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En busca del Paraso perdido

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Aportado por: aizik
Fecha de creación: 2003-08-06 13:52:33
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En busca del Paraíso perdido

Las clases de Sharona
Por: Sharonah   Fredericko
Marcelo   Kisilevski

En épocas de crisis y emergencia solemos elevar nuestras miradas hacia sueños de un mundo mejor. Y como "todo tiempo pasado fue mejor", lo ideal es volver a lo que alguna vez tuvimos, o a lo que creemos que tuvimos, y que perdimos por imprudentes. Pero, valga como consuelo, no somos los judíos los que inventamos los paraísos perdidos. Tampoco somos los primeros que los buscamos

-Hola a los lectores, les cuento que estamos en la casa de Marcelo, acabamos de cenar regiamente, debo añadir que la esposa de Marcelo cocina muy bien, a diferencia de Mar... ¡Ah, Marcelo, je, no te había visto! Pero dime de una vez, ¿qué estás haciendo vestido de expedicionario en el África? Te pareces a Stanley y a Livingston, esos dos expedicionarios ingleses de fines del siglo XIX y principios del XX.

-Sí, y no es por Purim. Me agarrás justo antes de irme con una expedición en busca nada menos que de la Atlántida.

-O sea que te fumaste un porro y no me invitaste...

-No, no, esto es muy serio. Lo vi en un programa de televisión por cable, de gente dispuesta a dejarlo todo en pos de la utopía y me dije: "Basta. Estoy harto de las presiones de esta vida, sin seguridad física ni económica, en esta tierra de dolor y desesperanza. Me voy, pues, a buscar la esperanza".

-Sí, Marce, pero no te olvides que en el momento en que los hombres encuentren la utopía, ésta dejará de serlo.

-Está bien, Sharona, pero ¿no es natural buscar la utopía? ¡Hay que soñar!


-Muy bien, mira. En este momento me imagino a un montón de nuestros lectores argentinos que están pensando en abandonar el país, y también a muchos israelíes que preferirían no estar en Israel en este momento, pienso en mi familia en Nueva York y en mucha gente en la India y en Afganistán que probablemente no tienen lo que comer, y que preferirían estar en cualquier lugar que en donde están. Es entendible, es muy humano, y yo también lo comparto.

Pero tú usaste una palabra que me gustaría analizar, que es "utopía". Utopía es la búsqueda en pos de algo perdido, que en estos días, si te das cuenta, está surgiendo por todos lados, en especial, como mis lectores sabrán, cuando ponen en los cables el canal Discovery, Descubrimiento. Allí dos tercios de los programas tratan acerca de continentes sumergidos. Estamos hablando de la Atlántida, o de un supuesto continente hundido en la mitad del Océano Pacífico llamado Lemuria o Mu, como lo llaman las vacas...

Creo que sería lindo en estos momentos analizar por qué hay tanta búsqueda de lugares perdidos, justamente en momentos como el actual, donde tenemos realmente que aunar nuestras fuerzas y pensar un poquito más en el porvenir, que en el pasado. Porque he pensado que al buscar un continente perdido estamos quizás orientando nuestras energías, que nos faltan en este momento, hacia algo mucho más fácil, porque obviamente es mucho más fácil soñar que enfrentar nuestros problemas reales.

-Me estás haciendo una acusación muy seria, pero te perdono. Lo que te pregunto es: ¿el primer Paraíso Perdido es el nuestro, el de la Biblia, el de Adán y Eva, o esta como otras es también una idea tomada de culturas anteriores?

-Claro, ahora los judíos que leen esto y que creen que los judíos fuimos siempre primeros en todo van a decir: "Por supuesto que es el primero y el único". ¡Pues no, no lo es! La versión más antigua que yo conozco de un lugar perfecto y sublime sería un mito indígena en tierras que no están lejos de donde viven muchos de nuestros lectores, en el noroeste argentino, en mitos que remontan por lo menos a 10.000 años atrás, y de acuerdo con recientes hallazgos arqueológicos en el sur del Brasil y del Paraguay por lo menos a 35.000 años. Se trata de algo que hoy en día los indígenas guaraníes llaman "Tierra sin mal".

