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Israel y las torturas, un tema escabroso

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Aportado por: aizik
Fecha de creación: 2003-08-06 11:27:25
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Israel y las torturas, un tema escabroso

Las clases de Sharona

Por: Sharonah Fredericko
Marcelo Kisilevski

En una cálida mañana de principios de julio nos volvemos a encontrar con Sharona, la profe de historia, que además es miembro del Amnistía Internacional. Como toda buena judía, ejercita la autocrítica hasta la exasperación, y por eso su postura acerca del remañido tema de las "presiones físicas moderadas" aplicadas por el Shabak (Servicio de Seguridad General) a presos palestinos o de cualquier otro origen puede resultar sorprendente. He aquí lo más jugoso de la charla.

-En el tema de las llamadas "presiones físicas moderadas", los distintos grupos dominantes en Israel han presentado matices, algunos de ellos sorpresivos. ¿Cuáles serían esos matices?

-Primero, explicando el tema, digamos que estamos hablando de presiones físicas, a veces llegando a lo que llamaríamos tortura, aplicadas a presos de guerra árabes. Segundo, no quiero dibujar una simetría entre Israel y el mundo árabe. Aunque se hayan producido casos de tortura en Israel, y los condeno rotundamente, no estoy siquiera insinuando que hayamos llegado al grado, por ejemplo, de Siria, donde no podríamos tener esta entrevista, pues estaríamos encarcelados...

-Y esperando nuestra próxima sesión de torturas.

-Totalmente. La posibilidad de criticarlo ya marca una diferencia. Pero tampoco llegamos a la escala de Siria en 1973, cuando torturaban a presos de guerra israelíes. Pero Israel tampoco es un país democrático perfecto, lo amamos y lo queremos mejorar. No vamos a aceptar el criterio de algunos políticos de la derecha israelí, que dice que dado que los países árabes no guardan ningún respeto por los derechos humanos, nosotros tampoco debemos hacerlo.

-Entonces, yendo a la primera pregunta...

-Sí, vamos al grano. Se ha dado una diferencia de tipo estilístico respecto de este tema, y vamos a empezar con la izquierda. Y como saben mis amigos de la derecha, yo que soy de izquierda critico más a los míos que a los ajenos. El problema no empezó con la derecha, que llegó al poder recién en 1977. Estamos hablando del gobierno del Maaraj, ostensiblemente de izquierda, que también cometió abusos con presos palestinos. Hablamos de casos como el de la aldea Damur, cuyos restos se hallan cerca de Haifa y cuyos habitantes, convertidos en refugiados, pasaron a una aldea palestina dentro de Israel, Tamra, y una vez allí, algunos de ellos sufrieron abusos por parte de tropas regulares israelíes. Las órdenes no las daba otro que David Ben Gurión. Y cosa curiosa, frencuentemente encontramos a gente de la antigua derecha, no la de Netaniahu sino la de Menajem Beguin, que criticaba estos abusos contra presos palestinos, con más vehemencia que gente de la izquierda. La izquierda, con su coartada de ser "progres", se comportaba de un modo bastante alejado de ser "progre".

Otro ejemplo es lo ocurrido en la aldea árabe de Sajnín, en lo que se conoció desde entonces como el Día de la Tierra. Allí, manifestantes árabes-israelíes, o palestinos con ciudadanía israelí, como se autodenominan, fueron acribillados por tropas regulares israelíes. Ya no por un "loco aislado", no hablo de un Baruj Goldstein, sino de soldados. Esto ocurrió durante el primer mandato de Itzjak Rabín. Si lo mismo hubiera ocurrido durante el gobierno del que lo siguió, que fue Menajem Beguin, la izquierda hubiera puesto el grito en el cielo, mucho más de lo que lo hizo en 1976.

-Vayamos ahora al caso específico de la Ley del Shabak. Allí se habla de "presiones físicas moderadas" a presos sospechosos de poseer información sobre un inminente atentado contra vidas humanas inocentes. Es la doctrina de la "bomba de tiempo". Dicha "moderación" estaría medida y pautada por estrictos controles judiciales, y ya no quedaría en manos de los propios interrogadores.

-Hablando concretamente: ¿es lícito atar las manos de un sospechoso palestino, no dejarlo dormir, colocarle una bolsa en su cabeza para que no pueda ver, puedo atar una soga a esa bolsa, haciéndole creer que será ahorcado, hacerlo sentar en una posición incómoda por mucho tiempo?

-Es decir, no estamos hablando de tortura en el sentido clásico de la palabra, el de la picana eléctrica, ni la introducción de agujas por debajo de las uñas, ni demás delicadeces... ¿Cómo se ha dado la historia en este aspecto de los derechos humanos en Israel?

