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Guia para dolientes - Lecturas de reflexin

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Aportado por: aizik
Fecha de creación: 2002-08-11 18:31:19
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Guia para dolientes - Lecturas de reflexión

El hombre "unico"
Rabino Yosef D. Soloveitchik Z"L

Dijeron nuestros sabios: "Así como sus caras no son iguales, tampoco lo son sus ideas". Cada hombre es "uno" en número, pero es también "único". Es distinto de los demás, hay en él algo especial, propio, original. Algo que no existe en los demás de esa misma forma. Esa unicidad, esa especificidad que le es propia, el hecho de que cada hombre es el mismo y por ende distinto de todos los demás hombres, es el reflejo de lo divino que existe en el hombre. ¿Por qué observamos el duelo? Por aquello que "perdimos y no olvidamos", por algo que se ha perdido y que es imposible de recuperar. Esta actitud resulta clara cuando se trata de la muerte de un gran líder, de un genio sorprendente, de un ser extremadamente caritativo. Es difícil entonces llenar el hueco que ellos dejan con su partida. Pero la noción de duelo se aplica a todos los hombres, y no sólo a estos individuos selectos. Observamos duelo por el líder y por el hombre del pueblo, por el sabio y el ignorante, por el misericordioso y por el que se aprovecha de su prójimo.

Así lo hemos aprendido: "El que se halla junto a un muerto en el momento en que el alma abandona al cuerpo, debe rasgar sus ropas. ¿A qué se parece esto? A un libro de Torá que se quema...". De esto se deduce que es imposible reemplazar a un hombre, a cualquier hombre que ha muerto. No decimos entonces: "Se ha ido un zapatero — vendrá otro en su lugar, vendrá otro empleado en lugar del que se fue; otro vendedor reemplazará al que se ha ido.... Porque un hombre — cualquier hombre — no tiene precio, no es "uno" que se puede reemplazar por otro, sino el "único", el dueño de aquello especial y propio que ningún otro hombre posee....

Al Hatshuvá (hebreo)
pág. 246


Fallecimiento y duelo
Rabino Jaim Halevy Donin Z"L

La tradición judía aprecia la vida. La Torá fue entregada a Israel para que "vosotros viváis" por sus enseñanzas y no para "que muráis por ellas". La muerte no posee ninguna virtud ya que "No son los muertos los que alabarán al Señor..." (Salmos 115, 17).

Sin embargo, la tradición judía fue realista respecto a la muerte. "Ya que polvo eres y al polvo volverás" (Génesis 3, 19), "Y el espiritu retorne a Dios que lo dio" (Eclesiastés 12, 7). "El fin del hombre es la muerte", dice Rabí Yonatán (Berajot 17a). Dicho simplemente, todos hemos de morir.

En sí, la muerte no es una tragedia. Lo que denominamos una "muerte trágica" esta determinada por la naturaleza prematura de la muerte, o por las circunstancias desafortunadas que la rodearon. Cuando una muerte pacífica sigue a una larga vida bendecida con buena salud y vitalidad del espiritu y del cuerpo, una vida rica en buenas obras, la muerte no puede considerarse como trágica, a pesar de lo inmenso de la pérdida y del pesar que ella produzca. "Bendito es aquel que ha sido criado en la Torá y cuyas acciones están basadas en la Torá, y que actúa de manera de agradar a su Creador, que creció con un buen nombre y partió con un buen nombre..." (Berajot 17a).

El mundo en que vivimos es considerado como un pasillo que conduce a otro mundo. La creencia en otra vida, en un mundo por venir (Olam Habá) donde el hombre es juzgado y donde su alma continúa floreciendo, está arraigada en el pensamiento hebreo: "Todo Israel tiene participación en el mundo por venir". (Mishná Sanhedrin 11,1). Pero cuando más valioso ha sido el individuo, más grande es la pérdida para los sobrevivientes. Cuando más ha signficado para los que le rodean, familia amigos, comunidad, más profunda es la congoja y más aguda la angustia. Las observancias tradicionales judías que rodean la muerte y el duelo tiene como objetivo mantener la dignidad de la persona fallecida y confortar a las personas en duelo.