Se trata de una idea fenomenal. Es un lugar de perfección, dicen los guaraníes, creado por el gran dios Tupa, donde no existe el mal, y que siempre está más allá del lugar al que tú puedes llegar. O sea que siempre te elude y te esquiva, pero existe. Y ellos ven toda la vida como una búsqueda afanosa, loca y hasta absurda detrás de la Tierra sin mal.

Si yo miro la historia, veo que es efectivamente eso, la búsqueda de la perfección ideal en lugar de mejorar lo que ya tenemos, una búsqueda que nos ha hundido muchas veces.

-¿Qué me cuentas del Paraíso Perdido? ¿Qué estamos diciendo con esa historia?

-Muy bien. Se trata de un mito. Yo no tengo problema con eso, como antropóloga me parece bárbaro que tengamos mitos. Un mito, que está súper empapado de elementos canaanitas y egipcios, de un lugar que, de acuerdo con la Biblia, está situado en Irak. ¿No te parece magnífico que el Paraíso esté justamente en Irak? Habrá que avisarles a George Bush (hijo) y a Saddam Hussein, que no sé si están concientes. Los cuatro ríos del Paraíso citados en la Biblia pasan hoy por territorio iraquí, siendo el más famoso de ellos el Eufrates. Era obvio que nuestro Paraíso estaría situado allí, desde que nuestro primer antepasado, Abraham, era oriundo de Babilonia.

¿Y cómo era el Jardín del Edén? Muy fácil, ¿cómo podía ver gente del desierto un lugar perfecto e ideal? Un lugar que tiene fecundidad, tierra fértil. Con sólo pensar en la palabra paraíso nos damos cuenta. Si habláramos latín y no español, mis lectores podrían percatarse mejor de la relación entre los judíos como pueblo del desierto y el paraíso. En latín se dice "paradiso", como en italiano. Esa palabra, a su vez, viene del hebreo "pardés", que significa huerto, un lugar fecundo. Pero, a pesar de lo que puedan pensar los judeocéntricos, la palabra pardés no es hebrea, sino persa. Y Persia, lo que es hoy Irán, era un lugar fértil, no era el desierto chamuscado que caracteriza hoy en día al Medio Oriente.

En el judaísmo vivimos con cierto sentido de culpa, porque vivimos con la idea de que tuvimos la perfección y por culpa de una serpiente estúpida lo perdimos todo. Perdonen, pero no es por culpa de una serpiente estúpida, que al fin y al cabo fue colocada por el Todopoderoso, si es que vamos a creer en la palabra de la Torá. Tampoco podemos creer que fue el diablo, como lo pueden pensar nuestros amigos cristianos, porque nosotros no creemos en el diablo.

-Creemos en un diablo que es un ángel de Dios, dedicado a probar la virtud de los hombres, no a provocarla. En ese sentido es un enviado de Dios con una tarea desagradable. De eso ya hemos hablado en otra Clase de Sharona.

-Entonces, la serpiente está porque Dios la puso.

-¿Se trató de un juego siniestro de Dios? ¿Por qué tuvo que meter una mosca en su propia mermelada?

-Porque era un mito que ya existía en el colectivo hebreo al que la Torá iba dirigida. El Jardín del Edén no tenía que existir realmente. Cuando Moisés en Egipto, donde fue príncipe, estudió un cuerpo de literatura antigua que llamamos hoy en día la "literatura de la sabiduría", una rama de la escritura jeroglífica egipcia, esta historia ya aparecía en la antigua Sumeria, otro imperio no muy alejado de Babilonia, más o menos entre Irak y Siria. Moisés estudió esta historia, y cuando redactó la Torá –y yo sí creo que la escribió Moisés, pues hay un estilo uniforme en los primeros cinco libros de la Biblia, y una profundidad literaria y filosófica que se diferencia tajantemente del resto de la Biblia- recopiló y sintetizó, y muy bien, la sabiduría de otros pueblos.

Ahora, ¿por qué los sumerios, antecesores de los babilonios, de los cuales vinimos nosotros porque Abraham era babilonio que empezó a creer en un solo Dios, por qué vivíamos todos obsesionados con la idea de un Paraíso Perdido?

