Artículo
Jinuj.net / Artculos de Consulta / Simone Weil, filosofa vital y vida filosofante Estas accesando Jinuj.net como usuario invitado
No has hecho login a Jinuj.net. Utiliza esta forma para entrar al sistema.
Login:     Password:    
¿Olvidaste tu password?     Obtén una cuenta Gratis

Simone Weil, filosofa vital y vida filosofante

   Información general    Categorías    Resúmen   
Aportado por: aizik
Fecha de creación: 2002-08-12 14:54:36
Administrar:
Calificacin: ****+
Ver 6 comentarios y 6 calificaciones
Comentar este artículo
Visitas: 7738

Simone Weil, filosofía vital y vida filosofante

Por David Foust Rodríguez
Abril, 2002

1. Introducción

“Tus amigos, los de la teoría del caos, ¿darían la yugular por eso?”
Jorge Manzano

Si tratamos de decir quién fue Simone Weil, podríamos decir que era una anarquista, una militante de izquierda pero sin partido, una mística arrebatada, una estoica o una neoplatónica…Lo que me parece más relevante es que Simone Weil era un incendio; una mujer que apostó todas las fichas…y perdió.

“En la elección ética, más que el acierto, importa la energía, la seriedad, la pasión con que se elige”, diría Kierkegaard1 .

No entraré a discutir la pertinencia del pensamiento de Weil2 . Quisiera destacar, en cambio, el hecho de tener frente a nosotros un testimonio de vida inquiriente, de peregrinaje social, intelectual y espiritual. Una vida en búsqueda de nuevos fundamentos, consumida hasta el fondo. Sin guardar nada para sí. Una filosofía que respalda su postura ética con la vida misma.

2. Biografía de Simone Weil 3

Simone Weil nació en París en 1909. Su padre, Bernard Weil, un médico de origen judío, había sido movilizado durante la Primera Guerra Mundial a varios lugares, seguido por su esposa e hijos. Allí conoció Simone los horrores de una de más cruentas guerras de la historia.

La miseria humana convocará siempre la atención de su cuerpo y de su reflexión filosófica.

Nuestra autora tuvo una formación privilegiada, incluyendo la prestigiosa École Normale. Fue discípula del filósofo Alain desde la preparatoria.

En 1931 (a los 22 años) gana una cátedra de filosofía y es nombrada profesora en Le Puy. Contacta con algunos medios del sindicalismo revolucionario; participa directamente en las luchas de los parados de Le Puy y da clases a los mineros de la vecina ciudad de Saint-Étienne.

Escribe en varios medios, publicando artículos filosóficos y de análisis de la lucha sindical y política. Desde esa tribuna avizora el riesgo nazi, sin mucho eco.

Entre 1934 y 1935 trabaja como obrera, primero en una fábrica de componentes eléctricos; después en una fundición y en la Renault, como fresadora.

Al estallar la Guerra Civil española, se traslada a Barcelona y se enrola en las filas anarcosindicalistas.

En 1937 tiene un ‘arrebato de carácter místico’ en Asís: “algo más fuerte que yo me obligó a ponerme de rodillas por primera vez en mi vida”. El espíritu de Simone es evidentemente cristiano: se lee como hilo conductor de La gravedad y la gracia; se lee también en su vida: solidaria, abnegada, mística, radicalmente coherente. La delicadeza y finura de su sensibilidad interior se transparenta en textos como este:

“No olvidar que en determinados momentos de mis dolores de cabeza, cuando se agudizaba la crisis, me entraba un deseo intenso de hacer sufrir a otro ser humano golpeándolo precisamente en el mismo lugar de la frente.
En diversas ocasiones, estando así, llegué a ceder cuando menos a la tentación de pronunciar palabras hirientes. Obediencia a la gravedad. El pecado mayor…” 4

A causa de estos dolores de cabeza, tiene que pedir un permiso por enfermedad en sus labores como docente. De hecho, la fragilidad de su cuerpo fue la que impidió que continuara en los medios obreros como trabajadora, y lo que finalmente la apagó.

