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Judaismo progresista - II Responsabilidad y Preceptos

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Aportado por: aizik
Fecha de creación: 2003-04-17 16:00:56
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Judaismo progresista - II Responsabilidad y Preceptos

1 ¿Según qué criterios adoptan sus decisiones los judíos liberales?

El judaísmo progresista, que pone como principio que la Biblia y el Talmud, inspirados por Dios, han sido escritos por los seres humanos, que la voluntad de Divina se continúa expresando aún hoy en día por boca de los sabios de la época moderna y que el judaísmo no cesa de evolucionar bajo las influencias externas, este tipo de judaísmo admite el cambio y la evolución en la ley judío. Estos cambios no son adoptados nunca a la ligera, sino según cuatro criterios.

  • El estudio escrupuloso de los textos, las fuentes bíblicas y talmúdicas según los estudios críticos y los comentarios tradicionales.
  • El estudio de los Poskim, los códigos y las decisiones ya adoptadas a lo largo de los siglos y las razones históricas, sociales y religiosas que los han motivado.
  • El estudio de los pensadores modernos del judaísmo de todas las tendencias, sus responsa sobre los temas y las razones que los han motivado a tomar su decisión.
  • La consideración de la conciencia moral universal.

Este último criterio no es nuevo. Si se afirma que los rabinos del Talmud estaban inspirados por Dios y que nosotros actualmente no lo estamos, no queda espacio para la libertad individual. Somos ignorantes y no tenemos el derecho ni de juzgar ni de modificar las leyes precedentes dictadas por los rabinos. Si, como sostiene el pensamiento judío liberal, Dios continúa revelándose a través de la boca de los Sabios, el cuarto criterio retoma su lugar esencial, el de re-examinar las decisiones del pasado para re-actualizarlas para que el judaísmo esté siempre deacuerdo con los principios éticos universales. El más grande pensador judío americano, Eliezer Berkovits, reafirma la prioridad de la ética en la halajá:

"Los rabinos del Talmud eran guiados por esta convicción: en la aplicación de la Torá en la vida actual, nada debe ser contrario a los principios éticos." [Not in Heaven, The Nature and Function of Halakha, New York, 1983, p. 19]

Y R. Moshé Zemer, director del Instituto de Halajá Liberal de Jerusalén, añade: "Si una decisión es halájica, debe ser ética. Si no es ética, no puede ser halájica." [Dinamic Jewish Law, Progressive Halakha, editado por Walter Jacobs y Moshé Zemer, Tel Aviv y Pittsburg, 1991]

Los tres primeros criterios anteriormente citados implican neceseriamente que el judaísmo liberal insiste en la educación. Una decisión personal o comunitaria o una resolución del movimiento no pueden basarse en la ignorancia de los textos o de la historia. Al contrario, debe apoyarse en un largo estudio, un conocimiento profundo de nuestra tradición milenaria.

Pero cuando se trata de una questión ética, se impone el problema de una elección. El Rabino John Rayner explica que esta elección se hace necesaria:

"De una forma evidente, debemos ser selectivos [...] El judaísmo siempre ha sido selectivo. Pero en el pasado, su selectividad ha sido inhibida por la necesidad de mantener el dogma de la infabilidad de los textos y las tradiciones antiguas. No estamos en forma alguna obligados a ello. Es por esto, por lo que no debemos recurrir a los circunloquios y a los rodeos de la ley para justificar los cambios que nos parecen necesarios. Si creemos, como es el caso, que nunca ha habido una voluntad de Dios de penalizar a los mamzerim (los hijos de uniones ilícitas), ni que las mujeres sean discriminadas, podemos y debemos proclamarlo alto y fuerte." [R. Dr. John Rayner, Biennal Conference of the Union of Liberal and Progressive Synagogues, "Shaping our heritage", Bournemouth, 1987.]

Las decisiones liberales se toman en las asambleas rabínicas compuestas por rabinos liberales. Las resoluciones son propuestas, discutidas y adoptadas en cada conferencia. Un comité de responsa se dedica a las cuestiones de halajá bajo la dirección de Walter Jacob en los Estados Unidos y de Moshé Zemer en Israel, y publican regularmente las responsa.

2 ¿Existe un código de prácticas liberales?

El judaísmo liberal siempre ha prohibido hacer lo que se podría dar en llamar un "Shuljan Arúj" de prácticas liberales, un código que dicte a los judíos liberales sus comportamientos en toda circunstancia. Desde nuestro punto de vista, lo que frena la evolución del judaísmo es la redacción de estos códigos. Estos códigos, en un afán de simplicidad, elimina las discusiones talmúdicas o post-talmúdicas. Se limitan a enunciar las conclusiones de estas discusiones o halajá pesuká. Por su propia forma, suprimen la idea de una co-existencia de opiniones diferentes entre los rabinos y dan la impresión de una sola voz perfecta. Cuando el Talmud había dejado la discusión abierta, el codificador tomaba una decisión. Los códigos no dejan ningún espacio a la libertad individual y niegan toda evolución histórica en el interior del judaísmo. El judaísmo liberal no ha tratado de dar una forma fija a las prácticas para devolver al individuo su libertad de elección y no congelar el judaísmo. Aunque cada reunión rabínica establece unas directrices del movimiento que enuncian los principios generales, no dictan las prácticas. A cada comunidad le pertoca legislar sobre los detalles de esta práctica en tanto que concerniente a las prácticas comuntarias, y a cada individuo en tanto que concerniente a las prácticas individuales. Cada decisión debe ser tomada con conocimiento de causa, después del estudio de los textos tradicionaes y liberales sobre cada tema.

3 ¿Por qué se favorece la forma de responsa en los escritos del judaísmo liberal?