-Vamos a hablar de la transición entre Rabín y Beguin en 1976 y '77, porque allí estalló todo. Amnistía Internacional, a cuya sucursal israelí pertenezco, siempre criticó al mundo árabe por su tratamiento a presos judíos. En 1974 los judíos del mundo aplaudieron los informes de Amnistía en los que expuso a los ojos del mundo el maltrato recibido por presos israelíes a manos de los sirios. Sin embargo, cuando la misma organización, en informes publicados entre 1975 y 1977, publicó informes criticando a las fuerzas de seguridad israelíes por malos tratos a presos palestinos, los judíos gritaron "¡Antisionismo!", aunque en los mismos informes se destacara que los malos tratos israelíes no llegaban ni a los tobillos de los que se daban en los países árabes. No se trataba de antisionismo, sino de constataciones de hechos que ocurrían realmente. Cualquier persona que trabajara en el Shabak en esos años lo podría atestiguar.

Una vez estallado el episodio, Israel invitó a una comisión investigadora de Amnistía Internacional de la central en Londres a visitar las cárceles. Se trataba de un acto sin precedentes, pues en el mundo árabe obviamente eso nunca ha ocurrido ni está por ocurrir. Tanto en la época de Rabín como en la de Beguin, los representantes de Amnistía destacaron la disponibilidad de Israel de permitir una revisión de sus cárceles por observadores extranjeros, lo cual ennobleció el nombre de Israel desde el punto de vista de los derechos humanos, pues esto es algo que no lo permiten ni siquiera los Estados Unidos.

Sin embargo, a fines de los años '70 el tema de tortura -ahora con ese nombre- no era ya negado ni por políticos de la ultraderecha. Creo que los de la izquierda tenían más problema en admitirlo, porque no era Beguin quien había iniciado el problema, pues él no se hallaba en el poder en los comienzos del estado. La pregunta era si esto era avalado por Ben Gurión. Mi triste respuesta es que sí. Y no estoy citando cartas clasificadas, sino que me estoy remitiendo a la autobiografía de Ben Gurión. Cuando hablaba de aplicar la fuerza a los árabes, decía cosas que al mismo Jabotinsky le hubieran dado asco.

Ya a principios de los años '80 comienza a surgir un grupo bastante a-político, que empieza a reclamar la fijación de parámetros claros con respecto a la cantidad de fuerza aplicada a un preso palestino...

-Siempre en el caso de poder prevenir un acto terrorista...

-Sí, aclaremos de nuevo. Yo tengo a un muchacho palestino. Sé de buena fuente que el chico sabe de una bomba que está por estallar quizá en dos horas. Ahora bien, mi misión es salvar gente. ¿Y qué puedo hacer, puedo decir que por este chico voy a sacrificar a otros 40, entre ellos también árabes, ya que las bombas no discriminan entre judíos y árabes? La situación es muy compleja y delicada. La situación se vuelve más complicada para el lector, pues Amnistía jamás criticó a Israel por su trato a presos de guerra, aunque sí lo hacía con Siria por su trato a presos de guerra israelíes. Porque Amnistía Internacional protege a presos de conciencia, y un soldado capturado en guerra no lo es. El interrogador del Shabak tiene en este caso una faena nada envidiable. Por un lado debe evitar un atentado terrorista y, por otro, debe mantener ciertas pautas de conducta que no violen las normas de la Convención de Ginebra ni del Pacto Internacional de Derechos Humanos.

El asunto era muy escabroso, y había necesidad de definir parámetros, a saber, si un golpe leve constituía una violación de derechos humanos. Israel decidió que no.

-¿Y Amnistía?

-Está dividida en este punto. En general, si se trata de un terrorista sospechoso, la organización no se mete. Sí lo hace si se trata de un estudiante palestino capturado por decir algo en contra de Israel. Si se trata de presos políticos sí, a condición de que no hayan hecho uso de la violencia. Aquí surge la pregunta: ¿qué pasa si el hombre del Shabak, que tiene en sus manos a un sospechoso de saber cuándo y en qué lugar va a estallar una bomba en la peatonal, tiene en realidad a una persona equivocada? Por eso estamos hablando de tratar de mantener normas éticas en situaciónes anti-éticas. Israel, y yo creo que para orgullo de cualquier judío del mundo, decidió definir el asunto, y clarificar qué tipo de trato se puede aplicar.

-Y no dejar el criterio de qué es "moderado" y qué no lo es, en manos del interrogador, sino hacerlo bajo control judicial.

-Exacto. Y aquí hay que hablar sin rodeos. Puede ser que el criterio israelí incluya golpes leves en el hombro, pero no golpes en la cabeza, que pueden provocar derrames cerebrales. Si van más allá, transgreden las normas de Amnistía Internacional. En este caso Israel dijo: "No podemos ser Mahatma Gandhi, y acatar las reglas de Amnistía al pie de la letra, pero sí su espíritu". Es decir que sí tenemos que ser más "gruesos" con el preso que lo que las organizaciones de derechos humanos desearían, pero no seremos brutos como los gobiernos árabes. Era un punto medio, insatisfactorio para muchos, y para otros la única posibilidad de permitir que Israel pueda seguir buscando y hallando terroristas y previniendo atentados, lo cual es una triste realidad, pero a la vez que no nos convirtamos en un país árabe en términos de derechos humanos.

