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Adio Israitalia! - Israel regresa a un parlamentarismo normal

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Aportado por: aizik
Fecha de creación: 2002-04-28 20:31:55
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Adio Israitalia! - Israel regresa a un parlamentarismo normal

El fracaso de un experimento político de laboratorio
Por Gabriel Ben-Tsagal*

Nueve años han pasado desde que la Kneset aprobó la ley de elección directa del primer ministro. Bajo su amparo, fueron elegidos en sólo cinco años tres primeros ministros diferentes (Netaniahu, Barak y Sharón) intercalándose el Likud y el Laborismo en el poder. Con esta nueva modificación, Israel pretende poner fin a una época de inestabilidad sin precedentes. La "invención" de la elección directa pretendía acercarnos al futuro y en cambio nos fue asemejando cada vez más a la anarquía parlamentarista de Italia.


En un sistema parlamentarista normal, la población elige proporcionalmente a partidos políticos cuyos diputados, casí siempre en coalición, conforman el gobierno o el Poder Ejecutivo. Es decir, del parlamento surge el ejecutivo. A partir de las elecciones generales de mayo de 1996, Israel adoptó un sistema único en el mundo por el cual los ciudadanos votan directamente a su primer ministro y en otro sufragio paralelo, eligen a los diputados de la Kneset que en coalición dan su voto de confianza al popularmente electo primer ministro.

La intención de la ley parecía buena. Se pretendía reforzar al primer ministro para otorgarle mayor estabilidad gubernamental. El primer ministro recibía el apoyo directo del electorado, podía ser despedido sólo si una mayoría de 61 diputados imponía un voto de desconfianza y era el propio premier quien designaba a sus ministros. Al dictarse la ley se comprendió que podía llegar a darse el hipotético caso de que la población eligiese a un primer ministro de un partido (por ejemplo Likud) y la Kneset tuviera mayoría del bloque izquierdista (líderado por el Laborismo). Uno de las argumentaciones preferidas de los que defendían la ley de elección directa estaba ligada al hecho "de que los mismos diputados no estarían interesados en despedir a un primer ministro ya que, por ley, se estarían disolviendo a ellos mismos como Kneset". Si en una elección ganó el líder del Likud y el Laborismo es oposición, éste no estará interesado, decían los defensores, en despedir al gobierno ya que así se autodisolverían y ellos, que habían perdido las últimas elecciones, deberían rendir cuentas a sus seguidores.

La elección directa del primer ministro nació traumáticamente. Y puede que éste sea uno de los principales problemas de la ley. El proyecto de ley fue sancionado luego de que en 1991, y por vez primera en la historia política de Israel, la Kneset aprobara un voto de desconfianza contra el entonces premier Itzjak Shamir. El famoso caso, denominado "Hatarguil hamazríaj" (el truco sucio), provocó que los diputados de entonces llegasen a la conclusión de que un gobierno no podía seguir dependiendo de un rabino o un líder político sin escrúpulos capaz de, así como así, deponer a todo un gobierno.

Es decir, se modificó un sistema que durante años demostró responder a las necesidades sociopolíticas del país por un hecho puntual y aislado. Un nacimiento por demás problemático. Al implementarse la elección directa se fueron descubriendo una gran lista de falencias.

Lo contrario de lo que se quería lograr

Ante todo, los partidos políticos perdieron su papel central en la vida política del sistema, dejando lugar a la figura del líder. Los líderes de los partidos, y candidatos a primer ministro, pasaron a ser figuras carismáticas con buen dominio de los medios de comunicación, en lugar de figuras con brillantes records en el quehacer político (Barak y Netaniahu).

Surgieron serios problemas desde el punto de vista actitudinal del votante israelí. El elector israelí modificó su patrón de conducta a la hora de emitir su voto. Antes, cuando debía elegir entre las opciones políticas que tenía, decidía segun su posición en el tema central que dividía al mapa político de Israel: ¿Qué hay que hacer con los territorios de Judea, Samaria y la Franja de Gaza y cómo debemos relacionarnos con los palestinos? (temas de seguridad y de relaciones exteriores). En el sistema de dos urnas, el primer ministro era elegido por este parámetro pero en el momento de elegir las bancas en el parlamento el ciudadano votaba según intereses particulares que podían estar relacionados a temas socioeconómicos, religiosos, antirreligiosos, etc.

El "corte de boleta" producido habla muy bien de la capacidad del ciudadano israelí para promover sus intereses nacionales y particulares a través del sistema existente. Por otro lado, los partidos políticos grandes (Likud y Laborismo) perdieron gran parte de su poder en la Kneset y de hecho, los primeros ministros siguieron dependiendo del apoyo que les daban los partidos pequeños, ya que éstos eran mayoría en la Kneset.

Un sistema de elección tan problemático no disfrutaría de larga vida, pero antes, debería ser probado y despreciado por los dos partidos políticos que ostentaban el poder. El Likud se descepcionó del sistema y de lo que hizo Netaniahu en él; al Laborismo le ocurrió lo propio con Barak. El sistema se remodificaría con la llegada al poder de un político que pertenece al viejo sistema (Ariel Sharón) y que ganó las elecciones principalmente porque Barak las perdió.

¿Quiénes se oponen a la vuelta al sistema anterior? Muy simple, los partidos políticos pequeños que, al cortar boleta, recibieron muchos más diputados, y los líderes carismáticos, que ahora deberán invertir energías en convencer al público a través de las cámaras y a los activistas partidarios.

La ley electoral (modelo 2001) establece que los israelíes votaremos con un solo voto a la Kneset y de ella surgirá el Ejecutivo (sistema parlamentarista clásico). Pero si hasta 1992 se podía despedir a un primer ministro con un voto de desconfianza simple (por ejemplo 23 a 15) hoy en día se necesitan 61 diputados. Nuevamente es el Presidente del Estado quien llamará al diputado con mayores posibilidades a conformar gobierno, y en casode renuncia o muerte del premier el Presidente otorgará el poder a otro diputado.

Otro punto que perdura con la nueva modificación está relacionado con el poder del primer ministro de disolver a la Kneset y llamar nuevamente a elecciones. Si el premier siente que la mayoría de la Kneset se le opone y desea disolverla puede hacerlo, pero debe lograr el consentimiento del Presidente del Estado.

A pesar de los problemas políticos latentes en la sociedad israelí, el sistema electoral brindó a Israel un gobierno estable desde 1949 hasta 1996. Desde entonces, en cambio, hemos convivido con políticos y políticas conflictivas. Esperemos todos que el próximo "estudio de laboratorio" que la Kneset haga con la sociedad israelí no nos produzca los dolores de cabeza que hemos sufrido durante los últimos cinco años.



 

*Gabriel Ben-Tasgal es M.A. en Ciencias Políticas de Universidad Hebrea de Jerusalem y M.A. Publicidad y Relaciones Públicas Universidad Autónoma de Barcelona.

Bibliografía

Tomado de Hagshama E-zine



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