La forma de responsum ya se menciona en el talmud [TB Yevamot 105a] pero no se desarrolla como fenómeno literario hasta la época de los Geonim, hacia el 750 de nuestra era, cuando la comunidad judía estaba dispersa y tenía necesidad de dirigirse a sus jefes espirituales en Babilonia para obtener una respuesta a las cuestiones sobre los textos o sobre la práctica que habían quedado sin respuesta. Los miembros de una comunidad escribían a un rabino para preguntarle su opinión sobre una cuestión legal. Estos respondían citando todas las fuentes que conocían sobre ese tema, desde la Biblia hasta la época en la que escribían. En esta literatura epistolar con frecuencia aparece una diversidad de opiniones entre los sabios sobre un mismo tema. Al término del estudio sistemático de los textos (siempre se citan las fuentes) el autor del responsum da su opinión, un consejo a seguir.

Desde sus inicios en Alemania y Hungría, la literatura liberal se ha expresado citando las opiniones de los sabios de los siglos precedentes y dando una directriz. Ya en 1818, un año después del establecimiento del Templo Liberal de Hamburgo, se publicó en Dessau una colección de responsa en hebreo titulada "Nohag ha-tsedek." Las primeras responsa tenían como objetivo justificar los cambios aportados por el judaísmo liberal en comparación con la comunidad tradicional. Los temas van desde el minian al texto y la lengua de la oración, pasando por la utilización de la música instrumental durante los oficios, preguntas sobre el matrimonio, la arquitectura de las sinagogas, etc... Con frecuencia, la comunidad ortodoxa respondió con otras responsa sobre los mismos temas. Mientras tanto Abraham Geiger y Zakarías Frankel, dos maestros del pensamiento del movimiento, insistían en la necesidad de citar las fuente para justificar las reformas. Ambos fundaron dos seminarios rabínicos en los que se enseñaba historia, Biblia y filosofía. Ambos propnían este acercamiento histórico de la literatura judía propio de las responsa. Siempre se mantenía el vínculo con la halajá. En Hungría, Leopold Loewe mostró igualmente un interés constante por la ley judía y subrayó las influencias exteriores sobre las leyes y las costumbres judías. Escribió responsa sobre las leyes del estado que afectan a la ley judía, los matrimonios mixtos, los proséliots, el hecho de orar con la cabeza descubierta, etc.... Isaac Mayer Wise y Jacob Z. Lauterbach, en los Estados Unidos, emplearon los mismos métodos.

En los Estados Unidos se estableció en 1906 un comité de responsa de la Central Conference of American Rabbis, liderada por Kaufmann Kohler (1843-1926), presidente del colegio rabínico. Los miembros del comité no trataban de crear un nuevo Shuljan Aruj, un nuevo código de leyes, sino dar a los jóvenes rabinos unas referencias en las que apoyarse para sus decisiones. Bajo la presidencia de Kohler, se escribieron más de 30 responsa sobre temas tan distintos como el entierro y el duelo, el casamiento, la circuncisión, el bar y bat mitsvá, el kashrut, etc... Kaufman defendía la idea de evolución más que la de revolución, y se interesaba por la discusión teológica. Joseph Lauterbach (1873 - 1942) sucedió a Kaufman Kohler en la presidencia del comité. Enseñaba Talmud en el Hebrew Union College. Escribió numerosos artículos para enciclopedias de judaísmo y publicó una edición crítica de la Mejilta. Sus responsa fueron las más completas y contenían abundantes citas tanto de la Biblia como de los apócrifos, del Talmud, de las responsa y de estudios modernos. Su aproximación era histórica. Salomon Freehof es el redactor de las responsas más conocidas del movimiento. Su método es parecido al de Jocab Lauterbach. Publicó numerosas colecciones de responsa como "Reform Responsa," "Recent Reform Responsa," "Current Reform Responsa," Modern Reform Responsa," etc... bajo su dirección se multiplicaron las discusiones halájicas y se publicaron en el "Journal of Reform Judaism."

Después de 1976, el comité de responsa es dirigido por Walter Jacob que ya había editado tres volúmenes de responsa. En 1990 se creó el Instituto Freehof para la Halajá liberal. La época en la que el movimiento progresista buscaba la aprobación de los ortodoxos actualmente ya ha pasado. Los autores de responsa buscan "renovar lo antiguo y santificar lo nuevo" según la formulación de R. Kook. Lo esencial para ellos es dar un sentido a la halajá a nuestra generación.

Los principales trazos que caracterizan esta literatura de responsa son los siguientes, después de la presidencia de Walter Jacob:

  1. Las cuestiones que afectan a los temas más importantes de la vida.
  2. El acercamiento a las cuestiones es más realista.
  3. Se ha demostrado que los esquemas que parecían haber sido fijados por la tradición son mucho más flexibles de lo que se había imaginado a través de un profundo estudio de su desarrollo.
  4. Las responsa tolerantes son las más numerosas, pero siempre van acompañadas de prudentes limitaciones. Durante los últimos decenios, se ha desarrollado un interés creciente en el seno del judaísmo progresista por las cuestiones de halajá. Los comités son solicitados cada vez de una forma más frecuente.

La preferencia del movimiento liberal por la forma de responsum más que la de Código estuvo motivada por el hecho que el método de responsum es histórico y subraya una notable evolcuión en la ley; por el resto, la discusión queda abierta. Cuando no se obtiene un consenso, las opiniones divergentes del comité tienen el derecho de ser citadas. Frente al responsum, queda al lector, que es capaz de juzgar porque tiene delante las fuentes necesarias, de hacer su propia eleccción con conocimiento de causa. En esta perspectiva, los progresistas tienden a responsabilizar al individuo, que no sigue la opinión de un rabino sin saber la razón o cuáles han sido las etapas de su decisión. El rabino pone en manos del laico las herramientas de la decisión dándoles diferentes opciones tomadas del pasado de la tradición. Cuando solo es posible una sola decisión moral, se le dice, pero en la mayoría de casos la elección moral no es una orden de la evidencia y los rabinos del pasado o de hoy pueden diferir sobre una cuestión. El rabino liberal es en este sentido un pedagogo más que un decisionario.

4-. ¿Cuál es el lugar que ocupa la libertad y la responsabilidad en el judaísmo liberal?

