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Aportado por: aizik
Fecha de creación: 2002-04-28 20:17:12
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Medio Oriente: ¿es posible un "nacionalismo con rostro humano"?

Las clases de Sharona
Por Sharona Fredericko
Aprendió y editó: Marcelo Kisilevski

La presente hora, en la que una ola de atentados terroristas azota nuevamente a Israel, nos invita a reflexionar acerca del nacionalismo como fuerza destructiva. Para Sharona Fredricko, el nacionalismo actuó siempre como una especie de rey Midas al revés, destruyendo todas las identidades colectivas al tocarlas. No se trata de abandonar todo signo de identidad nacional. La pregunta es qué hacemos con ella.

-Estamos en una face nueva de la Intifada de Al Aqsa, que nos devuelve a las más negras épocas de atentados terroristas. Pero esta vez, los atentados son para lograr metas políticas que estaban al alcance de la mano por la vía diplomática. Esta dificultad para entender lo que parece absurdo, me hace preguntarte: ¿cómo surge la identidad nacional, vista como un complejo de supuestos, mitos, creencias, que se vuelven no sólo colectivos, sino extraños –a veces, como ahora, en extremo- para los demás? ¿Cómo surge, primeramente, la identidad colectiva en general? Puesto que la nación es un invento moderno.

-Sí, primero aclaremos que grabamos esta charla el 4 de marzo del 2001, y que hoy hubo un nuevo atentado palestino, esta vez en Natania, donde un coche bomba de un ultranacionalista árabe mató a cuatro personas. Y a mí me parece un poco obsceno, en un día como hoy, tener que aclarar que todo el tema de la identidad nacional es una artificialidad. Así como sería obsceno decirlo sobre el cuerpo de un árabe muerto. Porque hay mucha gente que está muriendo a causa de estos inventos. Por eso, cuando muere gente, en un lugar donde nosotros hemos construido un estado, y ellos quieren construir otro, es muy difícil entender que la identidad nacional es una ficción.



-Digamos una construcción artificial...

-Tú estás siendo diplomático. Yo digo directamente ficción, en un estilo más borgiano. No estoy diciendo que la identidad cultural es una ficción, pero la nación es un invento de la época colonial. O sea, cuando en Europa una potencia se puso en contacto con un pueblo más débil para conquistarlo, allí se va a fortalecer el concepto de nación. Yo ya veo a mis lectores incomodándose por la implicancia supuesta, de que estoy definiendo al sionismo como la idea de conquistar a los palestinos. No es así. Estoy hablando de la idea de nación del siglo XIX, que decía que por el hecho de tener un idioma común y compartir un territorio, ese lugar debía constituirse en estado soberano.

Te cuento algo: esa es una ficción muy linda. El problema fue lo que pasó con esta ficción, porque obviamente los seres humanos la necesitan, no la estoy condenando: no estoy a favor del "crisol de razas", en el que todos son iguales...


-O la sociedad sin clases y sin fronteras nacionales, con la que sueña el marxismo...

-Sí, bueno... eh... yo podría aceptar una sociedad sin clases, eso sí. Puede haber diferencias sociales, pero no hace falta que sea violentamente clasista, que provoca incluso la muerte de mucha gente, como lo saben muchos de mis lectores en Sudamérica. Ese tipo de desigualdad no debe existir. Siempre habrá más ricos y menos ricos. El problema es que las grandes desigualdades nacieron en base a explotación, y eso es lo que no debe existir. Con respecto al nacionalismo, es totalmente sano y correcto que cada grupo étnico exprese su identidad. Yo pienso en otro modelo que de hecho nunca ha sido probado aquí en el Medio Oriente, pero sí en algunos poquísimos lugares del mundo. Lo tomo de la antropología, y se trata del modelo del diamante. Porque si yo les dijera hoy a los palestinos que hagamos un crisol de razas, ambos grupos me mandarían gentilmente a freír espárragos. Es así: si les dijeras a los árabes israelíes que para concretar la igualdad en la democracia israelí les ofreces que sus hijos estudien en las mismas escuelas públicas que los niños judíos, ellos con razón lo rechazarán rotundamente, porque perderían su idioma materno, el árabe. Ellos quieren mantener un sistema aparte. Y eso definitivamente no es lo mismo que la segregación en los Estados Unidos, donde el negro era alevosamente discriminado. Aquí la comunidad árabe en Israel necesita tener su propio sistema para perpetuar y desarrollar su cultura. Lo que no es justo es que reciban menos plata que el sistema judío: eso ya es otro tema. Pero lo cierto es que ni árabes ni judíos quieren un crisol de razas.

