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Aportado por: aizik
Fecha de creación: 2002-05-01 13:49:15
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La "política" israelí de liquidar terroristas

Intifada de Al Aqsa
Por el Lic. Julian Schvindlerman

Entre las respuestas a la Intifada de Al Aqsa, Israel ha revitalizado la política de liquidar puntualmente a terroristas bien identificados. Esta política le ha valido la condena por parte de organismos de derechos humanos opuestos a todo lo que signifique privar a alguien del derecho a la vida. Pero cuando se trata de una conflagración, lo acertado de esta "guerra con bisturí", en la que los civiles inocentes queden al margen, no es tan fácil de controvertir. Lejos, una vez más, de las simplificaciones, enfrentamos aquí este difícil dilema.

 

El debut

La escena parecía sacada directamente de una película hollywoodense. El día: 14 de febrero del 2001. La hora: 9AM. El evento: un coronel de la Guardia Presidencial de Yasser Arafat y famoso contrabandista de drogas, Masoud Iyyad, subió a su auto y emprendió la marcha a lo largo de la calle Saladín en la Franja de Gaza. A 6 kilómetros de distancia, dos helicópteros Cobra de la Fuerza Aérea Israelí volaban en dirección opuesta. Segundos más tarde varios misiles despedazaron el auto de Iyyad matando a su único ocupante, mientras los helicópteros se perdían en el horizonte. Así debutó la política israelí de eliminar a terroristas involucrados en el planeamiento y/o ejecución de actos de terror contra Israel en el contexto de la actual Intifada de Al-Aqsa. Masoud Iyyad era además el líder de una célula terrorista del Hizbullah activa en Gaza, responsable de, entre otros ataques, haber disparado cohetes contra asentamientos israelíes. Otros terroristas murieron bajo la balas de francotiradores israelíes, bombas ocultas en sus autos, o también por misiles disparados desde helicópteros. Según afirmaciones palestinas, esta política de asesinatos ya ha dejado un saldo de 20 muertos en los territorios autónomos palestinos.

Israel niega oficialmente haber adoptado o estar implementando una política de asesinatos y se refiere a estas operaciones como "ataques preventivos sobre terroristas operando desde las áreas bajo control palestino". Amnesty International, B'Tselem y otras agrupaciones de derechos humanos, así como la Autoridad Palestina, la definen como "ejecuciones extrajudiciales" y "política de asesinato estatal". Dejando eufemismos de lado, operativos israelíes han deliberadamente asesinado a terroristas palestinos, algo que el propio gobierno de Barak admitió. Israel actúa de esta forma sobre la base de que

1. se encuentra en un estado de guerra con los palestinos y que 
2. quienes organizan atentados contra ciudadanos israelíes son legítimos objetivos militares.


 El departamento jurídico de las Fuerzas de Defensa de Israel produjo una opinión legal sustentando el asesinato sumario de un terrorista cuando vidas inocentes están en peligro. Con menor elegancia legal, tiempo atrás, el conocido general norteamericano George Paton expresó este punto de manera más simple: "El tema en la contienda no es morir por el propio país, sino asegurarse que el otro H de P muera por el suyo" (Barry Rubin presentó esta cita en The Jerusalem Post).

Pros y contras

Un importante objetivo que persigue esta política es el de disuadir al enemigo de continuar con su campaña de terror haciéndole saber que su propia vida, no solamente la de las víctimas de sus masacres, está en juego. Al obligarlo a ponerse a la defensiva el terrorista debe emplear su tiempo en esconderse en lugar de poder planear atentados. Según expertos en seguridad, este modus operandi es uno de los pocos métodos ofensivos en contra-terrorismo diseñados para causar el mínimo daño a civiles inocentes. Al mismo tiempo, el método no es inmune a falencias. Un importante riesgo presente en esta política es la posibilidad de matar o herir a personas que no son el objetivo. Durante las primeras nueve operaciones israelíes, junto con los 9 terroristas eliminados otros 6 palestinos (presumiblemente no terroristas) murieron en los episodios. A su vez, errores en la ejecución pueden dar lugar a papelones internacionales, tal como ejemplifica el caso de uno de los líderes del Hamas, Khaled Mashal, cuyo fallido asesinato en Amán tensó las relaciones entre Jordania e Israel bajo la administración Netaniahu. (La condena mundial de esta operación fue curiosa, considerando que Israel intentó eliminar a un enemigo del proceso de paz que occidente veía con buenos ojos).

