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La 'Nakba' permanente

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Aportado por: aizik
Fecha de creación: 2002-05-27 10:40:46
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La 'Nakba' permanente (una carta apócrifa que merece ser verdadera)

La Intifada de Al-Aqsa
Por Egon Friedler

Los palestinos han ganado ya la importante batalla por la opinión pública internacional y el endurecimiento de la actitud de los países árabes para con Israel. El precio, sin embargo, puede haber sido demasiado caro. Luego de los logros obtenidos a raíz del cambio estratégico de la OLP de terrorismo por diplomacia, volver al camino de la violencia puede condenar al pueblo palestino a una tragedia permanente.

 

Queridos hermanos palestinos: 

Ya es hora de hacer un balance de la Intifada de Al-Aqsa después de casi tres meses de lucha y de más de 300 muertos, la mayoría de ellos, nuestros ¿Qué hemos conseguido? Sin duda, obtuvimos la atención del mundo y éste ha cobrado conciencia de nuestra indignación con la continuación de la ocupación israelí. Hemos obtenido la solidaridad de las masas en los países árabes y el endurecimiento de la actitud de varios gobiernos árabes hacia Israel. El proceso de reconocimiento del estado sionista como parte integral del Medio Oriente se ha detenido drásticamente. Tendremos la oportunidad de plantear ante una Comisión Internacional la justicia de nuestros reclamos y es evidente que muchos que apoyaban la versión israelí acerca de nuestra intransigencia en Camp David han cambiado su actitud. Las matemáticas del recuento de las víctimas son implacables. Como en la primera Intifada volvemos a ser los débiles contra los fuertes, los oprimidos contra los opresores, los desheredados del mundo contra los agentes privilegiados del país capitalista más poderoso del mundo. Antes de la Intifada estábamos desunidos y enfrentábamos graves conflictos internos. La necesidad de enfrentar a un enemigo externo barrió todas las diferencias bajo la alfombra. 

El espejismo de la fama

Todo esto constituye una victoria táctica pero no estratégica, una victoria propagandística pero no política, un logro momentáneo que a la larga puede convertirse en un mero espejismo. Paralelamente al balance de los logros, debemos hacer un balance de nuestras pérdidas. Y no tenemos más remedio que preguntarnos si todo valió la pena. En primer lugar, humillamos y burlamos al gobierno y al líder israelí mejor dispuesto a comprender nuestra causa, y más seriamente dispuesto a hacer sacrificios que podían  arruinar para siempre su carrera, en toda la larga historia del conflicto. Quebramos nuestra palabra del 13 de setiembre de 1993 al elegir la violencia como medio de presión, en lugar de presentar alternativas en una negociación difícil y delicada. Los televidentes del mundo olvidan esto fácilmente, pero no lo olvidan ni los líderes políticos ni el pueblo israelí. Nuestra respuesta de 'lapidación' del proceso de paz ya ha sido interpretada como era lógico por el electorado israelí. En una crisis buscan al hombre fuerte. Como si no nos hubiera alcanzado con los tres años de Netaniahu preparamos el terreno para su retorno. Si, como fatalmente se espera, logra superar los problemas legales y  presenta su candidatura para Primer Ministro al frente del Likud, nadie duda que será electo. Y tenemos que tener las cosas claras, no son los votos israelíes los que lo habrán elegido, sino nuestras piedras, nuestras balas y nuestros cocktails Molotov. Lo que es peor aún, dimos un golpe brutal a las fuerzas conciliadoras de Israel, entre las cuales hay muchas personas sensibles a nuestro sufrimiento y a la justicia de nuestros reclamos. Los hemos puesto en ridículo ante su propia opinión pública. El mensaje fue claro: los palestinos no cumplen sus acuerdos. No confíen en ellos. No quieren la paz. Odian a todos los israelíes, incluso a los simpatizantes más extremos de la causa palestina.

Podemos jactarnos de que ahuyentamos al turismo de Israel y perjudicamos su economía. Pero cabe preguntarnos: ¿a qué precio? Al de terminar nosotros en la miseria. Los días de rabia pueden ser útiles para que los adolescentes descarguen sus instintos y vivan la gran aventura de lo que creen es la lucha por la libertad. Pero ¿qué libertad? ¿Acaso no tenemos un gobierno palestino? ¿Nos faltan militares armados ? ¿Nos faltan burócratas? No. Todo lo contrario. Nos sobran. Lo que nos falta es trabajo, empleo, industrias, turismo, inversiones, tecnología moderna, todo lo que hoy hace que los países pobres puedan volverse ricos. Todo esto que está vinculado de alguna manera a la paz.

Pero no. Nuestro líder Abu Amar no quiere la paz, quiere la gloria. Siempre debemos imponernos a otros. En 1948 quisimos expulsar a los judíos de Palestina y tuvimos la 'Nakba' y nos convertimos en un pueblo de refugiados. En 1970 quisimos apoderarnos de Jordania y casi nos exterminan en el Setiembre Negro del rey Hussein. En la década del setenta, usamos el Líbano como trampolín para atacar a Israel y de paso luchamos contra los libaneses que se opusieron a nuestra presencia. Terminamos yéndonos vencidos y avergonzados en 1982. Ahora quisimos arrastrar al mundo árabe a otra guerra con Israel y nos dijeron que no contemos con ellos. ¿Cuántas veces más debemos fracasar para entender que ese no es el camino? 

Todos sabemos que nuestro gobierno es corrupto, que es incapaz, que ha despilfarrado sistemáticamente la ayuda del mundo y que los países europeos no quieren invertir en Palestina, porque no confían en nuestras leyes, en nuestro gobierno, en nuestra capacidad de cumplir compromisos. Nos preguntamos si todos los palestinos no somos víctimas de una gran maniobra de ocultamiento. Toda la “Intifada de Al-Aksa” y el sacrificio diario inútil de vidas humanas parece no ser sino una gran cortina de humo para ocultar la ineptitud y el robo criminal de nuestros recursos por la camarilla de Yasser Arafat.

Estúpida fábrica de muerte

Hay jóvenes que creen que tirar piedras ante las cámaras de televisión los convierte en héroes. Pero las piedras producen la réplica de las balas. De hecho nuestra gesta heroica se está transformando en una monótona y estúpida fábrica de muerte. Y es una fábrica mal vista en el mundo contemporáneo. Si seguimos insistiendo con ella terminaremos en una miseria tan insoportable que acabaremos por matarnos los unos a los otros.

Cometeremos un grave error si creemos que el mundo simpatiza con nuestra hostilidad al estado judío y nuestro rechazo a que se transforme en parte integral del Medio Oriente. Si nosotros somos hostiles a los extranjeros no islámicos en nuestra parte del mundo, serán xenófobos con nosotros en otras partes del mundo. Cuanto más duros seamos con los israelíes, más van a odiar a los árabes en Europa y en Estados Unidos. Nuestras tradiciones islámicas no se combinan muy bien con el mundo tecnológico moderno ni con los sistemas democráticos que rigen en los países más ricos e importantes del mundo. Pero este es el mundo de hoy y de mañana. Si queremos prosperidad y un futuro digno para nuestro pueblo no tenemos más remedio que entrar a ese mundo.

Y hoy la única puerta de entrada disponible a ese mundo es la paz con Israel. Si seguimos insistiendo con la violencia cerraremos esa puerta con un portazo. No seremos un pueblo glorioso y triunfador. Seremos unos pobres fracasados. Nuestro destino histórico será la 'Nakba' permanente.

Bibliografía

Tomado de Hagshama E-zine



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