Para que el individuo sea elevado por la halajá y no sometido, su libertad y su responsabilidad son esenciales. Una no va sin la otra, la libertad no significa libertinaje. El principio del libre albedrío ligado a la responsabilidad ya está anunciado en el Deuteronomio (30,15): "Mira, yo he puesto delante de ti hoy la vida y el bien, la muerte y el mal." La libertad significa responsabilidad. La libertad no es posible sin el conocimiento. Es por esta razón por la que el judaísmo progresista insiste de esta forma en la educación. La elección en la práctica no debe tomarse por ignorancia o por facilidad sino por conocimiento de los textos y la tradición. La libertad implica pues un esfuerzo de aprendizaje de nuestra tradición ya que no se han dado todas las respuestas. Una elección de práctica no debe tomarse sino después de un aprendizaje y después de una reflexión. Una opción personal puede ser puesta en duda como las directrices del movimiento, porque nuestra comprensión de lo que nos exige no es nunca perfecta. Es un intento. El individuo no obedece órdenes sin que su conocimiento trabaje. Como lo dijo Martin Buber. "En lo más profundo de mi alma debo hacer la distinción entre lo que se me ordena y lo que no se me ordena."

La responsabilidad de los individuos siempre ha estado presente en la historia de Israel. El tratado Avot (6,2) subraya mediante un juego de palabras, el hecho que la ley debe ser una fuente de libertad y no de esclavitud:

"Las tablas son obra de Dios y la escritura, escritura de Dios grabada en las tablas [Ex 32,16] No leas jarut (grabadas) sino jerut (libertad), porque nadie es libre sino aquel que se ocupa en el estudio de la Torá. Todo aquel que se ocupa del estudio de la Torá se exalta..."

La Torá es, en consecuencia, fuente de libertad. No obstante, dejar una libertad total a cada individuo entraña un riesgo evidente, el de un disparate demasiado grande en la observancia del judaísmo sin denominador común. Es por esto por lo que, insistiendo en la elección individual, el judaísmo progresista insiste en el conocimiento de los textos, y presente diferentes elecciones posibles quem en la gran mayoría de casos, ya han sido expresadas por los rabinos o los sabios del pasado. Cuando el judaísmo progresista no puede basarse en una opinión de la tradición, aunque sea minoritaria para operar un cambio, lo hace con prudencia y una decisión así no elimina la responsabilidad del individuo sino de las asambleas rabínicas. La libertad que se deja a cada individuo se sitúa más en el terreno privado que en comunitario. Las grandes opciones del judaísmo progresista son conocidas por la literatura de responsa que hay en inglés y en hebreo y que puede ser consultada por todos. Además, todos los judíos que se identifican como parte de un pueblo y de una tradicion se limitan la libertad. La libertad no debe ser comprendida como una ausencia de ley. No es un objetivo en sí misma. Lo que todo judío trata de conseguir es un ideal de santidad, una perfección de sí mismo y del mundo a través de una ley que debe ser buena. El judío progresista tiene una doble lealtad, la continuidad del judaísmo y de su tradición y la libertad de la elección personal dictada por su conciencia moral.

La libertad de cada rabino y de cada comunidad está limitada por las líneas directrices de las asociaciones de las que son miembros. En el mundo existen numerosas asociaciones de comunidades progresistas así como numerosas asociaciones rabínicas. Estas asociaciones produce documentos que contienen las líneas directrices de los movimiento. Por ejemplo, la Conferencia Central de Rabinos Americanos ha prohibido a sus miembros celebrar matrimonios mixtos. Estas asociaciones publican sus libros de oraciones, trabajo en común de numerosos rabinos, que tienen en cuenta igualmente la opinión de los laicos de las comunidades a las que se someten estos proyectos de libros. Igualmente hacen trabajos educativos y libros sobre el judaísmo progresista. Los delegados de cada comunidad, rabinos y laicos, participan en las reuniones de las asociaciones comunitarias, para que en las decisiones que se toemen esté representado cada miembro. Las decisiones son tomadas por mayoría y entonces son adoptadas como postura oficial del movimiento. La libertad del individuo, del rabino y de la comunidad permanece intacta, pero la mayoría se ha pronunciado y siempre se explican las razones de su decisión. La libertad no significa ir solo y formar parte de un movimiento significa aceptar los compromisos.

5-. ¿Qué piensa el judaísmo progresista de la noción de mitsvá?

A continuación exponemos el texto sobre la mitsvá, adoptado por la Conferencia Central de Rabinos Americanos en 1976:

"El judaísmo insiste más en la acción que en las declaraciones de fe como expresión primera de la vida religiosa, el medio por el cual intentamos conseguir la justicia y la paz universal. El judaísmo progresista está convencido de la importancia del deber y de la obligación. Nuestros fundadores han subrayado que las responsabilidades éticas del judío, personales y sociales, son dictadas por Dios. El siglo pasado sin duda nos ha enseñado que las exigencias que nos incumben son en primer de orden ético., pero también se extienden a otros numerosos aspectos de la vida judía: la creación de un hogar judío que tiene como centro la familia, el estudio, la oración personal y pública, la observancia religiosa cotidiana, la observancia del Shabat y las fiestas, la celebración de los momentos importantes de la vida, la implicación en la sinagoga y en la vida comunitaria en general, y otras actividades que promueven la supervivencia del pueblo judío y que dan valor a su existencia. En todos los terrenos de la observancia judía, los judíos liberales están llamados a hacer frente a las exigencias de la tradición judía, aunque sea percibida de una forma diferente, y a utilizar su autonomía personal eligiendo y creando, fundandose en una participación activa en la vida judía y un conocimiento de los textos." (Centenary Perspective; Cf Gates of Mitswa, CCAR, New York, p. 2)

La mitsvá, en consecuencia, es algo esencial a los ojos de los judíos progresistas, aunque la forma de obserbarla pueda ser diferente. En el libro titulado "Las puertas de la mitsvá" [Gates of mitswa, CCAR, 1979] los rabinos progresistas explican cuál es la aproximación específica del progresismo al concepto de mitsvá. Debemos "intentar preservar la continuidad de la vida judía y al mismo tiempo ser sensibles a las innovaciones necesarias." El objetivo de los preceptos que se enuncia en la Biblia es la kedushá o santificación. La mitsvá no es pues un fin en sí misma, sino un medio de santificarse y acercarse a Dios. "Vosotros seréis santos porque yo soy santo, Yo el Eterno." [Lv 19,2] La oración, el estudio de la Torá, la preocupación por los otros debe llevarnos a la santificación. Es importante encontrar un sentido a la mitsvá que se obserba, no aplicarla como algo automático, sino con kavaná, con intención.

