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La tentacin del nacionalismo mesinico

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Aportado por: Aizik
Fecha de creación: 2002-04-14 20:44:52
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La tentación del Nacionalismo Mesiánico

Ariel Sharón y los colonos judíos en territorios palestinos
Por Sergio Rotbart


Según la visión de la derecha, a la que muchos israelíes parecen hoy plegarse, la Intifada de Al Aqsa ha dado la razón retrospectivamente a los que postulaban el mantenimiento de los asentamientos en los territorios. Esto no sólo invierte los términos de esta contienda desigual, sino que entroniza la ideología del sionismo fundamentalista, en contraposición al sionismo clásico, normalizador de la vida judía en paz con sus vecinos.


"No cabe duda de que la identificación y la solidaridad del pueblo de Israel con los colonizadores de Judea, Samaria y Gaza han aumentado considerablemente en estos tiempos de violencia y terrorismo ejercidos por los palestinos, lo que ellos llaman la 'Intifada'". Así se expresaba el presidente israelí, Moshé Katzav, durante su visita a una de esas colonias judías erigidas en los territorios palestinos aún ocupados por Israel. En Tekoa, el asentamiento visitado por Katzav, la congoja y la demanda de represalia y venganza se mezclaban en las voces de los niños del lugar que aún lloraban la muerte de dos de sus compañeros, de 13 años de edad, asesinados semanas atrás por palestinos en una cueva cercana al lugar, en pleno corazón del desierto de Judea.

Los colonos judíos de Cisjordania y Gaza, cuyo número ronda hoy los 200.000, se extienden sobre una superficie del casi 40 % de los territorios palestinos conquistados en la guerra árabe-israelí de 1967, aunque su proporción sobre el total de la población palestina disminuye con el tiempo, lo cual significa que el crecimiento poblacional de las colonias judías es menor al crecimiento demográfico de los palestinos. Sin embargo, su crecimiento es significativamente mayor comparado el del crecimiento promedio israelí: del 7 % frente al 2,5 % en el año 2000. Ellos son hoy el principal blanco -junto con el ejército- de la violencia palestina. Si bien los soldados y los tanques enviados a los territorios palestinos -autónomos o todavía ocupados- constituyen el objetivo obvio de la Intifada, las incursiones con fines terroristas a los poblados judíos enclavados en esas áreas se han multiplicado significativamente en los últimos meses.

Desde que las negociaciones de paz se "congelaron" al final de la cadencia del anterior premier Ehud Barak, y más precisamente desde que el público palestino dejó de ver en los acuerdos de Oslo una garantía para alcanzar la independencia y la soberanía, los colonos israelíes se convirtieron para aquél en la encarnación viva e irrefutable de la continuación de la dominación israelí. Precisamente por eso, mientras los últimos gobiernos israelíes mantuvieron abierto el canal del diálogo con la dirigencia palestina, desde Rabin hasta Barak (ambos laboristas), pero pasando por Netaniahu (del derechista Likud), fueron elegidos como el principal enemigo, a quien era necesario deslegitimizar y destronar, por parte del núcleo militante de los colonos. Ahora, con Sharón e Intifada de por medio, cuando las iniciativas y los borradores para reavivar las conversaciones de paz siguen en el freezer, y en cambio el poder político envió al ejército a ocupar nuevamente -aunque en forma transitoria- zonas palestinas autónomas, la relación colonos-gobierno ha cambiado sustancialmente, si bien aún está impregnada de vaivenes y ambivalencias.

