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La catstrofe como eleccin

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Aportado por: Aizik
Fecha de creación: 2002-04-14 15:16:53
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La Catástrofe como Elección

La Intifada de Al Aqsa
Por Egon Friedler


Los palestinos comienzan a comprender que la Intifada de Al Aqsa, a causa de sus métodos, ha errado el tiro. Las voces que cuestionan a la dirigencia palestina y que llaman a una modalidad pacífica de reclamo comienzan a abrir grietas en el consenso y en la censura de la Autonomía. El precio que han pagado los palestinos con la nueva oportunidad rechazada en Camp David es demasiado alta para ellos mismos, que han visto estallar una a una las ilusiones geopolíticas del principio.


La historia del pueblo palestino podría ser definida como la tragedia de la insistencia en una mala elección. En tres oportunidades decisivas, el pueblo palestino tuvo la oportunidad de encauzar su destino mediante la construcción de un estado propio y las tres las desaprovechó. En 1948, en lugar de aceptar la resolución de las Naciones Unidas de partición de Palestina y crear un estado propio, como lo hizo Israel, se sumó a la aventura bélica de los países árabes para borrar al naciente estado judío de la faz de la tierra. Fracasó y este fracaso tuvo para los palestinos un altísimo precio. Hasta hoy los árabes denominan a los duros enfrentamientos de 1948, considerados por los israelíes como su guerra de liberación, la "Nakba" o catástrofe. Los palestinos que abandonaron el país en la turbulencia de las hostilidades se encontraron con la amarga realidad de que los países árabes, a excepción de Jordania, se negaron a integrarlos a sus sociedades y de este modo surgió el problema de los refugiados, que a diferencia de problemas similares surgidos en la misma época, como el de los judíos refugiados de países árabes, fue mantenido artificialmente vivo durante más de medio siglo. La dispersión palestina, con toda su carga de sufrimiento, pudo haber sido evitada. Es fácil imaginar que un estado palestino surgido de un acuerdo pacífico y convenios de colaboración con el entonces pequeño y débil estado de Israel de 1948, de apenas 600.000 habitantes, hoy sería uno de los países más ricos y prósperos de la región.

Una segunda oportunidad se brindó luego de que la amenaza existencial contra Israel se transformó en una aplastante derrota árabe en 1967. Hubo un impasse en el cual Moshé Dayán, entonces Ministro de Defensa israelí, hizo su famosa declaración de que esperaba una llamada telefónica de los líderes árabes. En cambio, vinieron los tres tajantes NO de la conferencia de Khartoum: "No a la paz, no al reconocimiento y no a las negociaciones con Israel". Si los dirigentes palestinos hubieran tenido el coraje necesario de desafiar esa política, tomar el teléfono y emprender una iniciativa de paz con Israel, sin duda habrían surgido problemas debido a la oposición de los países árabes. Pero el premio habría sido muchísimo mayor que el riesgo. Los palestinos habrían obtenido su estado y se habrían ahorrado 34 años de ocupación, porque la mayoría de la población israelí compartía la premisa de Ben Gurión de que debían ser devueltos todos los territorios a cambio de la paz. Y por supuesto, también se habrían ahorrado el surgimiento de asentamientos judíos cuya creación fue impulsada en un comienzo por el "Bloque de los Fieles" un movimiento mesiánico judío convencido de que todo el territorio de Cisjordania pertenece al pueblo judío por mandato divino.

La tercera oportunidad, y quizás la mayor de todas, se presentó durante la conferencia de Camp David en julio de 2000. A casi siete años de la firma en la Casa Blanca de los acuerdos de Oslo por los cuales israelíes y palestinos acordaron solemnemente abandonar la violencia e iniciar un proceso de paz, la concreción del ideal palestino del estado propio estaba al alcance de la mano. Ningún líder israelí brindó a los palestinos concesiones de tan amplio alcance como Ehud Barak: un 95% de los territorios, soberanía compartida en Jerusalem y el retorno de varios centenares de miles de refugiados. Fue claro para los palestinos, para los israelíes y para el mundo entero que el destino político de Barak estaba enteramente en manos de los palestinos. A pesar de sus errores de manejo político interno, si hubiera traído la paz de Camp David, Barak habría sido aclamado como un gran salvador en Israel. Si fracasaba era claro que su fracaso había de ser interpretado en Israel como la bancarrota ideológica de su principal aliado, la izquierda, crítica de la ocupación y conciliadora con los palestinos.