Horas antes de la entrada de las tropas alemanas en París, Simone y su familia abandonan la ciudad, instalándose en Marsella. De aquí hasta su muerte, es el tiempo más fructífero en términos de producción filosófico-política.

Con intención de volver a la Francia ocupada para integrarse en la Resistencia, viaja de Casablanca a Nueva York. Finalmente, a mediados de 1942, llega a Londres, en donde realiza tareas burocráticas para la Francia Libre.

Agotada por la tuberculosis, su propia actividad intelectual y su negativa a comer más de lo que se comía en la Francia ocupada, muere a finales de agosto de 1943 (a los 34 años), en Kent, Inglaterra.

Siete personas acompañaron su féretro.

3. El desarraigo

Leo en la vida y obra de Simone Weil una preocupación atendida por el dolor humano, por los últimos, por los des-graciados, cuyo yo ha quedado destruido desde el exterior.

Aunque el tratamiento de esta temática es muy amplio en la obra de Simone Weil, habré de tocar sólo un punto: el desarraigo obrero5 .

Las reflexiones en torno al desarraigo son la última producción –en tiempo- que hace Simone. De hecho, el libro Echar raíces está incompleto y desorganizado, pues ella murió antes de dejarlo listo.
“Echar raíces quizá sea la necesidad más importante e ignorada del alma humana. Es una de las más difíciles de definir. Un ser humano tiene una raíz en virtud de su participación real, activa y natural en la existencia de una colectividad que conserva vivos ciertos tesoros del pasado y ciertos presentimientos de futuro” 6.

Lo contrario, el desarraigo, uno de los mayores males de nuestro tiempo.
“(…) aparte de la conquista, hay dos venenos que propagan esta enfermedad. Uno es el dinero. El dinero destruye las raíces por doquier, reemplazando los demás móviles por el deseo de ganancia” 7 .

Al leer esto, recordaba las palabras de Víctor M. Toledo, ecólogo, articulista para La Jornada, en una conferencia en el Iteso: “podemos visualizar al neoliberalismo como unas tijeras que cortan todos los vínculos entre nosotros”.

“(…) El segundo factor de desarraigo es la instrucción tal como se la concibe hoy. El Renacimiento provocó en todas partes una escisión entre las gentes cultivadas y la masa (…). De ello resultó una cultura desarrollada en un ámbito restringido, separado del mundo, en una atmósfera cerrada; una cultura considerablemente orientada a la técnica e influida por ella, muy teñida de pragmatismo, extremadamente fragmentada por la especialización y del todo privada de contacto con este universo de aquí abajo y de apertura al otro mundo.8

En nuestros días un hombre puede pertenecer a los medios llamados cultivados sin tener, por un lado, idea alguna relativa al destino humano, y sin saber, por otro, por ejemplo, que no todas las constelaciones pueden verse en cualquier estación. Se suele creer que un pequeño campesino de hoy, alumno de escuela primaria, sabe más que Pitágoras porque recita dócilmente que tierra gira alrededor del sol. Pero, de hecho, ya no contempla las estrellas. El sol del que se le habla en clase no tiene para él ninguna relación con el que ve. Se le arranca del universo que le circunda…”
9.

Desarraigo por partida doble: los instruidos, desarraigados del mundo de las masas, del “sentido práctico” (Bourdieu). Las mayorías sin instrucción, sumergidas en un mundo despersonalizante, desarraigador10 .

Pero no podremos acabar con este desarraigo desde medidas jurídicas, así sean éstas las más radicales (la supresión de la propiedad privada, v.gr.).

“No se puede buscar en las reivindicaciones de los obreros el remedio de su desgracia. (…) Lo que puede hallarse en sus reivindicaciones es el signo de sus sufrimientos. Ahora bien, todas o casi todas sus reivindicaciones reflejan el dolor del desarraigo. (…) Si desean abolir la propiedad privada es porque están hartos de que se les admita a un puesto de trabajo como inmigrantes a quienes se permite entrar de favor (…).