"Efectivamente, hay indicios de rehabilitación y menos indicios de dubitación", dice Abi Giser, joven rabino del asentamiento Ofráh. Y explica: "El gobierno muestra iniciativa y tiene una posición concreta. Siempre hablamos sobre la diferencia entre iniciativa y respuesta. Hasta el día de hoy los comandantes de las divisiones del ejército temían ingresar a las zonas A (bajo dominio palestino pleno, S.R.), pero ahora entienden que la dimensión política les permite actuar sin limitaciones. Es un cambio reconfortante". Shaul Goldstein, titular del consejo regional de Gush Etzion, también miembro del núcleo duro de los colonos, es mucho más escéptico. "Es una tontera y falso decir que Sharón está con nosotros -dice-. Sharón nos acaricia, pero no hace nada. En efecto, él nos propicia un ambiente positivo, entiende nuestras necesidades más que Ehud Barak, pero fuera del ambiente no se hizo nada". En el próximo encuentro con el primer ministro, Goldstein le exigirá erigir fuerzas militares permanentes en las zonas A y le propondrá destruir la sede de la televisión de la Autoridad Palestina. De acuerdo a su opinión, si Sharón no acepta sus dos demandas, los judíos seguirán pagando con sus vidas.

Los "nuevos pioneros"

Para los colonos más veteranos, la figura de Ariel Sharón está estrechamente ligada al trauma de Iamit, el último asentamiento judío en la península del Sinaí que Israel devolvió a los egipcios, como parte de los históricos acuerdos de Camp David firmados en 1979 por Menajem Beguin y Anwar el-Sadat. Entonces Sharón dio la orden al ejército de evacuar por la fuerza a los colonos que se resistían a hacerlo por propia voluntad. El enfrentamiento entre soldados y colonos israelíes quedó grabado en la conciencia pública como un suceso casi mítico, cargado de símbolos y significados variados, incluso contradictorios. Para los partidarios del llamado campo de la paz, representa el precio a pagar a cambio del compromiso histórico y territorial con los vecinos árabes en general, y los palestinos en particular; antecedente de lo que debería ocurrir con parte de los asentamientos actuales (claro que sin el componente del enfrentamiento físico entre judíos) cuando se llegue a un acuerdo definitivo, que incluya límites precisos y soberanías claramente divididas. Sería, en definitiva, el costo de la ansiada normalización. En cambio, de acuerdo a la concepción de los partidarios de la presencia judía "eterna" en Cisjordania y Gaza, el caso de Iamit es una amenaza y un peligro que sobrevuelan sobre el pueblo de Israel y, por lo tanto, resulta crucial evitar que se hagan realidad. La guerra civil y el derramamiento de sangre entre hermanos serían la consecuencia inevitable de la consumación final de la paz con los palestinos. De aquí se desprende que la política más intransigente y menos conciliadora de Sharón es la actitud de alguien que recupera la sobriedad luego de una larga borrachera que, de haber continuado, habría terminado en la claudicación total a la integridad territorial y espiritual de Israel.

Zeev Sternhell, profesor en ciencias políticas y autor de renombrados estudios sobre el fascismo europeo durante la primera mitad del siglo XX, define al actual gobierno como el "gobierno lunático de los colonos que empuja cada vez más a Israel a una posición de estado situado en los márgenes dementes". La negativa a frenar la construcción en los territorios ocupados, expresada en la reciente objeción a algunos puntos fundamentales del informe Mitchell (destinado a sacar conclusiones sobre el estallido de la actual Intifada), es según Sternhell una decisión estratégica que invita a los palestinos a tomarla como una declaración en favor de la continuación de la guerra. Si cualquier analista se guiase exclusivamente por el discurso y la política del gobierno de Sharón, por lo menos de sus componentes pertenecientes al partido Likud, llegaría rápidamente a la conclusión de que los colonos son los nuevos pioneros del estado de Israel, la versión actual de la vanguardia colonizadora otrora encarnada por los kibutzim (las comunas originariamente socialistas y -en su mayoría- hoy en camino a la privatización).

