Artículo
Jinuj.net / Artculos de Consulta / Separacin entre religin y estado Estas accesando Jinuj.net como usuario invitado
No has hecho login a Jinuj.net. Utiliza esta forma para entrar al sistema.
Login:     Password:    
¿Olvidaste tu password?     Obtén una cuenta Gratis

Separacin entre religin y estado

   Información general    Categorías    Resúmen   
Aportado por: Aizik
Fecha de creación: 2002-04-21 19:04:38
Administrar:
Calificacin: El artículo no ha sido calificado
Visitas: 4528

Separación entre religión y estado

Pensamiento sionista
Por Ishayau Leibovich

"Religión y Estado", un tema o quizás el tema más candente en Israel desde la creación del Estado Judío. ¿Cómo deben ser las relaciones entre ambos planos?¿Es Israel un estado religioso o un estado laico?, Debe separarse la religión del estado? Todas estas preguntas y muchas otras son brillantemente respondidas en este articulo, con la claridad y alto nivel intelectual que caracterizan a Ishayau Leibovich, uno de los más grandes pensadores del siglo XX.


"La Separación entre la Religión y el Estado" aparece de tanto en tanto como lema en los debates públicos de Israel, pero no es la política-práctica de ningún partido o corriente política pública. El lema es propio de círculos considerados "ateos" y es considerado expresión de un estado de ánimo o de una tendencia teórica, pero no de una línea política. Pues los que lo enuncian no lo hacen con la seriedad de una exigencia política que se debe concretar en el presente. Ellos no intentan proponer un programa para concretado dentro de la legislación urgente y su lucha en favor del mismo se circunscribe a enfrentamientos esporádicos con manifestaciones religiosas o pseudoreligiosas. Incluso el judaísmo religioso oficial, en sus representaciones espirituales y político-partidarias, que niega la "separación" y sostiene las relaciones existentes entre "el estado" y "la religión", no argumentó jamás - y es posible que incluso no se lo explicó así mismo - esta negación y su apego a la situación existente.

En verdad, dentro de Israel jamás se desarrolló una lucha entre religiosos y laicos respecto a la cuestión de religión y estado: ambas partes, por razones de oportunismo, consienten con la realidad de UN ESTADO LAICO QUE ES PRESENTADO COMO RELIGIOSO.

Aquí analizaremos la separación entre la religión y el estado, como una exigencia expuesta desde un punto de vista religioso, que considera las relaciones existentes en la actualidad entre el gobierno y la legislación del estado con la Torá, como una situación que profana, desprecia la Torá y destruye la religión.

¿Cuál es la acepción religiosa de la exigencia de separación entre religión y estado, y cómo se configuran las consecuencias prácticas de la concreción de esta exigencia? Para esclarecer el tema, es necesario anticipar dos aclaraciones: 

  1. La religión a que nos referimos aquí, es el judaísmo tradicionista que se realiza por medio de la Torá y sus prescripciones, y que exige soberanía sobre la vida del individuo y de la sociedad, no una religión que puede lograr su realización mediante determinados arreglos formales montados sobre una realidad laica; 
  2. el Estado a que hacemos referencia aquí, es éste Israel real, estado que se define por la forma en que se constituyó en 1948 y por su realidad desde 1948 hasta la actualidad, no un estado vislumbrado. Expresado de otra forma: el problema de religión y estado no es considerado aquí como un problema de creencia o concepción de principios sobre lo que debe ser la relación entre una "religión" (cualquiera) y un "Estado" (cualquiera) o las delimitaciones entre "lo sagrado" y "lo profano" o sobre la esencia histérica o metafísica del pueblo judío como el pueblo de la Torá, etc., sino como un problema del ordenamiento político-social, que es de interés religioso dentro de la realidad existente