Piensa ahora en un diamante, una piedra con facetas distintas, cada una con su brillo: su belleza reside en la variedad. Es un modelo de sociedad o de mundo en el que obviamente hay diferencias, la gente y los grupos son diferentes y está bien, no apoyo la idea de que todos tenemos que ser universalistas, más allá que la misma idea del universalismo no es universal, sino otra postura occidental.

-Tu diamante es muy lindo, ciertamente. Pero la pregunta es dónde encaja en este idilio el concepto de poder. Porque donde hay relaciones humanas hay relaciones de poder.

-Estructuras de poder siempre hay y son feas...

-¿Pero te parece que son inevitables? Lo que pintás me parece un cuadro demasiado idílico.

-No, no, me estás tirando a Woodstock, y yo no estoy hablando con flores en el pelo ni estrellitas en los ojos. Siempre fui escéptica, más de la onda Bob Dylan y Charly García que de la de los hippies de San Francisco. Soy demasiado dylaniana como para creer que se puede amar a todos, pero soy lo bastante dylaniana como para pensar que se puede respetar a todos. El gran error de los años '60 fue el creer que se podía amar a todos y que se podía barrer con el nacionalismo. Yo no te tengo que amar, pero sí puedo vivir al lado tuyo sin dispararte en la cabeza. Eso sí es posible. El problema es que siempre hablamos en extremos: o Woodstock o Bosnia-Servia. Perdón, pero hay un punto medio. Y ese punto medio reside en reconocer, como lo hiciera el filósofo Albert Camus, que hay diferencias, hay nacionalismos e ideologías; que pueden convivir, templando cada uno al otro dentro de confines que permitan a cada uno vivir.



Vuelvo al gran pastor protestante alemán, Rainhold Niebhur, que era de hecho un gran activista anti-nazi, decía lo que creo que es el punto clave para nuestra charla de hoy: la capacidad del ser humano para la justicia hace posible la democracia; pero la tendencia del ser humano a la injusticia hace necesaria la democracia.

Quedándonos en el ejemplo del nazismo, digamos que antes de éste, el nacionalismo alemán no era ni mejor ni peor que cualquier otro nacionalismo. Pero yo no puedo hoy en día decir las palabras "nacionalismo alemán" sin que tú pienses en una cruz gamada.

Fíjate que después de la caída del nazismo en Alemania, un gran líder de la resistencia anti-nazi, Willy Brandt, vino y desnazificó a Alemania. Pero no borrando todo lo nacionalista.

Concretamente, no estoy diciendo que los palestinos y los israelíes, para resolver su conflicto, deban dejar de lado todo su nacionalismo, porque eso sería como pedirte a tí que renuncies a toda tu identidad. Como si te dijera: yo te voy a aceptar a condición que dejes de ser Marcelo y empieces a ser Pablo. Está muy linda la solución, el problema es que no eres Pablo sino Marcelo.

Lo que dijo Willy Brandt era que no había que eliminar todos los símbolos alemanes; había que humanizarlos, para que el alemán pueda sentir un apego nacional sin que el mismo se volviera nazi. Porque como decía Brandt, que era social-demócrata, no de la izquierda radical, que si pedimos al alemán despojarse de todos sus símbolos nacionales, se va a provocar una reacción opuesta, en la que cualquier brote de nacionalismo alemán se va a parecer al nazismo. Pero si decimos que podemos tener símbolos nacionales, abriéndolos también a las minorías que viven con nosotros, y creando una identidad alemana basada en la apertura y no en la discriminación racial, derrotaremos al nazismo totalmente por un lado, y salvaremos por otro al nacionalismo alemán sano. Yo reconozco que me cuesta decir la frase "salvar al nacionalismo alemán", hasta que me acuerdo que estamos hablando de Willy Brandt, uno de los paladines anti-nazis más grandes que hubo. Y fue precisamente él quien desnazificó todo el sistema escolar en Alemania, y lo hizo con mucho éxito.

Lo que yo estoy proponiendo para el Medio Oriente es una especie de Willy Brandt. Nuestro problema es que estamos sarandeados hacia un lado por el universalismo, que es irrealista, y hacia el otro por el hipernacionalismo, que es primitivo y salvaje.

