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Judasmo y Holocausto

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Aportado por: aizik
Fecha de creación: 2003-08-07 15:45:26
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Judaísmo y Holocausto

Puentes del judaísmo
Por: Gustavo Perednik

Otra de las conmociones a las que se vio sometido el pueblo judío fue la relacionada con su fe, al menos para los creyentes. ¿Dónde estuvo Dios?, se preguntan algunos. Dios murió en el Holocausto, se responden otros. Mientras los de más allá reciben la Shoá como Job, como una prueba e incluso como una bendición (si aceptamos de El lo bueno, ¿por qué no habremos de aceptar también lo malo?), los de acullá explican que nada habría ocurrido si no nos hubiéramos apartado de Su camino.

Escribió Wladimir Rabi que el mayor desafío de la teología judía es Auschwitz.

 -¿Dónde estuvo Dios durante el Holocausto? ¿En qué sentido podemos seguir creyendo que somos Sus elegidos? ¿En qué medida hace falta reinterpretar los valores tradicionales de la religión judía?

Una rama de la filosofía judía contemporánea es la Teología del Holocausto, que es el cúmulo de preguntas, vacilaciones y respuestas que distintos pensadores dieron a la cuestión. Las diversas posturas que se presentaron pueden ser clasificadas de acuerdo con dos criterios: en qué factor del mundo teológico ponen el énfasis, y qué nos dicen acerca de él. El primer parámetro nos permite cuatro posibles centros del análisis: 1) Dios, 2) el hombre, 3) la relación entre Dios y el hombre, y 4) la vida. En cuanto al criterio de qué nos hacen saber de cada uno de estos factores, las respuestas pueden ser: a) pesimistas, b) neutras, y c) optimistas. Por ende, llegamos a doce posturas en total.

1.EL CASTIGO

Leemos en el libro de Jeremías: "Y cuando anuncies a este pueblo estas cosas y te pregunten: '¿Por qué ha decretado Dios contra nosotros esta gran calamidad? ¿Cuál es nuestra iniquidad, qué transgresión hemos cometido contra el Eterno nuestro Dios?', le responderás: 'Porque vuestros padres me abandonaron y se fueron en pos de dioses extraños, los sirvieron y se prosternaron ante ellos; me abandonaron y no observaron mi ley'". Esta percepción de los males que acontecen al pueblo de Israel está sintetizada en nuestras plegarias cotidianas: "por nuestras transgresiones fuimos exilados". La escuela tradicional de historia judaica, en efecto, enseña la historia de los judíos como la intervención divina para premiar o castigar a Su pueblo. En ese contexto, rabinos han querido analizar el Holocausto preguntándose cuál fue el grave abandono que cometieron los judíos para merecer semejante pena.

Una de las respuestas es que la asimilación de los judíos en la Europa germánica fue la causa de la catástrofe, motivo que de algún modo coincide con el de los versículos de Jeremías. El predicador de Kelm y los rabíes Jaim Ozer Grodzenski de Vilna, y Meir Simja Hacohen de Dvinsk son portadores de dicha tesis, y del mismo modo se expresa un erudito contemporáneo, el rabino Iaakov Perlow.

Por su parte, Ioel Teitelbaum (1888-1979), jefe de la secta jasídica de Satmer, en su libro "Vaioel Moshé", explica que "la idolatría" del sionismo fue el gran pecado de los judíos. El motivo es que el pueblo judío debería mantenerse privado de todo poder físico y entregarse a la guía de Dios, aun cuando esto signifique persecuciones y matanzas. No deberíamos resistir el antisemitismo puesto que todo el exilio es un castigo divino al pueblo de Israel, que podrá resolverse sólo cuando llegue el Mesías y así lo disponga.

El antisionismo de la ultraortodoxia judía tuvo su máxima expresión en el grupo "Neturei Karta", "los guardianes de la ciudad". Ellos "están convencidos de que el sionismo es la antítesis directa de todo lo que constituye el judaísmo y que el Estado sionista es la corporización de la negación del judaísmo". Su violencia y su fanatismo los redujo a unos pocos centenares. Uno de los libros que cuenta su historia y actividades es el de Ruth Blau quien, nacida y educada en el catolicismo, después de convertirse al judaísmo contrajo enlace con el jefe de la banda, Amram Blau. Nos dice: "La verdadera actitud judía es la de la sumisión el decreto divino que concierne a nuestro exilio entre las naciones del mundo. Nos ha enviado al exilio a causa de nuestras injusticias unos contra otros y de nuestra infidelidad hacia El. La injusticia de las naciones en contra de nosotros, es nuestro castigo".

