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Judaismo progresista - IV Hombres y Mujeres: igualdad de derechos y deberes

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Aportado por: aizik
Fecha de creación: 2003-04-17 16:02:58
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Judaismo progresista - IV Hombres y Mujeres: igualdad de derechos y deberes

¿Por qué el judaísmo progresista se opone al rol tradicional de la mujer?

La mujer tradicionalmente ha sido considerada como no formante parte de las categorias normativas previstas por la Ley. Es una excepción citada junto a los menores y los esclavos. Tiene leyes particulares, un orden del Talmud que le ha sido consagrado, Nashim (y que no concierne a los hombres). Ha sido considerada como un "judío periférico", según la terminología utilizada por Rachel Adler, escritora norteamericana, como una extrangera, por una tradición escrita y oral, por las leyes, los códigos, los midrashim, que han sido escritos, revisados, formulados, dictados por hombres. Estas leyes que le afectan, este estatuto que le ha sido otorgado, han sido discutidas por hombres, y si no ha tenido el derecho a la palabra en estas discusiones es porqué este estatuto que se le ha atribuido no lo permitía. Tradicionalmente, tres preceptos están reservados a la mujer: hala, nidá y hadlakat ha nerot [El diezmo sobre el pan, la pureza familiar (las leyes que rigen las relaciones sexuales) y el encendido de las velas de Shabat y las fiestas (si se le permite a la mujer encender las velas, es porqué la tradición considera que Eva, la primera mujer, ha privado el mundo de su luz al transgredir la prohibición divina de no comer del árbol del bien y del mal. Las mujeres deben, pues, redimir esta falta cometida por su antepasado. En efecto, si uno estudia el texto de Génesis, uno se da cuenta que la falta fue cometida por Adán y Eva] y las tres están en la esfera privada, como precisa Génesis Rabbá 18,1: La mujer se queda en su casa, mientras que el hombre circula en público y adquiere la inteligencia al frecuentar otros hombres.

El estatuto tradicional considera a la mujer un poco como un catalizador, y no como una persona legalmente independiente desde el momento en el que ella trabaja para su padre y él es responsable de ella, hasta el momento en el que, por transacción, ella pertenece a su marido. Su rol es el de permitir a su marido y a sus hijos varones estudiar. Citamos el Talmud, Berajot 17b:

¿Cómo adquieren el mérito las mujeres?

Enviando a sus hijos a estudiar Torá a la Sinagoga y su marido a instruirse en las escuelas de los rabinos.

Así, la tradición judía erige en heroina a la mujer de Rabí Akiva que se sacrificó al dejar marchar a su marido a estudiar durante 40 años, según nos cuenta el tratado Nedarim (50a).

Si bien estos textos pueden parecernos desconcertantes para nuestras consciencias modernas, no por ello debemos denigralos. Debemos verlos en su contexto, ponerlos en las sociedades patriarcales que los han engendrado. Es falso imaginar que los rabinos de los primeros siglos de nuestra era, hasta el siglo XIX, tenían la misma concepción de la mujer que nosotros hoy en día. Recordemos el texto de Génesis 1,27:

Dios creó a Adán a su imagen, a imagen de Dios lo creó. Hombre y mujer los creó a la vez.

Este texto afirma la igualdad entre el hombre y la mujer en tanto que seres creados "a la imagen de Dios." No se trata de afirmar que el hombre y la mujer son idénticos sinó que son iguales en dignidad e importancia, ya que los dos fueron creados a imagen de Dios. no olvidemos que los rabinos también han protegido a la mujer por medidas avanzadas a su tiempo, aunque hoy nos parezcan desfasados. No podemos esperar que los textos antiguos ofrezcan una visión sobre los valores modernos radicalmente nuevos y que nosotros creemos mejores. Por contra, nostros podemos proponer esis cambios, metiendonos en el proceso redaccional de la Ley, en el que los hombres y las mujeres estarían incluidos.

