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Rey David: Gloriosa inconsistencia del espritu humano

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Aportado por: aizik
Fecha de creación: 2002-05-27 14:05:10
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La gloriosa inconsistencia del espíritu humano

El relato bíblico del ascenso de David al poder
Por Scott Copeland

La mejor herencia que nos deja la Biblia es su profunda comprensión del alma humana. Uno de los ejemplos más perfectos de ello es David, uno de los personajes más glorificados de la historia del pueblo judío. A pesar de sus yerros y sus pecados, de los que el relato bíblico perdona algunos y condena otros, David es glorificado en toda su fortaleza y debilidad, al punto que, según la tradición, el Mesías será su descendiente.


El Tanaj, la Biblia hebrea, es un texto humano. Su perdurabilidad como un pilar central de la civilización judía y de la creatividad humana se debe, en buena medida, al rico retrato de sus personajes. Las figuras de personajes como Abraham, Moisés, Ruth y Job permanecen en nosotros porque son más que humanos. Hallándose a veces ante circunstancias extraordinarias, los protagonistas de la Biblia continúan hablándonos porque, como nosotros, poseen fortalezas y debilidades, alcanzan grandes logros y sufren dolorosas derrotas. El valor de la Biblia es, entre otros, su habilidad para capturar la inconsistencia del espíritu humano a través de un drama que continúa desplegándose incluso hoy.

 

Entre las grandes figuras de la Biblia, grande en su humana inconsistencia, se destaca el Rey David. Su impacto en la imaginación judía fue tan poderoso que es David, no Abraham, tampoco Moisés, quien será el progenitor del Mesías. Irónicamente, el David que los rabinos del período talmúdico van a recordar como el estudiante per excellence de la ieshivá (casa de estudios rabínicos) es pintado en el relato bíblico como un político ambicioso, un soldado habilidoso, un músico, un líder de bandidos, un amante, y un padre atribulado. No obstante, la ascensión de David al poder es un relato político lleno de astucia, ambición, una perspicacia política inmensa, e incluso crueldad.

 

Al principio, nos recuerda la Biblia, David era un pastor, el hijo menor de un hogar en Beit Lejem (Belén). Su padre Ishai lo envió a Soco, en el valle de Elá, para traer el almuerzo: “grano tostado, y estos diez panes… y estos diez quesos de leche” (Samuel I, 17:17-18) para sus hermanos mayores, que eran soldados en el ejército del rey Saúl.

 

Saúl había ascendido al poder (aprox. 1050 aec) con telón de fondo del aumento en la amenaza a la seguridad por parte de los filisteos contra las tribus de Israel. En tanto que los filisteos controlaban la planicie costera, las tribus israelitas más grandes controlaban las colinas de Judea y Samaria. Como muchos líderes modernos de Israel, Saúl era un líder político, un arquitecto estratégico y un comandante de campo.

 

En el Valle de Elá, en la frontera entre los territorios controlados por israelitas y filisteos, las tropas de Saúl estaban empatadas. En las colinas del este, con sus espaldas hacia Beit Lejem, estaban apostadas las tropas de Israel. En las laderas del oeste, con sus espaldas hacia la costa, se desplegaban las fuerzas filisteas. Ninguna de las partes era capaz de obtener la victoria. En un intento de romper el empate, se adoptó una solución homérica, de hecho mucho más civilizada que la guerra moderna. Cada lado accedió a enviar a un campeón para representarlo. Los dos guerreros rivales se enfrentarían en el valle, y el ganador del duelo daría la victoria a su rey y a su pueblo.

El Ascenso Meteórico

Ninguno de los combatientes de Saúl estaba dispuesto a enfrentar al campeón de Gat, Goliat. David, tal vez fortalecido por la ingenua autoconfianza de la adolescencia, demandó a Saúl el derecho de luchar con Goliat. De mala gana, Saúl dió su consentimiento. No tenía otros voluntarios. Y David, tal vez de 14 ó 15 años de edad, se lanzó colina abajo y se puso la armadura de batalla de Saúl. En el momento de alcanzar el fondo del valle, David llevaba apenas su equipo de pastor, su mochila, su honda, y un puñado de cantorrodado, piedras suaves de río. Contra todas las posibilidades, y contra el consejo de amigos y enemigos, David mató a Goliat, y derrotó a las fuerzas filisteas.

 

Desde su primera victoria en el Valle de Elá, el ascenso de David al poder fue meteórico. David se convirtió en el mejor amigo de Jonatán, el hijo de Saúl. Aconteció que… el alma de Jonatán quedó ligada con la de David, y lo amó Jonatán como a sí mismo” (Samuel I, 18:1). David se casó con la hija de Saúl, Mijal. David se sentó en la sala del trono, y tocó el arpa para calmar la furia y el dolor del trágico Saúl. Pero es claro que alguien que bebe y caza con el hijo del rey, que duerme con la hija del rey, y literalmente se sienta al lado del rey, no sólo sabe los más íntimos secretos del reino, sino que puede ser una amenaza potencial para el monarca. Cuando David volvió a casa luego de vencer a las fuerzas filisteas una y otra vez, las mujeres lo vitorearon en las calles de la ciudad con el canto: “Saúl mató a sus miles, y David a sus decenas de miles” (Samue I, 18:7). Saúl comprendió. El sabía que David suponía una amenaza potencial a la continuación de su propio poder. En dos ocasiones, Saúl intentó asesinar a David en la corte real. Luego del tercer intento, David decide huir a Guivón y, asistido por Mijal y Jonatán, espera su oportunidad.

 

David huye hacia el desierto de Judea entre Adulam, Maón y Ein Guedi, donde reúne un ejército de descontentos y de desposeídos a su alrededor. Saúl envió varias expediciones a las yermas comarcas para capturar a David, pero sin resultado. David construyó su poder, e incluso se alió con Ajish el filisteo.

