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Conversin, las dificultades y breve historia

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Aportado por: aizik
Fecha de creación: 2002-07-25 21:35:51
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Conversión, las dificultades y breve historia

Consulta recibida

"...desde cuando se hizo tan comlicado el convertirse al judaísmo..."
Uruguay

"He leido la respuesta de Conversion pero no entiendo porque alguien que quiere ser judio tiene que hacer tanto esfuerzos, se que los judios ultra no acepta a comversos por motivos de culturales creo mas bien porque ser judio de nacimiento no se hace uno...acerca de la Escritura lei el la respuesta de la bendicion de Avraham, pero el judaismo cree que los hombre no deban ser judios solo por la obras nos salvamos pero sabemos que Avraham no era judio,ni cristiano mas bien no tenia religion hasta que surgio la palabra judio (ya tambien leido el articulo del nombre judaismo) ¿porque considera los judios a Avraham judio o no? si el culto que le ofrecia Avraham a Dios era un culto natular (llamarlo asi) acerca ´¿porque los judios no acepta tan facil conversos? usted me respondio en un email pasado pero sabe que Avraham no era judio,entoces que religion se le poda llamar?...o si claro pero ser Judio en que preparacion solo estudia la Torah Abraham no era judio ¿entoces? Abraham no sabia la torah..solo creia en Dios, Moshe no era judio bueno su raza era Hebrea pero no fue judio si o no"
México


Respuesta

Introducción

Para comprender las complejidades del proceso de la conversión al judaísmo como se estila en la actualidad, hay que prestar atención a que es fruto de una legislación influenciada grandemente por el desarrollo histórico y social.
No podemos hacer un estudio minucioso de todos los períodos, avatares y situaciones, por lo que espero que les satisfaga la:

 "Breve Historia del proceso de conversión formal al judaísmo".

Avraham Abinu HaIvri

El comienzo del "judaísmo"
El primer antepasado de todos los judíos, sean nacidos tales o convertidos según la halajá, es Avraham Abinu -nuestro patriarca.
Recalco el "nuestro", pues es (en la actualidad) EXCLUSIVAMENTE antepasado de TODOS los judíos (e israelitas) y de algunos musulmanes. Por lo tanto, nada lo relaciona con otras culturas, creencias, pueblos, etc.
Avraham, como ya hemos explicado en otros artículos, no era judío, pues la voz "judío" -yehudí- deriva de Yehudá, quien fuera uno de sus bisnietos.
Tampoco era israelita, pues Israel fue su nieto.
Avraham es (además de Abinu) Haivrí -el hebreo.
Hebreo, tal como judíos e israelitas lo somos (y nadie más en todo el mundo).
Poco interesa si Avraham era o no judío, pues, lo importante es darse cuenta que nos estamos refiriendo a un personaje real, que es la raíz biológica para una descendencia real.
De Avraham descendemos (biológicamente y espiritualmente) TODOS los judíos - israelitas - hebreos (y algunos musulmanes, aunque la más apropiada denominación sería: ishmaelim - ismaelitas).
Es un asunto de linaje, de familia. Solo un usurpador podría pretender robarnos a NUESTRO PADRE, para arrogárselo como propio.

Avraham abinu haivri cumplió su misión de padre, pues, tuvo descendencia, y además, los instruyó (a los dos hijos principales: Itzjac nuestro patriarca, y a Ishmael, el patriarca de los ishmaelim) en lo que él había aprendido como "Torá" ("Enseñanza", "Guía"). Naturalmente, la "Torá" que Dios le proveyó no es la misma que nosotros podemos leer hoy, pues su estructura y contenido superficial era diferente. Pero, el Autor de la Torá -Dios- le enseñó a Avraham los fundamentos, las bases de la Torá, el núcleo de la misma, e incluso su objetivo general y último: el perfeccionamiento físico y espiritual de la Creación.
Por lo tanto, es posible afirmar que Avraham estudió y cumplía con la Torá, aunque ésta fue entregada por el Eterno al Pueblo de Israel como unos 400 años más tarde.
Avraham el hebreo cumplía lo que Dios le había revelado particularmente a él de Torá.
Y Avraham difundía este Mensaje, que comprende, entre otros principios:

