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Aportado por: aizik
Fecha de creación: 2002-05-27 15:58:11
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La Intifada de Al-Aqsa y la concepción judía de "El Otro"

 Las clases de Sharona
Por Sharona Fredericko
Aprendió y editó: Marcelo Kisilevski   


Al enfrentarnos en una guerra volvemos a medirnos con nuestra capacidad de aceptar al otro, aun cuando ese otro no esté precisamente ansioso por aceptarnos. En el judaísmo la sabiduría al respecto es vasta, y se puede aprender de ella yendo justamente al archienemigo de Israel a lo largo de la historia: Amalek. Nuestra profe de historia, aun en los momentos más difíciles, no deja de sorprendernos.

-Seguimos, Sharona con la Intifada de Al-Aqsa, con la que corremos el riesgo de dejarnos llevar por la paranoia de cómo nos odian los medios de comunicación mundiales o, del otro lado, por los dichos acerca de cómo los palestinos envían cínicamente a sus niños a pelear. Si tratáramos de elevarnos por encima de todo ese ruido, ¿cuál sería la visión que nos tiene que guiar como judíos? ¿Cuál es la visión del judaísmo acerca del otro, del diferente?

 -¿Me lo preguntas porque percibes una actitud bastante fea para con "el otro" del lado judío?

 -Sí, aunque no sé si no la disculpo, porque existe mucho temor también…

  -... Porque ellos tampoco son ningunos premios...

 -Así es, por eso me pregunto si podemos ir más allá de lo obvio. Por un lado está la tradición solidaria de la Torá, con la conciencia permanente de que "esclavos fuimos del Faraón en Egipto".

-Sí, pero tú elegiste algo lindo porque eres una persona bondadosa. Pero en la misma Torá hay un par de señales bastante nefastas de sentido opuesto.

-Bueno, en ese caso se me puede ocurrir, y no porque lo hayas planificado para tu clase de hoy, el ejemplo de Amalek…

-¡Qué buen ejemplo, Marcelo!

-Gracias, tengo a veces momentos de brillantez. En el relato de la Torá, Dios ordena la aniquilación total de un pueblo entero. ¿Qué es lo que tenemos que aprender de esto realmente?

-Hay varios ejemplos, pero vamos a tomar el de Amalek como caso de estudio. Judíos de la izquierda que quieren presentar nuestra religión como una fe humanista prefieren ignorar totalmente el tema de Amalek, que es, como bien dijiste, una orden explícita de exterminación de un pueblo. Un pueblo que, ojo, tampoco era ninguna perlita, no era para nada más misericordioso que nosotros. La derecha, en cambio, muchas veces lo usa como coartada para cometer asesinatos. El mismo Igal Amir dijo en su autodefensa que vio en Rabin y en todo el proceso de Oslo una manifestación de Amalek. Y dado que hay licencia para matar a Amalek, obviamente el asesinato de Rabin halla ahí también su justificación.

La izquierda y la derecha pueden por mi parte irse ambos a freír espárragos, ya me están dando jaqueca.

Empecemos por el principio. Mucha gente escucha el nombre de Amalek, que es visto como la encarnación del mal. ¿Quién es históricamente Amalek? Eran uno de muchos pueblos semitas, de hecho primos nuestros, que vivían en una zona desértica y que por lo tanto competían con nosotros –y nosotros con ellos- por las fuentes de agua y por los escasos recursos que había en la zona. Este pensamiento simple, histórico, es de gente como Maimónides y más en nuestro tiempo como Ishaiahu Leibovitz.

-Pero es un caso especial, porque hay centenares de pueblos con los que entramos en combate. La Torá despliega un montón de leyes de cómo se toman –y no se matan- los esclavos, una realidad de la época; de cómo se les permite hacer duelo por su pueblo vencido y por su familia perdida, etc. En cambio, con Amalek, nada. Contra la crueldad total, la exterminación total.

-Así es, porque ellos también nos querían exterminar. Así comienza el juego de pelota, pues si ellos me quieren exterminar yo también puedo exterminarlos.

-Claro, en la Torá está escrito que si alguien se levanta para matarte, puedes matarlo antes. Es el concepto moderno de defensa propia…

-Sí, pero con eso puedes justificar cualquier cosa. Recuerda que los idiotas del Hamás también dicen que cuando matan a un judío mientras hace sus compras, lo están matando porque los judíos como tales quieren la destrucción del pueblo palestino. Es una idiotez, así salga de boca de un judío, de un musulmán o de un cristiano.

Pero es cierto. La Torá marca una legislación respecto de la guerra con otros pueblos, con los que Israel lucha pero con los que también teje alianzas, como Egipto e incluso Babilonia. Pero con Amalek, nada.

