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Diario de un cineasta que espera- Entrevista a Tawfik Abu Wael - Primera parte

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Aportado por: aizik
Fecha de creación: 2002-04-20 10:03:34
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Diario de un cineasta que espera- Entrevista a Tawfik Abu Wael - Primera parte

Cultura israelí
Por Ariel Bercvich

El cine, como suele ocurrir con el buen cine, resulta ser la arena donde se sostiene un sordo combate por los espacios simbólicos y, en el caso de una sociedad como la israelí, tachonada de minorías que la definen, es también un lugar donde se construye la identidad. No es casual que este joven cineasta palestino israelí se sienta tan poco integrado, siendo a la vez tan representativo de un estado de cosas.


Quiero confesar algo. Para ser más exacto, dos cosas. La primera es que antes de hacer aliá (inmigración a Israel), mis conocimientos sobre la existencia de "árabes-israelíes" era bastante remota. La segunda es que, como muchos olim hadashim (nuevos inmigrantes) de mi edad, conocí a los árabes israelíes antes que a los judíos israelíes. En el kibutz donde pasé los primeros meses de mi aliá, mi contacto con israelíes fue efímero y un tanto lejano. Ya en Jerusalem mi tiempo se repartía entre dos marcos sociales: la kitá (aula) de hebreo y el restaurante del hotel Hayatt, donde trabajaba como mozo. Como podrán imaginar la kitá de hebreo no es el lugar más recomendable cuando de conocer israelíes se trata. En el restaurante del Hayatt, en cambio, había israelíes. Uno. Y nunca lo escuché hablar en hebreo. Árabe y ruso sí escuche hablar. (En muchos hoteles de Jerusalem suelen emplear árabes, ya que estos pueden trabajar en Shabat sin que el hotel pierda su certificado de Kashrut). Fue entonces que descubrí algo extraño: de entre la gente que me rodeaba, el grupo con el que desde un principio me sentí más cómodo fue el de los árabes. Cierta calidez y humildad en su trato me atrajo rápidamente. Luego fui descubriendo gustos en común: la vida de barrio, la comida simple, el fútbol, e incluso asuntos políticos, como el rechazo a la cultura de consumo, o cierto socialismo intuitivo. Es por eso que cuando conocí a Tawfik, tuve el privilegio de enfrentarlo sin ningún tipo de prejuicios o intereses antropológicos. Recuerdo nuestra primera charla en la cafetería de la universidad. Ambos nos veníamos ojeando desde hace un tiempo, pero fue ese día que cada uno descubrió el origen del otro. Hablamos de todo un poco: cine, drogas, mujeres, fútbol, café. También hablamos de política. Era el año '97 y el asesinato de Rabin había producido su contra efecto: el proceso de paz se había vuelto consenso. En esos días hablar de política era casi aburrido. La diferencia entre derecha e izquierda era cuántos asentamientos quedarían, y qué porcentaje de los territorios se devolvería. Después pasaron muchas cosas. Tawfik terminó la carrera, y yo entré al ejército. Hace una semana nos volvimos a encontrar en la universidad. El estaba igual. Israel no. Esto es lo que me contó.

El color transparente de las calles de Tel Aviv

Tawfik Abu Wael nació en Um El Fajem hace 26 años. Su padre murió cuando él era muy chico, y es por eso que sus hermanos mayores hicieron las veces de padre cuando fue necesario. Tanto sus dos hermanos como sus tres hermanas siguen viviendo en Um El Fajem. Pero Tawfik perfirió intentar algo diferente. A los 19 años hizo las valijas y se fue a Tel Aviv a estudiar cine. Hoy, 7 años después, vive en Yaffo y está planeando su próxima película. Pero volvamos unos años atrás.

A: ¿Cuándo visitaste Tel Aviv por primera vez?


T: A los 14 años.


A: ¿Y que tal estuvo?


T: ¡Buenísimo!


A: ¿Qué te gusto tanto?


T: La verdad es que fui para ver películas. Me moría de ganas de ver un cine. Nunca había visto ninguno, sólo oído. Entonces lo primero que hice fue ir de un cine a otro.


A: Fuera del cine, encontraste otras cosas que no había en Um El Fajem?


T: No algo específico. Lo que encontré en Tel Aviv fue libertad. Mi libertad personal.

No es una característica específica de Tel Aviv, pero acá nadie te pregunta por que comés esto, ni por qué te vestís así.


A: Según lo que me contás hubo una etapa de dos o tres años en la que sabías que en Tel Aviv había un tipo de vida diferente, y seguías "atascado" en Um El Fajem. ¿Cuál fue tu reacción?


T: Todo el tiempo me giraba en la cabeza. La prueba es que cuando abandoné Um El Fajem, no fue sólo para ir a estudiar. Simplemente Tel Aviv es el único lugar en Israel donde uno puede desconectarse, y vivir tranquilo. Uno puede vivir su propia vida.


A: ¿Te acordás quién fue tu primer amigo judío?


T: Sí.


A: ¿Cómo lo conociste?


T: En la universidad.


A: ¿Te fue importante "cazar" un amigo judío?


T: No, por el contrario. Todos querían ser amigos míos, vos sabés, para decir "miren, tengo un amigo árabe".