Pero antes de innovar en materia legal, podemos preguntarnos si la ley judía permite ciertas prácticas, autoriza a las mujeres a participar de una forma más activa en la vida judía. )El acceso de las mujeres a la escena pública es compatible con la halajá? El movimiento por la igualdad de los derechos de la mujer es justificable desde la halajá o es algo extraño? )Es necesario modificar la halajá para dar un espacio a las mujeres que querrían, de igual a igual, estudiar, enseñar y acceder a la vida pública del judaísmo?

¿Las mujeres tiene el derecho de observar todos los preceptos?

Si las mujeres no pueden participar en un buen número de mitsvot, de preceptos, es a causa de este único texto de la Mishná Kidushin 1,7:

En cuanto a todo precepto positivo que tiene un tiempo fijado, los varones están obligados a acceptarlos mientras que las mujeres están exemptas.

Estas leyes según las cuales las mujeres están exemptas, son -por ejemplo- la oración en un tiempo prefijado, la recitación de la Shemá, llevar los tsitsit y los tefilim, por sólo citar unos cuantos. Se puede señalar que no hay ninguna diferenciación de este tipo en la Biblia, si no es que la Biblia utiliza el masculino plural para designar a los hijos de Israel, si no que se puede decir que el plural masculino incluye a los hombre y mujeres. La Mishná utiliza el término peturot (exemptas). Esta exempción de las mujeres ha sido interpretada con frecuencia por la tradición como una prohibición. Mientras que si nos fijamos en las decisiones de los codificadores, nos daremos cuenta que han sido muchos los que han permitido a las mujeres cumplir con las mitsvot, con los preceptos. En el Talmud se nos da un ejemplo [Rosh ha Shaná 33a: Mijal, hija del rey Saúl "se ponía los tefilin y los Sabios no protestaron." Además, en el tratado Menajot 43b podemos leer: "Todos están obligados a llevar los tsitsit, sacerdotes, israelitas, prosélitos, mujeres y esclavos." Rashi, en su Sidur Rashi (Par. 267) escribió:

El hecho que el Talmud diga que las mujeres están exemptas de los preceptos postivos que tienen un tiempo fijado significa simplemente que no tienen la obligación de obedecer pero, si desean asumir la obligación de estas mitsvot, tienen todo el derecho de hacerlo y no se les debe prohibir

Maimónides, en su Mishná Torá escribió también [Tsitsit 3,9]:

De la misma que las mujeres están exemptas en el cumplimiento de los preceptos positivos, también los pueden cumplir.

Isaac de Molino, al final del siglo XVI escribió en una responsa [Besamim, rosh #89]: Si bien las mujeres están exemptas de recitar el oficio adicional de Minjá "ellas ya tienen la costumbre de orar en todos los oficios, y han tomado sobre sí la obligación de todas las mitsvot."

En otro plano, se puede cuestionar la lógica del mismo principio talmúdico según el cual las mujeres están exemptas de los preceptos positivos que tienen un tiempo fijado porque sus excepciones son muy numerosas. El estudio de la Torà, por ejemplo, que es una mitsvá positiva que no tiene un tiempo fijado, ya que está escrito en Josué 1,8 "La estudiarás de día y de noche," las mujeres están exemptas. Es lo mismo que para la procreación que es un precepto positivo que no tiene un tiempo fijado y del que las mujeres están exemptas. La obligación de comer matsá en Pesaj, de alegrarse durante las fiestas, de reunirse para escuchar la lectura de la Torá, aunque son preceptos positivos que tienen un tiempo fijado, las mujeres están obligadas. Parece, pues, que en este caso la halajá, como en otros casos, intenta explicar un hecho existente. Las mujeres no cumplen en un cierto momento todos los preceptos, intena justificar este hecho. Es descriptiva y prescriptiva. Si, pues, las mujeres asumen la obligación de todas las mitsvot, será necesario que la halajá, en tanto que texto descriptivo de la realidad, se haga eco.

¿Puede una mujer subir a leer la Torá?

La subida de las mujeres a la Torá comprende también la lectura de la Torá por las mujeres. Está escrito en Talmud de Babiloonia (TB), Meguilá 23a:

"Nuestros rabinos enseñaron: Todos están cualificados para formar arte de los siete (las siete personas llamadas a la Torá el Shabat), tanto un menor [de trece años], como una mujer; pero los sabios dijeron que una mujer no debe leer la Torá a causa del honor de la comunidad."