A Amalek los encontramos por primera vez cuando Israel está en una situación debilitada, lo cual psicológicamente es importante, porque el enemigo más peligroso es el que te amenaza cuando estás débil o inerme. La primera mención del nombre como tal viene del libro de Exodo, en la batalla de Refidim. Allí, la gente de Amalek rodea y arremete contra ese rejunte de esclavos hebreos exahustos que acaban de cruzar el Mar Rojo, y los intenta aniquilar. Repito, no estoy defendiendo a Amalek, ellos fueron crueles y combatieron con una ferocidad desenfrenada, no había sentido de moral, como no lo hay hoy en día en el Medio Oriente.

Pero este ataque, ya desde el principio, significará para el hebreo una amenaza existencial. Lo que tenemos que entender es que para Amalek significábamos lo mismo. No estoy diciendo que éramos una amenaza simétrica para ellos en el mismo momento, pero ellos nos vieron como amenaza potencial, que se concretaría cuando llegáramos a Tierra Prometida. Lo que para nosotros era prometido, para ellos era el lugar donde vivían.

No estoy diciendo que la gente de Amalek era extraordinariamente iluminada. Tanto Amalek como Israel éramos pueblos salvajes, y Moisés notaba eso más que nadie, cuando elaboraba un sistema de legislación muy avanzado mientras el pueblo bailaba y se emborrachaba junto al becerro de oro. Pero no teníamos el desarrollo ético que queremos pensar que tuvimos. No nos olvidemos que el éxodo de Egipto no abolió la esclavitud. La esclavitud siguió, y fuimos nosotros los que tomamos esclavos. Todavía no existía la linda idea sanmartiniana de que no debe haber esclavos.

-Está bien, pero hay que pensar en términos de época. Y para la época, era avanzado que tuviéramos leyes sobre liberar a los esclavos a los siete años…

-Sí, en los casos donde no exterminábamos al pueblo entero. Con Amalek no tomábamos esclavos. Con Amalek no hay tregua. Con Amalek matamos también a las mujeres y niños, así como Amalek mataba a mujeres y niños israelitas. Entonces tenemos la primera cuestión ética: ¿qué hacemos cuando nos enfrentamos con la barbarie? Estoy pensando en una cita de Elie Wiesel. Por ejemplo, cuando nos enfrentábamos con los nazis, ¿hubiera sido justo construir cámaras de gas para los alemanes? Elie Wiesel, que era sobreviviente de Auschwitz, contesta que no, porque quería que el judío no perdiera su nivel ético, a pesar de estar luchando contra un demonio como lo era el régimen nazi. O sea que los dilemas son muy actuales.

Como en el Medio Oriente. ¿Qué hacer cuando la gente del Tanzim, los paramilitares de Arafat, empiezan a disparar contra un barrio civil de Jerusalem, Guiló, donde la gente no son colonos de los territorios ni mucho menos, ¡despierta Yasser Arafat! Pero bueno, ¿qué hacemos? ¿Ponernos a disparar contra Beit Djala en el mismo grado? Ese es el dilema, y es lo trágico.

-Hay que aclarar que los disparos que Tzahal hace desde Guiló no son la resolución del dilema por el lado de contestar a la barbarie con barbarie simétrica. Tzahal responde el fuego –no lo inicia- hacia la fuente de los disparos, y no a casas de civiles como lo hacen ellos. Aquí la simetría no se da para nada.

-Muy importante tu punto, porque demuestra que Tzahal, y lo digo con orgullo, no está bajando al mismo nivel del Tanzim. Es decir que el pensamiento de Tzahal no es la línea israelita-amalekita. Por eso también debo alabar a Barak, a pesar de sus errores.

Pero volviendo a los libros de la Torá, que son cinco, leemos en el Deuteronomio, que Amalek es una maldición, y que la maldición debe ser borrada totalmente. Lo dice el mismo Moisés, que en algunos casos trascendió su contexto histórico y se mostró más desarrollado éticamente, y en otros no. En el caso de Amalek no, y el tema es repetido en todos los libros de la Torá.

Cuando salimos de la Torá, entramos en la segunda división de la Biblia que se llama Neviim, Profetas. En el libro de Jueces hallamos una actitud más ambivalente. Por ejemplo en la canción de Débora, cuando se refiere a Amalek dice: "Vosotros, Amalek, cuya semilla está en la tribu de Efraim". ¡Ups! Gran bofetada. Eso significa que Amalek es una extención del pueblo de Israel. Y eso lo canta Débora luego de un gran triunfo sobre las tropas de Amalek.

Entonces, primer punto: como dice el gran pensador sefardí –como yo- Rambam o Maimónides, analizando bien las palabras de Débora entendemos que Amalek, en realidad, no es "el otro". Amalek también es hebreo. Es también Israel.

-Pero Sharona, ¿cómo pueden ser parte de los hebreos cuando todavía éstos no habían llegado a Canaán?

