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De Chimpancés, Humanos y la Primera Civilización

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Aportado por: aizik
Fecha de creación: 2003-08-06 13:47:36
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De Chimpancés, Humanos y la Primera Civilización

Las clases de Sharona
Por: Sharonah Fredericko
Marcelo Kisilevski

Si el hombre es naturalmente bueno o malo es una discusión que aparentemente no tendrá fin. Pero la discusión es siempre vigente, sobre todo en momentos como los que vivimos, de angustia y desesperanza. ¿La manera en que comenzó el nuevo milenio, el 11 de septiembre, luego de un siglo XX digno de ser olvidado, prueba la maldad intrínseca del hombre? En esta nota, nuestra profe de historia intenta abordar una temática tradicionalmente filosófica desde ángulos insospechados.

-Sharona, a la luz de lo que estamos presenciando hoy en día, se me ocurre pensar que el siglo XX fue una cosa atroz, pero que el siglo XXI no se perfila mejor.

-Sí, empezó "bárbaro": con el 11 de septiembre...

-Así es. Lo que te pregunto es: ¿tenemos que decepcionarnos y dejar de creer en el hombre de una vez por todas? Empiezo a pensar que el hombre no es tan buena cosa...

-Marcelo, yo creo que lo que te hace falta es una buena visita al jardín zoológico. Es más, creo que eso les hace falta a todos nuestros lectores. Y déjame explicarte por qué. Esta vez no quiero empezar con sociología o historia. Mi padre, que en paz descanse, era biólogo, y esta vez yo quiero empezar con la biología. Muchos científicos sociales se pierden en teorías y se olvidan de ciertos motivos biológicos que hacen que el género humano sea o la maravilla o el escombro que es. ¿Cuándo fue la última vez que hablaste con un chimpancés?

-Bueno, no tengo mi agenda a mano, dejame pensar...

-¿O sea...?

-Nunca.

-Bueno, vamos a empezar con los chimpancés. Si analizamos la estructura del ADN en su cuerpo y en el nuestro, veremos que el 98% de ambos es igual. O sea que nos diferenciamos de los monitos por apenas dos graditos. Y que no lancen ya sus alaridos al cielo los que no creen en la evolución. Darwin no dijo que descendemos del mono sino –y la ciencia lo ha comprobado- que tenemos un ancestro en común. Lo dijo también el rabino ortodoxo y filósofo Yeshaiahu Leibovich, que nos recuerda que en la Torá no está escrito en ningún lado cómo era Adán. Agregaba este filósofo gigante que no le molestaría para nada si Adán se hubiera parecido a un mono, pues los monos le parecían mucho más simpáticos que los seres humanos. El hecho es que, a nivel biológico, compartimos muchas tendencias con los chimpancés. Pero ahí ya tenemos un problema, porque la sociedad de los chimpancés, de esos altísimos mamíferos, es muy violenta, terrible. Los chimpancés matan a veces a sus compañeros, si no están conformes con ellos. Tienen un sistema jerárquico tan rígido como el sistema de castas en la India de antes de la independencia. Muestran muchas señales de agresividad, roban, asesinan y... son nuestros primos.

-Bueno, entonces eso es finalmente lo que somos: una banda de monos asquerosos... ¡No hay esperanza!

-Sí, pero déjame contarte que también hay otro animal, que también es nuestro primo, que comparte con nosotros también casi la misma estructura del ADN, diferenciándose también por dos grados. Es otro tipo de mono que es mucho menos famoso que el chimpancé. Se llama el benobo. Es un primate sumamente desarrollado que habita en el cuerno de Africa, una región, la de Etiopía, Eritrea, sumamente castigada por guerras violentas. ¿Y cómo reacciona el benobo frente a los conflictos? Exactamente al contrario que los chimpancés. No hay violencia en la sociedad benoba. Cuando entran en conflictos –y lo hacen, como lo han estudiado los biólogos y los antropólogos físicos- no llegan a los golpes, no muerden, no abofetean. ¿Qué hacen? ¡Hacen el amor! Es algo fenomenal. El benobo, para resolver y canalizar sus sensaciones de agresión, cuando está alterado, se para y, sea con su interolocutor o interlocutora –son muy liberales en cuanto a sus preferencias sexuales- se agarran y se hacen el amor.