El Estado de Israel se constituyó en 1948. mediante la cooperación y el aporte de esfuerzos y víctimas de judíos religiosos y librepensadores por igual, como un estado laico en su esencia, que permaneció laico en su esencia y proseguirá siendo necesariamente laico en su esencia, salvo si se opera una enorme revolución espiritual y social en el seno del pueblo que reside en él. El laicismo de este Estado no es tendencioso sino esencial: él no fue creado por fuerza o impulso de la Torá y no es orientado por la Torá o según sus dictados, y tampoco es conducido de acuerdo a la Torá. La regla, de que "el Estado de Israel es un Estado de derecho y no un estado halájico (normativo religioso), es un principio reconocido por todos - incluso por los religiosos - respecto a la conducción del gobierno y de la administración de este Estado, en los cuales el judaísmo religioso oficial participa desde el día de su establecimiento. Sea que nos autodefinamos como religiosos o que nos autocalifiquemos como liberales, todos juntos levantamos este Estado como patriotas judíos, y el patriotismo judío, como todos los patriotismos, es un atributo humano laico, que no tiene ninguna esencia de santidad. No hay santidad, sino en el observar la Torá y cumplir sus preceptos "y seréis santos para vuestro Dios". No nos asiste el derecho de conectar la creación de este Estado de Israel con los conceptos religiosos de redención mesiánica, que implican el reencauzamiento religioso del mundo, o al menos del Pueblo de Israel; no debe otorgarse un hálito de santidad a este suceso político-histórico y no debe considerarse un acontecimiento religioso a la propia existencia de este Estado.

Desde el punto de vista de la conciencia y la fe religiosa, este Estado es el Estado de Israel (como también los reinos de Lerevam, Ajab, Menashé y Herodes en su momento fueron el Estado Israelí); y el judío - también el judío religioso - no puede ni le asiste el derecho a desconectar su vinculación con ese Estado, pese a que en la actualidad es laico, es decir basado en la rebelión del pueblo contra la Torá; como no hay hombre que pueda y tenga derecho a cortar sus vínculos filiales con su padre y madre aún si son delincuentes, o a la inversa los vínculos paternos con un hijo que marchó por mal camino. No obstante, junto al pleno reconocimiento de la legitimidad de la existencia de este Estado frente a la imagen y tinte de su sociedad organizada, debe exponerse la imagen y el tinte de sociedad y el estado religioso, es decir: de la Torá como autoridad soberana que está por encima de ellos. Y no es factible por vía administrativa, infiltrar demostraciones exhibicionistas religiosas en la realidad laica, reconociendo la autoridad laica.

La exigencia de separación de la religión del estado laico existente, deviene de la necesidad religiosa vital de impedir que la religión se transforme en un medio auxiliar para satisfacer necesidades político-sociales; impedir la transformación de la religión en una repartición del gobierno laico o una función de la burocracia y la administración estatal, la que "mantiene" la religión y las instituciones religiosas no por razones religiosas sino como concesión a determinados grupos de presión, respondiendo a intereses de poder momentáneos y cambiantes. Religión de parte de un poder no-religioso, es la antítesis de religión e impide la posibilidad de una educación religiosa y la influencia religiosa sobre la población y el estilo de vida. Desde el punto de vista religioso no hay mayor abominación que un régimen ateísta - clerical. ¿Que presenciamos aquí? Un estado laico en toda su esencia y no-religioso en la mayoría de sus expresiones y que reconoce ciertas instituciones religiosas como instituciones estatales, los solventa con su dinero, e impone a las personas por medios administrativos no la religión sino ciertos servicios religiosos, de acuerdo a una selección antojadiza que se determina mediante acuerdo políticos-partidarios, y todo esto mediante la enfatización del desconocimiento de la Torá y sus prescripciones ("estado de derecho y no estado halájico"); un "Rabinato de..." que recibe su nombramiento, sus poderes y sus salarios de la autoridad de los "liberales" y que por lo tanto se autolimita a las funciones que dicho poder le asigna dentro del organigrama de los servicios administrativos del estado; una religión cuya ubicación dentro del estado es similar a la de la policía, la sanidad, el correo o la aduana no hay una humillación más grave de la religión y no hay algo que desgaste su poder de influencia y persuasión, que las instituciones religiosas solventadas por un estado laico; que la cobertura religiosa otorgada a funciones laicas, que obligaciones y prohibiciones religiosas que se incorporan como excepciones dentro de un sistema jurídico laico; que un fuero laico que impone una selección antojadiza de manifestaciones religiosas sin comprometerse ella misma y el pueblo a admitir la soberanía de la religión; que una religión que no se profesa por fe sino por conveniencia política.

