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Creacionismo y Ciencia

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Aportado por: aizik
Fecha de creación: 2003-08-07 15:27:15
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Creacionismo y Ciencia

Los puentes del judaísmo
Por: Gustavo Perednik

Después de elucidar en nuestro último artículo la cuestión de la Revolución Científica, concluimos con que el conflicto entre ciencia y religión fue aparente. Pero también nos adelantamos a un eventual contradictor con dos posibles ejemplos de fuentes religiosas hebreas que parecerían pecar de anticientíficas: la antigüedad del mundo reducida a 5760 años, o la creación del universo en seis días. Nos proponemos abordar aquí una y otra.

A diferencia de otras eras como la cristiana o la musulmana, la judaica celebra el comienzo del año celebrando un evento que no le es privativo, sino que reviste importancia universal. El año nuevo hebreo no alude al Exodo de Egipto ni a la memoria de Abraham; no es parte de la historia judía propiamente. Marca simbólicamente el aniversario de la Creación de todo, mucho antes de que el judaísmo o el pueblo judío irrumpieran en el devenir humano. La visión es universalista. Al respecto, el hijo del inmortal Maimónides observó que el raciocinio fue colocado en el hombre en el sexto día de la Creación. Mucho más tardías, la Torá, la ley y la cosmovisión judías, nos fueron entregadas sólo hace menos de tres milenios y medio. Por ello, arguyó Abraham Ben Ha-Rambam, la razón es nuestro marco más natural, en el que nos sentimos más cómodos, y la tradición judaica viene sólo a complementar ese marco, o aun a perfeccionarlo. Este ostensible racionalismo fue extremado por Abraham Bibago, quien en Derej Emuná intentó demostrar que la razón es la esencia misma del judaísmo.

Pero a la luz de la ciencia, es imposible aceptar la juventud del universo. Apenas seis milenios nunca podrán reflejar ni una infinitésima parte de la evolución estelar. Baste contemplar las estrellas a la noche para volver a tomar conciencia de que la luz que nos llega de los astros partió del origen hace millones de años y por ende, oh desilusión, las estrellas que "vemos" son en rigor masas de gas que de hecho ya no existen. Esta sola prueba debería sernos suficiente para arrojar por la borda la cosmovisión del 5760.

No faltó quien aceptara literalmente la idea de que todo nació hace exactamente seis mil años, y por lo tanto el fósil que desafíe esta fecha es entendido como una prueba caprichosa para nuestra fe. Una candidez similar guió en el siglo XVII a John Lightfoot de Cambridge, quien en sus seis eruditos volúmenes (Horae Hebraicae et Talmudicae) calculó que la Creación del hombre había tenido lugar el 23 de octubre del año 4004 antes de la era común, a las 9 de la mañana.

Una cosa es descartar con una sonrisa el atolondrado cálculo de Lightfoot, y otra muy distinta es suponer que el año 5760 sea arbitrario. No lo es. La pregunta es qué significa. Sabemos en principio que resulta de calcular las genealogías bíblicas hasta retrortraernos al primigenio Adán.

Lo que no queda siempre claro es quién es ese primer hombre, qué faceta humana en particular implica su comienzo de la nada.

Esa característica es su razón consciente. Cuando en este contexto hablamos del primer hombre, no nos referimos al pitecantrupus erectus, ni a las formas más sofisticadas de los primates. Debemos procurar una característica primordial de su evolución a partir de la cual pueda considerarse que el hombre ha sido efectivamente creado.

El hombre original es el primero que adquiere la conciencia humana, la capacidad de proyectarse al futuro, de mirarse por dentro y preguntarse acerca del misterio de su existencia. Ese es el androide que hace historia, que deja grabado su devenir.

Sabemos que la historia humana comienza precisamente con la aparición de la escritura, que es el momento providencial en el que el ser humano puede asumir la responsabilidad por la humanidad en su conjunto, puesto que hereda a las generaciones pasadas y prevé su continuidad en la posteridad. La escritura, la historia humana, la Creación, comenzaron efectivamente hace seis mil años. Por lo tanto la cronología hebraica es muy sensata.