Patear la Furia Afuera

En manos de Arafat no sólo estaba el futuro político de Ehud Barak y la filiación política-ideológica del próximo Primer Ministro de Israel. También estaba en juego el futuro de su pueblo. Pero una vez más actuó de acuerdo a la clásica definición de Aba Eban y "no perdió la oportunidad de perder una oportunidad".

El cálculo a corto plazo era sin duda inteligente. En la calle palestina había una irritación profunda tanto con la ocupación israelí como con la corrupción en la Autoridad Palestina. Un estallido de violencia habría de desviar toda la frustración solamente contra Israel. Por otra parte, el retiro precipitado del ejército de Israel del Sur del Líbano en mayo del 2000 hizo sentir a muchos palestinos que Israel "era un tigre de papel" que podría ser fácilmente obligado a retirarse de la Margen Occidental y Gaza a pedradas y tiros. La lógica era: si los israelíes no son capaces de soportar unas decenas de bajas a manos de las guerrillas del Hizballah, no soportarán la insurrección de todo un pueblo.

En la primera etapa de la Intifada de Al Aqsa, los palestinos lograron algunas significativas victorias. En primer lugar, encontraron un magnífico pretexto para desencadenar la violencia: la visita del general Sharón al Monte del Templo. Este gesto "machista" tuvo más que ver con la rivalidad entre Sharón y Netaniahu por el liderazgo del Likud que con los palestinos. Por lo demás fue un acto totalmente pacífico. Sharón no habló ni hizo gestos amenazadores. No puso en peligro la integridad física de ningún palestino. Además, no se trataba de un acto oficial. Sharón era entonces tan sólo un diputado de la oposición israelí, y su visita a un lugar situado bajo la soberanía israelí cercano a un templo musulmán en realidad no revestía importancia alguna. Pese a todo esto, los palestinos resolvieron que se trataba de una provocación tan terrible que no había otra salida que responder con la violencia. La idea de apostar a la imagen negativa de Ariel Sharón constituyó un indudable acierto propagandístico. Gran parte de la opinión pública mundial, incluyendo a parte de la propia opinión pública israelí, cayó en la trampa. A la abrumadora mayoría de los periodistas no se les ocurrió que una lógica elemental indicaba que un acto que en el caso más extremo podía considerarse una provocación simbólica, debía ser contestado con réplicas simbólicas y no con la violencia. La confesión del Ministro de Comunicaciones de la Autoridad Palestina, Imad Faludji, en un discurso en el campo de refugiados Ein Hilwe del sur del Líbano, de que la Intifada de Al Aqsa no tuvo nada que ver con la visita de Ariel Sharón al Monte del Templo en setiembre pasado, y que ya había sido planificada en el mes de julio, no cambió para nada las cosas. La prensa mundial le prestó muy escasa atención.

Otro éxito considerable en la primera etapa de la Intifada de Al Aqsa fue la propaganda televisiva. Con la experiencia de la primera Intifada los palestinos enviaron niños a tirar piedras mientras los francotiradores se ocultaban detrás de ellos. Nadie se preguntó demasiado qué clase de padres son los que mandan a sus hijos armados con piedras, a enfrentar a soldados, ni se planteó demasiadas preguntas respecto a la aceptación de parte de la Autoridad Palestina de esta forma de lucha.

Pero a la larga el impacto de esta grosera manipulación propagandística se fue diluyendo. Del mismo modo se fueron deshaciendo otras esperanzas palestinas: una intervención bélica masiva de los países árabes contra Israel en apoyo a la Intifada, el apoyo económico masivo de los países árabes, la intervención de las Naciones Unidas, un viraje anti-israelí de Washington con un republicano en la Casa Blanca.