Todo ello es una falsificación de la realidad y una tergiversación de la verdad social y la verdad religiosa, y fuente de corrupción intelectual y espiritual. Hay que posibilitar que el estado laico y la sociedad laica se manifiesten sin falsas coberturas religiosas; y entonces se evidenciará si tienen lo qué expresar como estado judío y como sociedad judía; y hay que posibilitar que la religión judía pueda expresarse sin cobertura administrativa, sólo entonces se revelará su poder y se convertirá en un factor educativo e influyente.

Frente a la exigencia de separación entre religión y estado, círculos religiosos sostienen que esa separación no posibilitará su existencia social, quizás incluso la física, de judíos religiosos dentro del estado y la sociedad laica, y se convertirá en un factor que obligará a que judíos transgredan su religión. Estas afirmaciones son en parte ingenuas y devienen de la incomprensión de lo que significa la separación de la religión del estado y su materialización dentro de las normas y costumbres del estado y la sociedad; y otra parte de estas quejas no son sino sorpresa e hipocresía de sectores interesados. En verdad, esta separación no afectará en nada la posibilidad que se brinda a judíos religiosos para que vivan sus vidas acorde a su estilo dentro del estado y la sociedad, y no sólo eso sino que ella incluso fortalecerá la manifestación de la existencia religiosa dentro de la realidad pública.

Ejemplos:

A. Las instituciones religiosas pertenecerán a la comunidad religiosa y funcionarán acorde a consideraciones de los religiosos y los intereses de la religión y no acomodándose a los marcos que les fueron fijadas por la administración laica. No habrá designaciones de funcionarios religiosos por parte de las autoridades gubernamentales, que no se consideran subordinadas a las prescripciones de la Torá. Obras e instituciones religiosas no serán administradas por reparticiones estatales o sus autoridades. 

Se establecerá un Rabinato para el judaísmo religioso y no un "Rabinato en nombre de", una de las instituciones más abyectas en la historia del Pueblo de Israel; surgirá un rabinato que representará y conducirá a la comunidad religiosa, y no meros funcionarios gubernamentales del estado que en los hechos es laico; un Rabinato que tendrá derecho a opinar y hacer sentir su voz en todo asunto y en todo tema público que requiera una apreciación desde la óptica de la Torá o la halajá (legislación rabínica), y no únicamente sobre aquellos temas que le fueron asignados por la autoridad laica. La voz de la Torá y la opinión autorizada de la halajá podrá emitirse en todo lugar y sobre todo asunto, tanto si los que la escuchen están o no dispuestos a obedecerla. Se pondrá fin a la situación terrible, en la cual el Rabinato - como institución estatal - debe abstenerse de opinar sobre la cuestión de la enseñanza laica y religiosa, que es el problema religioso central, y callar frente a los casos en que los niños de Israel son desviados mediante tentaciones o coerciones. No habrá más roces y polémicas Entre funcionarios religiosos de un gobierno ateo - entre "un Ministro de Cultos" y un "Rabino en Jefe" - que discuten no sobre temas de la Torá o por dictámenes halájicos, sino el reparto de las pobres atribuciones que les fueron asignadas por parte del poder laico.

¿Quién solventará las instituciones religiosas necesarias para la comunidad religiosa? La respuesta es clara: ante todo los miembros de la comunidad religiosa con sus propios recursos y medios.

Es claro que esto impone sacrificios, pero la comunidad religiosa desde siempre - y en todo lugar - sobrellevé esta carga como algo sobreentendido y como parte inseparable de su existencia religiosa.

Hasta la comunidad judía más humilde en alguna remota aldea del Yemen, o Marruecos o en las grutas de Libia, sostenía con sus propios medios - y no con la asistencia de la Campaña Unida o con asignaciones del imán o el sultán - sus rabinos, sus matarifes, sus sinagogas y sus cementerios, etc., y jamás se quejé por ello. Sólo dentro del Estado de Israel, que convirtió a la religión en una función de la administración laica, se corrompió al público religioso y se lo acostumbré a recibir de la autoridad laica los dineros para mantener las instituciones religiosas y así la propia existencia de ellas depende de esas instancias. No cabe la menor duda que después de un breve período confuso que devendrá con la separación entre la religión y el estado, las cosas volverán a su lugar y la comunidad religiosa volverá a solventar sus instituciones como instituciones religiosas que personas religiosas cargan voluntariamente con su mantenimiento, y el prestigio de la Torá ascenderá después de haber sido degradado con las "migajas" que caen de la mesa del estado laico. Sobre este tema se puede tomar como ejemplo el desdén y el desprecio que padeció la Iglesia Católica en Francia del Siglo XIX como consecuencia del Concordato Napoleónico que la convirtió en servicio y servidora del estado, y como ascendió su prestigio e influencia en el Siglo XX después de la separación entre la Religión y el Estado, cuando todas las instituciones de la iglesia y sus funcionarios volvieron a mantenerse exclusivamente con las donaciones de los creyentes.

