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A modo de solicitada

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Aportado por: Aizik
Fecha de creación: 2002-04-11 19:30:27
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A modo de solicitada

Sobre las palabras de Saramago
Dr. Juan Nudel *

Estoy convencido que el pez por la boca no muere. Es imposible sostener una palabra cuando se dijo faltando aún aprender mucho sobre la vida, y más aun sobre uno mismo.
Como argentinos y judíos, que no es lo mismo que decir judíos- argentinos, tuvimos una formación doblemente autoritaria, me refiero a aquellos que nacimos durante la segunda guerra mundial, con el peronismo por un lado, el comunismo stalinista por el otro, el hitlerismo desde el relato de nuestros padres(en el momento en el que morían nuestros familiares) y el monoteísmo, con el que era difícil desde la interpretación que nos transmitían, admitir en libertad una diferencia.
Esa formación autoritaria se fortalecía en los movimientos juveniles de izquierda sionista, en los que era difícil pensar, y mucho menos disentir, heredado del comunismo soviético y del partido comunista argentino, insoportablemente fiel al comunismo soviético.
Cuando se articulan de esta manera las formaciones, uno desconoce la existencia de otras experiencias que son, en última instancia, las que le permitieron desvincularse de un pensamiento en el que se consumía a sí mismo, cuando intentaba ser consecuente y salía ileso cuando decía una cosa y hacía la contraria, tan característicos de los moralistas de la derecha o de muchos izquierdistas argentinos.
Definirse como de izquierda o como de derecha, hace a distintas maneras de ver el mundo y la vida, en particular, en la producción y la distribución del capital.
En temas sociales, como el prejuicio, no es patrimonio de uno o del otro, sino que puede coexistir con un discurso paralelo al ideológico o político que lo deshaga, y que se vincula a como aprendió a vincularse con los otros, y como resuelve la frustración en los distintos momentos de la vida.
El exabrupto de Hebe de Bonafini," ese judío" no es la expresión grotesca de lo que ocurre con una madre que utiliza al hijo para el poder que nunca tuvo y siempre anhelo, sino que es la expresión de una deformación que se produce en aquellos que estuvieron sometidos a una formación autoritaria, y su venganza consistía secretamente en ocupar el lugar del dominador, cuando su propuesta manifiesta era luchar contra él.
El impacto de las palabras de Bonafini es distinto al que produjeron las palabras de Moneta ex director del Banco de Mendoza, sospechoso de lavado de dinero, cuando advierte que no puede pasar por alto que los tres que lo denunciaron eran judíos.
De Moneta era esperado, pero de Bonafini, no. ¿Cómo es posible que una defensora de los derechos humanos acuse a una persona de ser judío?

¿Cuál es el sentido de desdecirse de algo que efectivamente dijo?
Es habitual que en estados de emoción violenta digamos algunas cosas que no reflejan nuestro pensamiento, pero no somos tan ingenuos como para creer que las palabras que se dijeron en determinado estado emocional, no estaban en nuestra mente. Con ese criterio podría inferir que la xenofobia nos habita, y que se necesita tan solo de un estado emocional para desencadenarla.
Ni podemos gozar de ese orgasmo cósmico que fue suponer que el día que se produjo el atentado contra la embajada de Israel todos los argentinos fueron judíos, ni tampoco que todos nosotros estamos habitados por la xenofobia.
El uso de la xenofobia para crear en los grupos de bajo nivel económico la sensación de poder, es una estrategia del poder.

¿No merecen acaso para los grandes capitales los piqueteros, los desocupados o los obreros extranjeros el mismo trato que un judío, un negro, un boliviano o un peruano?
Donde existe xenofobia, los obreros o los pobres van a ser tan perseguidos como los mismos judíos, bolivianos o extranjeros. Serán desconocidos como ciudadanos de ese país, y no tendrán los derechos que según la ley les corresponde, más aun cuando se optó por el veto o el decreto para desalojar la constitución, y gobernar al servicio de los mercados, manteniendo sólo la fisonomía de una democracia.