-¿No será una forma de violación, o de juego de dominación?

-No, en absoluto, y ahí está lo increíble. Se abrazan de verdad y hacen el amor. Y después se quedan plácidamente tirados. Luego se vuelven a encontrar y con muchos abrazos y besos comienzan a sacarse los piojos el uno al otro, que es una forma de mostrar afecto entre los monos.

-Menos mal que no tengo amigos con piojos, hasta donde yo sé...

-No, no es que tienes que imitar a los benobo, ni en eso ni en lo demás. Lo que te quiero decir es que nosotros compartimos el ADN tanto con los chimpancés como con los benobo. O sea que biológicamente no hay nada que nos obligue a ser chimpancés. El hecho de que en estos momentos, una parte dominante de la humanidad haya elegido ser chimpancés no es una situación irreversible. No estoy viendo todo color de rosas diciendo que todo está bien. Todo está horrible. Ahora mismo estoy en tu casa, y digamos a nuestros lectores por qué. Más allá que tu esposa cocina brillantemente bien –que quede constatado-, no queremos estar en un café, para que en el medio de nuestro té volemos por los aires y que nuestros órganos embadurnen las paredes por un terrorista palestino suicida. No me evado de la realidad. Pero a diferencia de los cínicos y –perdón- de los estúpidos e ignorantes, que dicen que "así somos", yo digo que no tenemos que ser así: tenemos ambas tendencias a nivel biológico, podemos elegir entre ser chimpancés o ser benobos. Pero tenemos una cosa más, lo que el Rambam decía que nos diferenciaba de los animales, así que ahora estoy citando a otro gran biólogo, médico y rabino, Maimónides. El decía que lo único que nos diferenciaba de los animales era el alma, definida por él como el libre albedrío. Es decir que los humanos eligen usar la violencia, no es un estado irreversible ni un instinto inscripto en los genes.

Segundo punto: hay mucha gente que se vuelve temporariamente violenta. Una persona no es violenta, pero el día de mañana digamos que alguien hiere a un ser querido suyo y entonces siente un afán de venganza. O sea que las circunstancias externas pueden convertir a la persona más pacífica en un chimpancé.

Lo que estamos intentando ver es si hay algo en la historia humana que muestre que el devenir histórico siempre se dirige hacia el lado de la violencia. Los filósofos positivistas del siglo XIX, por ejemplo, estaban seguros que permanentemente íbamos dirigidos hacia un mundo mejor. Era la buena época del liberalismo, el tiempo de los comienzos de lo que después serían las grandes revoluciones, en especial en Latinoamérica, en Argentina, en Colombia, con San Martín, etc. No importa que una vez muertos Bolívar, San Martín y el Padre Hidalgo en Méjico, también sus revoluciones terminaron en la basura, pero eso no fue inevitable. Sé que eso es poco consuelo ahora para los argentinos, que están pensando: "Todo muy lindo, podríamos haber terminado bien, pero ahora no puedo pagar mi alquiler, así que Sharona guárdate tu optimismo". Yo supe durante muchos años lo que es no tener suficiente plata para pagar el alquiler, así que sé lo que es. Lo que estoy diciendo es que si vamos a sobrevivir, y creo que esa es la meta, tenemos que mirar al pasado y ver que lo que hoy en día vemos como inevitable, la violencia y la corrupción, no tuvo que haber sido así, podría haber sido diferente. Fue una perversión de lo que fue la civilización humana y que tenemos que tener bastante valentía para pensar en lo que puede ser una sociedad alternativa que quizá es lo que fue la sociedad originaria.

