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Los rabes de Israel - Segunda Parte

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Aportado por: aizik
Fecha de creación: 2002-05-27 14:12:15
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Los árabes de Israel - Segunda Parte

Los nuevos israelíes
Por Sergio Rotbart


Una vez reencontrados con sus pares palestinos en los territorios, luego de la Guerra de los Seis Días, los árabes israelíes comenzaron un proceso de lentas mejoras económicas y de reconfiguración de su identidad, lidiando con una "doble marginalidad". Por un lado, desigualdad respecto de la sociedad israelí y, por otro, no aceptación en el plano nacional palestino. Pero desde entonces, mucha agua ha corrido bajo el puente.


El ascenso económico que caracterizó a los años posteriores a la guerra de 1967 influyó tanto sobre el nivel de manutención de los árabes como en su inserción en la economía israelí. Muchos de ellos pasaron a ser independientes, dueños de pequeños talleres y –en algunos casos- incluso de grandes industrias. De la condición de obreros no calificados y trabajadores de servicios, en la mayoría de los casos en los trabajos más despreciables, ascendieron a ocupaciones que exigen un alto grado de capacitación. Los árabes israelíes comenzaron a ingresar a actividades y a terrenos laborales que muchos judíos empezaron a abandonar. Adquirieron experiencia y habilidad en un nuevo mercado de trabajo, así como capacidad para negociar como subcontratistas y contratistas. Empresas de pavimentación de rutas, trabajos públicos y una amplia gama de industrias, muchas de las cuales eran, directa o indirectamente, industrias de desarrollo gubernamentales, abrieron parcialmente el acceso a los árabes. Por otro lado, así como los judíos provenientes de Asia y África comenzaron a despojarse en los años '50 y '60 de los trabajos físicos no calificados y de bajos ingresos y prestigio mediante su reemplazo –por lo menos parcial- por los árabes israelíes, éstos fueron reemplazados ahora por trabajadores que llegaban diariamente de los territorios ocupados. 

 Con todo, la industrialización del sector árabe era muy limitada. Las empresas de propiedad árabe eran generalmente pequeñas, dedicadas al comercio, la subcontratación, las obras artesanales y el transporte. Muchas de ellas siguieron siendo dependientes parcial o totalmente de las industrias, los contratistas, las redes de comerecialización y los compradores judíos. Así, por ejemplo, se desarrolló una industria del vestido árabe como abastecedora de la industria textil más grande de propiedad judía. Las industrias de propiedad árabe tendían a concentrarse todavía en los rubros tradicionales, como el textil y el procesamiento de alimentos, mientras que en manos de judíos había industrias más sofisticadas que exigían conocimiento tecnológico más elevado. Además, la falta de subsidios y presupuestos gubernamentales para la industria árabe era un factor importante en el insuficiente desarrollo de la economía del sector.

 El acelerado crecimiento demográfico de la población árabe en Israel (de 150.000 en 1948 a 1.100.000 en la actualidad, con un índice de reproducción natural que llegó al 4% anual), junto con la insuficiente urbanización y las trabas burocráticas por parte de estado para permitir nuevas construcciones, explican la dimensión del problema habitacional en este sector, caracterizado por un índice de densidad habitacional que en muchos casos habla de un grave hacinamiento. No es casual, entonces, que se haya expandido una ola de construcción ilegal, que constituye, según las estimaciones, cerca de un 30% de la vivienda árabe. Una parte de este fenómeno fue aceptado de facto por parte de las autoridades israelíes, que hicieron la vista gorda. Pero el resto fue la fuente de amargos conflictos, que condujeron a la destrucción total de muchas viviendas nuevas.

Tierra y Política

 La crisis habitacional indica el desarrollo de una nueva situación política de los árabes israelíes. Entrada la década posterior a 1967 comienza una ola de activismo político que volvió a despertar algunos de los miedos más arraigados de los judíos. A pesar de que todavía no estaban preparados para formar un movimiento político independiente y efectivo, el carácter de la actividad política de los árabes cambió en forma radical. El suceso que mejor expresó este cambio tuvo lugar el 30 de marzo de 1976, cuando fue decretada la huelga general de los árabes de Israel y todos los involucrados hicieron uso de la violencia. La "Comisión Nacional por la Defensa de las Tierras Arabes" llamó a la huelga y le dio el cargado nombre de "Día de la Tierra". Como tantas veces en el pasado, el tema inmediato que estaba en el centro de la convocatoria era la confiscación de tierras de propiedad árabe por parte del estado, la cual se realizaría en el marco de un programa gubernamental de "judaización de la Galilea". Los habitantes de las aldeas de la zona se enfrentaron con unidades de la Guardia de Fronteras. Hubo seis árabes muertos, varios heridos y detenidos. Para la mayoría de los árabes, los sucesos fueron un eco de la masacre de Kfar Kassem, ocurrida 20 años antes (ver edición anterior de Hagshamá). Pero la comunidad árabe demostró esta vez un grado de seguridad y conciencia política que no estaban presentes en 1956. Desde muchos punto de vista, la huelga expresó la madurez del Partido Comunista (Rakaj), que erigió la comisión organizadora de la protesta. El "Día de la Tierra" fue declarado en 1988 fiesta nacional palestino-israelí y día de solidaridad con los palestinos de Cisjordania y Gaza, quienes estaban dispuestos ahora a aceptar a los "árabes de 1948" (tal como fueron denominados los árabes de Israel) de regreso al regazo del nacionalismo palestino.