 

Eventualmente, en los montes de Guilboa, Saúl enfrenta su derrota final. Rodeado por fuerzas filisteas, los ejércitos israelitas son vencidos. Con Jonatán muerto y sus ejércitos destruidos, Saúl prefiere empalarse a sí mismo con su lanza antes que  caer prisionero de guerra de los filisteos. Cuando los filisteos llegaron para encontrarse con un rey un príncipe muertos, sus guardaespaldas caídos y la armadura real desparramada por todo el campo de batalla, supusieron que su victoria había echado por tierra con el intento israelita de establecer una monarquía central. Ellos asumieron que no solamente la batalla era suya, sino que habían ganado la guerra, que la resistencia israelita había sido definitivamente aplastada. Para proclamar su victoria, empalaron y mutilaron los cuerpos de Jonatán y de Saúl en los muros de la ciudad de Beit Sheán. Ubicada en la encrucijada entre la costa y el valle de Jezreel, y la ruta que une el sur con el norte del valle del Jordán, Beit Sheán era una de las ciudades más importantes de la antigua Tierra de Israel. Cualquier viajero que utilizara las rutas comerciales del país pasaría por Beit Sheán tarde o temprano, y sería testigo de la espeluznante exhibición que anunciaba la supuesta victoria filistea.

 

La derrota en Guilboa y la muerte de Saúl se extendieron por todo el país como un fuego desenfrenado. En Tziklag, en el distante sur, David recibió las noticias, y se dio cuenta que había llegado el momento de reclamar el trono.

David, absuelto por la Biblia

Pero la política nunca es simple, y otras partes interesadas buscaron también aprovechar la derrota de Saúl y Jonatán. De los cuatro hijos de Saúl, tres habían resultado muertos en la batalla al pie del Guilboa. El hijo restante, Ish-Boshet, respaldado por Avner, el Jefe de Estado Mayor de Saúl, y por las tribus del norte (de las que las más importantes eran Benjamín, Efraim y Menashé), asumió el trono de Israel y reinó por dos años. Casi simultáneamente, David fue coronado rey en el Sur, sobre Judea, en Hebrón, su capital tribal.

 

La consiguiente guerra civil entre los seguidores de David y los de la Casa de Saúl culminó con David como triunfador. Cuando Avner, el Jefe de Estado Mayor de Saúl, desertó al sur davídico, Ioav, un joven y ambicioso oficial que se convierte en la mano derecha de David, lo asesina. Poco después, Ish-Boshet fue ejecutado, y los homicidas trajeron su cabeza ante David en Hebrón. En ambos casos, el relato bíblico es terminante en su posición de que David no tuvo parte en el derramamiento de la sangre de Avner ni de Ish-Boshet. Acepte o no el lector la exculpación bíblica de David, o si elige leer el texto cínicamente, como un intento de blanquear a David de toda culpa por dos eventos que claramente servían a su fortalecimiento político, las muertes de Avner y de Ish-Boshet señalaron el colapso de la Casa de Saúl, y el triunfal ascenso de la Casa de David sobre todas las tribus, sobre el norte y el sur, sobre Judea e Israel.

 

La estrella ascendente de la dinastía davídica no lo fue sin obstáculos. Si bien David pudo expandir el reino de Israel hasta convertirlo en una potencia regional, y convertir a Jerusalem en la ciudad sacra e intemporal del pueblo judío, su reino estuvo plagado de guerra y revueltas. Su hijo, Salomón, continuaría el trabajo de su padre, a saber, la consolidación del imperio davídico-salomónico y la construcción del Primer Templo en Jerusalem como una evidencia física de los fundamentos ideológicos de la autoridad política y religiosa de la línea davídica.

 

Desafortunadamente, la arqueología nos ha dejado poca evidencia física de David Ben Ishai. El área del Portal de la Basura en el sudeste de Jerusalem, cerca de la ladera de Silwan, suele ser referida como la Ciudad de David. Sin embargo, por más de un siglo, arqueólogos como Charles Warren e Igal Shiló han reflexionado acerca de los restos materiales en un intento por recrear la Jerusalem del siglo X aec. Irónicamente, lejos de Jerusalem, junto al límite moderno entre Israel y el Líbano, un equipo encabezado por Abraham Birán, descubrió en dos años consecutivos (1985 y 1986) un trozo roto de una tableta que podría constituir la única referencia a la “Casa de David”, a no ser por el texto bíblico. El significado exacto de esta referencia es debatido en círculos arquelógicos.

 

¿Acaso la falta de evidencias materiales específicas significa que el Rey David es una figura mítica y no histórica? ¿Acaso la ausencia de evidencia indica que el Rey David es a Jerusalem lo que el Rey Arturo es a Camelot? En última instancia, la pregunta es irrelevante. Más allá de la evidencia histórica, generaciones de judíos (y luego de cristianos y musulmanes) han venerado la memoria del Rey David como una guía y una inspiración a través de los dolores de la historia. El poder de la memoria ha asegurado la supervivencia del Rey David como un inmortal representante de la grandeza del espíritu humano en toda su gloriosa inconsistencia.


Traducción: Marcelo Kisilevski

Bibliografía

Tomado de Hagshama E-zine



Algunas evaluaciones hechas por los miembros de Jinuj.net:

Autor Fecha del mensaje

***** ancavali 27/7/2003 8:13 AM
muy bueo el articulo ya que estoy haciedo mis primeras armas en el estudio de la Tora y la historia judia

Ver todos los comentarios hechos por otros usuarios. (1 comentarios)
Terrible *****
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Excelente

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