Eso significa que donde hay antisemitismo van a sufrir las clases bajas, aunque estas mismas clases se tornen perseguidoras.
En un estado en el que las instituciones son más importantes que las personas (Dios, Patria, Hogar) la propuesta del sacrificio en nombre de las instituciones, puede llegar al límite del suicidio. No se agota con la expresión de fanático, sino que la mente sufrió un cambio donde la vida deja de ser importante. Pero es necesario diferenciar a aquellos para quienes su vida deja de ser importante por una alteración mental como en un estado de melancolía, de aquellos que se suicidan desde el poder.
Quién hizo el trabajo de hacerlo sentir poderoso por el hecho de matar con su suicidio, no es un ser humano común sino un inhumano que tendrá más poder con esa inmolación. Se cumple: 1°) el poder del que logra que alguien se suicide matando cuanto más mejor, y quienes sean, árabes, niños, jóvenes, en especial judíos.
2°) El no- poder que se vuelve poderoso en el que se suicida, sabiendo con certeza que le esta prometido un futuro después del suicidio al que nunca podría aspirar en la vida terrenal.
3°) Un poder que mata y por el que se muere. Es un tema de poder y no es un acto de fe espiritual.
Trato de demostrar que es perverso hacer pasar un acto de poder como un acto de justicia, o movido por el espíritu.
Sería ridículo decir que porque Hebe de Bonafini fue feliz cuando los terroristas destruyeron las torres gemelas como los militares cuando mataron al hijo, Hebe de Bonafini es una asesina.
También es un absurdo imaginar que por su comentario sobre Horacio Verbitzky, integrante del CELS, dijo "ese judío", que ella es una integrante de la gestapo nazi.
Aporta más al análisis, el que pueda hablar con la impunidad que le da su condición de Madre de Plaza de Mayo, de su xenofobia con toda naturalidad y su alegría porque atacaron las torres gemelas, sin siquiera incluir de que murieron muchos americanos pero también nicaragüenses, guatemaltecos, etc.
Los derechos humanos no son selectivos, son para todos. Aquí se confunde el poder con la justicia, como veremos luego que puede ocurrir entre la justicia y la verdad. No siempre coincide la verdad con la justicia. Puede ser justo aunque sea mentira, como puede ser verdadero aunque sea injusto.
Como en el caso de la guerra de la Malvinas. El Estado Argentino no se hace cargo de esa historia nefasta durante la cual impero el autoritarismo de tal manera, que era imposible plantear un desacuerdo con esa guerra. Sin embargo no se escuchó que ninguno de los comandantes en jefe de las fuerzas militares se haya suicidado por el fracaso rotundo de esa guerra, ni siquiera que nadie se haya visto dañado en su honor.
Transformarlo en un día de vacaciones es una estrategia del gobierno de borrar la memoria de los hechos nefastos que produjeron. No hubo guerra o ya pasó, o ¿para qué recordar? Como vemos el discurso paralelo, es más frecuente de lo que imaginamos, ya que el mismo presidente de los argentinos el día martes, preside una ceremonia de recordación de los caídos en la guerra.
Nosotros que tenemos la tarea de garantizar que los hechos queden registrados, y me refiero a quienes nos formamos durante regímenes autoritarios, aunque creo que desde que nací en adelante, todos los argentinos se formaron en regímenes autoritarios, recordamos que hubo una guerra en las islas Malvinas y que no fueron vacaciones, que hubo atentados que no fueron esclarecidos, que los políticos que adjudican la situación del país a los que los precedieron en su mayoría estaban en sus cargos o en otros; que la gente emigra no sólo por razones económicas o laborales, aunque fuera la mayoría, sino porque no ven un destino que justifique la vida ni de ellos ni de sus hijos.
Si bien la falta de trabajo, la imposibilidad de ir a la escuela, la falta de alimento, son un atentado a la vida, no hay una propuesta explícita que autorizaría la palabra genocidio. Dicha afirmación no desconoce los perjuicios que genera en la argentina esta política de protección del capital extranjero.
