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Dolor y tragedia

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Aportado por: aizik
Fecha de creación: 2003-04-17 16:03:57
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Dolor y tragedia

Adonai - Elohim: las dos caras de Dios Enfrentándose a la realidad del dolor y la tragedia
Por R. Harold Schulweis

Rabi Harold Schulweis ha sido el líder espiritual de la comunidad Beth Shalom de Encimo (California) durante 20 años. También es miembro de la Junta rectora del Colegio Rabínico Reconstruccionista. Este sus libros destacan "For Those Who Can't Believe" y "Evil and the Morality of Good. Este artículo es una adaptación de su conferencia en el Encuentro regional de la JRF de la costa oeste sobre "Tikkun Olam: Repairing the World One Person at a Time," celebrado el 2 de Abril de 2000 en Kehillat Israel, Pacific Palisades, California.

Justo después de Yom Kipur, recibí una horrible llamada telefónica. Cuando llegué a la casa, ya estaba llena de familiares y amigos. Conocía muy bien a esa familia: se tomaban en serio el judaísmo. Habían estado en el servicio de Neilá. Su hijo Kenny, a quien conocía de las clases de confirmación, había dicho que saldría y rompería el ayuno de Kipur con unos amigos en Malibú. Los padres insistieron en que esperara hasta que terminara el servicio de Neilá. Tan pronto como sonó el shofar, salió disparado hacia su coche, y en algún lugar de la sinuosa carretera un conductor borracho chocó contra él. Kenny murió al instante.

Fui a la habitación en la que estaba sentado el padre de Kenny con su rostro escondido entre sus manos. Me miró, su rostro estaba pálido, su puño cerrado, y me recibió con un torrente de maldiciones: me maldijo a mí, a Dios, maldijo a la sinagoga, se maldijo a sí mismo. ¿Por qué tuvo que insistir en que Kenny esperara a finalizar los servicios -decía- cuando todo esto es estúpido y sin sentido?

La habitación estaba llena de gente estupefacta cuando el padre de Kenny continuó con sus maldiciones. Entonces me dijo que me fuera. "Lárguese de mi vista," dijo.

Mientras salía, su mujer me tomó por el hombro. "Rabino" -dijo- "no se lo tome personalmente." Pero yo me lo tomé personalmente. El padre de Kenny se sentía maldito por Dios y yo, su rabino, representaba a ese Dios de maldición.

No quería que le confortara. Sacó mi brazo de sus espaldas. No quería psicología de mí. Quería teología - una teología madura, ética, creíble. Su respuesta fue extrema, pero no única.

Los padres que se enfrentan a la muerte súbita de un hijo, el esposo de una mujer joven afligido con el cáncer, el hijo que llora la muerte de un padre en un accidente aéreo - todos ellos sienten una culpabilidad, una vergüenza e ira. ¿No tengo una responsabilidad? De una forma o de otra, mi pueblo ha heredado una teología que insinúa que nada sucede por casualidad; que nada sucede sin que haya algún responsable de una trasgresión, que la catástrofe es un destino y estaba decretada. Como rabino ¿no tengo una responsabilidad? Cuando oficié las fiestas, leímos en Rosh ha-shana que "el decreto ha sido escrito," y en Yom Kipur que "el decreto ha sido sellado, quién vivirá, quién morirá, quién por fuego, quién por agua" - y al final: "El arrepentimiento, la oración y la justicia revocan el decreto." ¿Acaso creo que la muerte de Kenny fue un decreto? ¿Qué iba a decir en el funeral de Kenny? ¿"Baruj dayan emet - bendito sea el juez justo."? ¿La muerte de Kenny era una sentencia del Juez verdadero? ¿Podría leer el Salmo 90, que dice: "Porque con tu furor somos consumidos, oh Dios, y con tu ira somos turbados, pusiste nuestras maldades delante de ti... Acabamos nuestros días como un pensamiento."?