De acuerdo con la arqueología, esa sociedad primigenia se sitúa más o menos hace 10.500 años. Pero primero, tengo que recordar a mis lectores que siempre, junto con la violencia, existe el anhelo de algo mejor. El mismo relato bíblico del Jardín del Edén, con su horrible símbolo de la serpiente que ensombrece todo lo que es bueno, no es más que un grito de agonía por un mundo que puede ser mejor, por un tiempo de paz. Y si esta historia ha conmovido a tanta gente es porque este anhelo existe. Lo que pasa es que nos hemos vuelto cínicos pensando que la sociedad humana siempre ha seguido y seguirá una vía muy brutal. Y si vemos los rastros arqueológicos, veremos que las civilizaciones originarias no siguieron ninguna ruta de conquista, ni de terror ni de nada similar. Vivieron en armonía perfecta con su medio ambiente y –he aquí un punto importante- alcanzaron un nivel de perfección tecnológica impresionante. Porque yo sé que alguno de mis lectores está por saltar y decir: "¿Pero qué quieres Sharona, que vivamos en carpas?" Primero, vivir en carpa, si estás rodeado de buena gente, no es tan horrible. Segundo, nos tenemos que sacar de la cabeza que la tecnología va acompañada de violencia.

-Como si fuera la tecnología persé la que produjera violencia.

-Marcelo, la tecnología no produce violencia. La biotecnología puede salvar muchísimas vidas. Podría dar a una persona con una pierna amputada la posibilidad de caminar nuevamente. La tecnología militar es la que puede amputarle la pierna. Pero la tecnología es bastante neutral, es como el dinero. Si me preguntas si el dinero es bueno o malo, la respuesta es que ninguna de las dos cosas. Ahora bien, ¿te has puesto a pensar alguna vez en la primera civilización humana?

-Todos los días. Me levanto cada mañana y pienso... ¿Qué haría un hombre de la primera civilización humana en mi lugar? Hasta le he puesto nombre a mi alma gemela imaginaria de la primera civilización, se llama...

-Bueno, ya, payaso. Y dime algo, ¿cómo te imaginas a esa civilización? ¿Te la imaginas primitiva?

-No sé, primitiva en cierto sentido, en el de tener que resolver problemas muy básicos, como obtener fuentes de alimento y de agua, protegerse de enemigos, de animales... Las primeras sociedades no fueron sedentarias sino nómades.

-Sí, pero no solamente. Muy bien, entonces comencemos nuestro viaje con nuestros lectores. Hace 50.000 años existieron dos especies de seres humanos: el Cromagnón, del que descendemos nosotros. Desde hace 26 ó 27.000 años desapareció por completo del hombre de Neanderthal, que hoy en día vemos en los museos, este ser humano con la calavera mucho más gruesa, con la mandíbula pesada, al que muchas veces se ha llamado "el hombre mono". El Neanderthal de hecho tuvo una capacidad cerebral mucho más grande que la nuestra. Y de repente –en realidad durante muchos años de evolución- surgió el Cromagnón, que decimos que es el hombre moderno. Y convivieron juntos, en Europa. ¿Pero de dónde habían surgido ambos? Del Africa. O sea que si tengo algún lector racista, le digo: lo siento, querido, pero si escarbas lo suficiente y te fijas bien, en el fondo eres un negro. Así es, al fin y al cabo, los orígenes del ser humano están en el Africa. Muy bien, tú tienes razón en cuanto al nomadismo, al principio se pusieron a caminar. Y mientras iban cambiando el color de su piel también se adaptaban al nuevo lugar, se volvían más blancos. Mucha gente cree que fue en Europa también que tuvimos el primer genocidio, lo cual sería bastante lógico, o al menos consecuente, porque los europeos han mostrado mucho ahínco para eso de cometer genocidios, tanto en Europa misma como en el Nuevo Mundo, con judíos, indígenas o bosnios: el europeo sabe matar gente. Por eso hay mucha gente que piensa que quizás el Cromagnón, cuando se encontró con el Neanderthal, esa especie distinta que la suya, lo borró de la faz de la tierra. Eso es lo que decían las primeras teorías: que Cromagnón conquistó y borró de la faz de la tierra al Neanderthal. Esto es teóricamente posible, porque el hombre es capaz de hacerlo. Pero hoy en día la arqueología ha avanzado mucho, y no ha hallado ninguna evidencia de genocidio. Lo que sí ha encontrado es evidencias de que el Cromagnón y el Neanderthal coexistieron, y que eventualmente este último fue como absorbido por el primero. Pero no hubo un "holocausto" en los albores de la historia humana.