El Ser Judío. (Pag. 311-2)


Preparandose para la eternidad
Rabino Arie Kaplan Z"L

¿Por qué el hombre se torna a Dios cuando se enfrenta a la muerte? ¿Por qué el soldado que se encuentra en una trinchera individual, rodeado por bombas explotando a su alrededor, reza a Dios aunque nunca antes lo haya hecho?. Ningún hombre jamás ha escapado a la muerte, pero a través de Dios, el hombre puede conquistar la muerte. Solamente Dios ha prometido que la muerte transforma a la vida, que es un redespertar, el principio de una nueva vida, una vida eterna. Esta visión de la muerte es inherente a la forma en que la religión aprehende al ser humano, una perspectiva mucho más amplia y profunda que aquellas del bioquímico y del neurólogo. La Torá explica la creación del hombre con una inusual metáfora: "Dios creó al hombre del polvo de la tierra y sopló en sus narices aliento de vida. El hombre entonces se convirtió en una criatura viviente". (Génesis 2:7). Dios no tiene cuerpo, imágen o forma. ¿Cuál es entonces la intención de esta metáfora antropomórfica? ¿Por qué la Torá enseña que Dios sopló un aliento en el hombre?.

Confiando en Dios ya no tememos, pues verdaderamente no hay nada de qué temer. Y cuando una persona ya no teme a su muerte, entonces ya por nada sentirá temor. Sólo entonces, cuando ya no tememos es cuando realmente comenzamos a vivir. Entonces verdaderamente experimentamos cada placer y cada dolor. Comenzamos a vivir y estamos agradecidos por cada momento de esta vida.

Un hombre que teme a la muerte es, en cierta manera, también temeroso de la vida, pero cuando la muerte pierde su rostro aterrador, cuando se convierte en un hecho valioso, entonces la vida merece ser vivida. Y cuando tienes algo por lo que vivir - un ideal, una meta, un sentimiento de fe- cuando la muerte llega, lo hace como un amigo bienvenido enviado para introducirnos en una nueva vida. Un nuevo nacimiento.

La vida conciente del hombre no termina con la muerte; simplemente asume una nueva forma - liberada del yugo de la carne material. El cuerpo podrá morir, pero el espíritu continúa viviendo. Podemos preguntarle al doctor, al biólogo y al neurólogo: ¿Qué le sucede a una persona que ha muerto? ¿Por qué permanece inmóvil? Ellos contestarán que el corazón paró de latir, cesó el suministro de sangre a la mente y cientos pequeños cambios químicos han ocurrido. Un organismo viviente ha sido transformado en un trozo de materia muerta. Lo que una vez fue un ser humano con aspiraciones, que pensaba, ahora no es nada más que un pellejo muerto.

Mas contamos con la promesa de Dios de que esta representación es incompleta, de que el aliento de vida que creó al hombre sustentará al cuerpo y al alma, eternamente. Tal promesa le fue efectuada al profeta Isaías: "Pero vivirán Tus muertos. Los cadáveres de mi pueblo se levantarán. Despertad y cantad, vosotros que morais en el polvo" (Isaías 26:19) La misma promesa fue reconfirmada al profeta Daniel: "Y los muchos que duermen en el polvo de la tierra se despertarán, algunos para la vida eterna y otros para el oprobio eterno. Y los justos resplandecerán con la lucidez del firmamento y los que hallan vuelto a la justicia a muchos será, como las estrellas por siempre". (Daniel 12:2).

¿Qué sucede entonces cuando una persona muere? Nuestra observación de la muerte nos lleva a la visión del doctor, es decir, que el hombre se convierte simplemente en un cadáver. De hecho verdaderamente ocurren pequeños cambios químicos en el tejido de la corteza cerebral. Cuando esto sucede, el alma pierde todo contacto con el cuerpo - el mecanismo receptor está muerto. El alma, una entidad constituída de espíritu puro, de puro pensamiento, está ahora libre. La Biblia describe este fenómeno en el libro Eclesiastes: "El polvo retornará a la tierra como lo estaba, y el espíritu volverá a Dios Quien lo dio". (12:7). El cuerpo se deteriora y retorna a los elementos de la tierra.

No sabemos a qué se parece exactamente la vida después de la muerte. Lo sabremos cuando lleguemos allí. Lo que sí sabemos, sin embargo, es que Dios ha prometido una vida de recompensa Divina, de éxtasis sublime. Dios ha prometido que nada en la experiencia humana, ya sea a través de los sentidos o de la mente, puede compararse con el regocijo, la felicidad y el deleite que el alma de un hombre experimenta cuando está próxima a Dios en el mundo espiritual.

Concientizarse acerca de la propia muerte, suceda ahora o dentro de sesenta años, puede ser algo atemorizante y aterrador. Nos entristece y deprime imaginar que abandonamos todo a lo cual hemos dedicado nuestras vidas - nuestros hogares, nuestras fortunas y nuestros seres amados. Pero hay una fórmula para evitarlo. Todo lo que debemos hacer es creer. Todo lo que tenemos que hacer es recordar a Dios, recordar Su promesa, y recordar la existencia de nuestras almas.