-Puede ser perfectamente, porque antes de la esclavitud en Egipto ya habíamos estado en Canaán. Luego nos fuimos a Egipto, pasamos allí 400 años como esclavos y luego volvimos. Pero Efraim ya existía, igual que las 12 tribus, antes que nos fuéramos a Egipto.

-O sea que hubo algunos cuantos que no bajaron a Egipto…

-¡Exacto! Fíjate el temor que infunde la posibilidad de que Amalek sea de entre nosotros. Pero lo cierto es que en el concilio de Iavne, en el siglo I dec, en el que los sabios discutieron qué entraría y qué no en el canon bíblico, se decidió que estas palabras de Débora quedarían incluídas. Es un punto importante, porque no existe una sola palabra en la Biblia que esté incluida sin un sentido.

Entonces, ¿quiénes son Amalek? Son los hebreos que no bajaron a Egipto. Eso también explicaría el extraordinario antagonismo que existe entre Israel y Amalek, como el antagonismo que sólo puede existir entre gente muy cercana: una guerra fratricida.

-Un problema de familia…
 
-En efecto. Y llevado a la actualidad, el siguiente es un hecho que quiero que mis lectores sepan. Hace un año, investigadores genéticos de la Universidad de Stanford, California, revelaron que los dos pueblos que compartían más rasgos genéticos en común eran el pueblo judío y el pueblo palestino. Es decir que, más allá de ser "primos" por la historia de Abraham, Ismael e Isaac, descendiendo ellos de Ismael y nosotros de Isaac pero ambos de Abraham, puede que haya algo de cierto en eso.
 
-¿Lo investigaron con judíos ashkenazíes o con sefardíes?

-Con ambos, así que tú eres tan primo como yo. Pero si volvemos a los jueces, aun antes de Débora nos encontramos con un macho bien macho que tuvo más ligue con las mujeres que acatamiento de la palabra de Dios. Josué, el gran conquistador, que demolió todo a su paso hacia la Tierra Prometida, cuando derrotó a las tropas de Amalek en Jericó –que se llamaba la Ciudad de las Palmas y, de acuerdo con la tradición, Amalek dominaba esa ciudad-, ese mismo Josué se casó con la hermosa prostituta Rajav, que era amalekita. ¿Y quién fue el descendiente más ilustre de esta unión? Nada menos que el profeta Jeremías, el segundo profeta más importante de acuerdo con la tradición judía, después de Moisés.

-Muy bien. Pero tenemos un descendiente de amalekitas aún más ilustre, ¿no?

-Así es, si viene el Mesías estamos totalmente fritos. Porque no nos olvidemos que en época de hambruna en Judea, una tipa de nombre Naomi, se mudó con sus dos hijos a tierra de los amalekitas, a la tierra de Moab. Es lo que dice la Biblia en el libro de Ruth, y nos da una clara evidencia, fuera del casamiento entre Josué y Rajav, que hubo contactos entre ambos pueblos que fueron un poco más "cariñosos" que las guerras constantes. Y sabemos que uno puede muy bien acostarse con el enemigo, que es justamente lo que hicieron, con la bendición de Naomi, sus dos hijos. Ambos se casaron con mujeres moabitas, relacionadas con el pueblo de Amalek, de nombre Orpáh y Ruth. ¿Y qué pasa de acuerdo con el libro de Ruth? Ambos hijos mueren. Orpáh y Ruth quieren acompañar a su suegra Naomi en su regreso a Judea. Naomi les pide que no la acompañen, y es muy atinada su advertencia, porque ella sabe cómo serían tratadas en Judea dos mujeres moabitas de la fuente de Amalek –que abarcaba siete naciones, de las que Moab era una de ellas-. Orpáh acepta el consejo y vuelve a Moab. Ruth sigue a Naomi y se convierte al judaísmo sin ninguna ceremonia rabínica. Lo único que dice es: "Tu pueblo es tu pueblo, tu Dios es mi Dios". ¿Y qué pasa entonces con Ruth? Se casa con Boaz, un israelita. ¿Y qué pasa con esta unión? Que de ella desciende el rey David.
 
-¡Oh, no! ¡Qué horror! ¿¡Nada menos que nuestro venerado rey David descendiente de una amalekita!?

-Así como lo oyes. Por eso hoy en día el rabinato de Israel declararía que el rey David no es un puro judío de acuerdo con la Halajá (ley rabínica). En aquel tiempo no había Halajá y no había ceremonias de conversión.

Pues bien, todo el mundo sabe que según la tradición judía el Mesías descenderá del rey David. El gran salvador no sólo será "goi", no judío, sino encima amalekita.