“La lista concreta de los dolores de los obreros constituye la de las cosas a modificar. Para empezar, hay que suprimir el choque que sufre el adolescente de doce o trece años que deja la escuela y entra en la fábrica. (…) De la noche a la mañana se convierte en el suplemento de la máquina, en poco menos que una cosa que a nadie preocupa con tal de que obedezca, aunque lo haga bajo el impulso de los móviles más bajos. (…) Este primer choque, recibido tan temprano, a menudo imprime una marca imborrable. Puede imposibilitar definitivamente el amor al trabajo”
11.

Después, Simone propone varias medidas concretas, como el diseño de máquinas que no laceren el cuerpo de los obreros, que no agraven el riesgo general de desempleo y que fuercen la calificación de la mano de obra. Prosigue planteando la necesidad de una formación de la juventud obrera que vaya más allá de la capacitación técnica: “los bolcheviques rusos lograron apasionar a su pueblo al proponerle la construcción de una gran industria. ¿No podríamos nosotros hacer lo mismo con el nuestro proponiéndole la construcción de una población trabajadora de nuevo tipo? (…) Es necesario que los obreros jóvenes se sientan en el mundo del pensamiento como en casa” (op. cit., p. 66).

4. Filosofía vital y vida filosofante

Por qué escogí escribir sobre el desarraigo en el pensamiento de Simone: creo que en él se cristaliza su preocupación por la desigualdad entre los trabajadores intelectuales y los trabajadores manuales, el problema concreto en el que se expresa su búsqueda existencial. Esta división no es superada –acaso es agudizada- por el socialismo real, con el cual Simone se muestra muy crítica. Esta separación va más allá de los planteamientos teóricos: los obreros están más unidos por la cadena productiva que por sus opiniones (La gravedad y la gracia, p. 19).

Esta inclinación práctica de su pensamiento manifiesta que ella filosofa desde la realidad apremiante de los trabajadores con quienes se solidariza, independientemente del grado de certeza de sus planteamientos.

En Réflexions sur les causes de la liberté et de l’oppresion sociale, la que ella considera su ‘gran obra’, su ‘legado’, nuestra autora expone una especie de “amargura por el fracaso del ideal de la Ilustración que no había logrado quebrar el proceso de especialización en las tareas humanas en el cual reside en última instancia el germen de la desigualdad y la opresión.

“(…) Sólo el trabajo manual como factor de equilibrio entre el espíritu y la materia puede hacer consciente la vida, producir para el hombre su propia existencia natural, de manera que ‘la civilización más plenamente humana será aquella que tenga al trabajo manual como centro, aquella en la que el trabajo manual constituya el valor supremo’. Simone Weil postula una sociedad de hombres iguales y libres cuyas relaciones estarían soldadas por la amistad, la cual sustituiría en el terreno de las tareas a la amenaza una vez destruida la jerarquía actual.

“(…) Al final de su vida, en L’Enracinement (Echar raíces), Simone completaría el cuadro otorgando al trabajo físico la mayor de las significaciones espirituales y colocándolo en el centro de toda organización social que aspirara a la justicia”12 .

En consecuencia con su propuesta filosófico-política, Simone Weil entró a trabajar de obrera.

5. Conclusiones

Los esquemas suelen ser simplistas, sobre todo cuando se quieren expresar cuestiones más complejas. Sin embargo, ofrezco el siguiente esquema como conclusión (y me lo ofrezco como cuestionamiento vital):