La expresión kevod a tsibur_(el honor de la comunidad) es usada cinco veces en el Talmud, refiriéndose a la dignidad de la comunidad.. Se puede afirmar, sin miedo a equivocarse, que el honor de la comunidad depende de la comunidad en sí misma. Si el hecho que suba una mujer a la leer la Torá representaba en aquella época una ofensa a la comunidad, es porqué podría significar que os hombres que estaban ahí no eran capaces de hacerlo [ Responsa del Maharal de Rotemburg (XIII), n 47 y Ben Zion Uziel, Mishpetei Uziel, #6: "La expresión kevod tsibur significa que uno debería pensar que ningún hombre es capaz de leer la Torá; no se trata de una cuestión de distracción sexual."] Llamar a las mujeres podía ser un deshonor para los hombres presentes. También debemos remarcar que el texto habla de tsibur, de la comunidad, se trata de una comunidad compuesta por hombres. Si, hoy en día, llamar a una mujer a la Torá no constituye ninguna ofensa, si nuestra comunidad está compuesta por hombre y mujeres, entonces seguimos la opinión de los rabinos del Talmud, citando antes: "Todo individuo puede subir a la Torá."

Enseguida Rashi en el siglo XI [Sidur Rashi #267], rabénu Nissim en el siglo XIV [Comentando a Alfasi, Meguila 13a], el rabino Moisés de Isserles [Shuljan Aruj, Orah Jayim 282], comentarista del Shuljan Aruj del siglo XVI y el Gaón de Vilna [ad loc] en el siglo XVIII coincidieron en decir que una mujer puede subir a la Torá. Según Israel Abrahams [Jewish life in the Middle Ages; Athaneum, New York 1975] las mujeres subían a la Torá después de la época del Talmud y hasta el siglo XIII.

¿Cómo justificar que los hombres y las mujeres no estén separados en las sinagogas progresistas?

La separación de los hombres y las mujeres durante el oficio no aparece en la Biblia: según el Levítico, las mujeres llevaban sus sacrificios al Tabernáculo, y por Sucot, la fiesta de los Tabernáculos, hombre, mujeres y niños estaban reunidos. Se hacia lo mismo para escuchar la lectura de la Torá en el tiempo de Ezra y Nehemías [Ne 8,2-3]. En la época del segundo Templo, aunque había existido un ezrat nashim, un patio de mujeres, no les estaba reservado exclusivamente sino que los hombres circulaban libremente por ahí.. Solo dos referencias talmúdicas [Sucá 5,2 y Midot 2,5] atestiguan la existencia de una galeria separando los hombres de las mujeres durante la celebración del segundo día de Sucot. La única referencia legal es la del Shulján Aruj [O.H. 75, 1-2] según el cual: "No se pueden leer las oraciones en presencia de una mujer al considerarse indecente." Esta separación revela, en consecuencia, más una costumbre que la ley.

En el campo de lo público, el principio de igualda de los hombres y las mujeres propuesta por el judaísmo progresista tiene numerosas consecuencias. En 1892, La Conferencia Central de Rabinos Americanos (CCAR) decidió que las mujeres son elegibles para los consejos de administración de las sinagogas, que pueden sentarse al lado de los hombres e igualmente dirigir los servicios. La mejitsá, la separación de los hombres y las mujeres en las sinagogas es suprimida y los miembros de toda una familia pueden sentarse juntos.

Es conveniente, pues, corregir el desequilibrio de esta visión unilateral, denunciar esta injusticia e intentar repararla: abrir las puertas de un mundo que hasta el presente esencialmente ha sido reservado a los hombres, dandole su espacio legítimo a la mujer. Este desequilibrio es especialmente tangible en el campo de lo público. La sinagoga como símbolo y lugar de la vida pública judía ha permanecido cerrado a las mujeres. Han sido relegadas al último banco, o colocadas en un balcón, porque los hombres -según dicen incapaces de controlarse- se sentían inquietos por su presencia en la sinagoga. )Pero estos hombres jamás imaginaron excluirse ellos mismos en el último banco, precisamente, para favorecer su concentración durante la oración? Es la mujer, unicamente ella, la que ha sido considerada por ella como un personaje maléfico, que debía ser castigada por su propia concepción sexista. Hoy en día, esta exclusión se pone en duda. La sinagoga debe ser reorganizada para que los hombres y las mujeres puedan rezar juntos, considerándose cada uno y cada una como seres responsables, tanto frente a los preceptos como a su sexualidad, tanto ante Dios como ante el otro.