Mis lectores cristianos sabrán que en el cristianismo la expulsión del Edén es vista como castigo. Y es vista también como el principio de la batalla entre el bien y el mal y entre Jesús y Satanás. Pero nosotros los judíos tenemos un problema, porque no tenemos la oposición de Jesús y Satanás. Dios nos dio una utopía y el mismo Dios nos envió una culebrita. Lo cual significaría que Dios nunca quiso que esta utopía fuera tan perfecta. Lo que yo te estoy diciendo es que alguien del nivel intelectual de Moisés –yo no creo en la profecía en el sentido tradicional, pero sí en el poder intelectual y espiritual de la gente, y creo que Moisés fue un ser sumamente desarrollado- no podía haber dicho nunca que existe realmente el Jardín del Edén. Posiblemente lo incluyó en su relato como manifestación de lo que llamaba Charly García, el inconsciente colectivo. Porque todos vivimos después de la infancia y de la adolescencia, cuanto más nos metemos en la adultez, extrañando el pasado...

-El útero de mamá, calentito, mojadito y sin responsabilidades.

-Tal cual. Y Moisés nos estaba diciendo algo filosóficamente muy importante. Cuando Dios manda a un ángel con la espada ardiente, diciéndoles a Adán y a Eva, "niñitos, aquí ustedes no vuelven", creo que es un símbolo fantástico para dejar de añorar el pasado y enfrentar la realidad, porque "no vas a volver".

-Déjense de estar en el limbo y pónganse a trabajar.

-Seguramente Moisés no creía en ángeles, pero como filósofo nos estaba dando una imagen cruel y magnífica para dejar siempre de sumergirnos en la añoranza. Creo que él también conocía mucho al género humano, no solamente a los israelitas, y entendió que el ser humano es así, que todos lo son. Y lo ves cuando te enteras de que los guaraníes también tienen una Tierra sin mal, y lo ves en nuestro Jardín del Edén.

Lo vuelves a ver cuando el mundo se vuelve totalmente loco, en el siglo XIX, cuando entramos en la Revolución Industrial, que fue un espanto para la gente. Yo lo quiero comparar con lo que es hoy en día la revolución del high tech, la computarización masiva y semi histérica, parte de la cual está permitiendo a nuestros lectores gozar de esta nota; parte de la cual es responsable por la pérdida de muchos puestos de trabajo, y parte de la cual puede también salvar a la humanidad, con la biotecnología. Es decir que se trata de un fenómeno muy heterogéneo, arrasante y espantoso, porque el mundo está cambiando con una rapidez que no podemos asimilar.

Eso fue exactamente el estado del mundo en la Revolución Industrial. De repente todas las formas de vida tradicionales cambiaron, y el cambio hizo impacto en todo el mundo en desarrollo, incluido América Latina, y por supuesto África y Asia. Porque el proceso no tuvo rostro humano. No estoy en contra de la tecnología. Con la tecnología se pueden salvar vidas. La pregunta es cómo encauzar la tecnología hacia fines humanos. Como dijo la escritora indígena maya, ganadora del Premio Nobel, Rigoberta Menchú, de Guatemala: no estoy en contra de la globalización como tal; estoy en contra de la globalización anti humana. Se puede humanizar la globalización.

Pero no es lo que vemos en la realidad. La globalización pasó a ser arrasante, y sus productos finales fueron la pobreza horrible que tenemos hoy en día en el mundo, o un lunático del otro extremo como lo es Bin Laden. Entre el capitalismo desenfrenado y el fundamentalismo religioso, nos vemos exactamente en la misma situación que en el siglo XIX.

-Los mesiánicos dirían que todo esto es justamente " jevléi Mashíaj ", los sufrimientos que preceden a la llegada del Mesías.

