Artículo
Jinuj.net / Artculos de Consulta / Las dos causas del alzheimer (o del conflicto rabe-judo) Estas accesando Jinuj.net como usuario invitado
No has hecho login a Jinuj.net. Utiliza esta forma para entrar al sistema.
Login:     Password:    
¿Olvidaste tu password?     Obtén una cuenta Gratis

Las dos causas del alzheimer (o del conflicto rabe-judo)

   Información general    Categorías    Resúmen   
Aportado por: aizik
Fecha de creación: 2003-08-08 14:12:30
Administrar:
Calificacin: ***--
Ver 1 comentario y 1 calificación
Comentar este artículo
Visitas: 4666

Las dos causas del alzheimer (o del conflicto árabe-judío)

De democracias y tiranías
Por: Gustavo Perednik

Las razones por las que el conflicto con los Israel y los palestinos continúa deben ser buscadas en la dinámica creada entre un pueblo sufrido en manos de un régimen tirano, que logra alterar la memoria de los subyugados y su percepción de la realidad.

Un ocurrente título de Marcos Aguinis denominó alzheimer palestino a un vicio en el que reincide el liderazgo de ese pueblo, quejoso de su situación sin asumir responsabilidad alguna por haberla generado. Tal liderazgo saltea el terrorismo como si no existiera y procede a protestar por la represión contra los atentados. Cacarea por el castigo sin admitir el crimen, aun cuando el castigo tenga como objeto impedir otro crimen.

A esa sistemática elusión de una parte de la realidad, le sienta el término prestado por la patología: alzheimer , una voz que tipifica un desorden cerebral progresivo descrito en 1906 por el homónimo psiquiatra. Sin embargo, a diferencia de esta enfermedad, la de los palestinos no es gradual. Afortunadamente, tampoco es irreversible.

Por un lado, aunque resulte doloroso admitirlo, la memoria palestina vino deteriorada desde su nacimiento, cuando este pueblo vio la luz hace menos de un siglo. Por el otro lado, es alentador saber que esa memoria puede recomponerse con una terapia adecuada. La actitud de los palestinos no responde a un vil impulso genético que los mueve (de hecho, en alguna época su alzheimer pareció recular).

Estas precisiones no pretenden corregir el excelente artículo mentado al comienzo, sino complementar su acertado diagnóstico a fin de estimular la cura. Funesta necedad la de una sociedad programada para hurgar siempre las culpas en el otro, y para jamás revisar la propia responsabilidad en los males que la aquejan. Pero aun la idiotez tiene motivos. Me permito sugerir que en este caso son dos. A riesgo de sonar ampuloso, bien podrían considerarse las causas primordiales de nuestro conflicto con ellos.

Memoria a largo plazo

Basada en una novela de ciencia-ficción de Philip Dick, la película Blade Runner narra cómo un grupo de robots aterriza en 2019 en Los Ángeles. Me inspiró hace diez años para publicar un artículo titulado "Un pueblo de replicados". En el filme, los replicados habían sido construidos tres años antes con forma humana, e iban a dejar de funcionar en unos pocos meses más. Pero se les había implantado una memoria artificial, que les hacía suponerse más viejos, y humanos.

En mi artículo, los replicados eran los palestinos, a quienes también se les ha injertado una memoria artificial. Creen que su nación existió por miles de años, aun cuando apenas medio siglo atrás los únicos palestinos eran los judíos de Sión. Les parece que esta tierra fue siempre suya, a pesar de que un Estado propio nunca existió fuera de su imaginación. Oyen diariamente que deben "recuperar" Jerusalem, aun cuando la ciudad nunca estuvo en sus manos.

Esta falsa memoria les ha sido impuesta por las dictaduras árabes, que necesitan de su "lucha liberadora" para desviar la atención de sus pueblos oprimidos, y también por la mayoría de los medios de difusión, hostiles al renacer del pueblo judío, por motivos que hemos elucidado separadamente.