¿Puede una mujer estudiar la Torà?

El Tercer ejemplo de acceso a la escena pública autorizada por la halajá es la educación de las mujeres y la enseñanza hecha por mujeres. En lo concerniente a estos dos puntos, está claro que la halajá ha evolucionado recientemente como se verá más abajo y ha tomado en cuenta consideraciones exteriores.

El Talmud mismo, en lo que se refiere a la educación de las mujeres, contiene contradicciones. Por una parte, hay declaraciones de ciertos rabinos imbuidas de una misoginia flagrante, por otra parte, la evocación de casos aislados, pero significativos, de mujeres que han sido sabias. En el tratado Sota (3,4) de la Mishná se pone en cuestión si las mujeres deben estudiar la Torá o no. Rabí Eliezer dice:

"Cualquiera que enseñe la torá a su hija es como si le enseñara la locura [la imbecilidad o la obscenidad según las traducciones]."

Esta afirmación va más allá de la execpción hecha en el tratado Kidushin. A este mismo rabino se le atribuye la frase siguiente en el Talmud de Jerusalén [Sota 20a]: "Más vale quemar las palabras de la Torá antes que confiarlas a una mujer." No obstante, debemos leer estas frases a la luz de tres datos importantes:

  1. Las palabras de Rabí Eliezer jamás han forzado la halajá en el Talmud.
  2. En el curso de una discusión entre los rabinos, Rabí Eliezer será condenado a la pena de jerem (exclusión de la comunidad), la pena más grave, a causa de sus posiciones.
  3. En el tratado Eruvin 63a, leemos que su propio esposa fue una mujer muy sabia. Además, la frase según la cual un hombre no debe enseñar la Torá a su hija es una respuesta a la frase de Ben Azzai, alumno de rabí Akiva cuyas opiniones siempre son acceptadas como halajá y crean ley: "Un hombre tiene el deber de enseñar la Torà a su hija." Y por tanto, Moisés Maimónides, en el siglo XII, escribió en "las leyes del estudio de la Torá":

Los sabios han ordenado que un hombre no enseñe la Torá a su hija porqué la mayor parte de las mujeres no tienen voluntad de espíritu que es necesaria para estudiar y transformar las palabras de la Torá en una charla a causa de la pobreza de su espíritu.

A pesar de esta actitud de los rabinos, ciertas mujeres han estudiado los textos. El midrash [Sifre Zuta citado en el Yalkut Shemoní, behaloteja 741 final] nos cuenta que Miriam enseñó a las mujeres mientras que Aaron y Moisés enseñaban a los hombres. En el targum Onquelos, en el versículo 24 del segundo libro de los Reyes, se nos cuenta que Hulda, una de las siete profetisas mencionadas en el Talmud, había fundado una academia en Jerusalén en la que enseñaba la Ley. En el segundo siglo, Bruriá, esposa de Rabí Meir, hija de Rabí Hanannia ben Teradion, estudiaba -nos dice el Talmud [Pesajim 62b]- "300 leyes de 300 maestros en un solo día." Su opinión es citada como ley y discute de igual a igual con los rabinos. Las hijas de Tselofrad de la familia de Manasés [Nm 26 y 27], son llamadas en el tratado Baba Batra 119b: "sabias, exegetas y justas."