  • Monoteísmo - Dios es Uno. Único, sin partes, indivisible, sin divisiones
  • Incorporeidad de Dios
  • Dios irrepresentable
  • Falsedad de todo ídolo
  • Falsedad de toda adoración de un intermediario con Dios
  • Providencia divina
  • Omnisapiencia de Dios
  • Poder de Dios
  • Majestad de Dios
  • Confianza en Dios
  • Justicia
  • Juicio
  • Benevolencia
  • Misericordia
  • Guerra por defensa propia
  • Valor de toda vida humana
  • Caridad
  • Recepción de huéspedes
  • Valor de la palabra
  • Verdad
  • Circuncisión del prepucio

Sus acciones más que sus palabras eran el medio para la enseñanza de las masas, y en especial de sus allegados, y en grado mayor de sus hijos.
Sin lugar a dudas que si Avraham viniera a nuestra época y se encontrara con un musulmán practicante de su religión, y con un judío que cumple con las mitzvot, se sentiría bastante identificado. Aunque, indudablemente, no comprendería muchos de los símbolos, rituales, creencias de ambos troncos descendientes suyos.
Pero, advertiría que el núcleo es similar. (Cosa que no ocurriría con otras "creencias", "religiones", etc. que abundan en el mundo actual).
Y, además de esta fundamental identidad ideológica, el análisis de ADN daría como resultado el parentesco entre aquel antiquísimo Avraham, y la mayoría de los judíos existentes hoy en día (cuestión improbable, pero posible), (no olvidemos que existen en nuestro pueblo personas descendientes de conversos justos, así como frutos de violaciones por parte de extranjeros malvados, o sencillamente hijos de madre judía pero no de padre; sin embargo, los verdaderos descendientes biológicos de Avraham sin dudas que se mantienen como espina dorsal del judaísmo).

Como podemos advertir por lo enunciado, la Torá revelada a Avraham, sus preceptos particulares para él y los suyos, son un paso adelante, un peldaño superior en el afán de desarrollo de la especie humana.
Hasta ese momento la Humanidad sólo contaba con las siete mitzvot universales (de los descendientes de Noaj):

  1. No adorar falsos dioses
  2. No maldecir al Eterno
  3. Establecer tribunales de justicia
  4. No asesinar
  5. No cometer incesto o adulterio
  6. No hurtar
  7. No trozar a un animal vivo para comer.

Y, a pesar de su naturalidad, de su obviedad, eran casi por completo desconocidas, y en general irrespetadas por la generalidad de la población mundial.
Pero, sin dudas que estas siete mitzvot tienden a la misma finalidad última que la Torá revelada a Avraham, así como a la Torá que finalmente Dios entregó a Israel: el mejoramiento íntegro.

Así pues, en síntesis hasta ahora:

  1. Avraham no era judío, era hebreo.
  2. Avraham sabía de Torá, de su Torá.
    Suya no porque surgiera de su intelecto o imaginación, sino porque el espíritu de santidad de parte de Dios, es decir, el conocimiento profético, así se lo había manifestado.
  3. Avraham se diferenciaba del resto de la humanidad por su conocimiento del Único Dios, y luego, por sus acciones basadas en esta relación particular.
  4. Avraham es el origen del judaísmo, aunque el mismo no fuera judío.
  5. Avraham es origen de la familia de los ishmaelim, aunque no del Islam.

Primeras conversiones y versiones

¿Convertía Avraham a su creencia?
Sí.
En su juventud, según cuenta la Tradición, sus métodos para demostrar la ridiculez de los ídolos eran un tanto drásticos, mordaces, ofensivos.
Cuando Avraham fue creciendo (en todos los aspectos) sus métodos fueron tornándose más benevolentes, y más efectivos.
Hasta que finalmente bastante gente había comprendido (hasta el punto que mejor podían), el arcano mensaje de una divinidad sin representación, de un Dios que exigía virtud actitudinal en preferencia a sacrificios, de un Dios que nada precisaba, pero que ordenaba el perfeccionamiento a los limitados humanos.
Estos conversos acompañaron a Avraham en buena parte de sus trayectos, aunque, no formaran parte formal de ninguna religión, pues, Avraham no era sacerdote de Dios, ni apóstol de nadie, era, simplemente, un hombre inspirado por Dios y lleno de voluntad y determinación por buscar la elevación...y que con su ejemplo de vida (más que con vacías prédicas o bonitos sermones) mostraba a sus seguidores los senderos por los cuales transitar.