-Sí y ¿sabes qué? Estos desvariados también lo dijeron en el siglo XIX. Si te pones a pensar, verás que en ese siglo tienes el surgimiento de miles de cultos milenaristas en todo el mundo. Mira, cuando la gente está desesperada pasan estas cosas. Fíjate lo que pasó con los indios Sioux en Estados Unidos, también en el siglo XIX. Después de ver a su cultura diezmada, cuando ya vieron que no podrían luchar más, comenzaron con una tradición que se llamó la danza de los fantasmas. Era una fe milenaria en que los antepasados ya muertos, de hecho asesinados, volverían respondiendo al llamado de los sioux a través de sus danzas místicas y reestablecerían el orden perdido en el mundo, es decir el mundo antes de la conquista a manos de los europeos, cuando vivían en armonía con los elementos. Y vemos aquí también lo trágico de añorar un pasado que no ha existido nunca, sólo por culpa de un presente tan horrible, y porque mi gobierno, el estadounidense, bajo el cual nací, los había tratado tan horriblemente en ese momento. Yo puedo entender que se sintieran sin fuerzas, pero ellos querían restituir un pasado que sólo existía en sus mitos. Muchos pensadores sioux mismos sabían que se trataba de una ilusión, provocada por la falta de esperanza en un porvenir mejor. No podían imaginar lo que tenemos hoy en día en Canadá, que es una provincia indígena autónoma, porque eso no entraba en el universo de posibilidades de ese momento de la gente.

Con la Revolución Industrial, con el orden de la vida cambiante, primero en Inglaterra y después en todo el mundo, llegando hasta la India, América Latina, causando un retraso espantoso que se arrastra hasta hoy en día, la gente empezó a buscar utopías inexistentes. ¿Y dónde vemos el brote más histérico? Precisamente en los Estados Unidos. La búsqueda de la Atlántida va a estar vinculada, desde todo punto de vista, con todas las búsquedas del Jardín del Edén desde el principio de la humanidad. Y comenzó justamente en un momento en que cundía la pobreza, en que todos los logros alcanzados para los negros después de la Guerra Civil habían sido echados por tierra. Fue una época muy reaccionaria, y muchos expedicionarios, vestidos más o menos como lo estás tú ahora, salieron a buscar afanosamente una humanidad que nunca había existido. Y volvieron a los escritos de los antiguos. Por ejemplo, nuestro amigo Platón, que influyera tanto en pensadores como Maimónides, en sus Diálogos, escribió acerca de la existencia de un continente al occidente de la isla de Creta, que Platón llamaba la Atlántida. También otro escritor griego habló de ella; se llamaba Solón. Los dos hablaban de un lugar que se había hundido hacía 9.000 años. Ellos describían un lugar tan perfecto que tampoco hubiera podido existir. Justamente los griegos, que vivían en la más alta de las culturas, pero que estaban sufriendo una serie de guerras terribles contra sus primos los espartanos, más o menos al estilo en que nosotros nos matamos con nuestros primos los palestinos y ellos con nosotros, necesitaban darle a la gente una esperanza frente a la hecatombe de la época.

-¿Qué era la Atlántida?

-Se trataba de un continente gigantesco situado entre lo que después se supo que eran las Américas y Europa, lo cual hizo después también surgir fantasías acerca del continente americano como la Atlántida perdida. En la Atlántida, la humanidad había alcanzado un altísimo nivel de enseñanza y comprensión, tan elevado que la gente había aprendido la no necesidad de guerras. La gente vivía en una armonía total. ¡Ojalá! Pero lo que te quiero decir es que ya en la época de Platón –a la que, dicho sea de paso, muchos vieron después su propio Paraíso Perdido al que quisieron volver- se veía el propio devenir presente como indeseable, y se soñaba un sueño colectivo de un mundo mejor. El mito estaba influido, además de por la guerra contra Esparta, por el hundimiento de la mitad de la isla de Zera, que de hecho es el origen de todo el mito de la Atlántida. Tanto entonces como ahora, la gente buscaba un pasado dorado porque no tenía la fuerza para mirar el presente.