En la edad media, como testimonia el libro de Israel Abrahams [Jewish life in the Middle Ages, Atheneum, New York, 1975] la educación judía de las mujeres eras algo corriente. Las hijas de Rashi son conocidas por su saber. En el siglo XV, el Maharil [Jacob ben Moisés Mellin 1365-1427] comenta de manera clara esta evolución:

Si bien no es correcto enseñar a las mujeres, nada impide que aprendan por propia iniciativa

En el siglo XVI, la esposa de Rabí Yaakov Mizrahí, del Kurdistán, tomó el relevo en la enseñanza de su marido cuando éste tuvo que ocuparse de la situación financiera de su yeshivá [S. Askenazi Haisha beaspeklaria ha yehudit, Vol 1, Tel Aviv, 1953.] Esta evolución fue aprovada por el Rabino Zalman Sorotskin:

Aquel que no enseña a su hija daat ha shem, la religión de Dios, es como si le enseñara tiflut, la idiotez.

En cuanto a la halajá, ha cambiado totalmente en lo que concierne a la educación de las mujeres, ja que hoy en día existen muchas yeshivot para mujeres. Estos cambios no son otra cosa que el reflejo del principio de igualdad que existen en los versículos bíblicos [Dt 31,11-12], acerca de la fiesta de Sukot:

Tú harás una lectura de la doctrina en presencia de todo Israel que escuchará atento. Convoca a todo el pueblo, hombres, mujeres y niños, como al extrangero que vive entre tus muros, para que oigan y se instruyan y reverencien al Eterno, vuestro Dios, y se apliquen en la practica de todas las palabras de esta doctrina.

¿Las menstruaciones son un obstáculo para la participación de las mujeres en la sinagoga?

Debemos denunciar aquí una creencia común según la cual las mujeres no pueden subir a leer la Torá a causa de sus menstrucaciones, las convierten en impuras según la tradición. Citamos la Shuljan Aruj [Orej Jayim 84,1] "Toda persona impura lee la Torá, recita la Shemá y ora en la Sinagoga.

Además, según la tradición, las leyes de la impureza ritual no tiene aplicación hoy en día. En efecto, después de que el Templo fue destruido, todo individuo es impuro ya que para ciertas formas de impureza (el contacto con los muertos, por ejemplo) solo el Templo era el único medio para volver a purificarse ritualmente. La impureza concerniente a la menstruación se refiere a las relaciones sexuales y en ningún caso a la Torá. Ciertamente ha sido otra forma de exclusión de la mujer, fundamentada sobre los tabúes de la sangre y la muerte que se encuentran también en otras culturas.

¿Cuáles son la reformas que ha efectuado el judaísmo progresistas respecto al estatuto de la mujer?

Si las mujeres pueden cumplir las mitsvot positivas ligadas al tiempo y subir a la Torá según la halajá, esta misma halajá les prohibe ciertas funciones. El judaísmo progresista quiere proseguir la evolución de la halajá en lo que concierne al papel de la mujer. Quiere corregir el desequilibrio de esta punto de vista unilateral tradicional y abrir las puertas de un mundo hasta ahora esencialmente reservado a los hombres, y dar a la mujer su lugar legítimo.

Las primeras reformas del judaísmo progresista sobre el estatuto de la mujer se inspiran en un profundo deseo de corregir esta desilgualdad. Ya en 1846 la conferencia rabínica de Breslau, en Alemania, presentó una declaración de seis puntos sobre este tema. He aquí alguno extractos:

La degradación de la situación religiosa de las mujeres es incompatible con la consciencia religiosa actual. Los rabinos creían tener razón al excluir a las mujeres de una parte de los derechos y deberes religiosos, y las pobres mujeres no podían quejarse por haber sido excluidas de estas experiencias espirituales exaltantes porque creían que era Dios en persona el que había pronunciado es veredicto inapelable. [...] Para nuestra consciencia religiosa que concede a todo ser humano un grado igual de santidad natural y por la cual las diferencias que se encuentran en las Sagradas Escrituras solo tienen unavalidez relativa y momentánea, es un un deber sagrado expresar con fuerza la total igualdad de los privilegios y obligaciones religiosas de las mujeres. Tenemos exactamente el mismo derecho de actuar como el sínodo bajo el auspicio de Rabénu Guershom, hace 800 años, que también introdujo nuevos decretos religiosos en favor de las mujeres. A propósito de la mezuzá (el pequeño pergamno que se pone en "los dinteles de las casas [Dt 6,9] el Talmud dice: "Los hombres tiene la necesidad de vivir, pero ¿acaso las mujeres no tienen también la necesidad de vivir?" [Kidushin 34a]; Queremos aplicar este principio a toda la vida religiosa."