El culto  de Avraham no era para nada natural, no al menos para los parámetros de su cultura, en realidad de ninguna cultura estrictamente humana, que no haya recibido algo de la revelación de Dios (dada exclusivamente a Israel y a sus patriarcas).
Esta revelación individual de Israel, se ha generalizado con la evolución social, con la extraña y diversa difusión de algunos fragmentos de la Torá. Así hoy en día puede parecer natural "no asesinar", sin embargo, no nace de un instinto humano esta interdicción, sino de un cumplimiento de una ley externa, en la actualidad de las legislaciones nacionales (que obtuvieron -incluso sin saberlo- buena parte de su fundamento moral de la Torá).
El culto de Avraham es contrario al básico raciocinio humano. Pues, por ejemplo, las culturas primitivas, sin revelación divina o ecos de la misma, conocen el acercamiento a los dioses principalmente por medio de sacrificios materiales. En tanto que a partir de Avraham y sus descendientes (y sus discípulos -conversos-, que no siempre supieron ser fieles a todo, incluso, perdiendo lo principal, como por ejemplo podemos advertir en algunas costumbres y principios budistas) se ha naturalizado la plegaria, la oración: las palabras dirigidas a los dioses en lugar de sacrificios animales.

En síntesis hasta aquí:

  1. Avraham no tenía una religión que podamos nombrar, pero indudablemente está más emparentada (biológicamente, culturalmente y espiritualmente) con el judaísmo actual (y de todos los tiempos) que con otro sistema de creencias o de vida. (Es un absurdo ideológico e histórico haber escrito en la pregunta arriba trascrita: "no era cristiano", como suponiendo que eso hubiera sido factible: ¡es obvio que no era cristiano!).
  2. Avraham atraía adeptos a su modo de vida, los convertía.
  3. La mayoría de estos conversos - discípulos al apartarse físicamente de la influencia rectora de Avraham, pervertían sus enseñanzas, llegando incluso a modificar la esencia de la Torá de Avraham. En lugar de conversos, fueron cada uno con versiones de lo que creían haber aprendido de Avraham, cada una diversa y alejada del origen.
  4. Similarmente ocurrió con su hijo Ishmael (y sus descendientes), quien en determinado momento fue separado de su padre, yendo, con su madre pagana (y de baja estofa), a residir en un entorno cultural completamente idolátrico y de niveles de moralidad bastante escasos (cosa que no podemos decir del Islam, con estándares morales muy elevados, y un monoteísmo realmente envidiable, aunque, estén un tanto apartados de la Verdad).