Todo Mal

En total, con la Intifada de Al Aqsa los palestinos no sólo no ganaron posiciones sino que las perdieron de manera muy significativa. Ya no pueden contar con aliados tácitos en la izquierda y centro izquierda israelí y han perdido credibilidad internacional. Económicamente la Intifada constituyó una nueva catástrofe. De hecho una mayoría de los palestinos está pasando la peor de la transiciones, de la pobreza a la miseria. Según el Banco Mundial la mitad de la población de Gaza vive con menos de 2 dólares por día. Y obviamente sólo una muy pequeña minoría de líderes tiene medios económicos que le permita estar a salvo de las consecuencias de sus actos. No son muchas las mujeres palestinas que puedan imitar a Suha, la esposa de Yaser Arafat e irse a París con sus hijos.

En un artículo sobre el Medio Oriente titulado "Decir la verdad", el columnista del The New York Times Thomas Friedman escribe que es necesario decir a los palestinos "que el rechazo del proceso de paz de Camp David y el lanzamiento de la segunda Intifada es la cosa más idiota que jamás hicieron. En lugar de expulsar a los judíos de la Margen Occidental los palestinos se han empobrecido y han destruido al campo de la paz israelí; en lugar de lograr el apoyo militar árabe, los estados árabes enviaron equipos de televisión y promesas vacías de apoyo económico; en lugar de forzar a los Estados Unidos a intervenir, como los palestinos suponían que habría de actuar el nuevo equipo republicano, la gente de Bush se ha disgustado con el liderazgo palestino y el público norteamericano cambió de canal; y en lugar de una movilización de las masas palestinas, lograron que estén deprimidas y hartas de sus propios líderes corruptos.

Entre los propios palestinos el realismo comienza a abrirse camino y ya hay quien piensa que el odio, la hostilidad y la violencia no son los mejores argumentos para convencer a la sociedad israelí de la justicia de los reclamos palestinos.

Por ejemplo, el periodista palestino Tawfiq Abu Bakr escribe en el diario palestino Al-Ayyam del 25 de abril: "Yo fui objeto de duras críticas cuando escribí en una ocasión que el deterioro de la Intifada con el uso de armas fue el mayor error palestino y tendrá terribles consecuencias. Después de meses de choques sangrientos, altos oficiales palestinos dicen lo mismo y reclaman lo que yo reclamé en un principio."

"Yo me sentí feliz porque finalmente la posición justa fue adoptada, una posición que goza del abrumador apoyo de los palestinos de la Margen Occidental. Pero al mismo tiempo sentí dolor porque hubo casas demolidas y familias que perdieron sus hijos debido a la larga postergación en la adopción de la decisión necesaria para salvar estas vidas."

Más adelante, Tawfik habla de la opinión israelí, un aspecto que fue notoriamente desdeñado en los cálculos de quienes lanzaron la Intifada de Al Aqsa: "Lo que es más importante es que perdimos la simpatía de grandes fuerzas políticas en Israel. Estas fuerzas simpatizan con nosotros si conducimos nuestra Intifada de manera pacífica y reclamamos derechos legítimos. Pero no se atreven ni quieren mostrar simpatía a una actividad militar palestina que golpea a sus propios hijos."

Probablemente el periodista palestino subestime la vehemencia de la reacción israelí ante la violencia desencadenada a fines de setiembre pasado por los palestinos y no comprenda la honda desilusión de los israelíes que antes de la Intifada apoyaban las más generosas condiciones para un acuerdo con los palestinos. Pero a pesar de las heridas en ambas partes, no hay otra opción de futuro que la convivencia pacífica y la colaboración. Los israelíes, incluyendo a Ariel Sharón, lo han entendido. Los palestinos aún no. Especialmente los fundamentalistas, pero no sólo ellos, ven a los judíos como intrusos en el mundo musulmán que al igual que los cruzados cristianos de la Edad Media tarde o temprano serán aniquilados o expulsados. Mientras no renuncien a la filosofía que sustenta a esa comparación histórica, no habrá solución al conflicto y los palestinos seguirán eligiendo la "Naqba" ( catástrofe ) como destino. Porque es claro que los habitantes del Estado de Israel no aceptarán pasivamente un intento de Holocausto musulmán destinado a completar el Holocausto nazi.


*Publicado como carta de lectores por el semanario Brecha el 22 de junio del 2001

Bibliografía

Tomado de Hagshama E-zine



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