La Conferencia de Breslau concluye:

  1. Las mujeres deben obserbar todos los preceptos, mitsvot que se deben realizar en un tiempo fijado, en la medida en que estos preceptos aún tienen fuerza y vigor para nuestra consciencia religiosa.
  2. Las mujeres, al igual que los hombres, deben cumplir sus obligaciones con los hijos.
  3. Ni el marido ni el padre tienen el derecho de eximir de sus votos ni a sus hijas ni a mujer.
  4. La bendición, "Bendito eres Tú, oh Eterno, Rey del universo que no me has hecho mujer," que los judíos ortodoxos recitan cada mañana, y que es la expresión de un prejuicio religioso hacia las mujeres, de ahora en adelante será abolida.
  5. Las hijas deben participar a partir de cierta edad en la instrucción religiosa y en la oración pública y serán contadas en el minian [Las diez personas necesarias para el oficio público].
  6. La edad de mayoría de edad para las hijas, como para los hijos es de 13 años."

El Rabino David Einhorn (1809 - 1879) comentó esta declaración : "Que no haya más distinción entre los deberes de los hombres y las mujeres, excepto aquellos que se deducen de las leyes naturales que gobiernan a los sexos:

  • No más presunción de inferioridad espiritual de la mujer, como si fuera incapaz de entender las cosas profundas de la religión;
  • No más oficios públicos que por su forma o porsu contenido que cierre las puertas del Templo a la mujer;
  • No más humiliación de la mujer en la ceremonia de casamiento [La ceremonia tradicional era unilateral, la mujer solo tenía un papel pasivo. El contrato de matrimonio era discutido entre el padre de la novia y el futuro esposo.] [...] Cuando la hija y la mujer judías, conscientes del significado de la fe, se acerquen con fervor y toda nuestra vida religiosa se aproveche de la influencia benéfica que aportan las mujeres."

Estos principio de igualad se aplicaron progresivamente en las sinagogas progresistas. Tuvieron consecuencias prácticaen tres campos: la igualdad frente a la mitsvá (el precepto), la igualdad en el testimonio y ante el matrimonio en la via jurídica, e igualdad de participación en el campo público religioso. La igualdad frente al precepto consiste en el hecho que las mujeres cumplan de una forma natural los preceptos delos que el tratado Kidushin del Talmud las había dejado exentas, como por ejemplo, la recitación de la oración en un tiempo fijo, la recitación dela shemá, el llevar tsitsit (franjas) o los tefilim (filacterias), la obligación de oir el toque del shofar en Rosh ha-Shaná y yom Kipur, de sentarse en la Suká o de agitar el lulav (el ramo de las 4 especies de plantas) en Sukot. La igualdad frente a los preceptos implica también un acceso a la educación y al saber. El Talmud Torá (instrucción religiosa) es obligatorio tanto para las hijas como para los hijos. La igualdad en el campo jurídico consiste en considerar a las mujeres como posibles testigos, en todas las circunstancias, para todo litigio social o religioso.

¿Puede una mujer ser contada en el minián?

La inclusión de las mujeres en el minian es contraria a la halajá tradicional. Citemos el Shuljan Aruj [O.J. 55,4] "los esclavos y las mujeres no son incluidos en el minián," aunque según ciertas autoridades, un chico menor de trece, un hombre ebrio durante los servicios y un mamzer (hijo ilegítimo) puede ser contados. Si se estudia el desarrollo de esta ley, solo aparece en el Shuljan Aruj, la autoridad más tardía sobre este tema (siglo XVI), la exclusión de las mujeres. Anteriormente, las fuentes [Rambam, Jiljot ha tefilá 8,4; Kesef mishné, Jiljot Berajot 5,7 Rambam Jiljot Berajot 2,9] que hoy poseemos afirman que un minian debe estar compuesto por "diez adultos libres", es decir ni esclavor no menores. Durante el periodo rabínico, no se consideraba a las mujeres como libres; desde un punto de vista legal, su marido era el responsable. Hoy en día, si las consideramos legitimamente libres, pueden formar parte del minián. Entre otros en el siglo XIII, Mordejai [sobre Berajot, nota 173], citando una autoridad más antigua -R. Simjá- escribió que las puedes pueden ser contadas en el minián.