Moshé Rabeinu

La Revelación
Avraham fue un eslabón muy importante en la evolución espiritual y cultural regulada por Dios, de acuerdo a los tiempos de maduración social de la especie humana.
De su descendencia escogida por Dios se continuaron las sucesivas progresiones, que se irradian para el resto de la humanidad.
Así Itzjac y Iaacov y los que los continuaron, recibieron el legado espiritual y material de Avraham, a la par que Dios les revelaba lo que ellos debían y podían recibir como novedad.
Es decir, los hebreos (descendientes de Avraham y escogidos por Dios) tenían esa proto Torá que mencionamos más arriba.
Esa Torá (guía) no era un libro, no era una legislación, no eran narraciones; era un modo de vida establecido por el Eterno, entregado a sus escogidos, y vivido por éstos.
Los avatares de la historia transformaron al puñado de escogidos, los hebreos como se los llamaba en aquella época, o Hijos de Israel, en esclavos de la mayor tiranía de aquella época.
Esa esclavitud material los arrastró hasta el grado inferior de moralidad y de desconocimiento de Dios.
Sin embargo, algo de la antigua llama, de la vieja Torá, persistía en lo más profundo de ellos.
Algo de lo que era propio y privativo de los hebreos (que no es una raza) sobrevivía entre la degradación impuesta por su ignorancia y su impráctica, por las cadenas de Mitzraim. Incluso el más asimilado entre los hebreos: Moshé, pudo rememorar y revivir algo de la espiritualidad de sus antepasados hebreos. Y esa voz interior, que provenía de su pasado, que provenía de Dios, lo obligó a actuar moralmente, lo motivó a crecer, a dejar de ser uno más, para transformarse en el máximo de los profetas.
Moshé, sin dudas hijo de Avraham, recibió el llamado divino para liderar a sus hermanos oprimidos, para elevarlos e izarlos hasta el máximo de sus (de ellos) posibilidades.
Moshé tuvo oídos y corazón para esa difícil y espantosa misión, por ser quien era, por su educación egipcia, por las circunstancias de su vida personal, pero, básicamente, porque no dejó morir, ni pervirtió la esencia del mensaje de la Torá que hasta ese momento los hebreos poseían: las personas pueden ser mejores, es posible adherirse a Dios.
En Moshé ardía una llama eterna, que ilumina y quema, pero que no consume a quien la posee.
Y, en lo más oscuro de la noche del hebraísmo, nace el máximo esplendor: la libertad física, y la inmediata entrega de la Torá (definitiva, perfecta, la que nosotros conocemos) como generoso don de Dios hacia Su Pueblo Elegido, y como beneficio secundario para toda la Humanidad.
Nace junto a la libertad del cuerpo, la Libertad total, la que incluye al espíritu.
Y, nace un nuevo nombre para los hebreos o Hijos de Israel: israelitas -pertenecientes al Pueblo de Israel.

En síntesis:

  1. Moshé era hebreo - israelita.
  2. Moshé supo ser fiel a la Torá  de sus antepasados.
  3. Moshé supo ser fiel a Dios.
  4. Los hebreos - israelitas trabajosamente mantuvieron algunos rasgos que les permitieron liberarse de la esclavitud total.
  5. Dios liberó a los hebreos de la máxima degradación y nos entregó el objetivo, modo e ideal de la máxima perfección humana: la Torá.
  6. La Torá es propiedad de los hebreos - israelitas, pero que sirve como faro que ilumina a toda la humanidad, en el afán de perfeccionarla Creación.

Erev rav - esos "conversos" informales
Cuando los hebreos fueron liberados de Mitzraim, muchas personas de distintas nacionalidades los acompañaron en su peripecia, pues estaban fascinados por el evidente poder del Dios que se había manifestado partidario de los hebreos.
Son denominados por la Torá (Shemot 12:38) como erev rav -la gran mezcolanza de gente, o, populacho. Moshé, como hebreo misericordioso que era les dio la generosa bienvenida, y los trató como a ovejas del rebaño de Israel, sin formalidades, sin preparaciones.
Estos conversos informales acompañaron a los israelitas en su extensa travesía por el desierto. Sufrieron y gozaron con ellos. Pero, también muchos los traicionaban, los abandonaban, los embarullaban.
Recordemos que aparte del origen diferente, de algunas costumbres básicas diferentes, y de la elección por parte de Dios; poco distinguía a los israelitas de estos conversos. Tampoco los descendientes de Avraham eran muy expertos o amantes de su nueva condición: depositarios y practicantes de la Torá. Entonces, era muy sencillo para el erev rav introducir creencias o ritos o procedimientos paganos, adrede o involuntariamente. Son por ejemplo los primeros propulsores del famoso pecado del "Becerro dorado", entre otros errores que cometieron los israelitas.
Y son considerados por Dios como: "tu pueblo que sacaste de la tierra de Egipto" (Shemot / Éxodo 32:7), es decir, el erev rav conforma el pueblo que sacó Moshé de Mitzraim, su pueblo y no de Dios, al que él permitió ingresar al seno de Israel, sin que siguieran los mínimos pasos de educación y adecuación a su nueva realidad como pertenecientes al Pueblo Elegido.