-¿Conoces algunas de esas normas específicas?

-Conozco algunas, no todas. Una ya la dije: golpes al hombro pero no a la cabeza. El criterio es no provocar daños irreversibles. Por ejemplo, no se puede colocar un ung?ento ardiente en los ojos del sospechoso, pues ello puede conducir a la ceguera, aunque se puede tapar los ojos con una venda. Se puede no dejar dormir al sospechoso, hacerlo sentar en posiciones incómodas por tiempo prolongado, pero dependiendo de la posición: que no conduzca a rotura de huesos. O sea: no estamos hablando de la Inquisición española, y todos mis ex alumnos sabrán a qué me refiero. Fue esta iniciativa de definir los parámetros lo que evitó, de hecho, que Israel desarrollara su propio sistema de torturas.

Pero repito: no voy a decir que un representante de Amnistía va a estar deleitado con el resultado, y lo digo con tristeza siendo miembro de Amnistía, pero Israel en este caso debe mantener un mínimo margen de maniobra.

-Quienes se oponen terminantemente a todo tipo de insinuación de tortura, por más leve que sea, te van a decir que este método jamás ha probado su utilidad.

-Sí, aquí voy a dar mi opinión. No creo que un terrorista entrenado, por más que le apliquen los tormentos más sofisticados de Torquemada, admita lo que ha hecho o largue la información que tiene sobre algo que va a ocurrir. No creo que un Baruj Goldstein o un terrorista del Jihad Islámico lo hagan, ni judíos ni árabes fundamentalistas. No estoy hablando de terroristas empedernidos. Pero sí de otro tipo de gente, y voy a dar un ejemplo judío, para que nuestros lectores judíos entiendan que también tenemos esta basura con nosotros. Alguien como Margalit Harshefi, que sabía muy bien que Igal Amir iba a cometer un atentado terrorista contra la vida del primer mandatario israelí. Escucha bien lo que digo, pues lo digo sin tapujos: con ella era permisible la "presión física moderada" si se hubiera sabido de antemano que poseía tal información. Agarrarla a Margalit, ponerle una venda en los ojos, atemorizarla y hacerle decir a qué hora y en qué lugar exacto iba a esperar Igal Amir a Itzjak Rabín.

-¿Crees que Margalit sabía tanto?

-Creo que sí, pero lo más importante es el tipo de persona, que no es terrorista sino simpatizante. Con Igal Amir no hubiera habido lo que hacer, al igual que con Abu Jihad, que son los hijos de su madre que ya te están disparando. Pero alguien como Margalit Harshefi o como un palestino que simpatiza con el Hamás pero no tiene los cojones para estar adentro, sí se va a quebrar. Entonces estamos hablando de las Margalit Harshefis, tanto del lado judío como del palestino, ya que estos criterios rigen para ambos lados.

-¿Me estás diciendo, en resumen, que estás a favor de maltratos físicos que el mundo occidental que se dice ilustrado califica sin eufemismos como tortura?

-No, de ningún modo. Estoy diciendo que colocar una venda en los ojos de un sospechoso no es tortura, y que es lícito en la realidad que tenemos que reconocer que existe, aplicar presiones que no provoquen daños irreversibles, en casos extremos que impliquen prevenir atentados contra la vida de un mandatario, un atentado contra un árabe en una aldea, por venganza, o la voladura de un autobús donde decenas de personas inocentes van a perder la vida si no hago algo. Pero también estoy diciendo que en el momento de pasar estos límites, cuando Israel comete una violación a los derechos humanos, y se cometen, Israel debe dar respuestas. Por ejemplo, si se le rompe la pierna a un preso palestino. El mismo Itzjak Rabín, nuestro querido primer ministro, tuvo mucho que ver en un trato muy brutal en 1987, cuando dijo que "vamos a quebrar algún par de huesos" para que los palestinos entiendan y dejen de tirar piedras. En un caso así estoy a favor de someter a Israel a un juicio internacional. Amnistía tiene que seguir visitando las cárceles israelíes, incluso mensualmente, para agarrar a cualquier idiota del Shabak que transgrediera los límites de los derechos humanos. Y a la vez estoy diciendo que Aministía tiene que entender que no es todo blanco o negro, que Israel está en una situación en la que no está Francia, que para prevenir atentados contra sus ciudadanos no puede mantener a sus presos siempre en condiciones óptimas, y que a veces esas condiciones son sucias, pero nunca como las de Irak. Y los que venimos de Sudamérica sabemos muy bien cuál es la diferencia entre someter a un prisionero a un interrogatorio con picana eléctrica o a golpes en los hombros que como mucho te dejen moretones. En Israel está totalmente prohibido, y jamás ha ocurrido, el interrogatorio con choques eléctricos, y cualquier bestia que lo intente quedará en la cárcel por mucho tiempo.

Bibliografía

Tomado de Hagshama E-zine



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