Sin embargo, el judaísmo progresista opone los preceptos éticos de valor eterno a los preceptos que tratan de los ritos o las fiestas sin relación directa con la vida social de los individuos. Esta distinción que existe en la tradición (preceptos que rigen las relacones entre el ser humano con su Creador, por una parte, y los preceptos que rigen las relaciones entre los seres humanos, por otra) es quizá arbitraria, porque la ética puede expresarse en el rito:

"Aquel en el que los hombres se complacen, se complace también el Eterno y en aquél en el que los hombres no se complacen, tampoco se complace en él el Eterno." [Avot 3,9 en el nombre de R. Janina hijo de Dosa]

Además, con la influencia de la filosofía de Martin Buber por la que se encuentra al Otro en la relación ética con el prójimo, se atenúa esta dicotomía. En las diferencias de rito o de personalidad de cada uno el judaísmo progresista se expresa más libremente, pero en aquellos punto en los que la moral está en juego, el judaísmo progresista se muestra mucho más estricto.

El judaísmo progresista insiste en la importancia de la mitsvá pero reconoce que todos los judíos no la aplican de una forma sistemática de la misma forma ni la comprenden de la misma forma. Gunther Plaut escribió: La mitsvá es aquello que el judío debe hacer para responder a Dios y a la tradición de nuestro pueblo. Esta respuesta proviene de un compromiso personal más que de una obediencia ciega a un sistema de preceptos que la tradición pasada ha considerada como voluntad divina. Al hacer la elección y aceptar el compromiso una parte de nuestra vida en nuestra alma y nuestra conciencia, refuerza nuestros vínculos con el Dios de Israel y nuestro pueblo." [W. Gunther Plaut, A Shabat Manual.]

La elección que tomamos no es la más fácil o la más cómoda. Con mucha frecuencia el judaísmo liberal ha estado asociado por sus detractores con una cierta laxitud. Realmente, si una persona estudia con atención sus procedimientos, se dará cuenta que exige una profunda reflexión por parte del individuo. Si se debe hacer una elección entre diferentes formas de pensar, diferentes interpretaciones, si las elecciones del pasado deben ser examinadas sin indulgencia por nuestra conciencia moderna, pronto se ve que es necesaria una cierta reflexión. Esta responsabilidad en referencia a la Ley es una exigencia suplementaria, una mitsvá, un deber para el judío progresista. En la práctica, el progresismo se traduce en términos de adaptación a la vida moderna y acomodación pero también, otras veces, en términos de dificultad o exigencia. Que la mujer tenga los mismos derechos que los hombres significa igualmente que tiene los mismos deberes: orar, enseñar la Torá a sus hijos, etc... Agfirmar que la educación es más importante que la filiación significa que a veces que una persona que ha nacido de madre judía -y no educada en el judaísmo- deberá cumplir un proceso de confirmación de la identidad judía para que un rabino progresista celebre su matrimonio. En ciertos casos, el judaísmo progresista se muestra más difícil y exigete. En la vida diaria, sin embargo, el judaísmo progresista tiene en cuenta los logros de nuestro tiempo, que pueden facilitar su aplicación. Pero, como hemos dicho antes, han sido numerosos los cambios que la tradición ha aportado en el pasado para que la ley estuviera más cerca de aquellos que la querían seguir. El Deuteronomio (30, 11-14) ya lo dijo:

"Porque este mandamiento que yo te ordeno hoy no es demasiado difícil para ti, ni está lejos. No está en el cielo, para que digas: )Quién subirá por nosotros al cielo y nos lo traerá y nos lo hará oir para que lo cumplamos? Ni está al otro lado del mar, para que digas: )Quién pasará por nosotros el mar, para que nos lo traiga y nos lo haga oir, a fin de que lo cumplamos? Porque muy cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón, para que la cumplas."

La ley siempre debe estar cerca de todos para que no se convierta en un código ideal imposible que se deba observar, pero es verdad que llevar una vida judía nunca ha sido fácil.

El judaísmo progresista estudió los preceptos de una manera histórica soslayando su evolución a lo largo de los siglos, las diferentes interpretaciones de los comentaristas de todas las épocas en la medida en la que tenemos rastros. Se deja una gran responsabilidad a cada individuo acerca de la forma en la que debe aplicarlas porque nadie conoce exactamente la voluntad de Dios. La elección está orientada por la tradición, inspirada por la sabiduría de las generaciones que nos han precedido pero puede ser renovada por una cierta creatividad. Ya que no existe un código de leyes del judaísmo progresista, equivalente al Shuljan Aruj, la idea de transgresión está menos presente en aquello que concierne al ritual, en la medida en la que no se trata de una elección moral. Por contra, el judaísmo progresista insiste en los preceptos contenidos especialmente en el capítulo 19 de Levítico y anima a sus miembros a todas las formas de acción social que puedan ayudar al prójimo, judío o no judío, para mantener la belleza espiritual de la imagen de Dios que cada ser humano lleva en su interior.

6-. ¿Se pueden seguir los preceptos al pie de la letra y llamarse "progresista"?

La aplicación estricta de los preceptos no es una contradicción con la filosofía progresista. Aceptar la idea de que la práctica ortodoxa del judaísmo es el resultado de siglos de evolución y que el judaísmo siempre ha sido influenciado por las contingencias del exterior no significa renunciar a toda práctica. Así, una persona puede escoger el respetar los preceptos, y llamarse a la vez "progresista." Respetará la libre elección de cada uno y no impondrá su elección de práctica a los demás. Reconocerá el hecho que su práctica es el resultado de una evolución en la que los seres humanos tiene un papel que jugar.