Pasa el tiempo y muchos de estos conversos se vuelven más y más problemáticos, como una especie de cáncer que va comiendo por dentro a su víctima, y que esta quizás no advierte de su peligro.
En Bemidbar 11:4 se los denomina: safsuf -gentuza. Y como apreciamos in situ, son los cabecillas en las ociosas y vanas rebeldías contra Dios, y sus líderes escogidos. Son los que inyectan descontento, desesperanza, maldición, odio entre el pueblo que amablemente los acogió.
Continuaron afrentando y degradando a los hijos de Israel incluso cuarenta años después de la Salida de Mitzraim, según testimonia Iehoshua 5.

Pero, no podemos olvidar a los conversos fieles, aquellos que aceptaron plenamente el mensaje contenido en la perfecta Torá revelada definitivamente por Dios a los israelitas a los pies del Sinai.
Estos conversos fueron integrados al Pueblo, y alguno de ellos llegaron a prominentes posiciones, tales como el suegro de Moshé, Itró.
Los conversos fieles son considerados como descendientes de Avraham, si bien no biológicamente, espiritualmente. Sin embargo, en épocas mosaicas, de seguro eran escasos las personas que llegaban a tal condición.

En resumen:

  1. El Pueblo de Israel acoge amablemente a personas provenientes de otras familias, de otras creencias.
  2. Dios no consiente que para ser miembro de su Pueblo Escogido se hagan conversiones superficiales, sólo de sentimientos o de nombres.
  3. Los conversos que no se adaptan a los requerimientos mínimos e imprescindibles pueden generar terribles problemas.
  4. Los que desean ser parte de Israel y s avienen a las normas israelitas, son bienvenidos

Rut HaMoabit

Un ejemplo de verdadera conversión
En la época siguiente a la conquista y asentamiento de los israelitas en la Tierra de Israel, prometida por Dios a ellos, las relaciones con los vecinos se intensificaron.
Muchas personas comenzaron a formar familias con miembros no pertenecientes a la familia de Avraham: es el auge de los matrimonios mixtos.
El Tanaj nos relata esto, y los insucesos que acarrea, en diversas ocasiones.
No es que sea malo el matrimonio mixto, o racista la posición contraria a él. Sino que las identidades nacionales son perturbadas, y ambos conyuges de tales matrimonios pierden lo que es su verdadera identidad, su yo. Para los descendientes de Avraham esto es terrible al menos por tres aspectos: se es infiel a la elección de Dios; se enturbian los vínculos familiares, pues en definitiva ninguno se acompasa a las creencias y modos de vida del otro, y eso revierte en conflictos con los hijos; al ser el Pueblo de Israel pequeño y débil se amenaza su existencia por la desaparición de los rasgos específicos identificatorios.
Sin embargo, en la época de los Jueces - Shoftim (aprox. 1250 - 1000 AEC) el valor de la existencia de un Pueblo Escogido por Dios, parecía importar poco a los hebreos, pues, muchos de los israelitas estaban desesperados (con conciencia de esto o no) por cortar sus lazos con el Eterno.
Y, como colmo de la paradoja, algunos habitantes de la antigua Canaán y de adyacencias, preferían incorporarse al Pueblo de Israel.
Algunos de éstos por intereses materiales, por ejemplo, que no los amenazara el poder militar de las tribus israelitas; otras personas se convertirían por temor a los poderes manifestados de Dios y reconocidos por todos en aquellas épocas; en fin, cada cual con su interés. Estos eran conversos que en realidad mantenían sus creencias, sus rituales, y provocaban el distanciamiento de los verdaderos israelitas de la vida que Dios pretende para ellos. Personas que seguían los patrones del erev rav, y bien poco reportan de beneficioso para Israel, para ellos mismos y para la especie humana.
Pero, los hubo que eran personas que habían creído hallar la Verdad en el mensaje de la Torá, y en sumarse al Pueblo de Israel, no con motivos egoístas o vacuos, sino como honestos buscadores del Bien revelado, que buscaban una elevación mayor que la posible mediante las mitzvot de la humanidad general. Para esta clase de personas de bien, el Pueblo Escogido siempre ha tenido los brazos extendidos en señal de calurosa acogida, pues, si bien la Torá es privativa de Israel, Dios es Padre de todos, y su mensaje de perfeccionamiento puede iluminar las oscuridades de todas las naciones.
El típico ejemplo de conversa justa de aquellas épocas era Rut la moabita, quien con todo su ser aceptó los cánones hebreos vigentes. De acuerdo a las reglamentaciones precarias en uso, se convirtió al hebraísmo. Abandonó su existencia de pagana, su antigua familia, incluso su nacionalidad; y aceptó las penurias económicas, la más que probable viudez ilimitada, el futuro material incierto; pero con la trascendencia que se puede hallar solamente en la Torá. De su espíritu noble se han escrito miles de alabanzas, pero la más grandiosa sin duda es que el Mashiaj es su descendiente...¡si serán valiosos los guerei tzedek -los conversos justos!
En aquellos pretéritos comienzos de nuestra organización nacional, el ritual de conversión era muy simple, tan sólo una declaración de principios y de compromisos.
Por esta sencillez, es que el fatal error, y la perversión eran tan frecuentes, y perjudiciales para el Pueblo Escogido y para los propios conversos, hayan sido éstos los fieles, o los depravados. Pues, no existía un rigor suficiente en la preparación, ni una adecuada elaboración de los elementos que podrían entrar en conflicto con lo que es la vida que deben vivir los israelitas, si ellos mantenían sus creencias y formas de vida previas a la conversión.
Entre otras, es por estas causas que Rut ha merecido un sitial de honor en el Tanaj y sus descendientes son tan encumbrados en la historia judía, pues, más que la regla, ella es la excepción de criatura que prefiere ingresar al sacro redil para bien de todos.

