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Purim: puente entre lo nacional y lo internacional

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Aportado por: aizik
Fecha de creación: 2003-08-07 15:48:53
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Purim: puente entre lo nacional y lo internacional

Los puentes del judaísmo
Por: Gustavo Perednik

Purim no es solamente disfrazarse y hacer ruido para que no se escuche el nombre del malvado Hamán durante la lectura del Libro de Ester. Se trata sin duda de una de las fiestas que mejor simbolizan, por un lado, la lucha de un pueblo por su libertad, por su derecho a seguir siendo él mismo, y, por otro, la permanente búsqueda de un mundo mejor, contra las tiranías de cualquier signo.

La festividad de Purim es simbólica de nuestra recurrente victoria sobre los intentos genocidas que la judeofobia ha perpetrado contra nosotros. A tal punto que muchos Purims locales fueron establecidos en diversas ciudades. En algunos casos celebran la salvación de los judíos, como el de Castilla de 1339 frente al "Hamán" Gonzales Martínez o el de Ditto de 1705 frente a Khalil Pasha. Otros conmemoran la muerte de agitadores antisemitas como Fettmilch (en Frankfurt, 1616) o Aginsky (Ritova, Lituania, 1863).

Algunos eventos históricos acentuaron esa característica de la festividad, como los Juicios de N?renberg o la Guerra del Golfo. En los primeros, cuando los jerarcas nazis fueron ajusticiados en Purim, diez de ellos fueron colgados (paralelo a los diez hijos de Hamán). El más depravado de todos, Julius Streicher, gritó ante el patíbulo "¡Purimfest 1946!". En cuanto a la guerra de 1991, en los gloriosos días de aquel Purim se perfilaba la victoria sobre Saddam.

Purim y Jánuca, las dos epopeyas festivas bíblicas, celebran sendas luchas por la liberación de los judíos amenazados. La diferencia entre ellas es que mientras una ocurrió en la Diáspora, y por lo tanto significó un alivio histórico pasajero, con la segunda recuperamos la soberanía en Eretz Israel, que constituye un remedio más global y menos transitorio para los sufrimientos de Israel. Por ello en Jánuca rezamos completo el "Halel" (salmos festivos de alabanza) y en Purim, no.

Purim recuerda la condición especialísima del judío como portaestandarte del derecho de ser distinto, así como la legitimidad de una victoria militar para asegurar nuestra supervivencia. El Shabat que precede la fiesta es precisamente "Shabat Zajor", el sábado del recuerdo. Recordamos que nuestros enemigos, bíblicamente personificados en Amalek o en Hamán, son también los enemigos de una civilización más fraternal.

Con todo, además de la supervivencia judía frente a la tragedia, hay otro valor que surge de las fuentes de la festividad, y que se relaciona con Mordejai (recordemos que en la época hasmonea la fiesta era denominada Día de Mordejai) de quien el midrash enumera muchas cualidades. Era un profeta, dominaba setenta idiomas, era un sabio de la Torá, etc. Sin embargo, es notable que de sus cinco virtudes referidas al final del Libro de Ester, sólo cuatro son reiteradas en el Targum Shení, la tradicional antología aramaica sobre el relato. En efecto, se nos dice de Mordejai que era noble, grande, querido, benefactor y amante de la paz. El Targum Shení saltea "querido", probablemente porque a su autor le pareció insuficiente el modo en que esta característica se formula en el Libro de Ester.

Dice el último versículo: "El gran Mordejai, el judío, fue querido por la mayoría de sus hermanos, benefactor de su pueblo y predicador de la paz". Aunque había liderado a los hebreos frente al intento de exterminio de Hamán, y aun cuando los condujo a una aplastante victoria, fue querido sólo por "la mayoría de sus hermanos". La Biblia confiesa así que incluso Mordejai careció de aprobación unánime, y de ello podemos deducir qué tipo de liderazgo ejercía.