Una postura diametralmente opuesta es la que surge del libro "Em habanim semejá", o "Alegre madre de hijos", de Isajar Moshé Teijtel, quien pereció en 1945 en el Holocausto, desde donde escribía que precisamente, la no aceptación del sionismo por parte del pueblo judío fue la que lo condujo a Auschwitz. Dios estaba dándole a Israel la gran oportunidad de recuperar su tierra ancestral y establecer allí un refugio para los judíos perseguidos. Los judíos no estuvieron a la altura de la circunstancia, continuaron en su pecaminosa pasividad, y les sobrevino por ello el castigo del Holocausto. "Acaso necesitamos de mayor evidencia divina, después de todo lo que nos ha hecho en los países de nuestro exilio, para ver que la voluntad del Santo Bendito sea, es que regresemos a la Tierra Santa, y para ello nos hizo todo esto, para que ya no exista posibilidad de existir entre los pueblos".

Acerca de por qué esta posición es considerada "pesimista con respecto a la divinidad", diremos que es una percepción de Dios que nos lo muestra como capaz de ejercer contra los judíos un castigo de semejante magnitud de destrucción y humillación. Tal vez por ello, el mencionado Jakobovits rechaza de plano toda idea de castigo basándose en fuentes judías: "La doctrina de la retribución y el castigo colectivos es invariablemente restringida a la experiencia nacional judía en la Tierra de Israel solamente".

2.EL DIALOGO

El Deuteronomio afirma: "El Eterno te ha comprometido para que seas Su pueblo especial, según te ha dicho... El te elevará sobre todas las naciones... y serás un pueblo consagrado al Eterno tu Dios".

Por ser Su pueblo elegido, Dios dialoga con los judíos por medio de la historia humana, sea que este diálogo se lleve a cabo desde las alturas del Sinaí o desde los tenebrosos abismos de Auschwitz.

Uno de los pensadores modernos que de ese modo encararon el tema fue Emil Fackenheim en "La presencia de Dios en la historia" (1970). Dios Se dirige a Israel. El Holocausto representa, en ese contexto, la imperiosa necesidad del pueblo judío de reafirmar su fe en el Dios viviente, en contra de todo deísmo que limitaría a Dios a una mera fórmula matemática. Así ve Fackenheim nuestra posibilidad de privar a Hitler de una victoria póstuma, como sería vaciar al judaísmo de todo contenido y a la existencia judía de divinidad.

Hemos clasificado esta postura como "neutra con respecto a la divinidad" porque el diálogo entre Dios y Su pueblo no implica lo bueno ni lo malo: supone, simplemente, la búsqueda permanente del judío para seguir descubriendo a Dios en la historia.

3.LA EXCEPCION

El libro de Job es un largo planteamiento acerca de por qué el mal afecta a los hombres de bien. Job resume su postura cuando, después de su atroz sufrimiento, debe responder a la propuesta abrupta que le formula su mujer, alentándolo a maldecir a Dios para finalmente morir. Contesta Job: "Hablas como mujer necia. Si se acepta de Dios el bien, ¿no habrá de aceptarse el mal?"

La visión optimista acerca de Dios está insita en su palabras, no sólo por lo que ya conocemos de Job, sino porque es como si ahora, en su reto a la mujer, nos demandara: "¿con todo lo bueno que hemos recibido del Creador, acaso seremos tan ingratos como para rechazar la excepción, que es lo malo?"

4.LA MUESTRA

También en este caso comenzaremos citando el libro de Job. Después de describirnos una calamidad en la que "los hambrientos devoran su cosecha porque Dios se las arranca de los dientes", Job señala el origen del mal: "no nace del polvo la miseria, ni germina de la tierra la aflicción". No debemos culpar a la naturaleza por el mal del universo, porque "es el hombre quien engendra la aflicción como el águila lleva su vuelo a las alturas".