Ciertos preceptos pueden entrar en contradicción con los principios del progresismo como por ejemplo respectar las reglas del mamzerut o de la jalitsá. Pero una cierta ortopráxis es compatible con el progresismo.

7-. ¿El número de 613 preceptos tiene una base real?

Para responder a esta cuestión es necesario que investiguemos el origen de este número que no aparece en la Biblia, sino en el Talmud. Se encuentra en el tratado Makot 23b-24a donde el R. simali, amora babilónica de la segunda mitad del siglo III, especialista en haggadá, hace un derash, es decir un comentario, tirando de su imaginación. El texto tiene un carácter haggádico (metafórico) y no halájiko (legal). Y por tanto ha dado lugar a numerosas interpretaciones legales, siguiendo la fórmula talmúdica "una montaña está colgada de un pelo" lo que significa que una gran cantidad de leyes se basan en una pequeña frase. R. Simlai, sin dar ningún tipo de justificación, afirma que los preceptos dados Moisés fueron 613. Los divide en 365 preceptos negativos, que corresponden a los días del año, y 248 preceptos positivos, que corresponden a las partes del cuerpo humano. R. Jamenuna intenta dar una explicación a este número apoyándose en un versículo bíblico [Dt 33,4] y utilizando la numerología, la gematría. [Cada letra hebrea tiene un valor numérico. Al sumarlas se obtiene un número que puede ser equivalente al valor de otra palabra.] El valor numérico de la palabra Torá es 611, a lo que se le añade los dos primeros preceptos de los Diez Mandamientos directamente pronunciados por el Espíritu divino. Esta es una bonita explicación y corresponde a una tradición oral presente entre los rabinos pero que no es del todo convincente en cuanto al carácter indiscutible del número propuesto. En otros lugares del Talmud se encuentra una discusión que reduce poco a poco el número de preceptos de 613 a 11, después a 6, a 3, a 2 y al final a un solo precepto: "el justo vivirá por su fe." [Hab 2,4] para cada cifra se cita un versículo de Salmos o profetas. Este pasaje del Talmud nos presenta una diversidad de opiniones sobre el número de preceptos recibidos por Moisés, sin que el redactor o los sabios muestren una preferencia. Sin embargo, los codificados se han quedado con la opinión de R. Simlai y se dedicaron a hacer listas de preceptos hasta alcanzar el numero 613. Para cada codificador, la lista era diferente. A veces, en estas listas aparecen preceptos especiales ligados a circunstancias específicas o excepcionales. La gran variedad de temas relativos a los preceptos y su especificidad hace que sea imposible respetarlos todos; en efecto, de la lista de Maimónides sobre los 613 preceptos, 197 están relacionados con el Templo, los sacrificios y los sacerdotes, 18 con la pureza ritual, 20 con la agricultura, 4 con la monarquía, 8 con los nazarenos, 14 con el estatuto de esclavo, lo que suma un total de 261 preceptos; se entiende que si uno no se encuentra en una de esas situaciones no se pueden aplicar. [ Algunos implican una transgressión aplicable a otro precepto: según Levítico 5,23, un objeto robado debe ser devuelto a su propietario. Si no XXX ] La aplicación de estos 613 preceptos es, pues, una ilusión basada en la interpretación numérica de un solo rabino. El judaísmo progresista no se siente ligado a este número. Pero, por otra parte, reconoce que la mitsvá es un principio esencial del judaísmo.

8-. ¿Los preceptos caducan?

La moral es algo conocido por numerosas religiones, la especificidad del judaísmo reside en los preceptos. Pero la actitud de respeto del espíritu más que en la aplicación minuciosa de la letra puede tener como peligro la asimilación, la eliminación de todos los rituales. Entonces no habría más judaísmo sino un humanismo universal común a numerosas religiones y el judaísmo perdería su especificidad. Esta especificidad judía reside justamente en la transformación de un sentimiento, de una adhesión en acción. No suficiente con afirmar las ideas, hay que ponerlas en práctica y el verdadero garante de la adhesión intelectual es su traducción en actos en lo real. Si se despoja al judaísmo de todos sus actos, entonces, ipso facto, el judaísmo desaparece. El rito es un medio pedagógico extraordinario para recordar y comportarse. Todos nosotros tenemos necesidad de una regularidad y unos ritos que siempre tienen un significado para nuestra conciencia moderna, que nos son útiles para santificar nuestra vida de todos los días, la hace diferente, para inscribir la trascendencia en lo cotidiano. Una de las razones por las que observamos el Shabat es que nos recuerda la creación del mundo, nos recuerda que el ser humano a sido creado por una potencia superior, que nosotros no lo somos todo. La mitsvá, el precepto tiene por consecuencia la transformación de lo real y de sí mismo ya que es una llamada a recordar la trascendencia, un medio para superar el egocentrismo. La raíz del término judío "judío" significa, según la matriarca Lea, en el libro del Génesis (29,35) "alabaré al Eterno." También se utiliza como adjetivo en la primer aparición de Mardoqueo en el libro de Ester. Designa al hombre que mantiene su religión a pesar de un contexto de asimilación y de persecución, un hombre que rehusa prosternarse delante de otro hombre, Aman, que se niega a transformar al hombre en Dios, el ser humano en ídolo. Así pues, lo preceptos no son buenos porque respondan a un deseo egocéntrico del ser humano, porque den placer, sino porque nos recuerdan una dimensión superior a la que debemos acceder. Nos ayudan a pensar más allá del ser. Eliminar esta dimensión trascendente al judaísmo sería como descarnarlo, hacer una ética común a las demás civilizaciones. Una historia jasídico cuenta que un niño jugaba al escondite con sus amigos, que no llegaron a descubrir donde se escondía y abandonaron la búsqueda. El niño se fue llorando al regazo de su abuelo y le explicó lo que le había pasado. Su abuelo le dijo: "Mira, la pena que sientes es la misma que siente Dios. Dios está escondido y los seres humanos han abandonado la búsqueda." Encontrar sentido a nuestra vida no es siempre fácil. Con frecuencia tenemos ganas de abandonar, pero el judaísmo, con sus constantes llamadas a recordar en la vida diaria, nos prohibe ceder a una tentación nihilista. Los preceptos juegan este rol extraordinario de recordarnos nuestro deber de preguntarnos.