Sé que estoy lejos de ser una de las primeras figuras sobre el problema de la teodicea, la justificación de Dios frente al mal. Pero es mi turno y ellos son mi gente. He estudiado las defensas convencionales de Dios que han hecho diversos sabios del Talmud, pero la justificación falla a mis ojos. Los argumentos se basan en la creencia que el sufrimiento implica alguna falta de los seres humanos, que los sufrimientos son una prueba enviada por Dios, tal como probó a Abraham - llamándole a sacrificar a su hijo- o a Jacob mediante la instigación del satánico adversario. ¿Creo que este tipo de sufrimiento se explica como un castigo de amor o como un castigo por una falta? ¿Iba a decir eso a los padres de Kenny? Una cosa es fijarse en un texto sagrado y otra fijarse en los ojos de los angustiados miembros de la familia. ¿Debería decir a los padres de Kenny que los sufrimientos sirven para probar su entereza, que los sufrimientos en este mundo son realmente bendiciones escondidas que les va a hacer heredar los tesoros del mundo futuro? ¿Iba a utilizar los clásicos argumentos de la edad media del "silver lining," que sin pobreza no puede haber caridad, que sin enfermedad no puede haber motivo para sanar, sin accidente no hay prueba para la resistencia humana - que sin holocausto no habría habido estado de Israel? La conciencia y el sentido común van contra estos argumentos. Sólo una extraña forma de pensar puede justificar cada tragedia, cada aberración, cada deformidad, como correcta a los ojos de Dios. Esto convierte a Dios en un maldito sádico y a la víctima en un apenado masoquista.

Podía reclamar para mí una modestia teológica. Podría decir al padre de Kenny: "No comprendo estas cosas. ¿Quién soy yo con mi limitada comprensión para penetrar en los caminos inescrutables de Dios?" Pero oía la sarcástica respuesta del padre de Kenny: "Rabino, ahora que tengo preguntas realmente importantes, ¿me va a convertir en agnóstico?"

Por lo tanto, tomé la ira del padre de Kenny en mi corazón. No estaba preocupado por sus maldiciones, sino por el agujero teológico, ese vacío espiritual que había dejado en él y que yo no podía llenar. La naturaleza humana aborrece el vacío, y cuando permanece, acaba siendo rellenado con la superstición y con una teurgia.

Creo que la mudez teológica que nos rodea en estos días es una de las características internas del judaísmo. Tal como señaló C. S. Lewis: "La gente que deja de creer en algo no es que no crean nada, sino que creen en la nada." Mi maestro Mordejai M. Kaplan personificó el coraje teológico. Invitó a sus estudiantes y lectores a hacerse preguntas difíciles y a utilizar su inteligencia moral para encontrar respuestas adecuadas. ¿Dónde están las fuerzas creativas para reconstruir la teología judía?

Permitidme que comparta con vosotros una parte de mi búsqueda teológica personal para responder al padre de Kenny.

En el judaísmo hay un único Dios. No hay demonio que sea el chivo expiatorio, ni antiCristo al que poder acusar del mal. El judaísmo es un monoteísmo ético - pero me he fijado que incluso cuando pensamos estar hablando de un solo Dios, en la liturgia aparecen dos nombres que se complementan uno al otro: Adonai y Elohim. Un Dios con dos nombres que aparecen uno al lado del otro. Shema Israel Adonai Eloheinu Adonai ejad. Si ponemos el énfasis en un solo Dios, ¿por qué no recitamos simplemente "Shemá Israel, Adonai ejad."?

La dualidad de la fórmula litúrgica tradicional sugiere un significado más profundo y es de mucha ayuda cuando tratamos de la cuestión del sufrimiento. El término Elohim, normalmente es traducido como "Dios," y se encuentra casi exclusivamente en el primer capítulo del primer libro de la Biblia. No se hace mención alguna a Adonai en ese capítulo inicial, sólo Elohim. ¿Cuál es el carácter de Elohim? Elohim es el Dios de la naturaleza, el Creador de la plenitud en la naturaleza. Elohim es el Creador de las montañas y los valles, del sol y la oscuridad, de los terremotos y las sequías, de los leones y los corderos - el Dios que crea un universo moralmente neutro.

