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Entre Paleestina y Sudafrica

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Aportado por: aizik
Fecha de creación: 2002-04-20 10:41:30
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Entre Paleestina y Sudafrica

Propaganda y manipulación
Por Egon Friedler

La sola insinuación comparativa entre el conflicto entre dos pueblos por una tierra, tal como se da entre israelíes y palestinos, y el régimen de separación en Sudáfrica llamado Apartheid, que se basaba en consideraciones de superioridad racial, es de por sí execrable. La manipulación es más crudamente notoria cuando se intenta comparar a un líder de la talla de Nelson Mandela con Yasser Arafat. Por fortuna, el mundo comienza a descreer de los "mentirosos crónicos".


Edward Said no es exactamente un santo de mi devoción y seguramente no lo es tampoco de la abrumadora mayoría de los visitantes de este website. Pero nos guste o no nos guste, sigue siendo (a pesar de las revelaciones sobre las mentiras sistemáticas acerca de su pasado) el palestino más influyente en el mundo occidental y una voz muy respetada en el mundo árabe. El profesor de Literatura Comparada de la Universidad Columbia en Nueva York es además un columnista muy leído y el propagandista palestino con más amplias conexiones en la prensa mundial. Además de ser crítico musical y colaborador permanente de la revista norteamericana The Nation, publica regularmente en el diario británico The Guardian, en la publicación francesa Le Monde Diplomatique y en diarios árabes como El Hayat que aparece en Londres y Al Ahram Weekly de El Cairo. Pero éstas no son las únicas publicaciones que transcriben sus artículos. Por ejemplo, el semanario de izquierda Brecha de Montevideo tomó uno de los últimos artículos de Said de Masiorare, el suplemento de Cultura y Sociedad del diario mexicano Jornada. Dicho sea de paso, en el mencionado artículo publicado con el título amablemente apocalíptico de "El hundimiento de Israel", Said afirma que así como el escritor Guy de Maupassant se sentaba en un café situado debajo de la Torre Eiffel porque la torre le parecía fea y no quería verla, los israelíes votaron por Ariel Sharón para no ver la fea realidad que crearon con la ocupación de los territorios palestinos.

En su último artículo publicado en Al Ahram Weekly y titulado "La única alternativa", Said se refiere a su reciente viaje a Sudáfrica adonde fue para asistir a una conferencia sobre los valores de la educación convocada por su amigo, el ministro de Educación sudafricano, Qader Asmal, al que conoció cuando vivió en el exilio en Irlanda.

Said cuenta que Nelson Mandela, persuadido por Asmal de salir de su retiro y hablar ante la conferencia, brindó una estupenda ponencia sobre la educación y la situación de la sociedad sudafricana. El gran líder retirado de la nueva Sudáfrica no temió tocar temas duros como la situación de la mayoría de su país "que languidece en condiciones abyectas de privación material y social", pero lo que más impresionó a Said fueron dos frases en el discurso del anciano dirigente de 83 años: su definición de la lucha contra el Apartheid como una gran batalla moral que "capturó la imaginación del mundo" y su descripción de la campaña contra el Apartheid no simplemente como un movimiento para poner fin a la discriminación racial sino como un medio "para que todos afirmemos nuestra común humanidad".

Un conflicto "un poco" más complejo

Said se pregunta: ¿Por qué la lucha palestina no consiguió capturar la imaginación del mundo y por qué, en cierta medida, no ha logrado, como la lucha anti-Apartheid, "un apoyo casi universal...de todas las confesiones políticas y todos los partidos"?

En su intento de explicación de estos interrogantes, el intelectual palestino-norteamericano admite que el conflicto entre el sionismo y el pueblo palestino es más complejo que la batalla contra el Apartheid y reconoce que los judíos son un pueblo que tiene una trágica historia de persecución y genocidio. Said escribe: "Ligados por su antigua fe a la tierra de Palestina, su 'retorno' a una patria que les fue prometida por el imperialismo inglés fue percibida por gran parte del mundo (pero especialmente por el Occidente cristiano responsable por los peores excesos de antisemitismo) como una heroica y justificada reparación por sus sufrimientos." Esto, naturalmente, no convierte a Said en un defensor del sionismo ni de los judíos. Por el contrario, él lamenta que precisamente debido al sentimiento de culpa de los cristianos, éstos no prestaron atención a los "crímenes" cometidos contra los palestinos, que "fueron víctimas silenciosas de una grosera injusticia, subrayada por las aclamaciones de un coro internacional triunfalista de admiración por Israel."