9-. ¿Cuál es el origen de los preceptos?

Retroceder al origen y el desarrollo de los preceptos en el tiempo puede plantear un problema: no sería dudar de su origen divino o bien poner en duda su base, y en consecuencia, su fuente. ¿Por que se observan los preceptos? ¿Quién nos los impone? Algunos los observan porque representan un cierto consenso de la tradición. Son un signo de pertenencia a un pueblo. Otros, porque refleja ciertas experiencias en la historia del pueblo, los momentos de encuentro entre Dios y el pueblo de Israel. Son una ayuda nmemotécnica, símbolos de una verdad que los depasa, formas de perfeccionamiento del mundo que nos rodea, siendo compañeros con Dios. Otros dicen que la mitsvá hace referencia a un metsavé, un poder que ordena, en otros términos: Dios a través de la revelación. Pero si Dios es el poder que ordena, ¿se tiene el derecho de escudriñar los preceptos, seleccionarlos?

Esta cuestión no es nueva. Ha preocupado a los sabios del judaísmo de todas las épocas. Isaac Heinemann explica este problema en su "Introducción a la Ley en el pensamiento judío." [Albin Michel, 1962] De la tradición se desprenden dos tradiciones contradictorias. La primera, expresada en el Talmud, y después de una forma mucho más explícita por Jacob ben Asher [Tur, yoré deá, #181] "No debemos buscar los motivos de las mitsvot. Son decretos del Rey (que nosotros debemos obedecer) aunque no entendamos las razones." La segunda, explicada por Isaac Heinemann, da tres argumentos:

  1. Debemos reaplicar y rehabilitar la Torá explicando las mitsvot, a los ojos de los no-judíos.
  2. El judaísmo cree en un Dios justo, misericordioso, que exige a sus criaturas la práctica de la justicia. Sería un sacrilegio ver sus preceptos como los decretos de un tirano, que somete a los individuos con la única intención de demostrar su poder [...] existe la obligación de esforzarse en la medida de nuestros medios en descubrir la sabiduría de los preceptos divinos. Y darse a esta búsqueda no es mostrar insubordinación."
  3. Al igual que cuando se obedece una orden, no se pierde libertad, y su ejecución es la medida de la comprensión de cada uno[...]. La influencia educativa de las mitsvot sería menor si uno cumpliera las mitsvot solo por quitarse la obligación o para ganarse el paraíso; al contrario, se fortalecen en la medida en que se perciben las intenciones implícitas o explícitas de la Torá."

También los comentaristas de la Torá se dieron al estudio de los preceptos y a su interpretación, aunque hasta hoy hay un sentido escondido para estos preceptos. Bahya ibn Pakuda, del siglo XI, insiste en la necesidad de hacer uso de la razón frente a la literatura judía [Jovot ha-levabot, los deberes del corazón, Shaar hayijud, cap 3]:

"Cualquiera puede examinar intelectualmente por la vía de la lógica el problema de la existencia de Dios y está obligado de consagrar todas sus fuerzas en todos los objetos de conocimiento circundantes [...] la Biblia ordena este control, exige un examen lógico, lo que llama "la meditación del corazón," es decir, el examen de la razón. [...] Así demuestra que debemos hacer un examen intelectual de los dones religiosos, en la medida de nuestra inteligencia, tanto por la razón como por la escritura y la tradición." Maimónides, del siglo XII, y José Albo, del XV, son los herederos de este sistema de interpretación.

La relación entre los seres humanos y Dios en la Biblia no es descrita en ninguna parte como la aceptación de un dogma; al contrario, es una pregunta, un preguntarse perpetuo. Abraham va con Dios en el libro del Génesis en el episodio de Sodoma y Gomorra: "¿Puede el juez de toda la tierra ser injusto?" [Gn 10,25] Job se revela contra Dios preguntándose sobre el sentido de la existencia. Los profetas se encolerizan contra Dios. La discusión, la duda, la incertidumbre no son solo posibles sino también necesarias. La respuesta de los seres humanos a Dios no puede ser ni automática ni rutinaria, sino el precepto pierde todo su sentido. En vez de hacernos reflexionar, nos convierte en robots, ejecutando una voluntad divina definida arbitrariamente. La mitsvá no debe reproducir una esclavitud. Si el precepto debe tener un sentido, esto significa que algunos preceptos antiguos pueden perder su sentido, y que los preceptos nuevos pueden tener un sentido. La alianza que se expresa en la observación es una relación recíproca entre Dios y los seres humanos; los detalles del contrato son el resultado de una interacción en el seno del pueblo entre cada individuo y Dios. Así pues, es necesaria una selección, al igual que una evaluación para estar seguros de que toda mitsvá reencuetra la aprobación divina.

10-. ¿El pluralismo representa un peligro para la unidad del judaísmo?

La definición del judaísmo siempre ha sido plural. Desde la Biblia hasta hoy en día han coexistido tendencias, prácticas y teologías diferentes en el judaísmo. Para los judíos ortodoxos, solo existe una forma de judaísmo posible; el pluralismo no existe porque representa una amenaza para el pueblo judío. Para los progresistas, en contra, son posibles diversas formas de judaísmo y la unidad es una quimera; el judaísmo siempre ha sido un mosaico de interpretaciones y movimientos. En el siglo primer, por ejemplo, los saduceos se oponían a los fariseos y los esenios. El judaísmo progresista no constituye una amenaza sino un desafío. Por su continuo indagar en las fuentes, demuestra una exigencia continua frente a su propia tradición. Quizá, la apología de nuestra tradición es más nefasta que una actitud objetiva y un preguntarse permanentemente.