¿Por qué estoy pensando en esto? Seguramente recordarás que antes de la Intifada de Al Aqsa aquí en Israel, en aquellos años '90 que ya nos parecen tan lejanos como la época de Platón, a la gente le encantaba hablar de política. Hoy en día, en cambio, si tomas al israelí promedio, no al político que se dedica a eso, el israelí de la calle prefiere hablar de cualquier cosa menos de política. Como ejemplo, compara el repertorio del teatro Habima de este año con el del año pasado, y también del Cameri, los dos elencos teatrales más importantes de Israel. Este año no hay nada que trate de temas políticos. Muy interesante, porque durante todos los años '90 casi todas las obras teatrales trataban de política. Porque al querer acercarnos a una solución pacífica del conflicto con nuestros primitos, estábamos más dispuestos a tratar con un presente menos espantoso. Ahora, en cambio, todo el repertorio teatral trata de episodios de color del pasado judío en la Diáspora. O sea que el israelí no quiere siquiera que le hablen del sionismo...

-Y quiere decir también que nuestro Paraíso Perdido está, de buenas a primeras, en la Diáspora...

-Sí, y de eso quiero hablar ahora. Empecemos por mencionar un hecho inquietante para los jerarcas de la Organización Sionista, que es que los propios hijos del fundador del Estado, don David Ben Gurión, decidieron que su paraíso particular estaba en la Diáspora, dejaron Israel y fueron a vivir a Estados Unidos. Pero lo cierto es que cuando te sientes acosado por la realidad, lo que tienes que hacer es enfrentarte con ella para cambiarla. No estoy diciendo que eso es fácil, ni que uno cuenta siempre con los recursos para hacerlo. Pero si no lo intentamos, mira cuál es el resultado.

Te voy a dar un ejemplo. A principios del siglo XX vivió un expedicionario inglés...

-¡Como yo!

-Sí, se te parecía mucho. Me disculpo ante nuestros lectores por este ataque de explorador imperialista del siglo XIX que está padeciendo Marcelo. Te deseo pronta mejoría... Este explorador que te cuento se llamaba James Churcheguarde. En los años '30 del siglo XX, durante una hambruna terrible en la India, estaba sirviendo en el ejército imperial, y sostuvo que había encontrado dos tableros cuneiformes que describían el pasado histórico de un continente gigantesco sumergido en el Océano Pacífico de nombre Mu. Recuerden tú y los lectores que aquí estamos hablando de los años '30, sitúense históricamente porque quiero que vean cuál es el resultado final de la búsqueda de una utopía perdida, que puede ser bastante psicótico. Es mucho mejor buscar un presente mejor.

No sabemos si Churcheguarde inventó toda la historia, si se deliró fumando algún tipo de amapola, pero él sostuvo a raíz de estos bloques de escritura antigua, que de hecho nunca fueron develados al público, así que no sabemos si existieron o no, que había hallado el punto de origen de la humanidad. Y a partir de ahí, del norte de la India, emprendió un viaje que lo iba a llevar hasta el Lejano Oriente, pasando por todo el Océano Pacífico, donde se encontraba supuestamente este continente que, según él, se había hundido hacía 50.000 años, y pasó mucho tiempo en Centro América, donde elaboró teorías bastante desvariadas sobre el origen del indígena americano, y terminó en el Medio Oriente.

Según el relato de este explorador, había encontrado pruebas, entre todas las civilizaciones antiguas, de la existencia pasada de un continente dividido en tres, cruzado por varios ríos: el sostenía que el Jardín del Edén que figura en nuestra Biblia estaba situado precisamente en Mu. Y la serpiente, que en todas las mitologías –y esto es cierto- está identificada con las aguas y la lluvia, era un símbolo enigmático que representaba el hundimiento del Jardín del Edén.

Pero el problema con Churcheguarde estaba en la tergiversación que hizo de toda esta historia con visos netamente racistas, para servir a intereses propios, que eran bastante nefastos. El decía que en Mu habían tres razas. Supongo que mis lectores me siguen: hablar en los años '30 de "razas" podía llevar a fenómenos tan peligrosos como el nazismo alemán o el fascismo japonés. En este continente de Churcheguarde vivían blancos, orientales y negros, con una especie de mestizaje pero muy limitado. Y sostuvo, por supuesto, que los blancos eran la raza que dominaba al continente iluminado de Mu.