 Además de Rakaj (comunistas), otros grupos políticos comenzaron a manifestar sentimientos nacionalistas, incluso con más radicalidad. El movimiento extraparlamentario "Los hijos de la aldea" comenzó a contar con influencia a fines de los años '70, entre otras cosas porque se presentó como una alternativa ideológica-nacional al Rakaj. Se opuso a la participación de los árabes en las elecciones nacionales y aspiraba a reducir lo más posible el "colaboracionismo con el estado sionista". Como contrapartida, demandaba la conversión de Israel en un estado "laico y democrático" de todos sus ciudadanos. Pero el principal terreno de acción de "Los hijos de la aldea" era al interior de la sociedad árabe, y su protesta se centraba contra su estructura tradicional-tribal, que -a su entender- no sólo frenaba el desarrollo de la sociedad árabe sino que contribuía a que los judíos la dominaran.

La doble marginalidad

 Los árabes de Israel comenzaron a estar cada vez más expuestos a las corrientes políticas palestinas externas, entre las que se destacaron el nacionalismo palestino, tal como fue representado por la OLP, y la conciencia islámica renovada. Por su parte, la dirigencia de la OLP durante las dos primeras décadas desde su conformación se comportó ante los árabes israelíes guiada por la completa ignorancia. La organización liderada por Yasser Arafat sólo se dirigió a los árabes en tanto comunidad en las elecciones israelíes de 1988, paralelamente al vuelco que implicó el reconocimiento de Israel. Al mismo tiempo muchos árabes israelíes apoyaron abiertamente a las fracciones de la OLP que demandaban la creación de un estado palestino en parte del territorio original de "Palestina", al lado y no en lugar de Israel ("dos estados para dos pueblos", tal como rezaba la consigna del Partido Comunista). Pero también entonces la actitud hacia la OLP como vocero de todos los palestinos permaneció como una cuestión no definida totalmente en la doctrina política de los árabes de Israel. Esta incertidumbre proviene indudablemente de la prolongada ambivalencia hacia la retórica militarista que caracterizó a la OLP y hacia la práctica de la "lucha armada", que se transformó en terrorismo indiscriminado. Así es que, si bien dos semanas después del estallido de la Intifada en los territorios ocupados en diciembre de 1987 se declaró una huelga general de los árabes israelíes en solidaridad con la rebelión palestina, y no faltaron los temores de que ésta podría extenderse al interior de Israel, lo cierto es que las preocupaciones desaparecieron tras la finalización de la huelga. Los "árabes del 48" constituyen la única parte de la comunidad palestina dentro y fuera de la "patria" que no participó activamente de la lucha armada ni de la rebelión popular (la Intifada). Magid Al-Haj denominó esta situación como "doble marginalidad", es decir la sensación de que los árabes de Israel permanecieron marginales tanto en la sociedad israelí como en el movimiento nacional palestino.

 En la actual Intifada de Al-Aksa la participación de los árabes israelíes en los enfrentamientos con las fuerzas de seguridad fue más masiva y extensa en relación a la ocurrida una década antes. Y, sin embargo, los hechos de violencia dentro de la "línea verde" duraron contados días. El lapso suficiente para reforzar en la sociedad israelí la imagen estereotipada y generalizadora del "árabe desleal y traidor" al estado. El desaliento ante la posibilidad de conseguir plena igualdad de derechos en el estado judío los lleva a radicalizar sus demandas y exigir su transformación en un estado de todos sus ciudadanos, así como la autonomía cultural (solución preferida por gran parte de los intelectuales, como el dirigente Azmi Bishara) y, por otro lado, a acentuar su solidaridad con la causa palestina, diluyendo cada vez más su tradicional posición ambivalente hacia el uso de la violencia. 

Si bien los árabes de Israel, con todas las diferencias y matices entre ellos, siguen estando en los márgenes del estado israelí, esos márgenes son más amplios que nunca y la distancia entre el centro y la periferia se desdibuja cada vez más. La existencia entre los judíos y los palestinos tiene también sus ventajas, especialmente ante la ausencia de otras alternativas, y el desarrollo creciente de una conciencia de aquello a lo que una minoría puede aspirar. Ya no hay en ello conciliación pasiva, como en los años '50, sino el examen continuo de los límites de la apertura del estado y la sociedad judíos.

Bibliografía

Tomado de Hagshama E-zine



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