Las diferencias esenciales entre Mordejai y Hamán se han venido repitiendo a lo largo de las generaciones. En democracia, los pueblos juzgan a sus gobiernos de modo constante. Para tomar iniciativas importantes, los líderes deben recurrir al consenso de sus compatriotas, hacer esfuerzos para persuadir a parlamentarios y medios de difusión, a intelectuales y a ciudadanos, a colaboradores y a contribuyentes. Si no lo logran, las fuerzas vivas de su país por vía política, le retiran el poder que temporariamente les otorgaron porque, en las democracias, es virtualmente imposible ejercer autoridad sin consenso.

Muy distinto es el caso de dictadores y ayatolas de toda especie, cuyos mandatos pueden ser concluidos sólo por medio de guerras. Internas, o externas, pero guerras. Perpetran sus caprichos políticos sin responder ante nadie, sin permiso, sin consultas, sin acuerdos.

La democracia conlleva la "debilidad" de ser el sistema más racional que se conoce, y por lo tanto está limitada también por consideraciones morales. Tal es la principal "desventaja" de la que Israel siempre ha gozado frente a sus enemigos. Estos han sido tan crueles en el gobierno de sus pueblos que éstos no osarían siquiera emitir dudas acerca de sus gobernantes. Pero cuando los líderes israelíes se apartan de la voluntad de sus pueblos, deben confrontar manifestaciones callejeras, acusaciones, amargos discursos de oposición, hostilidad de la opinión pública. Es que en las democracias los seres humanos no somos un bloque, y por ende siempre habrá diferentes opiniones, gustos, y maneras de pensar y reaccionar.

De ahí se deriva el apoyo masivo del que gozan los totalitarios. Mordejai era querido sólo "por la mayoría"... y menos mal. Suponemos que Hamán fue obedecido ciegamente "por todos" los suyos, víctimas del terror que se desata en contra de los disidentes. Ese es el primer mensaje que podemos rescatar de Purim como festividad de la democracia.

Nacionalismo y Universalismo

Entre las tradiciones específicas de la festividad se destaca un par que refleja dos dimensiones del comportamiento altruísta: una, ayudar al prójimo que lo necesita; otra, contribuir al bienestar de nuestra propia gente. Ellas son "Matanot la'evionim" y "Mishlóaj manot". Una apunta, por vía de los pobres, al plano social (preocuparnos por el necesitado) y otro, por vía de nuestros compañeros, al plano nacional (fortalecer lo propio). De algún modo, la alegría de Purim puede ser el resultado de combinar ambas categorías con sapiencia, en las circunstancias y dosis adecuadas.

No siempre es sencillo, porque los desvíos tientan en ambas direcciones. Por un lado, abundan judíos dispuestos a militar en cualquier causa noble que se les cruce, menos en las que enarbolan el pueblo judío y su Estado. Es una actitud bastante reconocible en asimilados, librepensadores y ciudadanos-del-mundo, que aspiran a redimir al planeta entero pero jamás a los judíos en su tierra.

En el otro extremo se hallan quienes desatienden que la lucha nacional hebrea es en aras de un mundo mejor para todos los hombres, una humanidad que, en palabras de Herzl, se enriquece con nuestra riqueza y se libera con nuestra libertad. El denuedo del sionismo no se da para oponer a Israel frente a las naciones, sino para ubicarlo en igualdad de condiciones en la gran familia humana, ensanchando así su policromía.

Purim refresca nuestro doble compromiso, con el pueblo judío y con la humanidad en su conjunto. Celebramos la victoria sobre los totalitarios de Hamán, arquetipo de los de todas las épocas, tanto a fin de coadyuvar a una Persia más tolerante y plural, como para proteger nuestros vitales derechos de nación.

Nuestros sabios eligieron exaltar precisamente esta gesta de Adar al proclamar que "cuando todas las fiestas sean olvidadas, Purim perdurará". Porque nos muestra que la batalla contra nuestros enemigos no es sólo por nosotros, sino por una vida más digna para el hombre.

Bibliografía

Tomado de Hagshama E-zine



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