A raíz de esta teoría, él intentó explicar las mitologías de todos los pueblos del mundo de acuerdo con el sueño lunático de este continente perdido. Y por ejemplo, al llegar a la tierra que más me fascina, y al ver a las hermosas ciudades de Chichén Itza y Palenque, las grandes obras de la cultura maya, ¿qué dijo Churcheguarde? Y ahora cito: "Estos descendientes morenos y degradados que vemos hoy en día habitando las tierras de Centroamérica no pudieron haber sido los seres inteligentes e iluminados que construyeron estas pirámides y que crearon este arte. Es obvio que aquellos seres iluminados eran blancos".

Cualquier turista sabe, al recorrer México, que los mayas estaban lejos de ser caucásicos. Lo que Churcheguarde estaba diciendo es que alguna vez tuvimos un paraíso gobernado por blancos, y que lo perdimos por dejar que lo usurpen gentes de otras razas. ¿Quién siguió con esta idea? Huelgan las palabras.

El fascismo de los años '20 es también la búsqueda de un paraíso perdido, los viejos héroes de la antigüedad. Fíjate también en la mitología nazi, la imagen del caballero Sigfried, un caballero mitológico al estilo del Rey Arturo, que pasó a ser un símbolo nocivo para cualquier alemán no cristiano, como el alemán judío, el alemán gitano y podríamos agregar al alemán homosexual y al discapacitado mental, aunque fueran cristianos. Todos ellos estaban excluidos de esta mitología.

-¿Estás insinuando que todo lo que tiene que ver con búsquedas de paraísos perdidos está relacionado con ideologías nefastas?

-No, no quiero que piensen que cualquier libro que encuentren sobre la Atlántida está escrito por neo-nazis. Es normal y natural tener e incluso aferrarse a veces a algo lindo que se perdió. Eso es humano. Pero es sumamente destructivo para ti mismo sumergirte en este pasado. Como dijo Sigmund Freud, con el que no estoy de acuerdo en todo pero en esto sí, uno tiende a idealizar el pasado, pero si te das cuenta, el pasado no era tan perfecto, y cuando lo vivías tampoco lo gozabas tanto, así que es mucho más sano fijarte más en el presente.

Voy a terminar con algo bastante chistoso. Hay una teoría entre los atlantidomaníacos según la cual cuando se hundió el continente, pequeñas agrupaciones de refugiados lograron salvarse al navegar y asentarse en diferentes lugares del Mediterráneo. En los escritos judíos, nosotros hablamos de un pueblo un poquito extraño para nosotros, con el que nos llevamos a puñetazos, que llegaron del mar, y que se llamaron en la Biblia, sencillamente, los "pueblos del mar". (Remito a mis lectores a un libro escrito sobre el tema por Imanuel Velicovsky, un arqueólogo judeo-ruso, llamado Los pueblos del mar ). Los pueblos del mar aparecen también en los escritos egipcios. Se describen como gente con pecas y pelirrojos. Parecen irlandeses...

-O vikingos...

-Vaya uno a saber, mira, la humanidad siempre ha caminado mucho. De acuerdo con escritos griegos, esa gente estaba muy relacionada con su propia cultura griega. Es decir: los israelitas cuentan que se enfrentan con un puñado de griegos pelirrojos, que según los relatos se asientan en costas mediterráneas del Medio Oriente, en particular ¡en Gaza!, llamándose luego filisteos.

Aquí hay algo muy chistoso, y si la situación actual no fuera triste, estaría muriéndome de risa. De acuerdo con la mitología sionista, y con la mitología palestina, que es tan parecida, los palestinos son los descendientes de los filisteos, y nosotros somos los descendientes directos de los antiguos israelitas. Sabemos que en la historia hay tanto mestizaje de por medio, que no podemos decir que el israelita de hoy es el antiguo israelita de entonces, ni que el palestino de hoy sea el filisteo de aquel entonces. Pero a partir del primer encuentro ya nos llevamos a las patadas y la palabra filisteo se identifica en la cultura judía como alguien "exento de cultura", un ignorante.

