que dejen de agredir a Israel en su lucha por sobrevivir en este mar de tiranías árabe-musulmanas.

Pero no: para la mayoría de los europeos, el malo de la película es este exiguo pueblo que hizo del desierto un vergel y que siempre estuvo dispuesto a transar para construir la paz con sus vecinos. El pequeño estado cuya creación fue de apremiante necesidad para salvar miles de vidas de las garras de Europa, es el estado que despertó en Europa la más sostenida hostilidad.

Esgrimí en un artículo anterior que Europa no perdona la contribución judía en la formación de los idiomas europeos, sus artes, filosofía, música, educación, ciencia y religión. Un tributo seminal a la civilización europea, que Europa, lejos de agradecer, retribuye con una hostilidad contra el pueblo hebreo que trasciende las explicaciones sociológicas y económicas. Por miles de años vienen matando judíos, o perdonando a quienes los matan, o censurando a los judíos cuando no se dejan matar.

El Holocausto fue perpetrado específicamente por el nazismo, por Alemania en una acepción menos particular, y por Europa en términos generales. Una perversa mancomunión entre los activos judeófobos y los silentes europeos, que posibilitó en pocos años la aniquilación de seis millones de inocentes. Tierras alemanas, mares británicos, bancos suizos, muerte judía.

Y digámoslo sin eufemismos. Los estertores del Holocausto continúan. No los sopla Europa directamente, sino por medio de los sufridos pueblos árabes. Nos matan, por medio de legitimar las acciones más viles de quienes se empeñan en destruirnos. Y lo hacen bajo un estandarte que constituye la máxima hipocresía del siglo XX: la supuesta solidaridad con el pueblo árabe palestino.

A los europeos no les interesa que no tengan estados propios los cachemiros, los tamiles, los corsos, los curdos, los neocaledonios, los ibos, los vascos, los aymaras, los sioux o los kelpers. De los cientos de naciones sin estado, sólo los palestinos han despertado su solidaridad incondicional. En el mejor de los casos, establecen una monstruosa simetría entre "las dos partes", Israel la víctima que trata de defenderse, y sus victimarios totalitarios. El agresor y el agredido, un poquito a cada uno.

En el peor de los casos, se juegan enteramente en contra de los judíos. El representante de la Cruz Roja Internacional en Israel, que por sus funciones debería dedicarse exclusivamente a la labor humanitaria, encontró en su cálido corazón un rinconcito gélido para los hebreos, y declaró con desparpajo que el obstáculo para la paz... son los asentamientos judíos. El terrorismo, la intransigencia, la violencia más descarnada, no son obstáculos para la Cruz Roja. La culpa debe procurarse siempre en Israel.

Para el lector que se pregunte por qué Israel no echó a patadas al atolondrado, me limito a responderle que si el Estado judío tuviera que patear a cada diplomático que se desvía de su función cegado por la judeofobia, a esta altura tendríamos un insoportable dolor de pie. Así de impotentes nos vimos hace un mes cuando el embajador francés en Israel, Jacques Huntzinger, declaró que el terrorismo contra Israel es "más aceptable" que el antinorteamericano (suponemos que el antifrancés es el menos aceptable de todos). Su sabiduría fue superada por otro embajador francés, esta vez en Inglaterra, que acaba de describir a Israel como "el paisito de porquería culpable de los males que el mundo está viviendo". La sinceridad de los representantes franceses es proverbial. A fines del siglo pasado anunciaba su ministro de guerra, Gastón de Galliffet, que "la gran mayoría del pueblo de Francia" es judeófobo.

Aunque creo que el delegado de la Cruz Roja, por la naturaleza de su cargo, ganó en la competencia. Como premio, habría que enseñarle que el fundador de la Cruz Roja, Henri Dunant, fue un devoto sionista cristiano que se avergonzaría de su representante en el estado judío, por el que tanto había bregado.

Los europeos validaron un atroz silogismo que viene enloqueciendo al mundo. La triple mentira sostiene:

  1. carecer de estado propio es la peor calamidad que puede acontecerle a un pueblo (la gente de Groenlandia o de Curaçao se reiría ante la mera suposición);
  2. los palestinos son los únicos que no tienen estado propio (hay cientos de pueblos en peores condiciones que ellos);
  3. cualquier medio está permitido para arrancarle a los judíos un estado palestino (aun cuando cada vez que los judíos propusieron que naciera un estado palestino, los líderes palestinos respondieron lanzando a su pueblo a baños de sangre para evitar la paz. Pero debe recordarse que para que el silogismo funcione, el culpable siempre debe ser Israel).

A partir de esa lógica impecable basada en la mentirosísima trinidad, nos hemos habituado a que en el globo terráqueo no hay problema más urgente que la postergación del estado árabe palestino. Esa tragedia obliga a que sean postergadas la opresión de las mujeres, la esclavitud, la explotación de niños, la degradación ecológica y las hambrunas en el Africa. Nada puede competir con el enorme sufrimiento de los palestinos, que ergo están europeamente legitimados para arremeter por vía del movimiento nacional más sanguinario que existe. Todo vale, mientras se limite a matar judíos.

El terrorismo ha emergido así parcialmente blanqueado, y esa creación europea llamada Arafat pasó a ser el hombre más popular de los medios de comunicación, con premio Nobel y todo. Malbim diría: pero a no olvidar, judíos, que las bandas palestinas son el mero adversario activo; Europa es el inclemente oiév , el que las condona y promueve, el que a veces se presenta desvergonzadamente como quien viene a salvarnos de las garras de quienes ha lanzado contra nosotros.

Bibliografía

Tomado de Hagshama E-zine



Algunas evaluaciones hechas por los miembros de Jinuj.net:

Autor Fecha del mensaje

***** alicebini 22/2/2004 6:06 PM
seme hace muy interesante y creo que te deja mucho apensar....

Ver todos los comentarios hechos por otros usuarios. (1 comentarios)
Terrible *****
(5.0000)
Excelente

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