La visión vuelve aquí a ser pesimista, pero no con respecto a la naturaleza ni a su Creador, sino con respecto al hombre. Un buen paralelo en el mundo del pensamiento moderno es el que nos trae Milton Steinberg al decirnos que, a pesar de sus dificultades, la fe en Dios es la mejor respuesta al enigma del universo. Mientras el hombre creyente deberá buscar explicaciones para la existencia del mal, el hombre ateo deberá buscarlas para la existencia de todo lo demás. En cuanto al Holocausto, mucho menos sabremos donde estuvo el hombre durante el mismo, que dónde estuvo su Creador.

5.LA PURIFICACION

El capítulo 53 de Isaías, llamado "del siervo del Eterno", es uno de los viscerales dentro de la literatura polémica judeo-cristiana. Dice: "Despreciado, hombre de dolores, herido por Dios y humillado, maltratado y doblegado, como cordero llevado al matadero, como ante sus esquiladores una oveja muda, sin abrir la boca. Después de las penas de su alma, verá la luz y quedará colmado. Por sus sufrimientos Mi siervo, el justo, justificará a muchos y las iniquidades de ellos cargará sobre sí".

Vemos que los sufrimientos, que pueden ser entendidos perfectamente como una referencia al Holocausto, son purificadores en dos sentidos: en lo personal y en un plano social. En primer lugar, el Servidor, "después de las penas de su alma, quedará colmado". La idea es que el sufrir nos permite dedicarnos menos a banalidades, nos impulsa a revalorizar lo positivo de la vida, nos lleva a solidarizarnos con los más desprotegidos, en fin: el dolor parece hacernos, en general, más sensibles, más humanos.

Y además, "por sus sufrimientos justificará a muchos" significa que el hombre que sufre es una especie de medidor público del grado de deshumanización al que ha llegado el mundo. Quien sufre carga con las transgresiones ajenas, en el sentido de que, gracias a que ven su pesar, los demás notan que lo han provocado o no han querido evitarlo, y por ende tienen abierto el camino hacia el arrepentimiento.

Aquí cabe evocar al filósofo que se basó precisamente en Isaías 53 para fundamentar su teología del Holocausto; se trata de Ignaz Maybaum, para quien el judío sufre a fin de despertar la conciencia del mundo gentil que es su victimario. A partir del martirio judío la humanidad entera, por reflejo, ahonda su búsqueda de la senda del bien. El éxito de tal búsqueda no está garantizado de antemano, y de ahí que esta postura sea neutra con respecto a las posibilidades del hombre.

El punto que sigue también descansa en un versículo de Isaías recogido por Maybaum en "La cara de Dios después de Auschwitz" (1965). Es el del concepto de "shear iashuv", "un resto retornará".

6.EL MANDAMIENTO

Si la visión anterior era neutra, ésta es decididamente optimista, porque señala una misión permanente para el hombre: la de reconstruir a partir de los escombros. La vida del hombre sería precisamente esa virtud de renacer y de rehacerse.

Según este esquema, el corolario del Holocausto debería, a pesar de todo, satisfacernos. El poder más diabólico de la Tierra se levantó para destruir al pueblo judío entero, y no lo logró. "El resto retornó". Los remanentes de Israel son la verdadera victoria. Los brutales fueron vencidos. La salvación significa que hay una mayoría salvada y que sabrá justificar la degradación que no pudo vencerla.

El optimismo de Maybaum fue de algún modo antipático porque hay una especie de alegría por el Holocausto, que es a todas luces, cuando menos, prematura.

7.LA RUPTURA

Aquí debemos traer al más radical de cuanto teólogo judío que se haya ocupado del tema del Holocausto. Su visión es profundamente pesimista, y se sustenta en que la relación entre la divinidad y el hombre deben ser reconsideradas (o desconsideradas) a partir de Auschwitz. La Biblia también prevé estas consecuencias ateas de la desesperanza: "Dice el insensato en su corazón: 'No existe Dios. Los hombres están corrompidos y no hay quien haga el bien'".

