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Judasmo y democracia

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Aportado por: aizik
Fecha de creación: 2003-08-08 13:57:35
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Judaísmo y democracia

Los puentes del judaísmo
Por: Gustavo Perednik

Las fuentes judías se ocupan de todas las áreas de la vida humana, incluso de la forma de gobernar. Para nuestro colaborador, la democracia puede no ser un invento judío en la forma en que la conocemos. Pero el aporte del judaísmo a la democracia como valor, entendido como el gobierno de la mayoría y el respeto por las minorías, no es en absoluto despreciable.

Para algunos sectores aún permanece abierto el debate acerca de si existen o no el pensamiento judío, la filosofía judía, o los valores judíos. Con frecuencia, la respuesta a esta cuestión es eminentemente semántica. A los efectos de esta nota, digamos que pueden considerarse judaicos los valores humanos cuya génesis se halla en las fuentes de Israel, y cuya defensa ha sido singularmente sostenida por el pueblo judío. Con esta aclaración, planteemos ángulos desde los que puede ser abordado uno de esos valores, el de la democracia.

Un criterio es el de la soberanía popular. Son democráticas las disposiciones que efectivamente responden a la voluntad de un grupo o nación. Podemos rastrearlas a la Carta Magna del 15 de junio de 1215 en Runnymede, por la que el rey Juan sin Tierra puso en movimiento una serie de medidas que transformarían los privilegios de una minoría en los derechos de todos los ciudadanos. Pilar fundamental de la transformación fue la Declaración de Independencia de los EE.UU., del 4 de julio de 1776, redactada mayormente por Thomas Jefferson, el "profeta del sueño americano". Jefferson, como el resto de los fundadores de la democracia en América, fue un conspicuo admirador del pueblo judío y su acervo.

Con todo, el valor de la soberanía popular no dimana de la sabiduría hebrea, puesto que en la Biblia la fuente de soberanía es la voluntad del Creador. El libera de la esclavitud, El trae a los judíos a la tierra prometida.

Otra demanda de la democracia, que las decisiones sean tomadas por voto mayoritario, sí tiene raíces bíblicas, aunque la idea se desarrolla mucho más tarde. El libro del ?xodo, según la exégesis a 23:2, exhorta a "seguir la opinión mayoritaria".

Pero por encima de esos componentes de la democracia, hay un fundamento esencial que deriva directamente de Israel.

Más allá del voto

El judaísmo parte de una premisa que es hermana de la democracia: la aceptación de un mundo plural. Como el judaísmo se entiende a sí mismo como la verdad para los judíos , pero no para toda la humanidad en su conjunto, nace respetando la verdad de otros pueblos y grupos y sus distintas idiosincrasias para servir al Creador. "Los justos de todas las naciones tendrán su parte en el mundo venidero", reza la máxima de la Tosefta , por lo que un gentil puede deducir con sorpresa que convertirse al judaísmo no le deparará ningún mérito adicional sino sólo mayores responsabilidades.

El no-misionerismo judío fue el precio que el judaísmo pagó adecuadamente para mantener puros sus ideales monoteístas. La incorporación de masas al seno de la religión judía conllevaba el riesgo de atraer con ellas también conceptos y prácticas paganas. Junto con ello, el no-misionerismo implica que aun el más fanático y extremista de los judíos, nunca pondrá en peligro la libertad del mundo entero, sino que, como máximo, amenazará la libertad de los judíos . El judaísmo no se propuso hacer al mundo judío, sino circunscribirse a hacerlo más humano , objetivo en el cual un instrumento entendido como esencial, fue el compromiso de los judíos para con su tradición.

Un caso práctico de aplicación hace un siglo fue el de Aimé Palli?re, un escritor y teólogo francés educado en el catolicismo quien, a punto de tomar los hábitos, se decidió a convertirse al judaísmo gracias a una casual visita a una sinagoga de Lyon. Palli?re fue disuadido por el rabino italiano Eliahu Benamozegh, y en lugar de convertirse optó por ser un Justo de las Naciones , por lo que sirvió al pueblo judío sin necesidad de adoptar oficialmente su religión.

Este caso vuelve a planternos qué rol le cabe en la revelación judía al gentil, si hemos dicho que la Torá de Israel está dirigida privativamente a los judíos. El tratado talmúdico de Sanhedrín nos enumera los preceptos que son obligación de toda la humanidad y no sólo del pueblo judío: "siete mandamientos les dieron a los hijos de Noé", y de aquí su definición de preceptos noaicos . El Rabí Iojanán explica que los siete preceptos derivan de un único versículo del Génesis: "Y mandó el Eterno Dios al hombre diciendo: de todo árbol del huerto podrás comer". Otros rabíes se extienden en varias páginas de propuestas acerca de cuáles podrían ser otras prohibiciones.

De los site preceptos noaicos, el primero es la única obligación; los otros seis son las siguientes prohibiciones:

  1. blasfemia
  2. idolatría
  3. incesto
  4. asesinato
  5. robo
  6. ingestión de vida

Haremos una breve referencia a las seis prohibiciones, y luego enfatizaremos el único mandamiento positivo que el judaísmo le adjudica a la humanidad en pleno.

La última de las prohibiciones (la ingestión de partes de animales vivos) intenta que las formas humanas de comer sean civilizadamente sensibles ante la depredación de la naturaleza y ante el sufrimiento del mundo animal. Las prohibiciones del robo y del asesinato son parte del llamado derecho natural, y la del incesto es norma universalmente aceptada que desvincula el amor familiar del erótico a fin de destacar ambos por separado. En cuanto a la blasfemia, se trata del desprecio por los ideales supremos de la humanidad, o bien la justificación del mal por medio de ese desprecio. Finalmente, en lo que concierne a la idolatría, diremos que es el sometimiento del ser humano a las leyes que él debería dominar, tales como las que él mismo construye o las que forman parte de la naturaleza que se ha puesto bajo su dominio. La idolatría es considerada como una forma sutil de la máxima esclavitud humana. No es casual que la mentada discusión acerca de cuáles son las prohibiciones válidas para el mundo entero, incluyen la interesante suposición de que lo único que se le vetó al primer hombre, fue la idolatría.

Por encima de las seis prohibiciones se yergue la ley primordial, la primera de todas las leyes que, de acuerdo con el judaísmo, la humanidad (y no exclusivamente los judíos) está obligada a cumplir. Esta obligación puede ser considerada como el máximo mandamiento judaico. En el escueto lenguaje talmúdico se denomina "dinín" y comprende la administración de la justicia, la creación de tribunales, el imperio de la ley o, en términos más modernos, el estado de derecho .

El estado de derecho, que es la base real de la democracia, se enraiza en el judaísmo. Ese estado implica no solamente el legítimo gobierno de la mayoría sino, lo que es fundamental, los derechos de las minorías gobernadas.

La prioridad de la ley para el judaísmo constituye un marco para comprender el rol de la democracia y del respeto por las libertades civiles dentro de la cosmovisión judaica. El valor de la democracia es judaico, en la medida en que se fundamenta en el respeto por el gobierno de la ley universal, para todas Sus creaturas.

Bibliografía

Tomado de Hagshama E-zine



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