Pero el aspecto más debatido en torno al valor práctico de esta medida anti-terrorista es el potencial de represalias inherente en la misma. Algunos analistas ven en el asesinato del entonces líder del Hizbullah, el jeque Abbas Musawi, en 1992, la razón de la posterior ola de ataques con cohetes Katiusha desde el Líbano contra la Galilea e incluso la voladura de la embajada israelí en Buenos Aires un mes más tarde. El asesinato en 1995 del "Ingeniero" —notorio terrorista del Hamas responsable por la muerte de más de 50 israelíes— disparó una seguidilla de nuevos atentados suicidas en las calles de Israel, opinan los adherentes a la teoría de la represalia. Al día siguiente del asesinato de Masoud Iyyad, un palestino embistió el colectivo que manejaba contra israelíes en una parada de autobús, matando a 8 e hiriendo a otros 20. Un grupo desconocido palestino clamó que el ataque fue en venganza por el asesinato de Iyyad. Naturalmente, esta teoría de causa-efecto es debatible; no siempre es fácil determinar el nexo entre los casos. Pero al margen de esto, uno debe admitir que años antes de que nacieran Musawi, "el Ingeniero", e Iyyad, ya existía el terrorismo palestino. Este no surgió para vengar la muerte de ningún terrorista previo. Cohetes Katiusha cayeron en Metula antes de que Musawi muriera, y terroristas palestinos se inmolaron en las calles de Tel-Aviv antes de que "el Ingeniero" se reuniera con Allah. Aducir que responder a la amenaza terrorista es en sí mismo una invitación al terror es inconsecuente. Puesto que la alternativa se constituye necesariamente en tal invitación. La actitud de "poner la otra mejilla" puede ser cortés en ámbitos diplomáticos; en el violento Medio Oriente es suicida. Llevando esta posición a su conclusión lógica, entonces Israel en la Guerra de 1948 debió abstenerse de haber respondido el ataque conjunto de 6 países árabes, dado que indudablemente la reacción israelí acentuó el rencor árabe en la región y la derivada motivación para vengar las muertes que Israel ocasionó por su mera defensa. De haber adoptado las enseñanzas de Jesús en 1948, la especie judía en Palestina se hubiera extinguido en un santiamén.

Crímen y castigo

Además de las objeciones hasta aquí presentadas, una importante salvedad elevada incluso por defensores de esta política consiste en advertir que Israel debe adoptarla sólo con propósitos de prevención del terror, no de castigo a los terroristas. "Sólo las cortes pueden dictar castigos", señaló Assa Kasher, profesor de filosofía de la Universidad de Tel-Aviv y autor del Código de Etica del ejército israelí. Unas observaciones aquí se imponen. En primer lugar, el dar muerte no siempre es un crimen. Nadie ubicaría en el mismo plano moral ni legal a un asesino serial y al policía que le disparó para evitar que éste cometa otra felonía. En segundo término, el castigo es un principio sagrado de la ley internacional. Tal como el profesor de la Universidad de Purdue, Louis René Beres destacó, Nullum crimen sine poena ("ningún crimen sin castigo") asume especial validez cuando el crimen en cuestión es tan abominable como el caso del terrorismo. Tal como Beres nos recuerda, cuando el Tribunal de Nuremberg fue establecido en 1945, afirmó que "más que ser injusto el castigar [a un ofensor] sería injusto que sus inconductas quedaran sin castigo". Sobre esta base concluyó que la retroactividad no siempre es injusta. Esta filosofía en parte motivó la caza humana de los terroristas responsables por la masacre de los atletas israelíes durante las Olimpíadas de Munich de 1972, un acto de inequívoca vindicación de la justicia.

Las críticas de las agrupaciones de derechos humanos, comprensiblemente, no se centran en el valor práctico de la política de liquidaciones, sino en su dimensión humana. Argumentan que al deliberadamente asesinar individuos, terroristas o no, Israel está violando uno de los más básicos derechos de la persona: el derecho a la vida. Y dado que este derecho está garantizado en varios documentos internacionales, entre ellos la Declaración Universal de Derechos Humanos, Israel es presentada como un violador de la ley internacional. Esto, por supuesto, es absurdo. Tal como observó un profesor de la Universidad de Georgetwon, no existe norma alguna que niegue a un estado el derecho (sino su obligación) de proteger a sus ciudadanos de ataques terroristas y confine a una nación a esperar temerosa la próxima atrocidad que está siendo organizada en el santuario de una entidad vecina. Puesto que el derecho a la vida claramente comprende también el derecho de los israelíes a vivir normalmente, exentos de la amenaza de la muerte. La ley internacional no sanciona el suicidio nacional. "Supongamos que un auto explota aquí en Tel-Aviv y yo debo explicar que sabía quién estaba planeando la operación pero no podía arrestarlo [porque estaba bajo jurisdicción palestina] y no podía [eliminarlo] porque alguien, en algún lugar, podría decir que eso no es 'agradable'" dijo Efraím Sneh, vice-ministro de defensa bajo Barak, ilustrando este punto. Gozando de inmunidad al arresto o la extradición, estos terroristas se mueven con total libertad mientras planean el próximo asesinato de civiles israelíes. Si la Autoridad Palestina combatiera en lugar de promover el terror, Israel no se vería obligada a adoptar tales medidas.