Pero Richard Rubenstein lo formula en los términos más modernos. Debemos "demitificar" los postulados de la religión judía y no hablar más de una Elección divina dirigida a Israel, de un Dios protector, de nuestro agradecimiento a El. Se traslada al judaísmo la teología cristiana de "Dios ha muerto".

Rubenstein empieza por sorprenderse de que su teología fuera comparada con las de "la muerte de Dios". Estas se producen en el mundo cristiano para la década del sesenta, pero pueden rastrear su linaje a Nietzche e incluso a Sartre. Pero la diferencia con ideas parecidas que surgieron en el mundo judío es rotunda. Mientras en el mundo cristiano se plantea el tema debido a la constatación de la secularización, en el judaísmo es producto de un sacudimiento emocional que generó el Holocausto.

La tesis de Rubenstein no significa, paradojalmente, que debamos abandonar nuestras prácticas religiosas en comunidad. Rubenstein parece indicarnos que, muy por el contrario, ante la muerte de Dios quedamos desamparados de tal modo que nos necesitamos mucho más los unos a los otros. Nuestra vida comunitaria debe por lo tanto, ser fortalecida, para ofrecernos refugio ante un universo tan gélido.

Es interesante que Isaías también tiene un lugar destacado en esta teología. "Asiria es vara de Mi ira y el palo en su mano es instrumento de mi indignación", cita el profeta de Dios. Si había sido el rey asirio el instrumento divino para castigar, ¿por qué no decir lo mismo de los nazis? Rubenstein escucha nada menos que esa teoría de la boca de un amigo de los judíos, el Pastor Heinrich Gr?ber. Que alguien pudiera expresarse de ese modo, atribuyendo a Hitler poco menos que una misión divina a partir de una lectura de los profetas de Israel sacude a Rubenstein en tal medida que lo lleva a lo que él mismo denominó "el punto teológico de no-retorno". La ruptura se había producido y la idea de Dios, a sus ojos, estaba definitivamente muerta.

8.LA PRUEBA

La tradición sostiene que el patriarca Abraham fue sometido a diez pruebas de fe.

La máxima de ellas es el conocido relato de la Atadura de Isaac, que ha inspirado a filósofos de la talla de Soren Kierkegaard. "Quiso Dios probar a Abraham y le llamó '¡Abraham, Abraham!' Este respondió: 'Heme aquí' y Dios le dijo: 'Toma ahora a tu hijo único, al que amas, a Isaac, y elévalo en holocausto en el monte de Moriá'".

De los rabinos citados, podemos evocar también en este caso a Ignaz Maybaum, quien considera a Auschwitz como la Atadura moderna, la gran prueba de fe.

Esta visión es neutra acerca de la relación entre el hombre y el Creador, porque de algún modo cada momento importante de nuestra existencia no es vislumbrado como premio ni como castigo, sino como una prueba a la que debemos hacer frente y responder.

9.EL ECLIPSE

Si el Holocausto es un "eclipse de Dios", entonces, Su básica relación con el hombre sigue siendo bondadosa. Cuando hay eclipses, se apaga momentáneamente la fuente de amor y de luz que es Dios, pero la existencia de tal fuente trasciende las ocultaciones pasajeras. Por ello la postura que aquí tratamos ha sido categorizada en el esquema como "optimista con respecto a la relación entre Dios y el hombre".


Martin Buber: la Shoá como el eclipse de Dios

Para identificar esta idea de "eclipse de Dios" en nuestras fuentes; una vez más podemos echar mano a las profecías de Isaías. "Sólo por un momento te había abandonado, pero con inmensa piedad te recojo de nuevo. En un rapto de mi cólera oculté de ti Mi rostro un instante, pero con inmensa piedad de ti Me apiado".