Para corregir la falsa memoria palestina se requiere una activa campaña de educación; con ella podrán eventualmente admitir que Jesús no fue palestino sino un hebreo en su tierra, que hablaba el mismo idioma de los israelíes, practicaba su misma religión, se regía por su mismo calendario y estudiaba el mismo libro. Del mismo modo que los macabeos, los escribas, los profetas, los reyes de Judea y los herederos de esta tierra por milenios.

El proceso de aprendizaje será doloroso, porque a los palestinos les costará reconocer cómo forjaron su nación cuando sus abuelos inmigraron a nuestra tierra gracias a la obra vivificadora del sionismo, que les proporcionó trabajos y posibilidades de progreso. Aunque sea desagradable, esa educación es indispensable para empezar a disipar el odio que abrigan contra nosotros.

Memoria a corto plazo

Más importante aún es la segunda causa del alzheimer palestino, que tampoco debe buscarse en la naturaleza de su gente. Los seres humanos somos bastante similares, y los males sociales no deben atribuirse a la idiosincrasia de las personas, sino a la de los regímenes en los que enmarcan sus vidas.
En una sociedad totalitaria, en la que sólo los que mandan tienen derecho a criticar, la autocrítica social desaparece para no tener que transformarse en un tobogán por el que se deslice la censura al gobernante. Como allí nadie osa meditar en los errores de sus dirigentes, eventualmente atinan a desviar toda crítica interna hacia el exterior, y al final no les queda más salida que incriminar sólo a quien esté permitido hacerlo. Especialmente porque el acusado, como ocurre en esas sociedades, no puede hacer oír libremente su defensa.

El pasado marzo di una conferencia en la Universidad de Santiago de Chile, a la que asistieron muchos estudiantes palestinos. Aproveché para felicitarlos porque con su asistencia quebraban un tabú. Mientras los israelíes escuchamos a diario a los voceros árabes en nuestros medios de difusión y universidades, es impensable que en medios árabes pueda expresarse libremente la voz de Israel. Ellos eran, los encomié, de los pocos árabes que pueden escuchar la voz del adversario para entenderla. Las dictaduras no corren el riesgo de ventilar la otra campana, y la única aceptada es la de los saddams de distintas tonalidades que se han apoderado de los veinte países árabes. (Por motivos previsibles, mis congratulaciones cayeron en saco roto y la respuesta de los estudiantes palestinos no fue de autocrítica sino de negación: no escuchar, no dialogar. Dialogar implica riesgos; el camino fácil del totalitario es descalificar).

Que los países árabes se hayan negado al mero reconocimiento del Estado de Israel durante medio siglo es el resultado natural de esta actitud intolerante (cabe recordar que la mayoría de ellos siguen sin reconocerlo hoy, e Israel aún no aparece en los mapas árabes). No pueden admitir que el otro existe, porque esta admisión podría demandar escucharlo y socavar así la maniquea visión de que toda la verdad está en sus manos. Y cuando esa visión se desmorona, tarde o temprano, se desploma con ella el piso de los tiranos.

Dos economistas han descrito con maestría cómo la verdad termina por desvanecerse. Uno, Henry Hazlitt, en su única novela, La gran idea (1951) que relata cómo en el año 2100 Pedro Uldanov descubre la libertad humana al tener que gobernar una dictadura universal.

El otro fue el Premio Nobel Friedrich Hayek, autor de uno de los libros más lúcidos que se haya escrito: Sendero de servidumbre , que vio la luz durante la Segunda Guerra Mundial en un intento (por momentos exagerado) de mostrar una esencial identidad entre socialismo y totalitarismo, especies ambas del género colectivista. En pocos años fue traducido a diez idiomas (hebreo incluido).

Sus dos capítulos esenciales son el 10 y el 11, en los que Hayek explica respectivamente por qué las sociedades totalitarias ponen irremediablemente a los peores a la cabeza, y por qué condenan a muerte a la verdad.