Hay muchos elementos filosóficos que conlleva este descubrimiento. Porque la antropología y la arqueología del siglo XIX y la primera parte del siglo XX fueron influenciadas por ideas que condujeron al nazismo. Y lo digo con dolor, porque soy antropóloga. Pero estas ideas deterministas de que los humanos siempre se matan y siempre lo han hecho, y que siempre tiene que salir una raza por sobre las demás, y el entendimiento de la antropología de que no hay culturas que conviven sino que razas superiores compiten por el hábitat contra otras inferiores, todas estas ideas influyeron también en la manera en que los antropólogos y arqueólogos interpretaron sus hallazgos. Pero hoy en día, gracias al bendito Dios, tenemos científicos con la mente más abierta y dicen: "No, no. Lo que vemos aquí es justamente un ejemplo de convivencia", o sea que, aunque hay rastros de guerras, como en todo el resto de la historia, en especial desde que comienza la historia escrita, la cosa no fue tan horrible.

-Me ibas a hablar de las cuatro civilizaciones originarias.

-Sí, ahora pegamos un salto y nos vamos a un punto de la historia hace 10.500 años. Bueno, en realidad, 10.504 años, una edad en la que hay sitios en el mundo que están vinculados entre sí. Uno es Ancorwat, un hermoso complejo de templos en Camboya, Indochina. Otro es Giza, la gran pirámide en Egipto. Otro, son las enormes y macizas estatuas de cabezas en la Isla de Pascua, y la cuarta es la ciudad de Cuzco, en Perú. Ahora, ¿qué han descubierto los astroarqueólogos?

-¿Astro... qué??

-Astroarqueólogos, astrónomos que trabajan en la arqueología. Ellos han visto que en estos cuatro sitios, las estructuras muestran un alineamiento perfecto con el estado del cielo en la misma noche hace 10.504 años. Sí, quédate con la expresión boquiabierta como lo estás, porque eso demuestra que hubo intercomunicación entre estos sitios. No sólo eso, sino que hay una correspondencia matemática. En la Isla de Pascua, las macizas cabezas también reflejan el estado del cielo hace 10.504 años. Eso es algo que los astrónomos pueden fijar de modo matemático. Para nuestros lectores, el que se interese por este tema puede ingresar en la página de la NASA en Internet, y buscar allí un almanaque del cielo que comienza hace 30.000 años llamado E-Z COSMOS. La Isla de la Pascua está a 144 grados de longitud de Ancorwat y a 144 de longitud de Giza. Esto nos dice que el cálculo de la ubicación de estas ciudades no era accidental. Aclaro: no estoy hablando como una loca que lee revistas extrañas, sino que hablo de los últimos y más importantes hallazgos de la arqueología. En Cuzco, en el Perú, existe una tradición según la cual toda la ciencia y el conocimiento venía de la ciudad de Tiwanaco, en las orillas del lago Titicaca, donde hoy en día la arqueología ha determinado que las ruinas tienen más de 11.000 años de antigüedad. Pues bien, Tiwanaco también está alineada con aquel cielo, en aquel Cosmos de hace tanto tiempo. Cuzco refleja el mismo alineamiento. Lo cual es muy interesante, porque Cuzco sólo en el siglo XIV pasa a ser la gran capital de los Inca. Pero lo cierto es que ya era conocida de antes, y desde Cuzco salían rayos por toda la comarca peruana que mostraban los sitios de manantiales y pozos naturales para alimentar a la población.