Tan sensata como el hombre mismo, parece ser. Mientras la inteligencia de éste fue creciendo en su desarrollo, creció en él proporcionalmente la masa cerebral, lo que llevó a una remodelación de la cabeza. El hombre pudo hacer con las manos lo que antes hacía con los dientes, y por ello pudieron bastarle mandíbulas más pequeñas. Iba desalojándose lugar en la cabeza para que el tamaño cerebral pudiera aumentar.

También la pelvis debió ser remodelada, para que pudieran nacer bebés con cabezas grandes. No sorprenda entonces que, de las millones de especies que habitan nuestro planeta, la única para la que el alumbramiento es normalmente doloroso, es la humana. Ello puede ser consecuencia del incesante incremento de la capacidad craneal.

El Génesis curiosamente revela el nexo entre la evolución de la inteligencia y el dolor de parto. Recordemos que como castigo por ingerir del Arbol del Conocimiento, Dios reconviene a Eva que "parirá con dolor". Con dolor, porque la inteligencia que ha "ingerido" ha ampliado el neocórtex, y el primer hombre cuyo volumen endocraneal coincide con el del actual es el homo erectus.

LOS MARAVILLOSOS SEIS DIAS

En cuanto a la Creación en meramente seis días, existen igualmente modos científicos de resolver la cuestión. A partir de las observaciones de Edwin Hubble en 1929, se considera que el universo está en constante expansión. Ello significa que los objetos estuvieron en el pasado más cerca uno del otro, e incluso en un momento, supuestamente hace unos quince mil millones de años, cuando la densidad del universo era infinita, todo estaba exactamente en el mismo lugar.

De ello puede deducirse que, cuando el universo era infinitesimalmente pequeño e infinitamente denso, hubo un Big-Bang del que derivó todo. Ese Big-Bang es eminentemente compatible con la Creación.

Einstein ha demostrado la relatividad del tiempo, cuyo fluir es más lento a medida que aumenta la gravedad en un lugar determinado. Cuando se mira un sistema de baja gravedad desde uno de alta gravedad, la imagen parece como un video a alta velocidad. Para imaginar la posibilidad de mirar todo el universo desde afuera, como un sistema cerrado, debemos considerar que la masa total es 1056 gramos, y el radio es diez mil millones de años luz. Un físico nuclear del Instituto de Tecnología de Massachussets, Gerald Schroeder, se tomó el trabajo de hacer los cálculos pertinentes, y llegó a la conclusión de que, una conciencia que abarcara todo el universo, experimentaría el campo gravitacional producido por la masa total, para la que el tiempo fluye un billón de veces más lentamente que en la Tierra.

Por lo tanto, esa conciencia que mira el universo desde su "borde", vería transcurrir apenas un minuto mientras en la Tierra pasarían un millón. Y eso reduce los 15 mil millones de años a... seis días.

En otras palabras, mientras para relojes que actúan al potencial gravitacional actual, transcurren miles de millones de años, para un sistema que incluya todo el Universo, pasarían sólo seis días. Esa sería la perspectiva para un Creador Infinito. O como lo expresa el salmo 90: "Mil años son ante Ti como una noche fugaz". Los seis días del Génesis son en suma días divinos, y por eso la Torá tiene una manera distinta de referirse al tiempo si es antes de Adán o después de él. Los días divinos son una cosa, y otra es nuestra experiencia temporal.

Los treinta primeros versículos de la Biblia describen los quince millones de milenios de la historia cósmica, que comienza con la creación del único elemento del universo con una estabilidad invencible – la luz y su velocidad. Ese "primer componente" de la naturaleza no casualmente es el único que se menciona expresamente al ser aprobado. En las otras seis ocasiones "y vio Dios que es bueno" en términos generales; con respecto al parámetro inicial "y vio Dios la luz, que es buena".

De todos los relatos antiguos acerca de la Creación, sólo el de la civilización hebrea permite el escrutinio de una aproximación científica. O en términos de Maimónides, los supuestos conflictos entre la ciencia y la Biblia pueden surgir o bien de la carencia de conocimientos científicos o bien de una defectuosa interpretación del Libro de los Libros.

Bibliografía

Tomado de Hagshama E-zine



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