Es posible decir que la impunidad, la corrupción y la falta de castigo, hace que una clase que podemos llamar "los intocables" compuesta por aquellos que delinquen desde su función: políticos, militares, religiosos, sindicalistas, empresarios, jueces, ministros, funcionarios, periodistas que están con el gobierno de turno, etc. estén a resguardo de cualquier situación de riesgo.
Quisiera mencionar que a la lista pueden integrarse intelectuales cuando opinan, o militantes cuando se creen la verdad, o se tratan como víctimas.
Esta introducción sostiene que vivimos en un doble discurso a merced de mentiras que aparecen como verdades, de algunos que representaban a través de su discurso aquello que muchos pensábamos, y de la manera en que la aparición de otro discurso, pone al descubierto, otras maneras que las manifiestas de comprender el mundo y la vida.

José Saramago es un intelectual que obtuvo el premio Nobel. En un reportaje iguala la situación de los palestinos con Auschwitz, mientras visitaba Ramalá. Consideró que la única diferencia que existe es que en el caso de los palestinos no existen cámaras de gas.
" Lo que esta sucediendo en palestina, dice, es un crimen que podemos considerar igual a lo que ocurrió en Auchwitz y en Buchenwald. Incluso si se tienen en cuenta las diferencias de tiempo y lugar, es lo mismo. Desde el punto del ejercito israelí, todo Ramalá es un cuartel y ustedes los palestinos, son los prisioneros acuartelados".26/3/02
Amos Oz dijo de sus palabras: " Saramago muestra una gran ceguera moral. Quién no distingue entre los diversos grados del mal se convierte en servidor del mal. La ocupación israelí es injusta, pero compararla con los crímenes nazis es como comparar a Saramago que es comunista con Stalin".
Assaf Oron un israelí que está entre los que decidieron no servir en el ejército en los territorios ocupados, le envío una carta a la comunidad judía americana luego que una solicitada en el New York Times apoyara a los que se resistían a ir al ejercito.
En ella define la guerra árabe - israelí como tribal, en la que una tribu representa los seres humanos buenos, Israel, y la otra los seres subhumanos malos, los árabes., en la que sólo una tribu puede sobrevivir (piensa sobre lo que ocurre en Israel). Agrega que el terrorismo es el mejor amigo de la derecha.
Desconfía de la estrategia de Sharón de tratar a todos los palestinos como terroristas, y no cree que el pueblo palestino se proponga echar al mar a todos los judíos, dando como ejemplo la paz que se logró con Egipto y Jordania.
Alude a una percepción colectiva de la realidad (lo que llamamos un imaginario social)en la que los árabes sólo entienden por la fuerza, por la fuerza, por la fuerza, y los israelíes tienen que usarla para prevenir el terror. Para él se trata de una mentira y de un autoengaño.
Coincide con su amigo Ishai Rozen Zvi, en que lejos de prevenir el terror lo fomenta, y va convirtiendo la región en un vivero del terrorismo (lugar donde se colocan las semillas que hacen crecer el terrorismo).
Dice no creer en las alusiones al nazismo de Saramago en referencia a la deshumanización de la ocupación israelí de los territorios, que considera una distorsión de la historia; prefiere en su lugar la caracterización del periodista e historiador revisionista Tom Segev quien escribió en ha'aretz (diario israelí) que "el permanente asalto sistemático a los derechos humanos de los palestinos en los territorios es tan terrible no por su semejanza a lo infligido por los nazis a los judíos, sino a pesar del hecho de que no se parece a aquello".
Respecto a la relación con los árabes, sugiere salir de un vínculo tribal y reconocer que se trata de seres humanos (los israelíes), que se relacionan con otro seres humanos (los árabes).
No es nuevo reconocer la desconfianza con la que ambos pueblos se vinculan. De la misma manera en que Amos Oz dice que no puede compartir con los árabes que pretenden todo el territorio, es imprescindible admitir que la política de Sharon y de la derecha, tampoco define cual es el territorio israelí, y que también existen grupos extremistas, del cual Sharon no puede quedar al margen, para quienes el propósito se acerca a todo el territorio.