-¿Qué nos dice este mapa celestial?

-Que hubo una sociedad originaria, en la que había contacto entre los diversos puntos del globo y que esta sociedad, que no daba absolutamente ninguna señal de violencia, se basaba en la ciencia, la agricultura, grandes logros tecnológicos. ¿Y cuándo encontramos las primeras señales de violencia? Todas las viejas civilizaciones, incluida la nuestra, tienen como parte de su historia y mitología la idea de un Diluvio, una gran inundación mundial imparable. Ahora, yendo al Rambam, a Maimónides, si tomamos las ideas sobrenaturales en la Biblia como símbolos para sacar el jugo de la idea, vemos que lo que significa la historia de la inundación es la pérdida de una civilización anterior que los sobrevivientes tienen que reconstruir. O sea que acá estamos hablando del hundimiento de la primera civilización que era una civilización pacífica, a pesar que en la historia de Noé vemos que la sociedad era tan corrupta que Dios decidió destrozarla. No lo sabemos exactamente. Pero lo que entendemos de los jeroglíficos egipcios es que llegaron marineros a Egipto después de una horrible inundación que lo destruyó todo, e intentaron reconstruir lo que había. Y estos marineros llegaron del Occidente -¿de las Américas?, ¿del Pacífico?- y restablecieron las bases de la sociedad humana. Ahora bien, yo te pido que lo veas así: la raza humana había pasado por una destrucción horrible, que la trastornó. A raíz del hundimiento del Jardín del Edén, que quién sabe, estuvo quizás ahí en el Pacífico, la raza humana se desesperó, y al no poder reconstruir lo perfecto, que es imposible, como es imposible volver al Jardín del Edén, lo que sucedió fue que construimos una débil imitación de aquella sociedad perfecta o por lo menos más pacífica, y ahí surgieron las rivalidades y los conflictos que han caracterizado al ser humano hasta hoy en día. Pero no era inevitable. Así reacciona el ser humano después de un trauma psicológico. Lo que yo estoy pidiendo es que intentemos desarticular el trauma psicológico e intentemos sacar de nosotros lo que también es parte de la esencia humana, el ser altruistas.

Te quiero agregar algo interesante del mundo de la biología. En los últimos años biólogos geniales de Oxford y MIT han podido aislar el "gen altruista". Así que incluso estas tendencias altruistas y egoístas pueden ser biológicas. Pero si existe un gen altruista, también, como dijo el Rambam, podemos usar nuestro libre albedrío para desarrollarlo más que nuestras tendencias chimpancés.

-Todo muy bien, Sharona, pero mirá: lo cierto es que la mayor parte del mundo es pacífico, no violento. Lo que pasa es que la violencia sale por televisión, hace más ruido y por supuesto más daño, mientras que lo pacífico y lo que revierte el daño, lo que construye, no es noticia.

-Es cierto.

-Pero entonces, ¿esto nos tiene que llevar a la conclusión de que el hombre es, como lo postulaban los anarquistas, básicamente bueno? ¿Y que si no hubiera sistemas de control, como estados, policías, ejércitos, que según esta postura generan y reproducen violencia, todo estaría mejor?