En 1845, en la conferencia de Franckfurt, Samuel Adler declaró: "La mujer tiene la misma obligación que el hombre de participar en los oficios públicos: la costumbre de no incluir a las mujeres en el número necesario de individuos para hacer un oficio público no es nada más que una costumbre y no tiene fundamento religioso." Formar parte del minián, es formar parte de una forma plena de la comunidad. Incluir a la mujer en el minián es decirle que se tiene necesidad de ella para celebrar un oficio público, que su presencia esnecesaria y no opcional. Se convierte en un miembro de la comunidad de pleno derecho ya que en ella reposa una responsabilidad, puedeser gracias a ella que sea posible leer la Torá, y que se recite Kadish. En los movimiento progresistas, las mujeres son contadas en el minián.

¿Puede una mujer ser testigo o juez?

A esta pregunta la halajá tradicional responde de una forma negativa. La prohibición seacepta generalmente, pero su origen no es claro. Maimónides cita el versículo de Deuteronomio 17,6 que comprende las palabras "por la boca de dos testigos" [al pi shenei edim] y subraya que el término "testigo" en hebreo está en masculino. Josef Caro rechaza esta prueba en su comentario a Mishné Torá, el Késef Mishné. "Toda la Torá" -dice él- "esta escrita en masculino." Pero no aporta ningún argumento. A pesar de la prohibición general, se acepta el testimonio de las mujeres ahí donde tienen competencias;por ejemplo, cuando deben testimoniar que su marido ha marchado o desaparecido en el caso de aguná [TB Rosh ha Shaná 22a]. Si hoy en día su competencia se extiende a todos los campos, es normal que la mujer pueda ser testigo. (Es sorprendente que el testimonio de una mujer, juez en la corte suprema de Israel, no sea reconocido por los rabinos de ese mismo país!

Iagualmente, según la halajá, ya que las mujeres no pueden ser testigos, tampoco pueden ser jueces [TJ Yomá 6,1; TJ Sanedrín 3,9] Para los tosafistas [Comentaristas del Talmud, siglos XII-XIV], Débora (que es designada como jueza en la Biblia [Jueces 4,4]) no hacía nada más que enseñar leyes; no tomaba ninguna decisión legal y, además, estaba inspirada por la Presencia Divina y esto constituía una excepción." Esevidente que aquí los tosafistas distorsionan la realidad con el fin de hacerlas corresponder co sus prejuicios sexistas. Entre otras, una de las razones que se citan con frecuencia para excluir a las mujeres de estos papeles de juez o de testigos se encuentra expresada en eta frase del Talmud [Shabat 33b]: "Las mujeres tienen el espíritu ligero."

¿Puede una mujer ser rabina?

Se podría decir que nada en la halajá prohibe la ordenación de las mujeres, pero sería ser deshonesto, ya que la cuestión nunca se planteó en estos términos.

De forma general, el acceso de la mujer a los roles públicos parece incompatible con la imagen de la mujer judía tradicional. Citemos el Talmud [Yomá 66b] "el lugar de la mujer está en la cocina." Pero este rol secundario, descrito por la tradición, es el que las mujeres debieron ser, o que fueron en una cierta época, )es prescriptivo o descriptivo? Con frecuencia, la halajá ha sido una justificació en los textos de una situación que ya existía. Hoy en día las mujeres participan en la vida pública. )Por qué estos roles públicos estarían limitados al mundo laico?

Se han interpuesto muchas objecciones en cuanto al ol público de la mujer en el judaísmo. Moisés Maimónides [Jiljut Shoftim 5, 1,5] dice que solo los hombres pueden ser reyes. A esto, se le podría responder que han habido reinas en la historia judía. Salomé Alejandría (Shlomo Tsion ha-malká) fue reina durante el periodo del segundo Templo (76-67 aec) y en el siglo primero, la reina Helena era admirada por su piedad y filantropía. También se ha citado la Mishná de Rosh haShaná [3,8- TB Rosh haShaná 29a]

"Todo el que no está sujeto a una obligación no puede librar a la comunidad de su obligación."