Es verdad que el judaísmo progresista ha puesto una formación paralela a los rabinos, tribunales rabínicos que tienen su propia forma de funcionamiento, comunidades que aceptan un cierto número de principios comunes que caracterizan al judaísmo progresista. Pero existen numerosas tendencias del judaísmo en el mundo y cada tiene su propio seminario rabínico. El movimiento progresista no es más que una tendencia del judaísmo entre tantas. El ideal al que debemos tender no es una unidad artificial sino un diálogo abierto y respetuoso entre las diversas tendencias del judaísmo. El desacuerdo que reina entre las diferentes tendencias del judaísmo es particularmente fuerte en España. Han tenido lugar intentos de encuentro, pero las propuestas hechas hacen entrever que el judaísmo progresista pierda su identidad. No se da esta situación conflictiva en todas partes. En los Estados Unidos, la mayoría de los judíos son progresistas, existen programas de conversión en los que participan rabinos de todas las tendencias (ortodoxas, conservadores y progresistas) y otros numerosos cambios son una fuente de enriquecimiento para todas las tendencias. He aquí la opinión del rabino ortodoxo Irving Greenberg sobre la diversidad:

"Cada grupo tiene la necesidad de la ayuda y de la presencia del otro para resolver sus problemas internos. [....] En lugar de dividir, los judíos deberían aliarse lo más fuerte posible, para evitar que un grupo no pueda ser tentado de quedarse indiferente frente al destino del otro."

En la Gran Bretaña, la cámara de los comunes permite a los judíos de todas las tendencias discutir los problemas que les conciernen a todos alrededor de la misma mesa. El mundo judío desgraciadamente está muy dividido. En el mismo interior de la ortodoxia, existen numerosos movimientos que no aceptan la autoridad del otro y la validez de los actos rabínicos los unos de los otros. Entonces ¿no sería necesario dirigirse al tribunal celestial?

La existencia de diversas opiniones en el seno del judaísmo, de diversas escuelas rabínicas, los puntos de vista contradictorios siempre han representado una riqueza interna en el judaísmo. El hecho mismo que la mayor parte de los textos de la tradición estén escritos en hebreo, lengua que se presta a una relectura continuada por el hecho de la falta de vocales y de puntuación ha permitido una gran variedad de interpretaciones. La diversidad no es, pues, negativa para el judaísmo; las escuelas de Shammay y de Hilel son un bonito ejemplo. La presencia de heréticos a la vez permite una redefinición del judaísmo. La uniformidad no es posible. El aporte del judaísmo progresista como una nueva tendencia del judaísmo no es una amenaza para el pueblo judío; es una necesidad ya que hace una crítica sana de la tradición y de la dinámica. Además, la nueva teología que el judaísmo propone solo en raros casos en contraria a la marcada por la halajá tradicional, aunque sus métodos sí son diferentes. En un mundo en el que la asimilación se ha convertido en un problema cada vez más grave, es esencial dar a los judíos una posibilidad de elección y de acercamiento más grande para practicar su religión.

La verdadera amenaza que pesa sobre el judío es doble. Por una parte está la asimilación, de la pérdida completa de la identidad y la desaparición del judaísmo, y por la otra la que pesa sobre toda la humanidad: una gran falta de tolerancia aquello que es diferente de lo propio, acentuar las diferencias en vez de remarcar los puntos en común y la destrucción del otro. Todos nosotros debemos dialogar: kol majloket she hi le shem shamayim sofa leitkayem, "toda controversia desinteresada tiene éxito" [avot 5,20] Las diferencias de opinión no son un mal en si mismo, es nuestra forma de tratar la diferencia lo que puede ser negativo.

"¿Y por qué las opiniones de Hilel y de Shamay se han conservado para ignorarlas? Para enseñar a las generaciones venideras que no se obstinen en sus posiciones porque los padres del mundo no se obstinaron en las suyas." [Eduyot 1,4]

Este texto de la Mishná nos enseña la importancia de la diversidad y el investigar permanentemente. El judaísmo progresista piensa que el pluralismo es saludable. Si todo este tiempo ha sido una característica del judaísmo, se sigue lógicamente que hoy en día también debe serlo. Ya que los textos de fuente de múltiples interpretaciones, estas diversas interpretaciones dan lugar a diferentes tendencias que constituyen el mosaico del judaísmo. Los judíos progresistas no intentan imponer su filosofía o su interpretación a todos los judíos. En primer lugar, intentan dar a conocer el judaísmo a aquellos judíos que ignoran su propia tradición. El camino que han adoptado es poner en práctica el judaísmo, la teología que adoptan, la sinagoga que frecuentan revela una elección personal que debe ser respetada por todos. Pero esta tolerancia tiene un límite: no se puede aceptar ciertas teologías que proponen la exclusión del otro, la creencia en ciertas formas de magia, supersticiones o idolatría, cualquier forma de violencia o iniquidad que sería contraria al espíritu del judaísmo. Pero en el interior de este cuadro, son posible diversas diferencias. Aunque si los judíos progresistas prefieren ciertas opiniones y están listos para defenderlas, igualmente deben defender en su teología la pluralidad de opiniones.

11-. ¿Cuáles son los métodos y prioridades en materia de educación del judaísmo progresista?

El cuestionarse, poner en duda, la apertura y la tolerancia son las características principales de la enseñanza progresista. Tanto para los niños como para los adultos, es esencial el no aprender sin comprender. La Biblia no se presenta como un libro científico, sino más bien, y de acuerdo con las tesis progresistas, como un libro de ética. La actitud crítica frente a los textos se asocia con un respeto por la tradición en su evolución. Se hace referencia a hechos históricos, a paralelos que se encuentran en las literaturas y las filosofías de cada época. La creatividad es importante, la escritura de nuevos midrashim, historias simbólicas para ilustrar una idea nueva o antigua. Se insiste en la responsabilidad de cada uno en escoger las teorías y las prácticas del judaísmo. Todas las opiniones están representadas. Los menores aprenden a leer y escribir en hebreo moderno y aprenden también los rudimentos del hebreo bíblico, la liturgia, historia judía y las grandes ideas del judaísmo. Las prácticas no son enseñadas a través de la culpabilidad sino que el conocimiento y la comprensión deben llevar a la práctica. El tiempo dedicado a la educación, talmud torá, (entre una hora cuarenta y cinco minutos y dos horas por semanas) es insuficiente, dada la riqueza de la herencia judía. Las prioridades, pues, son enseñar a los hijos el amor por el judaísmo y hacer nacer un fuerte sentimiento de pertenencia e identidad. Los hijos pueden seguir esta educación a partir de los cinco años. Los talmudei torá son muy reputados por la calidad de su enseñanza y la utilización de métodos modernos de educación. En los numerosos países en los que se ha implantado el judaísmo progresista, existen igualmente escuelas primarias progresistas e institutos. El tiempo del estudio permite una profundización más importante de los conocimientos judíos y del hebreo que se enseñan cada día. Sea cual sea la calidad de la enseñanza, los primeros maestros son los padres y su implicación y su apoyo son esenciales. La casa y la sinagoga son los dos lugares de aprendizaje para los menores y los adultos.