Yo sí creo que hay un punto medio. Te voy a dar otro ejemplo. Tony Blair, en Inglaterra, con una política social super progresista, y que al final está llevando a su país a una paz con Irlanda. Tony Blair no está en contra de los símbolos nacionales. Es más, ha vuelto a introducir la bandera inglesa en muchos festejos de los social-demócratas. ¿Para qué? Para sacarla del uso de la gente ultra-extremista.

-Eso nos haría falta aquí, porque también la bandera israelí se ha convertido en patrimonio simbólico exclusivo de la derecha. Para Iom Haatzmaut, ningún israelí de izquierda va a poner la banderita de Israel en su automóvil, como sí lo hacen todos los que son de derecha.

-Sí, y eso es un error exclusivo de la izquierda, no de nadie más. El de pensar que hasta la propia bandera, lejos de ser un símbolo de identidad, es uno de nacionalismo exacerbado y opresión. Como dijo Blair, existe también un "nacionalismo con rostro humano", no sólo un nacionalismo salvaje.

Si los teóricos europeos del siglo XIX introdujeron la idea de que una etnia es una nación –aunque no necesariamente un imperio-, y si incluso en la China quisieron adoptar el concepto para unificar a sus más de cien etnias diferentes –eso lo digo para mis lectores que todavía creen que todos los chinos son iguales-; si hasta ellos vieron utilidad en unirse como una sola entidad, nosotros no tenemos por qué renunciar a nuestro nacionalismo. Pero vivámoslo a la Willy Brandt: humanicemos esta necesidad de tener una nación, y ampliémosloal concepto de "comunidad de naciones".

Volvamos para eso a Alemania. Después de la Segunda Guerra, ese país no podía albergar muchas esperanzas de ser nuevamente un huésped bienvenido en la comunidad de naciones. En absoluto. Entonces, Willy Brandt tuvo que crear una conciencia alemana que no había existido antes, que era el verse como parte de una comunidad grande teniendo su propio hogar. Y está bien que así sea, que ellos tengan su propia casa, como está bien que exista Israel, y que exista un estado palestino en paz con Israel. No pedimos a nadie que sacrifique su propia casa.

El problema es que uno no sólo vive en una casa; uno vive también en un barrio. Eso me remonta al cuento que aparece en el Talmud y en la sabiduría hindú, del tonto que está en un barco, y cuando escucha que hay un goteo, en lugar de ayudar a la gente a desaguar la barca, se encierra en su propio camarote, diciendo: "A mí no me va a alcanzar el agua". Pero el agua te alcanza. El tema es no encerrarse en el propio camarote sino ver las dos partes: por un lado tengo mi propio camarote: lo necesito, lo arreglo, lo hago cómodo, y me va a gustar verlo más bello que el de los demás. Pero también soy parte de una barca grande. Entonces, el desafío para nosotros en este momento es humanizar el nacionalismo judío y el palestino.

-Tal vez la identidad nacional sea un invento, pero no parece serlo la identidad de grupo, la identidad colectiva. Esta tiene carácter universal: todo ser humano pertenece a un colectivo, llámese étnico, religioso, nacional. Es una identidad bien tangible, y la gente se ha matado por ese "invento", esa supuesta construcción artificial. Es tan universal que no sé si no habría que agregarlo a la teorización de Levy Strauss, que dice que es la prohibición del incesto, por su universalidad, la bisagra entre lo biológico y lo cultural en el ser humano. Yo diría que también lo es la identidad colectiva. ¿Cuáles serían las características de esta identidad colectiva?

-Las características son arbitrarias, así como en cada pueblo la prohibición del incesto es variable (en algunos, por ejemplo, está prohibido el casamiento entre primos, en otros no), la identidad colectiva no sólo es variable sino cambiante, hasta en los mismos individuos, así que mejor dejemos ese aporte tuyo al análisis de los herederos de Levy Strauss. Porque fíjate en el ejemplo del pueblo judío. Nos gusta pensar que el pueblo judío siempre tuvo una identidad compartida a través de los siglos y de los distintos países del exilio. Tendré que hacer pedazos ese pensamiento. Tú sabes que hasta que surgió el nacionalismo árabe en Irak en los años '40 –antes de eso el nacionalismo árabe no existía, mal que les pese a más de un palestino-, los árabes no se veían como una nación. Eran un imperio disperso, que jamás se vió como una nación hasta el siglo XX. A un punto tal que cuando surgió ese nacionalismo árabe en Irak, los mejores intelectuales de la comunidad judía de Irak se identificaron hasta lo más hondo de su ser con él. Muchos de los mejores intelectuales judíos de Bagdad ingresaron en el Partido Comunista y se volvieron portavoces incluso fanáticos de ese nacionalismo de nuevo cuño. Y si les preguntabas por su identidad colectiva, oh sorpresa, se autodefinían como "árabes de fe judía".