Los rabinos han enseñado tradicionalmente que los actos de Dios pertenecen o al middat ha din, el camino de la justicia, o al middat ha rajamim, el camino de la compasión. Esto implica que todo lo pasa en el mundo es o bien un juicio de justicia o un juicio de compasión. Desde esta perspectiva, parece que no hay espacio para sucesos moralmente neutros, no hay sitio para lo que yo llamo middat ha tevá, el camino de la naturaleza.

¿Es este el camino del universo? ¿Todo suceso natural o histórico se puede remontar a un juicio divino? Recuerdo una serie de pasajes rabínicos en los que nuestros sabios sugieren otra perspectiva del mundo. En un interesante pasaje del Talmud (Avodá Zará 54b) los rabinos discuten: Si un hombre roba una medida de trigo y la siembra en su propiedad, en virtud de la ley de la justicia, las semillas robadas no deberían florecer. Pero los sabios observan: olam ke minhago noheg, la naturaleza sigue su camino.

Dan otro ejemplo: Si un hombre viola a la mujer de su vecino, en virtud de la ley de la justicia, la mujer no debería quedar encinta. Pero otra vez, los rabinos declaran: olam ke minhago noheg, la naturaleza sigue su curso.

¿Qué significa esto? Hay muchas cosas que suceden en este mundo que son actos amorales. El DNA no es un juicio; el DNA que heredamos no es loable o desdeñable. El DNA no es un juicio moral. Las placas tectónicas que se mueven bajo la tierra y que producen los terremotos no son juicios morales. Son la consecuencia del curso de la naturaleza que es moralmente neutra.

Cuando un avión se estrella, ¿pedimos ver la lista de pasajeros para determinar la cantidad de "buenos" y "malos" pasajeros para explicar el accidente? No. Buscamos la caja negra. La ley de la gravedad de Newton no es la Ley de la revelación de Moisés. Hay diferentes tipos de leyes. Como dijo un filósofo: "una explica cómo funcionan los cielos y la otra explica cómo ir al cielo." La gravedad se refiere a lo que "es" y la revelación a los que "debería ser." Elohim, como la base de lo es, expresa el principio judío de la realidad. La naturaleza sigue su propio curso. Hay accidente, hay leyes naturales en el universo que tiene causas y efectos. Pero es importante recordar que ni las causas no son los juicios ni las consecuencias no son las maldiciones o las bendiciones.

Elohim es una parte de la divinidad. Elohim no es el todo de la divinidad. Con Elohim, viviríamos en el mundo que "es" e ignoraríamos el mundo que "debería ser." Cuando tomamos a Elohim por la divinidad, adoramos una parte como si ésta fuera el todo. Adorar una parte como el todo es la esencia de la idolatría.

Elohim está sólo en el capítulo inicial del Génesis. ¿Dónde encontramos por primera vez a Adonai en la Biblia? Aparece en el segundo capítulo del libro de Génesis: "Estos son los orígenes de los cielos y de la tierra cuando fueron creados, el día que Adonai Elohim hizo la tierra y los cielos... porque no había hecho llover sobre la tierra, ni había hombre que la labrase." Para que haya vegetación sabemos que tiene que haber: sol, agua, semillas, tierra, y nosotros, humanos, somos incapaces de crear ninguna de estas cosas. Elohim es la base del universo que tenemos, y Adonai es la energía que transforma. Ambos son indispensables para sostener la tierra y hacerla florecer. Adonai Elohim señala la cooperación, la transacción, entre lo humano y lo divino. Por ejemplo, la bendición ha motsi la hacemos sobre el pan y no sobre los granos de trigo. El kidush lo hacemos sobre el vino y no sobre la uva. Las bendiciones incluyen tanto los poderes de Adonai como los de Elohim, que hace salir el pan de la tierra y que crea el fruto de la viña. Elohim se revela en las materias primas, Adonai en la transformación que es posible mediante la colaboración de los humanos. La bendición celebra la colaboración divino-humana en la creación: Shutaf la kadosh baruh hu b'maasay breshith (compañero de Dios en la obra de la creación).

