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La novedad del sionismo moderno

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Aportado por: aizik
Fecha de creación: 2003-08-08 13:55:55
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La novedad del sionismo moderno

Los puentes del judaísmo
Por: Gustavo Perednik

En estos días soplan vientos post-sionistas que socavan la continuidad del Estado de Israel como estado judío. En estos años se ha perpetrado contra los textos escolares israelíes una metamorfosis de tal envergadura que amenaza con privar a nuestra juventud de su identidad natural, de su legítimo orgullo de ser judíos. Por ello siempre es propicia la ocasión para volver a revisar las fuentes del sionismo moderno.

Como se trata de un movimiento político, escribimos estas líneas a modo de continuación de nuestro último " Puente ", en el que nos referimos a los judíos y la política en la Diáspora.

Los historiadores coincidirían en la fecha de nacimiento de la voz "sionismo": el 1ro. de abril de 1890, cuando Natán Birnbaum utiliza por primera vez el término en el órgano Selbstemanzipation de Viena (el primer periódico sionista de Occidente, vocero de la agrupación estudiantil Kadima ). En lo que no habría coincidencia es en cuándo nace la idea sionista , muy anterior al nombre que la define. En principio, hay dos respuestas extremas.

De un lado, el rabino Judah Leib Maimon sostuvo en su clásica obra sobre el tema que el sionismo nace con el mismísimo patriarca Abraham. Esta postura omite que la esencia del sionismo es eminentemente el Retorno . No podría haber existido sin una tierra a la que regresar. Por lo tanto, aun si quisiéramos rastrearlo hasta su fuente primigenia, el momento más temprano posible para el sionismo sería aquél en el que nace el anhelo de retorno a la Tierra de Israel por parte de un pueblo despojado de ella. No en la era patriarcal .

La añoranza judía está presente en nuestro pueblo desde hace milenios, pero no desde hace cuatro. Vio luz hace dos mil seiscientos años durante el Exilio en Babilonia y su primer documento escrito (la fuente de la idea sionista) es el Salmo bíblico 137: "Junto a los ríos de Babilonia nos sentamos y lloramos recordando a Sión... si te olvidare, oh Jerusalem..."

El otro extremo para fijar el comienzo sionista sería señalar su génesis solamente con la creación de la Organización Sionista Mundial en 1897. Esta postura resta importancia al hecho de que cuando Herzl convocó el congreso en Basilea, todas las realizaciones sionistas ya habían comenzado. Quince años habían transcurrido desde la Primera Aliá, la pionera de las inmigraciones judías modernas que aspiraban a la restauración nacional de los hebreos en su tierra ancestral.

Incluso congresos sionistas, también hubo antes de Basilea. Uno fue el de Thorn que se reunió en Alemania en 1860 y tuvo como fruto la fundación de la Sociedad para la Colonización de Palestina presidida por Jaim Lorje. Por su parte, el Congreso de Kattowitz convocó en 1884 a varios grupos de Jovevei Tsion bajo la presidencia de León Pinsker. Ergo, no es el congreso en sí la novedad de Herzl. Tampoco su influyente obra escrita parece haber sido suficientemente innovadora, puesto que los dos grandes libros sionistas de Herzl tienen precedentes.

DER JUDENSTAAT ,ALTNEULAND , Y LOS PRECURSORES

Sobre El Estado Judío el propio autor admitió que sus ideas ya estaban presentes en el libro que Moisés Hess publicara más de tres décadas antes. En cuanto a la apasionada utopía herzliana, Altneuland , también fue precedida por varias otras, como las de Fernhof, Bahar, Levinsky, Austerberg, y sobre todo Ein Zukunftsblick , que Edmund Eisler escribió en 1882 y que fue hallada en la biblioteca personal de Herzl. Es más: Eisler acertó en varios aspectos en los que Herzl no atinó a discernir el potencial del sionismo, tales como que en el país judío se hablaría hebreo, o que habría que superar una guerra a fin de consolidar el Estado.

Habiendo puntualizado el dinamismo del sionismo moderno previo a Herzl, y aun con la certeza de que el ideal sionista estuvo presente en el pueblo judío por milenios, no dejamos sin embargo de valorar la originalidad de su obra. Veamos por qué. Comencemos por dilucidar desde cuándo puede hablarse específicamente de precursores del sionismo moderno. Las diversas posturas al respecto se concentran respectivamente en los siglos XVII, XVIII y XIX.

Entre los que fijan a los precursores en el siglo XVII, Martin Buber eleva al famoso Maharal de Praga al status de pionero. Por su parte Najum Sokolow, el primer gran historiador del sionismo, corona como precursor al rabino Menashe Ben Israel de Amsterdam. Abraham Kariv proclama a Baruj Spinoza. Y hay quienes atribuyen a un no-judío, Holger Paulli, la paternidad del sionismo moderno.

Por su parte, los que optan por el siglo XVIII incluyen a nada menos que Walter Laqueur, que señala como iniciador del sionismo moderno a Moisés Mendelssohn.