Notas al pie de página

1. Manzano, Jorge. Historia de la filosofía IV, tercer cuaderno, Kierkegaard I, p. 38. Instituto Libre de Filosofía y Ciencias, Guadalajara, 1989.
2. Sobre este punto quisiera notar el acento que en la modernidad se puso en una actitud intelectual que privilegia la certeza, en lugar de la aventura en la realidad. “El hombre, en efecto, puede moverse intelectivamente con preferencia en la riqueza insondable de la cosa. Ve en sus notas su riqueza en erupción. Está inseguro de todo y de todas las cosas. No sabe si llegará a alguna parte, ni le inquieta demasiado lo exiguo de la realidad y de la inseguridad que pueda encontrar en su marcha. Lo que le interesa es agitar, sacudir por así decirlo la realidad, para poner de manifiesto y desenterrar sus riquezas: a lo sumo concebirlas y clasificarlas con precisión. Es un tipo de intelección perfectamente definido: la intelección como aventura en la realidad. Otras veces, moviéndose a tientas y como en luz crepuscular, la imprescindible para no tropezar y no desorientarse en sus movimientos, el hombre busca en las cosas seguridades a que asirse intelectualmente con firmeza. Busca certezas (…). Corre tras lo firme, tras lo cierto como ‘verdadero’ (…)” Zubiri, Xavier, Sobre la esencia, p. 131-132. Alianza Editorial, Madrid, 1985.
3. Con datos de Carlos Ortega, traductor de Weil, Simone, La gravedad y la gracia. Editorial Trotta, Madrid, 1998.
4. Weil, Simone, op. cit., p. 54.
5. Es difícil hablar de la filosofía weiliana como sistema porque no pretendía serlo. De hecho, era una idea que le repugnaba: “(…) manifiesta la sospecha de que toda voluntad de sistema encubre una falta de sinceridad, una manera de burlar el padecimiento de lo real que el conocimiento filosófico exige” (op. cit., p. 43).
6. Weil, Simone, Echar raíces, p. 51. Editorial Trotta, Madrid, 1996.
7. Weil, Echar raíces, p. 52.
8. Bourdieu le llama disposición (o visión) escolástica: retirarse del mundo para pensarlo. Lo que produce absurdos como los que describe nuestra autora. Intelectuales que practican la lógica en lugar de atender la lógica de la práctica. Y agentes (en términos de Bourdieu) con sentido práctico, en ocasiones con necesidad de aportaciones sociológicas (desplazar capital cultural a los movimientos sociales, o como diría Gramsci: intelectuales orgánicos). Para más referencia, ver Bourdieu, Pierre, Meditaciones pascalianas. Editorial Anagrama, Barcelona, 1999; en particular los tres primeros capítulos: crítica de la razón escolástica, las tres formas de error escolástico y los fundamentos históricos de la razón.
9. Weil, Echar raíces, p. 52 y 53.
10. Simone debió tener sendas experiencias: como docente y como obrera. Su intento por superar esta división está expresado en su propia historia personal.
11. Weil, Echar raíces, p. 58-59.
12. Weil , La gravedad y la gracia, introducción por Carlos Ortega, p. 22 y 23.


Bibliografía:

Bourdieu, Pierre, Meditaciones pascalianas. Editorial Anagrama, Barcelona, 1999

Manzano, Jorge. Historia de la filosofía IV, tercer cuaderno, Kierkegaard I, Instituto Libre de Filosofía y Ciencias, Guadalajara, 1989

Weil, Simone, Echar raíces, p. 51. Editorial Trotta, Madrid, 1996.

Weil, Simone, La gravedad y la gracia. Editorial Trotta, Madrid, 1998

Zubiri, Xavier, Sobre la esencia p. 131-132. Alianza Editorial, Madrid, 1985




Algunas evaluaciones hechas por los miembros de Jinuj.net:

Autor Fecha del mensaje

***** artx_kerbel 6/1/2005 8:31 PM
Es un EXCELENTE artculo. Haba odo su nombre, pero nunca haba odo lo que hizo. Se me hace una vida interesante, y a pesar de que "no logr nada", creo que gente as tambin hace falta en este mundo que cada vez se vulev ems loco. Gente que no tenga miedo a perderlo todo por un ideal, soadores en general, idealismo... todo lo que falta hoy en da...

***-- verdadsobretodo 11/1/2008 6:22 AM
El pensamiento religioso de simone WEil no ha sido ni tocado. Sus criticas al judaismo son a veces excesivas. Para mi era una gnostica cristiana. De judia, NADA.

***** kirsch 21/8/2002 7:45 PM
Tema muy interesante, no conocia nada al respecto...

Ver todos los comentarios hechos por otros usuarios. (6 comentarios)
Terrible ****+
(4.6667)
Excelente

En Jinuj.net nos interesa saber tu opinión sobre el material publicado. Para hacer comentarios y calificar este artículo es necesario que ingreses al sistema.

Si no tienes una cuenta en Jinuj.net, puedes obtenerla fácilmente llenando esta forma.
Si quieres saber más sobre Jinuj.net haz clic aquí