El periodista Doron Rozenblum asegura que, "tanto Sharón como sus pares los colonos dedicaron todos sus años políticos a desdibujar la línea verde (el límite entre Israel y los territorios palestinos conquistados en 1967, S.R.). Pero nunca, y precisamente hoy con más razón, las colonias dejaron de ser 'otro país', con su estilo de hablar, su conducta y su moral característicos. En primer lugar -continúa Rozenblum- debido a la coerción amenazante de los propios colonos, que arrebataron a la fuerza el orden del día nacional, y hace treinta años lo dirigen como si se tratara de un autoatentado extorsivo ('nuestra mecha se hizo muy corta', como expresaron esta semana con su tono amenazante característico)". La segunda razón del ascenso de la nueva ideología colonizadora es el trato adulador y servil, cuando no temeroso, de todos los dirigentes israelíes de esta generación hacia los colonos (excepto Rabin, cuyo trágico destino convierte en obvio cualquier comentario anexo). Rozenblum concluye con una comparación elocuente: "¿Acaso invirtieron presupuestos monumentales en Dizengoff cuando en esa calle de Tel-Aviv ocurrieron atentados suicidas? ¿Aprobaron un presupuesto especial para las víctimas del atentado de Natania o el financiamiento de un estacionamiento para el café 'Apropó' de Tel-Aviv, o el permiso de construir en la terraza, sólo porque sufrieron daños en el atentado? ¿Cuál es, entonces, el status de los colonos?"

Del Sionismo Clásico al Sionismo Fundamentalista

Mochi es un ciudadano israelí de origen español, radicado en Israel hace diez años. Como cualquier otro ciudadano de edad no avanzada, debe ofrecer al ejército entre tres y cinco semanas anuales en el servicio de reserva. Este año Mochi fue enviado a cuidar un asentamiento judío próximo a la localidad palestina de Djenín, al norte de Cisjordania. "Nunca como ahora me di cuenta de la banalidad de nuestra presencia en los territorios y de la razón que guía a los palestinos a luchar contra ella", cuenta Mochi. Y aclara: "Tuve que poner en peligro mi vida para cuidar a diez gatos locos que viven en un asentamiento lleno de casas vacías, con una infraestructuraedilicia, vial y de servicios adecuada a un barrio residencial de una gran ciudad, cuando se trata de una islita perdida en el desierto, rodeada de población hostil que vive en condiciones humillantes".

Las controvertidas declaraciones del ministro Uzi Landau acerca del buen pasar de los habitantes de Ramat-Aviv Guimel, Rehavia y Raanana (zonas caracterizadas por un alto nivel socioeconómico) no estuvieron destinadas a promover el debate sobre las divisiones clasistas en Israel, sino a avivar el fuego de la lucha por la hegemonía ideológico-cultural que se viene librando en los últimos 25 años. El alto nivel de consumo de una franja de la sociedad, y el hecho de que grandes masas poblacionales estén marginadas o excluidas de ese nivel de vida, no es lo que más preocupa a Landau, quien habló indignado de los "quesos y los vinos importados" que ocuparían el principal punto del orden de prioridades de una clase alta desconectada de la dramática y urgente agenda nacional.

La admonición a simple vista sensible y justiciera de Landau se encuadra en una visión menos inocente y más programática: el apoyo y la identificación con los colonos no debe ser un acto circunstancial, precipitado por las condiciones de amenaza y peligro que aquéllos viven en esta u otra etapa del conflicto. Ese es el ideal y la norma permanente que el estado judío debe mantener vivos para conservar la integridad territorial y espiritual en un ambiente plagado de amenazas y acechos perpetrados por una población hostil. Por eso los colonos que viven en la línea de frontera (que actualmente es también la línea de fuego) deben ser la vanguardia incuestionable del pan-sionismo colonizador que propone Landau, mucho antes que la burguesía consumista de los barrios residenciales de Tel-Aviv o Jerusalem.

De acuerdo al sionismo fundamentalista a la Uzi Landau, no hay lugar para la normalidad burguesa, porque ese es un lujo que se pueden dar los estados que solucionaron definitivamente su problema territorial y de seguridad. Aún más, la diferencia radical entre este "nuevo sionismo" y el sionismo clásico, que proponía la normalización de la vida judía como meta fundamental a lograr, es que el primero propone la indivisibilidad territorial como meta a la que debe estar supeditada la normalidad. De acuerdo a este trastrocamiento fundamental del orden de prioridades, la guerra , el sacrificio, la pérdida de vidas y la amenaza constantes son tanto o más "normales" que disfrutar de un buen vino durante la cena de los viernes.

Bibliografía

Tomado de Hagshama E-zine



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