Cabe discutir, si las instituciones religiosas judías dentro del Estado de Israel laico deben y tienen derecho - desde el punto de vista religioso - a recibir apoyo financiero de las arcas del estado. Quien escribe estas líneas considera, que el judaísmo religioso - por respeto a la Torá - está obligado a rehusarse a recibir ese tipo de sustentación. Pero si se resuelve de otra forma - basándose en criterios religiosos - la comunidad religiosa seguirá recibiendo ese apoyo, incluso después de la separación entre la religión y el estado basándose en los derechos que le asisten como sector de la población que paga los impuestos y participa del mantenimiento del estado y sus servicios.

B. Los Consejos Religiosos serán electos por todos los judíos religiosos que están interesados en su funcionamiento y actividad. No serán sucursales del "Ministerio de Cultos", que él mismo es un fuero laico. La eliminación del Ministerio de Cultos, liberará al judaísmo y a los judíos religiosos del tormento religioso - que en la actualidad es admitido en silencio por el judaísmo religioso oficial - de solventar con dineros judíos instituciones de otros credos - que según fallos de tribunales rabínicos es incurrir en idolatría -. Si no existiera el Ministerio de Cultos y no se solventaran instituciones religiosas judías con recursos estatales, nuestro estado democrático estaría eximido de la obligación de mantener otras instancias religiosas: los feligreses de todas las religiones mantendrían cada uno sus propias instituciones.

C. El Sábado dentro del Estado: En la situación actual cuando aparentemente la religión está inserta dentro del estado, el Sábado es profanado por el estado. La legislación del estado reconoce el derecho de cada ciudadano a profanar el Sábado en público, como por ejemplo viajando en Sábado; y el sistema administrativo y judicial del estado es utilizado más de una vez para proteger este derecho, también cuando el judaísmo religioso oficial, en todos sus partidos, participó en el gobierno y compartía la responsabilidad por las actividades de la policía. La prohibición de transporte público durante el Sábado, que la autoridad laica impone en diferentes lugares, no es más que un soborno al judaísmo religioso para cubrir las apariencias. La hipocresía de este ordenamiento, que degrada a la religión y torna ridícula la postura religiosa, tiene su más cabal expresión en la ciudad de Haifa: el judaísmo religioso representado en el Consejo Municipal acepta el funcionamiento de transporte público los Sábados a cambio de algunos beneficios que obtiene de participar en la coalición gobernante del municipio, pero al mismo tiempo lucha contra el funcionamiento del tren subterráneo los Sábados, al parecer porque a cambio de esta profanación del Sábado no recibirá ninguna recompensa.

D. La ley del Estado existente no reconoce la santidad del Sábado sino solamente el derecho del judío a descansar en el día Sábado cuando retira la definición del "descanso" de manos de la halajá (derecho rabínico) y la delega en los fueros laicos o en acuerdos interpartidarios. No hay ninguna razón para temer que el Estado, después de su separación de la Religión, modifique en algo la Ley del Sábado actual, que establece el derecho al descanso sabático para los trabajadores, y la obligatoriedad del cierre de comercios, empresas, etc. durante el día Sábado. En que medida se adecuará ese descanso sabático a las exigencias del descanso sabático religioso, esto dependerá de la presión que ejerza la opinión pública y la influencia del judaísmo religioso. Esa influencia se incrementará en gran medida, después de la separación de la religión de la administración y la elevación del prestigio, el honor y la fuerza educadora de la religión.