Al enfrentarse a los retos y a las adversidades de la vida, la dualidad -que no dualismo- de Dios se refleja en la sabiduría religiosa de la aceptación y la transformación.

El mundo fue creado incompleto, lleno de todas las posibilidades que requiere una realidad humana. Lo divino es tanto real como ideal. Y cuando recitamos la Shemá, pedimos que Elohim y Adonai sean uno. El objetivo de Ejad es unificar el mundo del "es" con el del "debería ser" - una unión que santifica el nombre de Dios.

Vivir en el mundo del "es," sin vivir en el mundo del "debería ser," es vivir en un universo sin sueños, sin lo sagrado o sin posibilidades. Vivir en el mundo del "debería ser," sin el mundo del "es," significa vivir en un mundo de fantasía y pretensión.

Si pudiera hablar con el padre de Kenny le diría: "Entiendo tu angustia y tu dolor, pero no debes enfadarte conmigo, contigo mismo o con Dios. Lo que ha sucedido ha sido una tragedia terrible, pero no un designio planeado o deliberado, no ha sido un intento divino para recompensar o castigar. Sé que esta aproximación teológica no borrará tu dolor. Yo no puedo borrar tu dolor. No puedo desatender el principio de la realidad. Los sabios enseñan que si oramos por algo que ya ha pasado, esta oración será algo vano. El tiempo es irreversible. Si pierdes un miembro, yo no puedo decir "¡Crece!" Puedo decirte que busques una prótesis, puedo pedirte que apeles a Adonai, la fuente de los poderes restauradores entre tú y tu familia y la comunidad. Yo no puedo borrar el dolor, pero te puedo ayudar a borrar la culpa, el terror de un Dios punitivo y colérico. Comprendo tu ira y resentimiento. Pero esta respuesta nace de una teología que no habla de mi experiencia o mi sensibilidad moral. Dios no crea la teología. Dios creó en nosotros la capacidad de comprender y encontrar explicaciones que nos faciliten hacer frente a los retos de la vida sin la parálisis de la culpa irracional y la auto-recriminación. El mundo sigue su propio curso que nosotros podemos aceptar, pero con resignación. Podemos utilizar los recuerdos y la energía que hay en ti y en tu comunidad para levantar a aquellos que están conturbados, para zurcir la tela rota del universo, para reconfortar al afligido y para levantar a aquellos que han caído." Elohim y Adonai. Aceptación y transformación.

La comunidad judía tiene hambre de espiritualidad, pero no ésa de cordeles rojos atados en la muñeca, o amuletos mágicos, o la servidumbre a un gurú, o la rendición de nuestra inteligencia moral. Los judíos son una gente que piensan, y el judaísmo exige de nosotros una teología honesta. La primera cosa que pedimos en la oración de la mañana es que "concedas a los seres humanos compresión y sabiduría." La compresión y la sabiduría son dones que debemos utilizar. Debemos honrar la preguntar y tener el valor de descubrir una teología judía en lo más profundo de nuestra tradición.

A Mordecai Kaplan le gustaban las preguntas porque abrían el futuro a nuevas y viejas respuestas que no negarán la realidad y porqué no desesperaremos por el hecho que no haya respuestas. Mi zayde (abuelo) solía decir, "Fun a kasher, ken men nisht shtarbn" - no te puedes morir por una pregunta. Tenía razón a medias. Con la pregunta podemos empezar a vivir, a reafirmar, a reconstruir nuestras vidas.

Bibliografía

Material preparado por Jordi Gendra.




Algunas evaluaciones hechas por los miembros de Jinuj.net:

Autor Fecha del mensaje

****- tatop 4/8/2004 8:40 AM
Muy bueno

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