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Preparandose para la eternidad

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Aportado por: aizik
Fecha de creación: 2002-07-21 16:17:36
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Preparandose para la eternidad

Rabino Arie Kaplan Z"L

¿Por qué el hombre se torna a Dios cuando se enfrenta a la muerte? ¿Por qué el soldado que se encuentra en una trinchera individual, rodeado por bombas explotando a su alrededor, reza a Dios aunque nunca antes lo haya hecho?.

Ningún hombre jamás ha escapado a la muerte, pero a través de Dios, el hombre puede conquistar la muerte. Solamente Dios ha prometido que la muerte transforma a la vida, que es un redespertar, el principio de una nueva vida, una vida eterna.

Esta visión de la muerte es inherente a la forma en que la religión aprehende al ser humano, una perspectiva mucho más amplia y profunda que aquellas del bioquímico y del neurólogo. La Torá explica la creación del hombre con una inusual metáfora: "Dios creó al hombre del polvo de la tierra y sopló en sus narices aliento de vida. El hombre entonces se convirtió en una criatura viviente". (Génesis 2:7). Dios no tiene cuerpo, imágen o forma. ¿Cuál es entonces la intención de esta metáfora antropomórfica? ¿Por qué la Torá enseña que Dios sopló un aliento en el hombre?.

 
Confiando en Dios ya no tememos, pues verdaderamente no hay nada de qué temer. Y cuando una persona ya no teme a su muerte, entonces ya por nada sentirá temor. Sólo entonces, cuando ya no tememos es cuando realmente comenzamos a vivir. Entonces verdaderamente experimentamos cada placer y cada dolor. Comenzamos a vivir y estamos agradecidos por cada momento de esta vida.

Un hombre que teme a la muerte es, en cierta manera, también temeroso de la vida, pero cuando la muerte pierde su rostro aterrador, cuando se convierte en un hecho valioso, entonces la vida merece ser vivida. Y cuando tienes algo por lo que vivir - un ideal, una meta, un sentimiento de fe- cuando la muerte llega, lo hace como un amigo bienvenido enviado para introducirnos en una nueva vida. Un nuevo nacimiento.
 
La vida conciente del hombre no termina con la muerte; simplemente asume una nueva forma - liberada del yugo de la carne material. El cuerpo podrá morir, pero el espíritu continúa viviendo. Podemos preguntarle al doctor, al biólogo y al neurólogo: ¿Qué le sucede a una persona que ha muerto? ¿Por qué permanece inmóvil? Ellos contestarán que el corazón paró de latir, cesó el suministro de sangre a la mente y cientos pequeños cambios químicos han ocurrido. Un organismo viviente ha sido transformado en un trozo de materia muerta. Lo que una vez fue un ser humano con aspiraciones, que pensaba, ahora no es nada más que un pellejo muerto.

Mas contamos con la promesa de Dios de que esta representación es incompleta, de que el aliento de vida que creó al hombre sustentará al cuerpo y al alma, eternamente. Tal promesa le fue efectuada al profeta Isaías: "Pero vivirán Tus muertos. Los cadáveres de mi pueblo selevantarán. Despertad y cantad, vosotros que morais en el polvo" (Isaías 26:19) La misma promesa fue reconfirmada al profeta Daniel: "Y los muchos que duermen en el polvo de la tierra se despertarán, algunos para la vida eterna y otros para el oprobio eterno. Y los justos resplandecerán con la lucidez del firmamento y los que hallan vuelto a la justicia a muchos será, como las estrellas por siempre". (Daniel 12:2).

 
¿Qué sucede entonces cuando una persona muere? Nuestra observación de la muerte nos lleva a la visión del doctor, es decir, que el hombre se convierte simplemente en un cadáver. De hecho verdaderamente ocurren pequeños cambios químicos en el tejido de la corteza cerebral. Cuando esto sucede, el alma pierde todo contacto con el cuerpo - el mecanismo receptor está muerto. El alma, una entidad constituída de espíritu puro, de puro pensamiento, está ahora libre. La Biblia describe este fenómeno en el libro Eclesiastes: "El polvo retornará a la tierra como lo estaba, y el espíritu volverá a Dios Quien lo dio". (12:7). El cuerpo se deteriora y retorna a los elementos de la tierra.

 
No sabemos a qué se parece exactamente la vida después de la muerte. Lo sabremos cuando lleguemos allí. Lo que sí sabemos, sin embargo, es que Dios ha prometido una vida de recompensa Divina, de éxtasis sublime. Dios ha prometido que nada en la experiencia humana, ya sea a través de los sentidos o de la mente, puede compararse con el regocijo, la felicidad y el deleite que el alma de un hombre experimenta cuando está próxima a Dios en el mundo espiritual.

 
Concientizarse acerca de la propia muerte, suceda ahora o dentro de sesenta años, puede ser algo atemorizante y aterrador. Nos entristece y deprime imaginar que abandonamos todo a lo cual hemos dedicado nuestras vidas - nuestros hogares, nuestras fortunas y nuestros seres amados.

Pero hay una fórmula para evitarlo. Todo lo que debemos hacer es creer.

Todo lo que tenemos que hacer es recordar a Dios, recordar Su promesa, y recordar la existencia de nuestras almas.

Bibliografía

Tomado de Masuah




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