A: Entre olim hadashim el tener amigos israelíes marca una de las etapas que "hay que pasar" en el proceso de integración.


T: Sí, porque los olim vienen a Israel a intergrarse.


A: ¿Y vos?


T: Yo no vine a integrarme. Yo busco mi propia libertad.


A: Bueno, ¿pero al final te integraste?


T: No. ¿Qué es integrarse? Yo puedo acercarme a cierta gente con la que comparto intereses comunes.


A: Pero mi pregunta es si vos decís "No me integré" o "No es posible integrarse".


T: Yo no sé lo que es integrarse. Tomá por ejemplo el partido de Macabi (*). Yo no me alegré porque ganaron. Yo odio a Macabi Tel Aviv. Pero yo entiendo la alegría de mis amigos. Entiendo pero no me identifico.


A: ¿Hubo algún momento en el que sentiste claramente que no pertenecés? ¿Un momento en el que dijiste "¿Qué hago acá?"


T: Hasta hoy me pregunto "¿Qué hago acá?"


A: ¿Y que te respondés?


T: La respuesta es que no me queda otra.


A: Bueno, eso explica por qué no te es urgente integrarte.


T: Es verdad.

Angustia y rabia 24 veces por segundo

Según Tawfik cada película que hace cura una parte de su alma. Si es verdad, la suya es un alma muy comprometida con la realidad. Una de sus películas "Diario de una prostituta" trata de Ysam, un joven árabe que se prostituye para vivir. La película está basada en la frase de un poeta árabe que dice: "El problema de los palestinos son dos enfermedades psicológicas: sexo e Israel.". En la película Ysam representa con su propio cuerpo el domino de la tierra a manos de la hegemonía judía. Otra de sus películas, "Esperando a Tzalah A-Din", es un documental compuesto de 5 historias en las que gente espera. Esperan en la cola, esperan conseguir trabajo, esperan comer, pero nada llega. Tawfik me hace notar que esta situación de espera eterna es una característica común a todos los pueblos árabes, y por lo tanto su relevancia no está limitada a los árabes israelíes.

A: Cuando planeás una película, ¿tenés un público en mente, o un espectador ideal?


T: Si, el público que tengo en mente es un público árabe. Es por eso que me permito introducir a la película elementos que sólo árabes pueden reconocer o entender. Pero en general yo creo que hay un cine bueno y un cine malo. Yo quiero que mis películas las vea un chino y le gusten.


A: Okey, pero cuando un chino hace una película, en general le sale una película china. ¿Tus películas son árabes?


T: Por supuesto. Los problemas que me preocupan y los temas que trato le son comunes a el pueblo árabe, ya sea en Siria, en Marruecos, o en cualquier país árabe.


A: ¿Tuviste la oportunidad de exhibir tus películas en algunos de esos países?


T: Sí. Participé del festival de cine de Katar, que es el único festival independiente de cine en el mundo árabe. Al festival de El Cairo, que es el más grande del mundo árabe, no hubiese sido aceptado por el simple hecho de que en los créditos de mis películas figuran nombres de israelíes.


A: ¿Cómo fueron recibidas tus películas en Katar?


T: Para mi sorpresa, muy bien. Fue muy emocionante ver que mis películas le hablaron al público, y lo tocaron. Y también fue muy lindo sentir que colegas de la profesión, directores jóvenes de distintos países árabes, se interesaron y sorprendieron al ver mis películas.


A: ¿Cuáles son tus expectativas del público judío?


T: Mirá, a mí me interesa la respuesta de cualquier público. Yo no hago cine clandestino. Yo quiero que mis películas sean vistas por la mayor cantidad de gente posible, y que todos las disfruten.


A: ¿Pero vos sentís que tus películas representan la cultura árabe ante públicos de otro origen? ¿Te interesa que públicos diferentes se acerquen y comprendan la cultura árabe a través de tus películas?


T: Sí, claro. Yo creo que cuando cuento una historia personal le permito al espectador observar la realidad de esta zona desde un punto de vista diferente. Pero yo no me considero un enviado. Yo me represento a mí mismo, y quizás un grupo limitado de jóvenes con puntos de vista en común, que no es muy bien visto por la corriente central de la cultura árabe.


A: Me alegro que me cuentes esto, porque te quería preguntar si intentaste también la dirección opuesta. Como estudiante de cine seguramente estuviste expuesto a obras de arte occidentales a las que el público árabe tiene menos acceso. ¿Hay interés por la cultura occidental? ¿Vos intentaste generar ese interés entre tus conocidos?


T: Sí, claro.


A: ¿Cuál fue la respuesta?


T: Ellos se interesaron mucho, y mis opiniones tienen mucha influencia sobre sus gustos artísticos. Pero estoy hablando de un grupo bastante reducido de amigos, que no representan la situación general.


A: Había planeado preguntarte si existe una cultura árabe-israelí o si es o árabe o israelí. Pero creo que tu respuesta es fácil de predecir...


T: Sí, en mi opinión no existe una cultura árabe-israelí.



Segunda Parte

(*) Maccabi Tel Aviv se consagró el mes pasado campeón de la copa europea de basketball. Esta victoria provocó una inmensa ola de festejos, en los que participaron miles de israelíes, sin distinción de equipos.

Bibliografía

Tomado de Hagshama E-zine



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