Para que un sistema totalitario funcione eficientemente, deben cumplimentarse cuatro condiciones. Primero, que todos trabajen para los mismos fines. Segundo, que todos consideren que esos fines (los del líder) son los propios. Tercero, que una vez adoptados los fines generales, se acepten adicionalmente las medidas particulares que supuestamente responden a esos fines. Cuarto, que la gente internalice las explicaciones oficiales de la realidad, puesto que sobre esas explicaciones se fundan las medidas que van tomándose.

Las cuatro condiciones se logran por medio de constante propaganda, ya que es muy eficaz aislar a la gente de otras fuentes informativas. Ese aislamiento no permite que siquiera los más inteligentes puedan pensar de modo independiente. Así, la propaganda socava primero el sentido de la verdad, y luego el básico respeto que la verdad merece cuando hay libertad. Finalmente, corroe toda la moral social y produce alzheimer.

Entre democracias nunca hay guerras

Las decisiones que tomamos en la vida, a veces son resultado de errores, prejuicios o caprichos. Por eso la crítica es tan saludable para acercar todo proceso decisorio hacia la verdad. Como el dictador no es criticado, termina aceptándoselo como infalible. A veces su infalibilidad es un dogma explícito, que el tirano difunde relacionando siempre sus decisiones con un principio rector que nadie ose desafiar. De ese modo, la comunidad no sólo se somete pasivamente, sino que puede pasar a apoyar activamente la medida. Toda medida. Cualquier medida.

Como a todos los seres humanos, también al dictador (Hayek dice "al planificador") lo guían sus gustos y aversiones. Pero en su caso, esos gustos deben ser defendidos por la sociedad en su conjunto. Por ello el totalitario debe racionalizarlos y construir en base de ellos teorías que pasarán expeditamente a ser parte de la doctrina de gobierno. Este proceso de creación de un mito para justificar su acción no es necesariamente consciente. El camino más eficaz para que la gente acepte valores a los que debe servir, consiste precisamente en persuadirla de que ella misma los ha sostenido siempre, aunque hasta que el tirano no los hubo explicitado, el pueblo no pudo reconocerlos o entenderlos correctamente.

La muerte de la verdad es el resultado indirecto de la muerte de la autocrítica. Prohibida de hecho la autocrítica social, la gente no se anima nunca a admitir (ni a ver) sus propios errores. Siempre el otro tiene la culpa. Y el tirano decide quién es el otro .

Helo aquí al alzheimer palestino. Un pueblo sufrido que vive bajo un régimen en el que el disenso se paga con la muerte. Si alguna vez consiguieran construir una sociedad democrática y abierta, no solamente curarían su alzheimer, sino que viviríamos con ellos en paz creadora. Entre democracias nunca hay guerras, porque cuando gobiernos democráticos quieren arrastrar a sus pueblos a la confrontación, la autocrítica social los detiene.

Bajo el totalitarismo, por el contrario, los hombres son esclavos, ya que el hombre puede ser verdaderamente libre sólo cuando obedece a leyes y no a personas . Este célebre principio permitió el desarrollo consciente del Estado de derecho durante la era liberal, y su primer origen está en la Torá que el pueblo judío ha legado a la humanidad.

Bibliografía

Tomado de Hagshama E-zine



Algunas evaluaciones hechas por los miembros de Jinuj.net:

Autor Fecha del mensaje

***-- tahisaham 31/8/2004 9:12 PM
Yo creo que se deberia de ampliar mas este relato, ademas siento como que no va mas atras en la historia, considero que esto se remonta de mas atras, aun asi gracias por haber ampliado mi criterio.
Tahaisaham

Ver todos los comentarios hechos por otros usuarios. (1 comentarios)
Terrible ***--
(3.0000)
Excelente

En Jinuj.net nos interesa saber tu opinión sobre el material publicado. Para hacer comentarios y calificar este artículo es necesario que ingreses al sistema.

Si no tienes una cuenta en Jinuj.net, puedes obtenerla fácilmente llenando esta forma.
Si quieres saber más sobre Jinuj.net haz clic aquí