Esta frase implicaría que las mujeres no pueden ser shelíaj tsibur (enviado de la comunidad) para dirigir laoración ya que no tienen la obligación de rezar a una hora fija. Este argumento ya no tiene fuerza, ya que hoy en día cada uno puede leer las oraciones en el sidur, el sheliaj tsibur no hace nada más que dirigir los oficios sin obserbar una mitsvá por ningún otro. Por otra parte, si las mujeres se han impuesto la obligación de orar, pueden servir de substituo para alguien que no sepa cumplir esta mitsvá. El nombramiento de rabinas testimonia la completa igualdad de los hombres y las mujeres en los roles públicos religiosos.

¿Dios es sexista?

Al estudiar la evolución de las leyes que conciernen a las mujeres, está claro que cada civilización, en la que ha evolucionado el pueblo judío, ha ejercido una influencia en su identidad y sus principios éticos. Durante siglos, el judaísmo ha reproducido el sistema de las sociedad patriarcales que les circundaban. Hoy en día, la sociedad moderna actual ha intentado modificar este sistema. Esta evolución no parece estar en contradicción con los principios éticos del judaísmo que depasan las fluctuaciones del tiempo, sino que al contrario los perpetúa, los refuerza y consolida. Si a cada siglo, las autoridades se han contradecido sobre una cuestión tan importante como el estatuto de la mujer, si se han tomado decisiones opuestas, esto nos muestra que el proceso halájico s cambiante, humano y falible. Se pueden cometer errores, nosotros debemos intentar repararlos. Nosotros, también, en nuestro siglo, podemos cometer errores pero más vale correr el riesgo que continuar aplicando una ley o profesar una tradición que en algunos punto traicione nuestra consciencia. Muchas muejeres han abandonado el judaísmo porque son subestimadas cuando cruzan el dintel de la sinagoga, al recordarles que no son más que mujeres. Una casa religiosa digna de este nombre debería apoyar los principios de igualdad, de justicia y derespeto a todo ser humano, sea cual sea su color o sexo. Frente a estos principios éticos, todo sistema legal, por muy respetable que sea en tanto que tradición vehiculada durante los siglos debe ser modificado.

El principio de evolución forma parte intregal de la halajá. No olvidemos que en el pasado, los rabinos han hecho avanzar la halajá en el campo del matrimonio con la creación de la ketubá, el acta del matrimonio, y la prohibición de la poligamia, en el campo del divorcio, han cambiado la legislación del tratado Yevamot (112b) según la cual "Uno se puede divorciar de su mujer con o sin su consentimiento." Han sbido mantener el carácter dinámico de la halajá adaptándola a cada siglo. Para permitir el acceso de la mujer a la escena pública tomemos el ejemplo de Moisés de Isserles, el Ramah, comentarista del Shulján Aruj, para devolver a la halajá esta vitalidad que la caracteriza; en el tratado Pesajim se plantea la siguiente cuestión: )Las mujeres están obligadas a rescotarse durante la ceremonia del Séder? La respuesta que se da en el Talmud es que las nashim ha-shuvot, las mujeres respetadas, pueden hacerlo. Moisés de Isserles comenta es estos términos: "(En nuestros tiempos, todas las mujeres son dignas de ser respetadas!" [Orej Jayim 472, 4, citando a Mordejai y Rabénu Yeroham.]

Citemos al final, el midrash Tanjuma, que no ha oido hablar de los movimiento feministas para pronunciar la igualdad entre hombres y mujeres:

"Aunque he escogido a los jefes, los jueces y los ancianos para que os gobiernen, todos ellos son iguales ante mi como está dicho"toda persona en Israel [Dt 29,9] y no solo los grandes entre vosotros, sino vuestros hijos, vuestras mujeres; ya que los seres humanos son más reconocidos hacia los hombres que hacia las mujeres,pero el Santo -bendito sea- no es así." [Tanjuma, Netsavim 2]

¡Dios, pues, no es sexista!

Bibliografía

Material preparado por Jordi Gendra.




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