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Purim, y la imagen del 'otro' en la Biblia

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Aportado por: aizik
Fecha de creación: 2003-08-05 14:13:52
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Purim, y la imagen del 'otro' en la Biblia

Las clases de Sharona
Por: Sharonah Fredericko
Marcelo Kisilevski

Como no podía ser de otra manera en esta fecha, encontramos a Sharona disfrazada y contenta. Está feliz porque es Purim, porque la salvación de los judíos no fue por milagro, porque Ester es una especie de símbolo fundacional para las comunidades sefardíes, de las que ella es parte, y porque la fiesta de disfraces en Jerusalem será inolvidable. Todos estos misterios, salvo el disfraz de Sharona, es lo que develamos en esta nota.

 
-Vamos a charlar sobre la imagen del "otro" en la Biblia, donde nos vamos a encontrar con algunos abusos que se han hecho de algunos personajes odiados del Libro de los Libros. Para empezar, Sharona, ¿cuál es la diferencia en la Biblia, entre tres distintos "malvados" de la Biblia, como lo son el Faraón de Egipto, Nabucodonosor de Babilonia y Hamán de Persia?

-Muy bien, veamos. La diferencia reside en sus actitudes mentales, incluso en las insinuaciones de desequilibrio que hace la Biblia. El Faraón es el "adversario digno". Lo tenemos que odiar porque está en contra de nuestros intereses. Pero también lo tenemos que entender, porque él está cuidando los suyos, como lo habría hecho cualquier rey de Israel si algún profeta egipcio le hubiera venido a proponer que los israelitas liberaran a sus esclavos, que también los tenían...

-Cuando el Faraón ordena exterminar a todos los bebés primogénitos varones que nacen de los hijos de Israel, ¿eso no es un intento de exterminación?

-En todo caso, el mismo intento de exterminación que hacemos nosotros cuando el profeta Samuel dice a Saúl que hay que exterminar a cada hombre, mujer, niño y animal del pueblo de Amalek. En este sentido, incluso, el Faraón es más misericordioso que nosotros. Estaba diciendo que sólo una tanda de niños tenía que ser sacrificada. No lo estoy justificando, pero relativamente es más compasivo. No sólo eso: se trató de una política basada en la profesía de sus consejeros, según la cual en esa tanda de niños habría de nacer el "redentor" que desafiará a Egipto. Ahora bien, él es el rey soberano de Egipto, y la Biblia lo pinta con bastante comprensión. Cuando Moisés se acerca al Faraón por primera vez y le dice que deje salir a su pueblo a rezar al desierto, el Faraón dice algo totalmente lógico desde su perspectiva: ¿Dónde está tu dios?, muéstramelo, ¿dónde está en mis libros de teología? Y manda que los sacerdotes egipcios le traigan los libros, él lee y no logra encontrar el nombre del "Innombrable". Entonces dice a Moisés: "Tu dios no existe, no está en mis libros". Es un momento muy importante, porque esa es la perspectiva del Faraón, que es un hombre culto, no un idiota. Lo busca en los libros, quiere entender si existe tal dios, pero obviamente está atrapado en su propia perspectiva teológica. Entonces, con toda razón, le dice a Moisés, ¿por qué tengo yo que obedecer el mandamiento de un dios que no existe en mi teología? Eso es comprensible. No estoy diciendo que el Faraón era una buena persona: era Faraón, no Martin Luther King. Pero el diálogo entre el Faraón y Moisés es bien interesante. Moisés entiende cómo piensa el Faraón, porque él también fue príncipe de Egipto. Por eso Moisés es el único que tendrá los cojones para desafiarlo, ningún esclavo podía haberlo hecho.