E. El Sábado y la Kashrut en el ejército: El Sábado y las prescripciones de Kashrut dentro del ejército no son respetadas como resultado de la inserción formal de la religión en las leyes del estado, sino como resultado de la realidad de numerosos judíos que no pueden y no podrán servir en el ejército si no se les asegura el respeto del descanso sabático y la comida kasher. El estado no puede movilizar a toda la población judía del país para defender el estado mediante un ejército nacional único y unido, si no se cumplen esos ordenamientos dentro de las filas. No puede existir un "ejército religioso" separado del ejército general, y por eso no se modificarán estas disposiciones dentro del ejército, incluso después de la separación entre la Religión y el Estado. Hay que señalar que también en la actualidad las prohibiciones religiosas respecto a la profanación del sábado y el consumo de comidas impuras no son reconocidas dentro del ejército, pues cada soldado tiene derecho por su cuenta a profanar el Sábado, como así también puede utilizar un sólo juego de cubiertos para las comidas carneas y lácteas. El ejército sólo posibilita a cada soldado descansar en Sábado y consumir comida kasher, y esto no se modificara.

F. La legislación sobre casamiento y divorcio: la afirmación que el reconocimiento de parte del Estado del casamiento civil puede dividir al pueblo judío en dos pueblos que no puedan contraer enlace el uno con el otro; es falsa. Es falso, que un reconocimiento de este tipo anulará la institución del casamiento religioso. Quien esgrime este argumento se evade - conscientemente o por desconocimiento - de la realidad de que existen cientos de miles de judíos religiosos en las naciones occidentales, que rigen sus vidas matrimoniales observando estrictamente las prescripciones rabínicas dentro de países en los cuales la legislación estatal reconoce el casamiento y el divorcio civil (Inglaterra por ejemplo), o que incluso exigen el casamiento civil (como por ejemplo en la Alemania del Káiser y de Weimar). Un judío observante de la Torá continuará casándose mediante el ceremonial religioso ("Jupá" y "Kidushim") y si llegan a divorciarse lo harán según la Ley de Moisés e Israel. Los que se rebelan contra la religión, se conformarán con registrar su "enlace" o "divorcio" en la oficina estatal de acuerdo a las disposiciones legales. Ponemos entre comillas ambos conceptos, pues desde el punto de vista religioso aquí no hay casamiento y por lo tanto no puede haber lugar a divorcio y donde no se contrajo enlace religioso no hay bastardía, y un nacido sin casamiento de sus progenitores no es proscrito por la congregación. Aún no hemos asistido a un análisis serio y meticuloso de parte de las autoridades rabínicas sobre las implicancias halájicas del "casamiento civil" dentro de una realidad en la cual judíos y judías contraen enlace negándose explícitamente a realizar la ceremonia prescrita por la religión (jupat kidushím). Cabe preguntarse si estos casamientos tienen alguna implicancia desde el punto de vista de la legislación halájica. Es difícil pensar, que una mujer que se una al hombre basándose en un registro en una oficina gubernamental, sea considerada consagrada como en una boda religiosa, pues precisamente con su actitud esa pareja manifestó que no tiene intenciones de casarse según lo prescribe la religión de Moisés e Israel. Esa situación, que reduce a un mínimo el temor de bastardía, implicará una mejora enorme respecto a la situación imperante en la ley de casamiento y divorcio actualmente vigente, que no es otra cosa que una ley que alienta la bastardía dentro de Israel, pues la prohibición de relaciones sexuales, que regula hechos fisiológicos que sólo atañen a quienes los realizan, no es factible fundamentarías desde el punto de vista moral o social, sino como una severa prohibición religiosa; y por ello, en vastos sectores de la población que tienen deteriorada la vigencia de la legislación religiosa - y entre ellos muchas personas muy decentes - el adulterio no está prohibido. Comprobaremos entonces, que quienes imponen la consagración religiosa del matrimonio a un público que no está consciente de su santidad, transgreden en forma grave la regla que "ante un ciego no interpondrás obstáculos". Pero no cabe esperar que las instancias rabínicas hagan un análisis objetivo, pues ellas son parte interesada en la cuestión, de igual modo como no cabe esperar que la Central Obrera y sus agrupaciones analicen con objetividad la cuestión de que los servicios médicos no sean atendidos por la mutualidad gremial.