12-. ¿Por qué el judaísmo progresista reclama para sí el espíritu profético?

En la Biblia vemos una oposición entre el poder político y los profetas y entre el sacerdocio y la profecía. Los profetas tienen el poder de ver los grandes principios humanitarios y éticos que se aplican en el seno del pueblo de Israel. Con frecuencia denuncian los abusos de poder. Proponen la aplicación de un culto sincero, no hipócrita. El profeta Isaías denuncia los sacrificios y las alabanzas asociadas a la iniquidad. Dice.

"Aprended a hacer el bien; buscad el juicio, rectitud al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda." (Is 1,17)

Los profetas perciben las derivaciones de un cierto pietismo, el olvido de los valores fundamentales en favor de ritos que en apariencia no son falaces. El movimiento progresista, junto con los profetas, ha puesto numerosos argumentos para insistir sobre estos valores del judaísmo. Después de los inicios, el judaísmo progresista ha afirmado que comportarse de una forma ética es la obligación más importante.[ Am 5, 21-24] Gunther Plaut escribió:

"El progresismo ha orientado el judaísmo hacia sus ideales proféticos y su ética universal [...]. El progresismo tiene sus raíces en el idealismo naciente y el optimismo de la época. Entrevió la posibilidad de realizar los antiguos sueños de redención humana y reacentuó la misión de Israel en el mundo según la concepción de los profetas [...]. Los progresistas fueron los campeones de la emancipación, de la igualdad y la reforma social." [Gunther Plaut: "The Rise of Reform Judaism" WUPJ, New York, 1963, p. 95]

El profeta Isaías denuncia el ayuno hipócrita (58, 6-7) y lo opone al verdadero ayuno: ")No es más que el ayuno que yo escogí, desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión y dejar ir libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo? )No es que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres errantes albergues en casa; que cuando veas al desnudo lo cubras, y no te escondas de tu hermano?"

El ayuno no tiene otra función que recordarnos el comportamiento moral. Si no va unido al comportamiento moral, no es otra cosa que una hipocresía, una falsa visión. Los preceptos rituales deben ir acompañados por la búsqueda de la justicia y del bienestar de todos. Los judíos tienen pues obligaciones éticas para con todo ser humano, y no únicamente para con los judíos. Los profetas denuncias la falta de honestidad en los negocios, la explotación de los débiles, los engaños que se hacen a aquellos que no tienen poder, la perversión de la justicia por una gloria personal o nacional. El mejoramiento de la sociedad era para ellos una prioridad.

Para algunos progresistas del siglo XIX, el aspecto ético depasaba en mucho los aspectos ritualistas y una concepción inversa era una mala comprensión del judaísmo en todo su conjunto. Gunther Plaut cita a Emil Hirsch, predicador progresista americano:

"Esta ética monoteística es el contenido original y esencial del judaísmo. La sed de justicia social, la exigencia individual y la concepción de la vida como obligación y servicio son inherentes a estas implicaciones [...] éstas no son, pues, la Ley, sino los principios proféticos que constituyen la esencia del judaísmo[...]" [G. Plaut, "The growth of Reform Judaism." WUPJ, New York, 1965, p.34.]

Pero esta visión no ha sido siempre compartida por todos los pensadores del progresismo. Aunque insisten en la enseñanza profética y el ejemplo de progresismo que representa, sostienen que la Torá ocupa el punto central. La división entre preceptos éticos y ritualistas no ha tenido siempre el orden de evidencia y la torá contiene numerosos principios éticos. Eugene Borowitz ["Liberal Judaism", UAHC, New York 1984] explica las razones por las que los progresistas pueden alumbrar una inspiración como la de los profetas que decían, en efecto, cómo se debían comportar los judíos en tanto que buenos judíos, discurso adaptado a los judíos del siglo XIX cuya mayor preocupación era ser buenos ciudadanos. Poco a poco, en la Biblia, los profetas Natán, Elías y Jeremías fueron poniendo a los gobernantes frente a sus responsabilidades. Eran individuos con los que los judíos progresistas se podían identificar. Su visión era más universalista que particularista, correspondiendo así mismo a la salida de los judíos del ghetto. Abraham Heschel describió las preocupaciones de los profetas: "La tolerancia, la protesta contra el mal infligido a los otros" [Abraham J. Heschel, "The Prophets", JPS, Filadelfia, 1962, p. 205] en el nombre de un principio divino trascendente. Los profetas igualmente explican la inquietud que tiene Dios por los seres humanos. En tanto que intérpretes de la realidad, amonestan, pero son profundamente optimistas en cuanto al futuro de la humanidad y a su perfeccionamiento, un ideal que pertenece a los judíos progresistas.

Bibliografía

Material preparado por Jordi Gendra.




Algunas evaluaciones hechas por los miembros de Jinuj.net:

Autor Fecha del mensaje

***** eliyahuiii 12/10/2005 2:26 PM
Excelente, para estar informado de las corrientes de Judaismo y que piensa cada una de ellas.
Para crecer y saber que es lo mas apropiado para cada individuo, que su libre eleccion, no venga a ser su propia carga que al final terminara por derrumbarlo.

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