Ahora bien, cuando Moisés envía las "diez plagas" a Egipto, se da en cada ocasión un diálogo entre él y el Faraón que trata de la naturaleza de Dios. El Faraón está convencido de que sus dioses superan a Yahvé, al Dios del desierto de Moisés. Es muy significativo el episodio en que Moisés arroja el cayado de pastor, que se convierte en serpiente. El Faraón dice: "¿Qué gracia tiene? Mis sacerdotes también lo hacen". Pero la serpiente de Moisés traga a las culebras egipcias. Aquí, más que un número circense, se trata de una contienda teológica de primera magnitud. Luego, en el cruce del Mar Rojo, va a tener que reconocer que el Dios de Moisés es más fuerte que sus dioses, y lo dice: la Biblia pone en su boca el reconocimiento de Dios. Es decir, la Biblia hace dar al adversario más empedernido una declaración sublime para con el judaísmo. Es más, la Biblia resalta el hecho de que el Faraón se salva de la masacre de los egipcios en el Mar Muerto. Y no te olvides que todos los filósofos judíos, el Rambam, el Rambán, Rashi, nos enseñan que está prohibido regocijarnos en el Seder por la muerte de los egipcios y que incluso tenemos que tirar una gota de vino por cada una de las plagas, porque ellos eran también "criaturas de Dios". No porque los queremos, sino porque se trató de adversarios justos, enemigos sí, pero con honor. Eso es una primera diferencia radical con lo que ocurre con Hamán, como luego veremos.

-Eso me recuerda también la diferencia de actitud que tuvo siempre Israel con un enemigo como la OLP, y el rey Hussein de Jordania, que también fue un enemigo encarnizado...

-Y con Sadat también. Exacto, es decir, Israel siempre vio en el rey Hussein un "buen  adversario". Por eso ni siquiera el israelí más derechista tuvo problema alguno en hacer la paz con Jordania. En cambio, alguien de la izquierda pensante, como Itzjak Rabin, sí tuvo problema en darle la mano a Yaser Arafat. Lo hizo porque lo tuvo que hacer, pero no lo veía como un "adversario digno". El Faraón en Egipto sí lo fue.

Luego tuvimos dos adversarios más, donde la Biblia nos describe, en un caso, a un tipo totalmente desequilibrado, Nabucodonosor, y el otro un sádico, Hamán, descripto en el Libro de Ester, que leemos en la festividad de estos días, Purim.

Nabucodonosor en idioma babilónico -tal como lo señaló un etimólogo judío llamado Robert Gordish- era casi una broma bíblica, pues significaba: "Ay, Dios, protege mi frontera", nombre excelente para un invasor. Nabucodonosor es dibujado por la Biblia como un loco. Destroza el Templo de Jerusalem, pero la Biblia dice claramente que lo hizo porque Dios quería castigar al Pueblo de Israel. O sea que Nabucodonosor está actuando como herramienta de Dios. Y en el libro de Lamentaciones, en las profesías de Jeremías, se repite un sinnúmero de veces. Desde esta perspectiva, desde el punto de vista de la Biblia, casi podemos exonerar a Nabucodonosor de toda culpa. Jeremías incluso enumera los pecados por los cuales Dios envió a los ejércitos de Babilonia.

Cuando Nabucodonosor los exilia a Babilonia, no los extermina, sino que los esclaviza. En ningún momento, ni con el Faraón ni con Nabucodonosor, se da una insinuación de exterminio. Ambos necesitaban al judío como el español necesitaba al indígena en América: como mano de obra barata. Hay que oprimirlos, sí, pero mantenerlos. Nabucodonosor mantiene incluso al profeta Daniel en su corte. Es un desequilibrado que, es cierto, a veces se divierte de un modo sádico con sus judíos, y a tres de ellos los arroja al fuego para ver si sobreviven, y lo logran. Pero nuevamente la Biblia nos dice que lo hizo porque Dios lo mandó. De hecho, la Biblia nos dice que Nabucodonosor es un pobre loco que al fin y al cabo no actúa por voluntad propia.

Luego leeremos en el libro de Daniel que Nabucodonosor se volvió totalmente loco, que vivió varios años en la selva vistiéndose de animal y comiendo raíces y bayas. Es un chiflado, en resumen, enviado por Dios.

-Con Hamán, el personaje de nuestra festividad de Purim, la historia es bien distinta...

-Sí, con Hamán estamos en otro plano. Es un personaje que, llevado a términos modernos, ha sido descripto como hitleriano, porque busca el exterminio total y porque sus motivaciones no tienen nada que ver con Dios. Recordemos que el Libro de Ester es el único de la Biblia en que el nombre de Dios no figura ni una sola vez. Es un libro "laico". Hamán no goza de la misma justificación que Nabucodonosor o del Faraón, del que la Biblia también decía que "Dios endureció el corazón del Faraón".