Más aún: el temor de una escisión en el seno del pueblo, como consecuencia de la derogación de la actual ley de casamiento y divorcio, es absurdo - y tal vez falto de honestidad - en vista de la realidad ya existente: ¿acaso un hombre y una mujer de Israel pueden ser una pareja, cuando uno de ellos se considera sometido a las reglas de la pureza de la familia, mientras que el otro no las reconoce ni acepta? ¿Acaso, estas prohibiciones no son mucho más severas que la prohibición del coito con una soltera o el remoto temor de bastardía? Esto y algo más: el judaísmo religioso, más que cualquier otro sector de la nación, ve en el Estado de Israel no el estado de la nación israelí radicada en él actualmente sino el estado judío, es decir, el estado de los judíos, en el cual todos ellos son sus potenciales ciudadanos. ¿Es que el judaísmo religioso, en sus preocupaciones por la invalidez del matrimonio por un lado y por la unidad de la nación por otra parte, pensó en la situación y los problemas que surgirán en el momento - quizá no tan lejano - en el cual afluyan a Israel masas de judíos de la Unión Soviética o de los Estados Unidos de Norteamérica, judíos que desde hace dos generaciones o aún más viven dentro de los ordenamientos legales y sociales de sus países, y no se puede saber ni determinar cuál es su origen y por quiénes fueron gestados? ¿Cómo piensa el judaísmo religioso, en esas condiciones, preservar la unidad de la nación entre religiosos y no-religiosos?


G. Cerca del tema recién enunciado se encuentra la cuestión de "¿quién es judío?"; Problema que sólo pudo gestarse basándose en la inclusión de la religión dentro de los fueros de un estado laico. Somos testigos de cómo intereses cambiantes de coalición y gobierno, llevan a que a veces se intente extirpar el sentido histórico-tradicional del concepto de pertenencia al pueblo judío y otras veces a eliminar ese intento; es decir cómo la religión se convierte en un naipe dentro del juego de los intereses políticos De no ser por el sometimiento de la religión a la autoridad estatal laica, el problema no hubiese existido: si la laicidad de hecho del Estado de Israel, hubiese sido reconocida también desde el punto de vista formal y legal, el problema en general no hubiese surgido, porque un estado laico no determina la "judeidad" o "no-judeidad" de sus ciudadanos, pues sólo distingue entre: "ciudadanos" y "no ciudadanos", y el concepto " judío" permanecería en su vigencia histórico-tradicional. A propósito, la retirada – temporaria - del gobierno en esta cuestión - repliegue que los partidos religiosos consideran como un logro - evidencia que la posición de la religión dentro del estado, es determinada mucho más por la conciencia pública y la presión pública dentro y fuera de Israel, que por el gobierno y la administración del estado; y liberar ]a religión de su inserción en el sistema laico-estatales la vía más efectiva para incrementar la conciencia religiosa y su influencia pública.

H. La enseñanza religiosa: no hay relación directa entre la posición y la expansión de la enseñanza religiosa, por un lado, y la ubicación legal de la religión dentro del estado, por otro. Un nexo de este tipo sólo es producto de las circunstancias en los marcos de un régimen totalitario, y no existe dentro de un régimen liberal, en el cual la realidad social no es idéntica a la realidad política-oficial. Dentro de estados civilizados, que establecen la educación obligatoria para todos los hijos de sus ciudadanos y la concretan en su legislación, hallamos diferencias enormes entre un estado y otro estado, en lo que atañe a la uniformidad o diferenciación de la enseñanza que se imparte y en lo que se refiere al grado de intervención del aparato estatal en el ordenamiento de la orientación pedagógica. Esto queda demostrado en Inglaterra, Francia, Alemania (de Weimar y de Bonn>, Holanda, Estados Unidos de Norteamérica, que en todas ellos la enseñanza religiosa es próspera. Precisamente en Norteamérica, donde la constitución y los dictámenes de la Suprema Corte de Justicia impiden que el estado imparta educación religiosa, existe una red escolar de 15.000 escuelas primarias y secundarias católicas que cuentan con cuatro millones de alumnos, y todos reconocen que su nivel no es inferior al de las escuelas "públicas", es decir al de las escuelas laicas pertenecientes a los estados y municipios.


Traducido por Zvi Newman

 

Publicado originalmente en Kivunim.

Bibliografía

Tomado de Hagshama E-zine



Algunas evaluaciones hechas por los miembros de Jinuj.net:

Nadie ha evaluado este artículo.


En Jinuj.net nos interesa saber tu opinión sobre el material publicado. Para hacer comentarios y calificar este artículo es necesario que ingreses al sistema.

Si no tienes una cuenta en Jinuj.net, puedes obtenerla fácilmente llenando esta forma.
Si quieres saber más sobre Jinuj.net haz clic aquí