En este intento de demostrar como las palabras son utilizadas como las imágenes en este conflicto, con total impunidad, quisiera incluir parte de un texto de Ted Córdoba, periodista boliviano que durante los años 70 escribía para el diario La opinión: - ¿Qué diferencia hay entre las noches de los cristales rotos y las operaciones del ejercito israelí para demoler con tanques y bull-dozers las modestas viviendas palestinas?

¿Qué diferencia hay entre la ocupación alemana de media Europa y la ocupación del poderoso Tzahal del territorio palestino muchas veces arreando a sus habitantes como la Wehrmacht lo hacia con los judíos para llevarlos a los campos de concentración?
Por último, ¿qué diferencia hay entre Hitler y Sharón? Fuera de que aquel era chiquitito, bigotudo y peripatético, y este es grande, gordo como un chancho y calmadamente astuto, lo juro por Dios -para nuestros tiempos globales -, no existe ninguna, carajo, ninguna...
El nazismo constituye a la víctima por los atributos que le pone , más que por aquello que hacen. El pueblo judío siempre sostuvo una diferencia, y esa diferencia actúa de dos maneras: primero, pone en contacto al otro con su diferencia, y segundo, no permite que se constituya como el todo.
Foucault lo analiza en una situación extrema: Se sabe que a partir del momento en el que hay fijación racista, los otros no solamente son excluidos e inferiores sino que por una cristalización imaginaria los dota de una serie de atributos, y tras estos, de una esencia de maldad que justifica de antemano todo lo que se les hará padecer.
Castoriades retoma el planteo: Para los sujetos de la cultura considerada, esa incompatibilidad implicaría tolerar en los otros lo que para ellos es abominable.
La idea aparentemente tan simple e incuestionable de que los otros son simplemente otros, es una creación histórica que va contra las corrientes de las tendencias espontaneas a la institución de la sociedad. Los otros han sido instituidos como inferiores. El modo de valorizar las propias instituciones es de que son las únicas verdaderas - que no necesita de explicación y por lo tanto lo de los otros es falso.
Judith Liberant lo expone en el campo comunitario judío:
En este sentido en un mundo global, asumimos como judíos un desafío particular: fuimos el "otro" marginado, el otro en la historia, el otro excluido en el siglo XX. Compartimos dos escenarios: por un lado, una designación excluyente de un modo paradigmático producida por el holocausto, y por el otro, luchar por asumir una identidad que no incorpore esa exclusión, una identidad no marginal.
Es posible decir que desde la guerra de los seis días el palestino se constituyo en el otro marginado, y que el pueblo palestino busca una manera de no incluir esa exclusión.
En el comentario de Assaf Oron se advierte como dice Castoriades, que el otro fue catalogado como inferior (subhumanos),y que para los israelíes la confianza en si mismo, no concuerda con la desconfianza con los palestinos.
Es posible incluir el concepto de Foucault con los palestinos, cuando dice que si se produce la fijación racista se cargan de una serie de atributos y de una esencia de maldad que justifica lo que habrán de padecer.
Yossi Beilin(ex ministro de justicia de Israel), interpreta el deseo de Arafat: - Lo que quiere Arafat es alcanzar un arreglo permanente con Israel, que le permita convertirse en presidente de un Estado palestino con Jerusalem como capital.
Agrega: .........si bien Arafat no puede ser por su pasado Mahatma Ghandi tampoco Sharón es la Madre Teresa. Es necesario encontrar una solución lo antes posible porque la postergación no significa un statu quo, sino la profundización de la violencia, la desesperanza y la pobreza.
Varios participantes de los encuentros entre palestinos e israelíes coinciden en reconocer que para Barak, Arafat no era un interlocutor y que privilegio las conversaciones con Siria.
No es la intención de este artículo entrar en la polémica de si la visita de Sharón a la explanada de las mezquitas, fue una provocación como lo dice Iossi Beilin que desencadeno espontáneamente la intifada, o un pretexto de Arafat para reiniciar la intifada como lo dice Ben Ami, en ese momento ministro de Seguridad Interior de Israel
Pero existe debate; interpretaciones; libros que se contradicen, críticas manifiestas a la conducta primero de Barak, y luego de Sharon.