Dios no habla con Hamán, porque en el Libro de Ester Dios no habla con nadie. Entonces estamos en un plano de maldad política. Y es únicamente con Hamán que vemos al no judío exterminador. Hamán no es el Faraón. Este es un estadista que tiene que mantener a los esclavos en su imperio porque el mismo se construyó a base de mano de obra esclava. A Hamán la Biblia lo describe como alguien que está poseído por el odio contra el judío sin un por qué. Sencillamente tiene bronca hacia Mordejai, primo de Ester, que tiene un excelente puesto, y por una rencilla personal, va a querer destruir al pueblo de Mordejai. Convierte a su odio personal en obsesión política.

Quiere destruir a Mordejai porque cree que éste goza del favor del rey Ajashverosh (Asuero) en desmedro de él. Es el plano maquiavélico, una simple rencilla política.

Pero Hamán lleva su obsesión a un punto extremo, el genocidio, aunque el término es problemático, porque no existía tal concepto en la antig?edad. Lo importante es que Hamán jamás habla de motivaciones divinas, como en el caso del Faraón, nunca habla con Dios, nunca se menciona la fe de Hamán, sino solamente de su odio por los judíos. Por eso el Libro de Ester es quizás la primera novela laica de la historia.

Hamán también tiene una aliada, que es su esposa Zeresh, otro personaje de maldad depurada que también goza con los planes de destrucción de Hamán. De hecho se trataría quizás de un prototipo de Lady Macbeth, en la obra de Shakespeare. También Zeresh quiere destruir a los judíos, porque Mordejai le arrebató un buen puesto de poder a su esposo. De nuevo estamos en el plano de un rencor bien personal: "Este judío echó a mi esposo, que se muera él y todo su pueblo".

-Y es la envidia pura lo que lleva a Hamán a trazar un plan en el que no pensaron ni el Faraón ni Nabucodonosor: exterminar al pueblo judío.

-Sí, y fíjate otro elemento interesante desde el punto de vista moral. Mordejai descubre los designios de Hamán porque escucha a dos sirvientes hablando a escondidas del asunto. Es decir, Hamán pergeña su plan en secreto. El Faraón no esconde sus designios, es más, proclama a los cuatro vientos de su imperio que los hebreos seguirán siendo esclavos. Nabucodonosor lleva a los hebreos al cautiverio públicamente. Hamán tiene una mente criminal con conciencia de tal. No quiere que nadie sepa que tiene un plan para exterminar al pueblo judío. Ester y Mordejai lo descubren accidentalmente. Esa es una diferencia tajante. No me quiero ir demasiado lejos con la comparación, pero del mismo modo Einrich Himmler decía que la "solución final" sería algo de lo que jamás se debería hablar en público.

La Biblia misma nos insinúa una gran diferencia en estos modos de actuar. El Faraón está sinceramente perplejo con lo que ocurre. Después de todo, él está cumpliendo con la palabra de sus dioses, entonces ¿por qué cuernos su pueblo está sufriendo semejantes plagas? El Faraón de veras no comprende. Hamán es otra cosa. El sí comprende bien, y sabe que está actuando con maldad premeditada.

Cuando Mordejai y Ester develan el secreto, Ester decide develar su propia identidad al rey. Y de hecho su nombre viene del hebreo "lehastir", ocultar. Ester significaría "la oculta". Por eso también la fiesta de Purim -eso lo tengo que agregar como sefardí que soy- es una fiesta muy especial para el mundo sefardí porque Ester representaba a la cripto-judía, a la "marrana".

No te olvides que Ajashverosh es un rey un poco tonto, una especie de burócrata gubernamental, el tipo que está ahí puesto, sin saber demasiado lo que está pasando y no quiere saber, quiere seguir cobrando su sueldo. No tiene la menor idea de que su mujer favorita es judía. Hasta que viene Ester y le dice: "Oh, mi rey, escuché que hay gente que quiere exterminar a un pueblo". El rey dice: "Bueno, qué va". Y ella entonces: "Bueno, es que hay un problema, porque es mi pueblo". Entonces este rey, que no es malo, simplemente es bobo, dice: "Oh, caramba, veamos qué se puede hacer". Porque Hamán a todo esto ya tiene todo el aparato de exterminación armado. Entonces Ajashverosh da a los judíos el derecho de defenderse en el mismo día que eligió Hamán sigilosamente para su destrucción. Lo que menos esperaba era que los judíos ya supieran su secreto y que lo estuvieran aguardando armados, para luego derrotarlo. Hamán es entonces colgado junto a su esposa y sus diez hijos.