Si los palestinos tienen razón y su propia mitología es correcta, entonces ellos son descendientes de refugiados de la Atlántida, y dado que no existe la Atlántida, tendrían que volver a Grecia, y no creo que los griegos se pondrían muy felices con esa solución. Y si nuestra mitología es correcta, nosotros tendríamos que volver a Irak, donde está situado nuestro primer Paraíso, pues de allí viene Abraham el Patriarca. Y me gustaría ver la cara de Saddam Hussein al ver a 12 millones de judíos tocándole a la puerta diciendo: "¡Hola, volvimos!" Del mismo modo es absurdo que cinco millones de palestinos lleguen a Grecia y digan "Hola, gente, acá estamos".

Cuando uno se da cuenta de lo absurdo de esas dos situaciones, entonces podemos ver lo absurdo de la búsqueda de paraísos perdidos. Porque cuando los incorporamos a nuestra mitología y nos aferramos a la idea de un Paraíso Perdido, en lugar de ver qué pasa en nuestra realidad, las conclusiones a las que podemos llegar en última instancia, no son solamente absurdas sino autodestructivas aun desde el punto de vista político, a menos que la mayoría de mis lectores judíos quieran volver a Bagdad y, en caso de haber algún lector palestino, que esté muerto por volver a Atenas.

-Sharona, antes de irme a mi expedición, permitime una disquisición. Si los palestinos insisten en su versión de que son descendientes de los filisteos, entonces llegaron aquí después que nosotros.

-¡Ah, Marcelo, ya veo que te está ganando la idea de la Gran Israel!

-No, de ningún modo. Porque la misma historiografía palestina, en el mismo suspiro, agrega que son descendientes de los canaanitas, que estaban antes. Y no solamente de los canaanitas, sino también de los jebusitas, que estuvieron antes que nosotros pero en Jerusalem. Todo esto lo escribió el finado Faisal Husseini, quien fuera encargado de Asuntos de Jerusalem de la Autoridad Palestina en un solo y breve artículo. Yo no quiero cuestionar la legitimidad de su derecho a la autodeterminación, pero que se pongan de acuerdo en cómo reinventan su memoria colectiva, ¿no?

-Con eso te das cuenta de lo manipulativo que es la mitología. Porque el hecho es que también nosotros la manipulamos como queremos. En toda la mitología sionista, por dar sólo un ejemplo, casi no aparece el tema de la división de los reinos en Israel y Judá, una división histórica terrible. Porque nosotros queremos enfatizar la solidaridad judía, pero lo cierto es que los dos estados guerrearon entre sí, matándose los hebreos entre sí. Y cuando el reino de Israel desapareció de la faz de la tierra los de Judá, si no festejaron, tampoco se esforzaron demasiado por sus hermanos en desgracia. Pero la historia la puedes escribir como quieras, y puedes cambiar el pasado según tus propósitos para el presente.

Y te voy a dar un último ejemplo. El expedicionario irlandés-norteamericano que resucitó todo el tema de la Atlántida se llamaba Ignacio Donelly, y en el libro que escribió sobre el asunto describía una sociedad totalmente distinta de la que había descrito Platón, pero que sí estaba de acuerdo con las necesidades del hombre de fines del siglo XIX. ¿Qué significa? Que ni Platón ni Ignacio Donelly estaban realmente interesados en la verdad histórica sobre la Atlántida, sino únicamente en sus necesidades actuales. Qué mejor que la metodología del antaño, que ya no se puede verificar ni desmentir, para servir a tus necesidades del presente. O sea, qué mejor que la mentira.

Bibliografía

Tomado de Hagshama E-zine



Algunas evaluaciones hechas por los miembros de Jinuj.net:

Autor Fecha del mensaje

***-- rudo 17/9/2003 10:15 AM
C reo que la utopia es una alternativa para buscar la transformacin de la realidad, pero esa transformacin no se logra a costa de los demas sino con el fundamento de una tica que este en favor de la humanidad y no de algun grupo en particular.
Sin embargo te agradesco este escrito que desafia aun ms a aquellos que aun tenemos esperanza en el futuro mejor. gracias.

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Terrible ***--
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Excelente

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