Una guerra justa

Inevitablemente, el derecho a la auto-defensa requiere el matar a otros seres humanos. Israel siempre ha debido transitar una cuerda floja al lidiar con el terrorismo palestino, balanceando el imperativo de luchar efectivamente contra el terror, por un lado, y las restricciones éticas relativas al matar a otros seres humanos, por el otro. Este dilema ha preocupado a la humanidad por siglos. Basándose en conceptos romanos de la guerra y en valores de tempranos moralistas cristianos, Santo Tomás de Aquino reafirmó una doctrina en el siglo XIII que hoy recibe el nombre de Doctrina Moderna de la Guerra Justa. Esencialmente, la misma delinea el marco para la evaluación de la permisibilidad moral de la guerra. Determina guías tanto para lo concerniente a la decisión de ir a la guerra, como los aspectos conductivos de la misma. Asumiendo que ninguna persona en su sano juicio se atrevería a cuestionar la necesidad israelí de defenderse de la agresión palestina de 5 meses de duración, centrémonos en la segunda parte de esta doctrina.

Tal como explicó William O'Brien —una autoridad internacional en ley de guerra— en su libro Law and Morality in Israel's War with the PLO, la conducción de la guerra según esta doctrina contiene dos elementos centrales: proporción y discriminación. Así, una acción militar debe ser proporcional en el marco de los objetivos estratégicos y políticos perseguidos. Asumiendo que el primordial objetivo israelí en este sentido es aplastar el terror palestino y motivar a los palestinos a que retornen a la mesa de negociación, entonces el atacar a líderes específicos de células terroristas resulta apropiado. El ejército israelí ha sido altamente medido en sus respuestas. De no haber sido el caso, hoy Ramallah no existiría. El segundo elemento, discriminación, es especialmente tenido en cuenta en la política de ejecuciones israelí. Considerando las opciones alternativas –todas ellas de naturaleza colectiva, bombardear centros poblacionales o imponer cierres de frontera totales— esta política debiera ser aplaudida por su selectividad y precisión.

Cabe aquí acotar que, tal como señaló la comentarista Evelyn Gordon, todas las medidas que Israel adoptó previamente fueron censuradas por la comunidad internacional. 

* Cuando Israel disparó contra tiradores palestinos, mezclados con la población local, inevitablemente hiriendo o matando a muchos de ellos, Israel fue acusada de "brutalidad". 
* Cuando decidió disparar misiles contra edificios vacíos, anunciando con anticipación la operación para asegurar la evacuación de los civiles, Israel fue acusada de emplear "fuerza excesiva". 
* Cuando cerró las fronteras y dejó de transferir dinero al régimen de Arafat para privarlo de recursos y trabar su financiamiento de la mini-guerra, Israel fue acusada de aplicar "estrangulamiento económico". 
* Y finalmente, cuando Israel optó por una técnica que castiga solamente al culpable, la política en discusión, Israel fue acusada de "violar la ley internacional". 


Desde ya, la solución pacifista predicada por las agrupaciones humanitarias consiste en aducir que en tanto la política israelí resulte en la pérdida de vidas humanas, la política es entonces inmoral. En palabras de un reporte de la organización de derechos humanos israelí B'Tselem: "...no puede haber justificación de la política de asesinatos israelí...La ilegalidad yace en la propia política independientemente de sus resultados". Al invocar leyes, B'Tselem haría bien en recordar que bajo los standards de la ley internacional los terroristas son conocidos como hostes humanis generis, "enemigos comunes de la humanidad". Defender su derecho a la vida cuando ellos mismos están dedicados a suprimir la posibilidad de que otras personas ejerciten ese mismo derecho, no es solamente estúpido, es obsceno.

¿Y la alternativa?

B'Tselem continúa con una frase particularmente interesante: "Es más, aducir que no hay alternativa a los asesinatos bajo las actuales circunstancias no puede excusar la continuación de la política. La ausencia de alternativas no niega la estricta prohibición e Israel debe encontrar medios legales para alcanzar sus objetivos". Exactamente qué medios legales puede Israel emplear es algo que B'Tselem lo deja a la imaginación del lector. ¿Enviar una carta documento al terrorista en Gaza citándolo a una audiencia en Tel-Aviv, quizás? Lo verdaderamente interesante en esta frase, sin embargo, es la rotunda aseveración de que la falta de alternativas no exime a Israel de su conducta. De haber aplicado este mismo postulado al proceso de paz, Oslo debió haber sido enterrado hace 8 años. Eran defensores de Oslo, tales como los integrantes de B'Tselem, los que creyendo haber alcanzado el colmo de la astucia descartaban toda crítica con la célebre máxima: "¿cuál es la alternativa?" A menos que existiera una alternativa, Oslo permanecía como una opción viable. Ahora, cuando Israel está sufriendo los resultados de aquél polémico experimento, B'Tselem no admite como crítica la misma pregunta que tan orgullosamente le espetaba en pleno rostro a los críticos de Oslo...

La hipocresía en juego es notable. La misma comunidad internacional y las varias agrupaciones de derechos humanos que instaron a Israel a que asuma "riesgos por la paz" y se embarque en un peligroso sendero, ahora que el destino final resultó ser una guerra, condenan a Israel por la manera en que se defiende de la violencia palestina; la que es, por supuesto, siempre tolerada. Esto –el terror palestino y la hipocresía internacional— y no la política de liquidaciones israelí, es el verdadero acto de abyecta inmoralidad.

Bibliografía

Tomado de Hagshama E-zine



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