Pero más allá de estas letanías propagandísticas habituales y de las explicaciones de rutina sobre el poder judío y el apoyo norteamericano a Israel, el intelectual palestino-norteamericano brinda su explicación sobre la falta de apoyo de la intelectualidad liberal y la prensa de Occidente a la causa palestina. Ello se debe, según Said, a que "los cambiantes objetivos estratégicos de la OLP siempre estuvieron ensombrecidos por acciones terroristas inútiles y nunca fueron planteados con elocuencia." También tiene que ver, para el articulista, a que los palestinos nunca entendieron la preponderancia del discurso intelectual en Occidente, por lo que nunca supieron hacer un adecuado planteo moral como víctimas de terribles depredaciones y discriminaciones por parte de Israel.

Said considera que los palestinos no se concentraron lo suficiente en un esfuerzo para contrarrestar el "exclusivismo" sionista, lo que implicaría brindar una solución al conflicto que afirme, usando las palabras de Mandela, que "debemos afirmar nuestra común humanidad como judíos y árabes". Said critica la "irresponsable e irreflexiva" sugestión de que los judíos, como los Cruzados, tendrán que irse y aboga por la solución de dos pueblos en una tierra. "O sea, igualdad para todos, O, una persona, un voto. O nuestra común humanidad afirmada en un estado binacional."

Después de condolerse una vez más por la ocupación y los sufrimientos inflingidos a los palestinos, Said estudia varias alternativas a su dudosa fórmula de coexistencia: incluir a los judíos en un estado palestino que abarcaría a toda Palestina y darles igualdad de derechos, descarta todas las soluciones basadas en el uso de la fuerza, incluyendo una campaña militar de los países árabes.

Arafat no es Mandela

Said admite que los judíos israelíes y los árabes palestinos están encerrados en una visión sartriana del infierno que demoniza al "otro". Su solución para salir de esta situación: "No alcanza con hablar de paz de manera general. Hay que brindar argumentos concretos y éstos sólo pueden basarse en una visión moral y no en una actitud pragmática o práctica". Y si todos vamos a vivir, ese es nuestro imperativo, debemos capturar la imaginación no sólo de nuestro pueblo, sino también de nuestros opresores. Y debemos guiarnos por valores humanos democráticos."

Con todo lo que tiene de negativo su descripción del conflicto y sus causas, así como su enmohecida e inviable resurrección de la idea de un estado binacional, hay que admitir que su propuesta de "sudafricanizar" la lucha palestina constituye una alternativa razonable al odio ciego y a la obstinación bélica actual.

Lamentablemente hay un gran problema para que los palestinos hablen de moral y el mundo les crea. Arafat no es Mandela. El mundo en general desconfía de las credenciales morales de los mentirosos crónicos. Y al respecto interesa examinar las credenciales del propio Said. Como es sabido, Said obtuvo titulares de la prensa internacional cuando el año pasado, en una visita al Líbano, tiró piedras a los soldados israelíes apostados en la frontera. Ahora, esa fotografía en ese momento que el propio Said se preocupó por difundir, le está causando problemas. La sociedad Freud de Viena canceló una conferencia suya sobre la fascinación de Freud por las culturas antiguas de Egipto, Palestina y Grecia, porque sus miembros descubrieron ese símbolo de violencia. El presidente la Sociedad Freud de Viena, Johann August Schulein se disculpó por la decisión y brindó amplias explicaciones a la prensa. Estas podrían resumirse en tres frases: "La sociedad Freud honra a un gran judío que fue perseguido por antisemitas. No tendría sentido invitar a un antisemita del extranjero. Por lo demás, hay suficientes en la propia Austria.".

Bibliografía

Tomado de Hagshama E-zine



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