Resumiendo:

Cuanto más simple el proceso de conversión, más perjudicados resultan los espíritus nobles.

 

Ezrá HaSofer

La universalización asimilativa y su reacción
El exilio forzoso de Israel, llevó a que los lazos con otras naciones se vieran abonados.
Esto conllevó una evolución social y cultural para el judaísmo, simultáneamente con un retroceso de los aspectos más puros de su identidad ideológica y nacional.
En pocas palabras: la asimilación y la aniquilación de la idea judía estaba tocando a la puerta.
El legislador Ezrá (Esdrás) (Cap. 9) se pone a la cabeza de una campaña de concientización nacional, de izar la bandera de la identidad judía, manoseada y repudiada por muchos de sus contemporáneos.
Se asume con estricta cabalidad la prohibición de los matrimonios mixtos.
Se llama a la unidad del pueblo bajo la bandera de su Torá.
Se convoca a los judíos a asumir plenamente la vida para la cual fueron convertidos en una "nación de sacerdotes".
Se les instruye de más Torá y de menos mundanalidad.
Todas las personas que pueden provocar el deceso moral y espiritual del judaísmo, son separadas de la nación.
En fin, el legislador (Ezrá y la Asamblea Legislativa, conocida como Gran Asamblea o Sanhedrín) tomó medidas drásticas, todas acordes con la Torá, para preservar y alentar lo escaso que sobrevivía de judaísmo, entre otras acciones: la de exigir una mayor adecuación de la persona dispuesta a entrar al Pacto del Pueblo de Israel, al judaísmo, por medio de la conversión; y, reconocer legalmente la nacionalidad exclusivamente por la descendencia por línea materna. 

En resumen:

  1. El mensaje de la Torá es universal, pero sus principales portadores, los judíos, deben ser idóneos para su inmensa responsabilidad frente a Dios, a la humanidad y a ellos mismos.
  2. Para ser judío, hay que adecuarse a las reglas dictadas por la Torá y por el Sanhedrín (con poderes otorgados expresamente por la Torá).
  3. La liviandad en las conversiones en lugar de acrecentar el número de integrantes del Pueblo Elegido, y en lugar de servir a la alta tarea asignada por el Eterno, era un poderoso obstáculo, incluso un peligro para la existencia del Pueblo.