¿Entonces qué pasa aquí? Me hablaste de nuestra actitud hacia el otro. Vamos otra vez con mi gran racionalista Rambam, porque el resto de los pensadores me dan dolor de cabeza. El dice que, obviamente, la orden de exterminar a Amalek termina con el episodio de Ruth, de otro modo tendremos una linda sorpresa cuando venga el Mesías y haya que matarlo por ser descendiente de amalekitas. El dice, pues, que históricamente el mandato aniquilatorio queda anulado ya en tiempos bíblicos. Y el Rambam advierte otra cosa que me parece preciosa. Que más tarde, cuando los judíos volvieron de Babilonia, algunos vinieron casados en matrimonios mixtos, lo que está escrito en el libro de Ezrah, y este profeta no conmina a los judíos a expulsar a sus mujeres foráneas, sino a convertirlas. Sólo las que no se convirtieran serían expulsadas. Eso significa, también, que tenemos un montón de amalekitas convertidas.
 
-¿Cómo es que se encuentran y se casan con amalekitas allá tan lejos en Babilonia?

-Es que, como dice Rambam, los judíos no hubieran podido casarse con mujeres babilónicas, que eran de rango superior. Sólo podían casarse con mujeres de otros pueblos esclavos como ellos, entre los cuales había amalekitas. Con lo cual, Marcelo, resulta que cualquiera de nosotros puede ser descendiente de amalekita. ¿Te gustaría descubrirlo en tu árbol genealógico?
 
-¡Oh, no! ¡Qué horror! ¡No, por favor, Sharona, ten piedad!

-Bueno, entonces lo mejor será, de la mano del Rambam, comenzar a analizar y ver el concepto de Amalek no como algo literal sino más bien como algo simbólico. Como dice Débora, Amalek viene de Israel.

-O sea ¿el mal que está dentro de nosotros?

-Exactamente, no es tanto una orden de exterminar a otro pueblo, sino, como lo interpretaron muchos seguidores del racionalismo de Rambam, como una inspiración para mejorar el propio comportamiento. Combatir el mal que está dentro de mí, sin señalar con el dedo al otro.
 
-Entonces ahí me cierra más la orden de aniquilación total: tender a acabar por completo el mal que está dentro de uno. Como canta Juan Carlos Baglietto: "La lucha es de igual a igual contra uno mismo, y eso es ganarla".

-Sí, y hay que recordar también que cuando tú señalas a otro con el dedo, hay tres dedos señalándote a tí, como cantaba Bob Dylan, que no era menos que Baglietto.

Pero todo depende de tu perspectiva política, en especial si te llamas Igal Amir, pues la mitad de los rabinos no estuvieron de acuerdo con la perspectiva de nuestro rabino Rambam, y optaron por ver a Amalek como pueblo concreto, y dijeron por ejemplo, que Hamán era descendiente directo de Hagag, el rey amalekita que Saúl mató. Eso lo sacaron del mismo libro de Esther, donde está escrito que Hamán era "hagaguita" (que no es una invitación porteña a ganar mucho dinero), que puede significar o no que era del mismo pueblo. Pero los que insisten en ver a Amalek como una amenaza actual, se preocuparon por ver a Amalek en cada enemigo que amenazó al pueblo judío.

No quiero sin embargo emblanquecer la trayectoria histórica de malvados como los romanos, los cruzados, los cosacos ni los inquisidores. Pero no son Amalek. Como dijo el Rambam, Amalek es el resultado de la libre elección del mal por parte del hombre. Es que el cosaco o el inquisidor hubieran podido elegir ser buenos y no lo hicieron. Es decir, Amalek no es un pueblo concreto. Amalek es lo que eliges.

-Te aviso que tenés muchos lectores de derecha, por ejemplo de Betar. Ellos estarán diciendo que ahí está de nuevo la Sharona izquierdista de alma bella y pura, pero que a los palestinos, actualmente, les importa muy poco lo que nosotros decimos aquí. Esos palestinos no hacen el mismo análisis, ni siquiera tienen movimientos pacifistas paralelos a los israelíes, les importa muy poco nuestro humanismo, y nos siguen poniendo bombas en los autobuses…

-Voy a darles una respuesta de alguien que no era ni de Beitar ni de Hashomer. Era ortodoxo, que no lo soy, y de izquierda, que sí lo soy: Ishaiahu Leibovitz. El decía: me importa muy poco que los árabes no hablen del humanismo, yo sé que no lo hacen, y no los idealizo. No me importa que tengan un nivel ético salvaje, veo que lo tienen. Pero yo soy judío creyente, y quiero que mi pueblo sea "luz para los gentiles". Y por eso debo ser la persona más moral que pueda ser.

Posiblemente, todo lo que está pasando ahora viene de ver la realidad como polos que se oponen, donde todo el bien está en mí, y todo el mal está en el otro. Es decir, que hay que pensar un poco más como el Rambam, así estaríamos mucho mejor.

Bibliografía

Tomado de Hagshama E-zine



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