El sentido de la vida y la muerte
Rabino Eliahu Birnbaum

Un hombre vivo, aunque sea el hombre más simple, el más vulgar, el más malvado o aún delincuente, no puede transmitir impureza ritual (Tumá). En cambio, el hombre muerto, aunque haya sido el hombre más justo o el más santo o el más puro, dado que su alma ha sido tomada de él, transmite impureza ritual. De este modo, a través de las leyes concernientes a la pureza ritual, la Torá nos brinda una muestra más del valor de la vida. En el momento en que la vida se interrumpe, el daño es enorme y la herida irreparable: el hombre se convierte en un cuerpo que contamina.

¿Cómo podemos explicar la impureza que se produce por el contacto entre un hombre vivo y un hombre muerto? La muerte es el fin natural e inevitable, que nos espera pacientemente al final del camino. Sin embargo, el hombre no vive generalmente con la conciencia permanente acerca de la muerte, ni la sombra de ésta. El hombre es un ser dinámico que vive y cree en sí mismo, en su propia fuerza y en su propia vida. Sin embargo, el encuentro con la muerte concreta puede hacer tambalear esta actitud del hombre. El peso de la realidad de la muerte puede ser más fuerte que el de la conciencia acerca de su existencia.

La visión sorprendente del hombre que hasta hace pocos instantes estaba con vida, respiraba y sentía, y que repentinamente deja de respirar, puede sacudir al hombre y estremecerlo con el pensamiento de que "el hombre no vale nada", "que no vale la pena esforzarse", "para qué luchar". Este encuentro con la muerte provoca un sentimiento de pesimismo, que puede conducir a pensamientos individuales y sociales perjudiciales, y por ende se produce la "contaminación".

El sistema de impureza ritual es un medio de defensa del espíritu del hombre ante la muerte. Todo contacto con la muerte contamina, para permitir la vuelta al equilibrio, al pensamiento adecuado, para liberarse de la "filosofía del cementerio", y pudiendo entonces volver a tener fe en el valor de su alma y de su vida.

El judaísmo no se relaciona con la muerte como un problema de higiene o limpieza. El velatorio y entierro de los muertos se prolongaba durante muchos días en el mundo antiguo. También hoy se aconstumbra a honrar al muerto no llevando a cabo el entierro en forma inmediata, haciéndole permanecer entre los vivos mientras sea posible. Para el judaísmo sin embargo, cuanto menor sea el tiempo que transcurre entre la muerte y el entierro, es mejor. El judaísmo considera que la vida y la muerte son fenómenos reales, pero trata de llevar al hombre al equilibrio adecuado entre ambos elementos, por lo cual se hace necesario diferenciar con la mayor celeridad posible entre los vivos y los muertos.
Es posible señalar otra profunda diferencia entre la vida y la muerte. En el momento de su muerte, el hombre ve a la vida como una serie de momentos pasajeros, y a la muerte como el fenómeno permanente. El judaísmo nos enseña lo contrario: la vida es permanente y firme, mientras que la muerte es algo pasajero y temporal. Mientras vive, el hombre debe enfrentarse a la relación entre lo temporal y lo permanente. La muerte enfrenta al hombre con el conflicto entre la temporalidad y la permanencia. En esta relación radica el secreto de la existencia. La vida del hombre se caracteriza por la búsqueda de algo duradero, algo que permanezca a lo largo de todos los cambios y transiciones. En ello consiste la búsqueda del sentido de la existencia humana, el hombre busca la existencia metafísica más allá de la mera existencia física .

Desde el punto de vista físico, el hombre depende de las leyes del espacio y del tiempo. A nivel metafísico el hombre puede superarlas. Esto explica la necesidad de la cultura, de la fe, de algo que le conceda al hombre un sentido de permanencia en el mundo. La muerte es un fenómeno físico que tiene lugar en la dimensión del espacio. El sentido es un hecho metafísico que existe en la dimensión del tiempo. En forma paradójica , el hombre puede "vencer" a la muerte en la dimensión del espacio, en cuanto exista en el mundo del sentido, en la dimensión del tiempo, y la muerte es percibida como temporal y secundaria en relación a la continuidad y la permanencia de la vida espiritual en el mundo del sentido. El judaísmo santifica a la vida y ve en ella una característica verdaderamente humana. El hombre santifica su vida mediante la constante búsqueda de sentido a su existencia.




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