-¿Hasta qué punto es típica la imagen de Hamán como enemigo de los judíos? ¿Es eso lo que la Biblia piensa del "otro", el que no es judío?

-No, en absoluto. Es cierto que el Libro de Ester nos da un primer y único retrato de un psicópata obsesionado por el odio gratuito. Hamán no es de ningún modo el prototipo para la imagen del "otro" en la Biblia. Porque la Biblia es frecuentemente mucho más generosa con nuestros adversarios que con nosotros. Generalmente nos da una imagen honorable y digna de nuestros más encarnizados enemigos. Incluso es llamativa en este sentido la actitud de la Biblia frente a alguien como Cícera, el general amalekita en la historia de Débora. Se describe allí cómo Cícera huyó del campo de batalla espantado, un retrato muy humano. Se cuenta cómo buscó refugio en la casa de una mujer judía llamada Yael, y ésta le clavó una estaca en sus sienes mientras dormía. Entonces, ahí Cícera, el general amalekita, del pueblo más odiado por los hebreos, es la víctima en la visión de la Biblia. Por lo tanto, la Biblia no adopta en ningún caso una actitud "anti-goi", paranoica, en su concepción del "otro", salvo en el caso del pueblo de Amalek, pero aun en ese caso tenemos la excepción de Cícera.

El no judío, claramente tiene los mismos derechos que el judío, aunque no tenga las mismas obligaciones. Por eso dice Moisés en el libro de Exodo, "Amarás al extranjero, porque extranjero fuiste en la tierra de Egipto". También existe en la Torá la prohibición expresa de hacer trabajar al no judío en Shabat, lo que es extraordinario. El extranjero tiene solamente las siete mitzvot, los siete preceptos básicos ordenados a los hijos de Noé. Los no judíos no tienen que cumplir 613 mitzvot sino sólo siete. Dios no ama más al pueblo judío; simplemente le impuso más obligaciones.

-Sin embargo, a pesar de no ser Hamán un prototipo del no judío en el judaísmo, va a ser entronizado como tal para su manipulación política por personajes de nuestra actualidad...

-Sí, específicamente por miembros de la ultraderecha. El caso más famoso, nuevamente, es Baruj Goldstein, quien dos días antes de la fiesta de Purim entró en la Cueva de los Patriarcas en Hebrón y dio muerte a mansalva a 29 feligreses musulmanes, luego murieron varios más por sus heridas. Lo hizo en las vísperas de la fiesta de Purim proclamando, como ya lo había hecho antes Baruj Goldstein -que era integrante del movimiento de ultraderecha Kaj- que los árabes de hoy son la reencarnación de los hijos de Hamán.

Esta es una línea que han preconizado muchos miembros de la ultraderecha aquí, incluyendo a ciertos rabinos, entre ellos Meir Kahane (el asesinado líder racista de Kaj), y el cabalista sefardí Itzjak Kaduri.

Pero si leemos bien la Biblia no existe ninguna vinculación entre Hamán y el pueblo árabe. Los árabes son los hijos de Ismael, que es medio hermano de Itzjak, y que fue bendito por Dios para fundar una gran nación. Es falaz, por lo tanto, cualquier comparación entre el pueblo de Ismael y el pueblo de Hamán.

Y en todo caso la Biblia no castiga tampoco al pueblo de Hamán. Este era un criminal persa, pero el texto jamás dice "Vamos a salir a matar a los persas", porque era un criminal aislado. Al punto que después del episodio de Hamán los judíos siguen viviendo en Persia y, de acuerdo con el texto bíblico, los judíos "se regocijaron" en todas las ciudades del imperio. La Biblia, por lo tanto, jamás generaliza, ni manda a destruir a todo el pueblo persa por el hecho de que uno de sus hijos haya sido un malvado criminal.

Bibliografía

Tomado de Hagshama E-zine  



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