Uno de los grandes pensadores contemporáneos, Martin Buber, planteó esta cuestión en forma original en su libro "Eclipse de Dios" (1952), sobre todo en el capítulo sobre la suspensión de lo ético". Allí se nos expresa esa posibilidad de que Dios deje lo ético en manos exclusivas del hombre, en una especie de tanteo moral. Y aunque en rigor no se detiene en el tema del Holocausto con nombre y apellido, adelanta ideas que podrían ser eventualmente aplicadas a la cuestión. Quienes la aplican directamente en su teología del Holocausto son Eliezer Berkovitz y Andre Neher. Para el primero, los innumerables Auschwitz que se le han presentado al ser humano en su devenir, reiteran el "Hester panim", el ocultamiento de la cara de Dios, que es el proceder necesario del Todopoderoso para que el hombre ejerza su voluntad moral. En cuanto a Neher, su tentativa se sitúa en la misma postura teológica del reto.

10.EL DETALLE

Desde esta postura, el Holocausto no trae ninguna novedad moral. No plantea nuevos interrogantes. La pregunta es siempre la misma: por qué sufren los justos. La cuestión de la teodicea no aparece con el nazismo. La experiencia del Holocausto puede considerarse a lo sumo como una concentración del mal sin precedentes, pero nunca como una sorpresa. La pregunta estuvo siempre allí presente, cuestionándonos. La formuló Jeremías el profeta: "¿Por qué el camino de los malvados es próspero?"

Esta pregunta nos trae nuevamente a Rubinstein, sostiene éste, lo que había dicho nada menos que el Talmud: "No hay Juez ni hay Justicia". El pesimismo con respecto a la vida proviene del mismo hecho que el Holocausto es un ejemplo de lo que ocurre permanentemente y, por lo tanto, no debería escandalizarnos en lo más mínimo.

Si bien Emil Fackenheim coincide con que el Holocausto meramente reaviva el problema de la teodicea (y no lo produce), para él sí hay una respuesta que no genera ateísmo: el mal es el precio del libre albedrío humano. Si no existiera el mal, aun el mal supremo, no podríamos hablar tampoco de verdadero bien. El hombre no sería un ente libre sino un robot en manos de su creador. Quien lo obliga hacia un camino de misericordia.

11.EL MISTERIO

Regresemos a Job. Después de treinta y siete capítulos de preguntas y exigencias, después de consejos filosóficos de sus amigos, luego de perder fortuna, familia y salud, después del prolongado silencio divino y de los innumerables interrogantes sin respuesta, Dios decide responder las dolidas preguntas de Job. Y lo hace en una serie de casi setenta preguntas, una detrás de la otra, sin solución de continuidad, dejándolo aun más abrumado.

Interviene Dios: "Entonces el Eterno respondió a Job desde el seno de la tempestad y dijo: '¿Quién enturbia Mi consejo con insensateces? ¿Dónde estabas tú cuando Yo fundé la Tierra? ¿Sabes quién fijó sus dimensiones? ¿Sabes qué es el mar, la mañana, la aurora, el abismo, la muerte, la sobra, la anchura, la luz, las tinieblas, la nieve, el granizo, el viento, el solano, el aguacero, el trueno, la lluvia, el rocío, el hielo, la escarcha, las Pléyades, los cielos, la voz, el relámpago, las nubes, el meteoro, los leones, las ciervas, la gestación, el parto, el asno, el búfalo, el avestruz, el caballo, la crin, el halcón, el águila, sabes, sabes, sabes?!'".

En términos modernos, otra vez nos ayuda Fackenheim: el camino de Dios es inescrutable; el Holocausto es también parte de esa senda incognoscible, y la visión de la vida puede entonces calificarse, de acuerdo con nuestro esquema inicial, de neutra.

12.EL CONTRASTE

Nada es bueno ni malo sino por comparación. El mal existiría para que podamos reconocer el bien y disfrutar de él. El mal extremo es la única manera de conocer el bien extremo. El Holocausto sería, de acuerdo con este razonamiento, la posibilidad de reconocer el bien supremo que los hombres llevan potencialmente en sí. El contraste es el propósito.

"Mira: yo pongo hoy delante de ti la vida y la bendición, la muerte y la maldición", concluye por decirnos la Torá.

Berkovits, sostenedor de esta idea, agregará que en el tema del Holocausto, el contraste histórico es claro: desde los humos de Treblinka, irrumpe el Estado de Israel. Lo que Berkovits denominaría, después del horror, "la sonrisa suficiente". El retorno a Sión da el significado a la historia judía.

Bibliografía

Tomado de Hagshama E-zine



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