Yo sé que eso es chocante para la filosofía sionista que no lo puede aceptar, así como es chocante para la concepción panarabista, que es igual de mitológica, aceptar que habían muchos judíos en los países árabes, no Irak, pero sí Egipto y Siria, que no se identificaban para nada con el poder árabe reinante, y a pesar de haber vivido desde hacía 700 años en Egipto, se sentían como judíos en Egipto, y no como egipcios de fe judía.

Por eso te digo que es todo muy arbitrario. Según la narrativa sionista los judíos de Irak no deberían haber sentido eso. ¿Pero qué pasó allí? Yo siempre digo que los árabes gustan de cavar sus propias fosas. Si nuestros primos se callaran, créeme que tendrían a Israel, India y hasta el sur de España. Si hubieran tratado bien a los judíos de Irak, te firmo con sangre que toda la comunidad judía de Irak hoy en día serían panarabistas acérrimos. Pero en cambio, dejaron que un fanático pro-fascista de nombre Raschid Alí, en 1941, asumiera el poder y azuzara a las masas a cometer una serie de pogroms terribles contra los judíos de Bagdad. Resultado: los judíos se volvieron sionistas.

Te voy a dar ahora un ejemplo personal de lo azaroso que es el tema de la identidad. Un íntimo amigo mío, un árabe israelí cristiano, me dijo hace 15 años que se sentía totalmente israelí. Y era israelí. Te cuento que unos tres años después de aquella primera plática él ya estaba identificándose como palestino. ¿Por qué? ¿Algo cambió en su biología? Era mi amigo Fozi y ahora sigue siendo mi amigo Fozi. Pero cuando sintió el rechazo de la sociedad hacia él se volvió "palestino". Cuando le fue mal con una narrativa, optó por la otra, así como los judíos de Bagdad, potencialmente panarabistas, se volcaron, por fuerza de la violencia y la muerte horrible de los pogroms de Bagdad, a la narrativa sionista. Ya ves que es todo tan arbitrario.


-El tema es que uno no puede dejar de optar por una narrativa o la otra. La pregunta es por qué.

-Porque no somos glóbulos qeu flotan en el aire, desvinculados de todo organismo. Somos animales sociales. Necesitamos alguna atadura, como necesitamos una casa y como necesitamos amor. El problema reside en lo que Freud llamaba la pulsión de muerte y la pulsión de vida. Y eso que no soy freudiana, pero aquí creo que él dio en el blanco. Sin olvidarnos que él escribía en la época post-nacional, él decía que muchas veces la historia humana apuntaba más hacia la muerte que hacia la vida. Como si fuéramos ratas ciegas que cavan su propia tumba y se echan a morir.


Porque eso fue lo que pasó con el nacionalismo. Era algo que no debía haber pasado. ¿Por qué no todo el mundo adoptó la bella idea de Simón Bolívar, la de una nacionalidad basada en la unión cultural y para nada en la unión étnica? Bolívar tuvo la magnífica idea de una Sudamérica confederada, con lazos de cultura que obviaban cualquier vínculo de "etnicidad". Eso hubiera podido pasar, y él tampoco obviaba la necesidad de que grupos se mantuvieran aparte si querían hacerlo, manteniendo sus especificidades, él estaba construyendo una base amplia y tolerante para todos. Pero eso no pasó. Los seres humanos optaron por la fragmentación y el odio.

-¿Ves la historia como una sucesión interminable de guerras o, en los términos tuyos, de "suicidios colectivos", o ves por vía paralela una sucesión de progresos y avances del ser humano?

-Obviamente veo a Moisés, a Confusio, a Bolívar. Tienes a San Martín, a John Lennon. Pero también los tienes a Hitler y a Stalin, a Milocevich, a Mao, a Mussolini, y tristemente la lista de psicóticos y los daños que hicieron, es mucho más grande.