-Para contestarte, te voy a hablar de un par de dos civilizaciones indígenas. Los hopi, en el suroeste de los EE.UU., y la azteca en el valle de Méjico. Son dos civilizaciones que salen de la misma raíz, están relacionadas. Pero los hopi desarrollaron su cultura de otra manera, filosóficamente hablando. Vivían en lo que tú llamarías una anarquía agrícola: una sociedad sin diferenciación ni lucro. Los aztecas, en cambio, eran una sociedad altísimamente urbanizada, igual que la europea, en la que existían grandes diferenciaciones de clases, pobreza y riqueza. Pero te voy a dar un ejemplo. En la sociedad pacífica, agrícola y anárquica de los hopi, realizaban ceremonias en las que imitaban a sus dioses poniéndose unas grandes máscaras llamadas cachinas, y haciendo danzas de los dioses. Después de las danzas se sacaban las máscaras y volvían a casa. Los aztecas, en la misma ceremonia, pero en el contexto de otra sociedad, vestían a un preso de guerra con el disfraz de un dios, y después de festejarlo durante un año lo llevaban al altar de sacrificios y le sacaban su corazón todavía palpitante.

Los hopi y los azteca están emparentados, pues tienen la misma raíz lingüística. Una sociedad decidió adoptar un camino y la otra, otro. Así que, si tomamos lo bueno de la postura y en los ejemplos de sociedad anarquista, sin decir que fue todo perfecto, podemos llegar a decir que hay algo de cierto en esa postura.

-Incluso lo vemos en la primera sociedad hebrea, en la etapa de los jueces.

-Es como que fuimos hopis, y después, como tontos, quisimos ser como sus primos aztecas. Tuvimos una sociedad hopi fantástica, tuvimos jueces, no reyes. Fíjate en la grandeza de la idea: gente que llegó a un lugar de liderazgo por ser elegida por un tribunal de ancianos y sabios. Era una méritocracia, pues el hijo del Juez no era Juez. El ser elegido dependía del mérito y de la habilidad de cada uno. Pero después de tener todo esto fuimos como enceguecidos al pobre profeta Samuel y le pedimos que nos diera un rey. Y Samuel, al principio, intentó disuadir al pueblo, recordándoles que un rey llevaría a la opresión. Vale la pena recordar hoy sus palabras: un rey secuestrará a vuestros hijos y los mandará a morir en la guerra, y privará a vuestras hijas de su libertad. Estaba hablando también, solapadamente, del derecho de violación que tenían los de la nobleza. Intentaba, en suma, abrir los ojos del pueblo en cuanto a este horrible pisoteo de los derechos del ser humano que tendría lugar si pasábamos de una sociedad anárquica y armónica a lo hopi, a otra sociedad a lo azteca. ¿Y qué hicimos? Lloramos y pataleamos, empecinados en que queríamos un rey, como lo tenían todos los pueblos. Samuel, entonces, cometió el error más terrible de su vida: claudicó y nos dio un rey. En ese momento comienza la cuesta abajo hacia el cisma del pueblo de Israel. Porque en el momento de elevar a alguien por dinastía, las doce tribus no podían quedar unidas; surgirían tensiones entre ellas. No es casual que con las tendencias facciosas que siempre tuvimos los judíos, la primera dinastía, la del rey Saúl, duró un rey solo, mientras que la segunda, la de David, duró apenas dos. Inmediatamente después de Salomón entramos en guerra civil y se separó Israel de Judea, perdiendo la hermosa sociedad hopi que tuvimos.

-Pero entonces estás apoyando la idea anárquica: cuanto más organizado está un estado, cuanto más grande y más imperial, más violento es.

-Tomando eso en cuenta, lo que te digo es que dándonos cuenta de que la tecnología muy desarrollada podría llevar a la violencia, también debemos recordar que la primera sociedad originaria era tecnológicamente muy avanzada y no hay indicios de que hubiera sido violenta. No estoy diciendo que tenemos que volver atrás, nuestros lectores están leyendo esto gracias a la tecnología. Sí estoy diciendo que, sabiendo que la tendencia hacia la violencia en una sociedad altamente organizada y tecnologizada puede existir, tenemos que hacer hincapié en los valores humanos, aun en momentos inhumanos.

Bibliografía

Tomado de Hagshama E-zine



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