Más cerca en el tiempo

Hagamos de cuenta que somos judíos...o lo somos realmente
El trascurso de los siglos trajo aparejado para los judíos renovados peligros.
Seguían los mismos de siempre, a los que se le sumaban las tácticas renovadas de sus enemigos.
Por ejemplo, muchos pretendían convertirse al judaísmo para obtener algún rédito con la conversión. Otros, más tenebrosos, usaban la conversión como un modo de introducirse en el ámbito judío, y desde dentro ir carcomiendo las relaciones entre los judíos. Otros, se aprovechaban de la conversión como peldaño para alcanzar sus finalidades idolátricas. Otros...la maldad posee muchos disfraces...
Igualmente, los había muy honorables y valiosos, mencionemos por ejemplo a Aquila el romano; tenemos de la estirpe de los Césares al sobrino de Vespasiano; Onkelus quien encontró el sendero a la Verdad en el judaísmo, y se convirtió fielmente, y se transformó en un adalid de judaísmo (incluso tradujo el Tanaj al arameo, siendo su labor admirablemente reconocida por todos los eruditos judíos).
Hubo otros miles que abrazaban con honestidad y entereza al judaísmo.
Y nuestros Sabios no limitan sus elogios ante los guerei tzedek, pues reconocen la inmensa valentía y valía de estas honorables personas, acogidos directamente bajo el ala de la Shejiná (Divina Presencia).
Pero, como estaban (y continúan) los perversos al acecho, nuestros Sabios no tuvieron más remedio que intensificar los rigores, ya existentes, en el proceso de conversión formal al judaísmo. Que, de hecho, es muy simple, y para nada complicada. Solamente que por ser un tema sensible, y con una historia escabrosa detrás, como hemos esbozado en estas breves líneas, se prefiere la rigidez amable, en lugar de la inocente apertura que puede atraer sufrimientos y desdichas.
Es seguro que la persona que con honestidad reconoce la Verdad que porta el judaísmo, no se amilana frente a los impedimentos que se le interpongan en su camino, pues sabe que finalmente logrará su objetivo trascendente. Es decir, no siente que sea complicada la conversión al judaísmo, ni que sus rigores sean fruto de la intolerancia o de la impericia de nuestros Sabios.
Muy por el contrario, todas las vallas y dificultades añadidas, finalmente redundan en beneficios para los puros e inocentes, tal como la experiencia lo atestigua. 

Brevemente:

  1. Es la importancia de pertenecer a la familia judía la que exige que los recién llegados estén preparados para su nueva misión en la vida: ser parte activa de una nación consagrada (santa).
  2. Fueron los malos conversos los que motivaron la rigidez en el proceso de conversión formal.
  3. El catolicismo y el Islam reprimieron brutalmente y con saña feroz a los judíos cuando aceptaban prosélitos, por lo que, los judíos no tuvieron más escape que denegar o dificultar el ingreso de prosélitos al rebaño de Israel, para preservar sus vidas y las de aquellos nobles voluntarios.

Como corolario: ¿qué médico prefieres consultar, el que estudió los años que su carrera exige, aprobó los exámenes, obtuvo experiencias valiosas, no agota las ocasiones para perfeccionarse y adecuarse a sus tareas; o, el aprovechado e inculto que clava un cartelito en la entrada de su casa que anuncia que es "doctor"?
La respuesta es obvia.
Entonces: ¿por qué no reconoces (al menos) igual valor en el hecho de prepararse para una carrera mucho más exigente: ser judío (es decir, miembro de una nación de servidores del Eterno)?

Bibliografía

Tomado de Masuah

Texto publicado por el Licenciado Yeuda Ribko en la página de internet Darjei Noam.




Algunas evaluaciones hechas por los miembros de Jinuj.net:

Autor Fecha del mensaje

***** pinguino 21/10/2003 7:42 PM
en su sintaxis realmente elocuente, una gua para el pricipiante

***** herzog 22/5/2003 5:20 PM
En mi modesta opinin, se exponen ideas realmente reveladoras. Creo que pueden servir de punto de referencia para comprender este delicado asunto, que he vivido personalmente y que, felizmente, me ha cambiado la vida. Mi vida como judo.

***-- calek 14/6/2003 5:47 PM
Excelente, aunque deja un pequeo vacio (que tal vez existira siempre), porque si dios es nuestro padre, no podemos volver a su pueblo?.

Ver todos los comentarios hechos por otros usuarios. (9 comentarios)
Terrible ****-
(4.4444)
Excelente

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