Pero quiero recalcar lo siguiente con respecto al nacionalismo. Vamos nuevamente al ejemplo alemán que es el más claro. Si yo digo que soy nacionalista alemana, digo que me gusta Goethe, la música de Gustav Mahler, que de hecho era de origen judío, además de alemán vienés; amo la literatura alemana de la Edad Media, amo la arquitectura, etc. Hasta aquí no hay problema. Pero si yo te digo que soy nacionalista alemana y te digo que amo las películas de Lenni Reifensthall, la cineasta de Hitler que filmó la famosa película "El triunfo de la voluntad", ahí de repente verás mi nacionalismo con otros ojos. Cuando Freud habló de pulsión de muerte –y no te olvides que él pertenecía a la sociedad vienesa de principios del siglo XX, que también estaba empapado en elinicio de estas ideas protonacionalistas alemanas-, estaba observando algo bastante cierto en la sociedad de la época: que el nacionalismo estaba impulsado no por amor a lo que uno tiene, sino por odio al otro. Y cuando Freud preguntó de dónde venía eso, por qué íbamos hacia estas estructuras que perpetúan el odio al otro, creo que Freud fue bastante acertado en su respuesta.

¿Pues por qué optamos por el instinto a la muerte? ¿Por qué los judíos y los árabes no optamos por celebrar el hermoso pasado judeo-árabe de la Edad Media, su literatura, su música? ¿Tú crees que la mayoría de los nacionalistas retrógrados judíos y árabes saben algo de este pasado? ¿Y cuando gritan todo el día por la santidad de la tierra tú crees que saben de qué historia están hablando? ¡No saben nada! Saben únicamente cómo odiar al otro.

-Creo que hay que tener en cuenta la época en la que escribía Freud. Porque también lo que él dice son construcciones intelectuales signadas por la perspectiva. Freud escribió y vivió en una época de imperialismos coloniales, de nacionalismo, de la discriminación a ultranza de todos los pueblos que no fueran los blancos de Europa, vistos como la cima del desarrollo del ser humano. Esta visión era amparada por la ciencia: surgía la antropología como ciencia en su primera versión, aquella que clasificaba huesos y razas. La evolución humana era vista como una línea única en la que si yo estoy en la cúpula del desarrollo, ergo todos los demás pueblos son retrasados: "primitivos". Y si son primitivos, está bien que los domine, para traerles la civilización, a la que no pueden llegar solos. La antropología va a dar respaldo científico, pues, al imperialismo y al genocidio. Los europeos de verdad pensaban que eran buena gente. En ese contexto es que escribe Freud sobre la pulsión demuerte, cuando yo puedo decir que quizás lo dominante es la pulsión de vida. Y como todo es cultural y arbitrario, yo también puedo determinar que ésta sea la dominante y la pregunta es cómo.

-Sí, cuando lo que vemos es que en el momento que entra el nacionalismo, lo que triunfa es la pulsión de muerte. Por ejemplo, los japoneses en la época pre-nacional, no te voy a decir que eran un pueblo pacifista, pero no realizaron los horrores que perpetraron en Corea y en China luego de aferrarse al nacionalismo. Tenían su cultura sacra, la del guerrero, eran una sociedad feudal con muchos aspectos estéticos y literarios sublimes. Pero madre mía, cuando cayeron en la trampa del nacionalismo, las atrocidades que cometieron rivalizaron únicamente con las de Alemania. El nacionalismo militante de hecho estropeó el carácter japonés. La generación japonesa joven se siente asqueada por este pasado y no quiere siquiera tocar el nacionalismo japonés. Japón también tenía una cultura iluminada por la vida, la hermosa pintura y una música exquisita. Pero cuando llegó el nacionalismo militante del siglo XIX, principios del XX, el resultado fue una dictadura militar de lo peor, con la alianza resultante con Hitler.


No creo que sea posible mandar a todo un pueblo al psicoanalista y decirle: "Don Sigmund los va a atender enseguida". Pero sí se puede intentar ver qué hacemos con el nacionalismo para que no se apodere de nosotros.

El ejemplo clásico es el libro de Jean Paul Sartre, Antisemita y judío. Ahí dice que el antisemita no odia al judío como tal. La mayoría de los antisemitas, de hecho, saben muy poco de los judíos. Lo que necesita el antisemita es un símbolo contundente del mal. Y por muchas razones socioculturales, el judío, que estaba marginado de por sí en muchos sentidos, podía cumplir con este requisito.

-Alguien que fuera otro, que estuviera por fuera de él.

-Exactamente. Lo que nos pide Sartre es, no que borremos los nacionalismos, sino que tengamos cuidado en no despersonalizar al otro, recordando que el otro también tiene su derecho de pertenencia. Y si como nacionalistas convertimos al otro en símbolo de todo mal, entonces ya estamos en el terreno del racismo. Es mi advertencia de hoy, tanto para judíos como para árabes.

Bibliografía

Tomado de Hagshama E-zine



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