Con todo, la mayor parte de los estudiosos propone el siglo XIX como catapulta. En este caso una mujer es candidata a ser pionera: la poetisa inglesa Grace Aguilar, quien escribía acerca de la necesidad del retorno por 1840. Otro candidato es el rabino Iehuda Bibas de Corfu, que se estableció en Hebrón en 1852. Pero el trío más renombrado de precursores del sionismo son los tres grandes que para 1860 plantearon la necesidad de que los judíos tomaran la iniciativa en su retorno organizado a Sión: Iehuda Alkalai, Zvi Kalisher y el mentado Moisés Hess. Los dos primeros, rabinos, son los que reinterpretaron las fuentes talmúdicas en el sentido de que el Mesías no debía ser pasivamente aguardado, sino que su llegada debía promoverse con el accionar hacia Sión.

Retomamos la pregunta: si aquellos prohombres encarnan los albores del sionismo, por qué sólo Herzl es considerado ecuménicamente "padre del sionismo moderno". Sería correcto enfatizar que la empresa herzliana fue original por lo política, pero también sería incompleto. Un intento político de retorno a Sión ya había sido plasmado por Don Iosef Nasí en 1561, cuando obtuvo del Sultán otomano más de lo que Herzl jamás pudo conseguir: un permiso para gobernar sobre Tiberíades, reconstruirla y poblarla de judíos.

ENTRE HOGAR NACIONAL Y ESTADO

Ni siquiera podría esgrimirse que Herzl fue el primero en proclamar abiertamente la necesidad de un Estado judío, porque tal proclama no fue parte de la plataforma sionista sino hasta mucho más tarde. El Programa de Basilea se limitaba a aspirar a un Heimstate , "hogar nacional", el término sugerido por Max Nordau para evitar el recelo de los otomanos.

Es más: hoy cuesta creer que sólo en mayo de 1942 un Estado fue la demanda oficial del sionismo, en el Programa de Biltmore (la única ala del movimiento que venía insistiendo desde mucho antes en la indispensabilidad de un Estado era la jabotinskiana). El Programa de Biltmore fue resultado de que, como debido a la guerra no había congresos sionistas, se llevó a cabo en New York una asamblea extraordinaria con David Ben Gurión como orador central, que reconoció que ningún programa de acción podría realizarse si se persistía en el apaciguamiento frente al Mandato Británico.

Hemos descartado de la originalidad herzliana los congresos, la organización, la aliá y los libros. Si la buscásemos en el énfasis que puso Herzl en la conciencia nacional judía, descubriríamos que tampoco aquí Herzl tomó la delantera. Peretz Smolenskin lo había precedido en treinta años cuando desde su mensuario Hashajar expuso el nacionalismo judío, un autorrespeto basado en los valores espirituales de la nación, la nación eterna .

Mientras a Smolenskin los pogroms en Rusia lo habían persuadido del fracaso de la Emancipación, a Herzl lo convenció el caso Dreyfuss, a partir de 1894, de la imposibilidad de la asimilación. Herzl (quien residió en París entre 1891 y 1895) hablaba el lenguaje de aquellos judíos que habían hecho todos los esfuerzos por asimilarse y no lo habían conseguido, y les proponía emprender juntos el camino del retorno no sólo a Sión, sino a la asunción de una identidad judía orgullosa.

Reinstalado en Viena, Herzl debió confrontarse con la elección de Karl Lueger como alcalde de la ciudad, y con los desmanes judeofóbicos que acompañaron tal designación. Sonaba como un eco la tesis de Pinsker en el sentido de que la judeofobia era un mal social incurable.

Al combinar ordenadamente los factores aquí enumerados, y traducirlos al accionar político, Herzl consiguió dotar al sionismo de la aureola de la factibilidad . Y he aquí su aporte singular. La política es el arte, o la técnica, de adquirir o conservar poder. Herzl supo priorizar el poder como fin, y la política como la única lid. No fue sólo la politica la innovación del joven visionario, sino la priorización de la política como único medio apropiado para el sionismo, ante el cual todos los demás medios (aun la colonización de la tierra y la educación) pasaban a un remoto segundo plano. De aquí puede entenderse que el notorio Caso Uganda (en el que Herzl planteó la posibilidad de asentar judíos en un territorio imperial británico en el Africa) no fue un error de su parte, como a veces tiende a reprochársele, sino una sagaz victoria. Por primera vez un país se dirigía a la Organización Sionista Mundial con una propuesta concreta, y ese país era nada menos que la primera potencia mundial. Un logro político inmenso, que Herzl se ocupó de difundir.

Su perseverancia monista hizo que los judíos lentamente comprendieran que la idea sionista no sólo era justa sino también realizable . Un logro envidiable para cualquier idealista de todas las épocas. El Congreso en Basilea significó, en suma, no el nacimiento de una de los ideales más sublimes de la historia humana, sino el comienzo de su viabilidad. El ideal había estado presente en el judaísmo por milenios, y el sionismo herzliano le sirvió de puente hacia la modernidad en términos políticos.

Bibliografía

Tomado de Hagshama E-zine



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