Durante el nazismo ¿ podía haber una oposición manifiesta? No se trata del nazismo: el nazismo era una maquinaria industrial de la muerte, y todos eran culpables en tanto judíos. En el tema palestino, no se asesina a otro que no hizo nada: se asesina a quienes hicieron y a quienes los mandaron hacer.
El ejercito Israelí aun en Ramalla no asesino a todos los árabes, mujeres, niños, hombres, ancianos, sin ninguna discriminación. Digo que es condenable la invasión de Israel a los territorios, y considero injusto la existencia y persistencia de los asentamientos en tierras árabes.
Considero que lo más grave de la comparación de la conducta israelí con el holocausto, es mimemizar lo que significó el holocausto. Para Hitler eran todos. Para los israelíes, no. No dice la religión judía que sólo los judíos tienen que vivir. En un reportaje a un palestino él dijo : - En el Corán dice que todos los judíos tienen que morir, no hay ninguna paz posible.
El nazismo es un ideal de pureza. La pureza consistía en la permanencia de la raza aria, la muerte de todos los demás, e incluso los alemanes que debían morir. Sólo quedarían los alemanes puros.
Ese ideal no es de Sharón, no es de los israelíes, es posible que sea de algún fundamentalista, pero nadie busca la pureza. Nadie sostiene que mueran israelíes para que aquellos que sobrevivan sean puros.
No creo que el tratamiento que recibieron los árabes que viven en Israel fuera el más adecuado, y menos el que recibieron los árabes de los territorios. No creo que esta guerra de desgaste favorezca a nadie, aunque la estrategia palestina sostenga el desgaste por los actos suicidas y por " molestar" que es lo que creen que está en sus manos para enfrentar a una potencia militar. Las consecuencias de los actos suicidas deben compartirse. Si para los árabes es importante la muerte de un árabe, para los israelíes es importante la muerte de un israelí. El tema de los asentamientos es un tema por resolver, e imprescindible la retirada para cualquier proyecto de paz.
Si hablamos de fundamentalismo, los árabes están más proclives como pueblo que los israelíes
No pude negarse que ambos pueblos tienen derecho a defenderse y aunque una sea una potencia militar y la otra no, el desgaste no favorece precisamente a la potencia, por una cualidad distinta que le asigna a la vida. No existen por lo menos hasta ahora actos suicidas israelíes, y no es porque disponen de otros instrumentos, sino porque para el pueblo judío existe la santificación de la vida.
No hay una maquinaria para matar a todos, asegurar que no quede descendencia, y a diferencia del nazismo, se escuchan en el pueblo israelí voces que están en contra de la invasión y no fueron fusilados.
Por otra parte los judíos asesinados por Hitler no habían hecho nada. Su aniquilación se debió exclusivamente a su condición de judíos, como los gitanos, homosexuales, etc
Los palestinos cometen atentados suicidas. Tiene organizaciones que provocan respuestas, y se oponen, al mismo tiempo que muchos grupos extremistas israelíes, al proceso de paz. Al problema palestino no es indiferente la sociedad israelí. Tanto israelíes como árabes desperdiciaron posibilidades de paz. Creo que los pueblos quieren la paz pero con victoria, y aquello que significa triunfo para uno significa derrota para el otro , y viceversa.
No es justicia lo que se busca con los atentados sino poder. Sin diferencias entre palestinos e israelíes, aunque la soberbia israelí y a la manera de la vida judía en la diáspora, pretende construir una historia paralela a la de la humanidad, como desde la misma creación del Estado cuando elige ser un país occidental en Oriente.
Si define el lugar los laicos están demás. No es casual como los religiosos van ocupando espacios de poder, no hablando precisamente de paz.
En la última semana frente a la posibilidad del cese de fuego, hubo dos atentados con decenas de muertos. No tenemos que confundir el nivel de análisis: no se cumplen las condiciones para homologar el comportamiento israelí con el nazismo, lo cual no significa que uno acuerde con la ocupación ni con los métodos usados por el gobierno o el ejército israelí, o por los colonos fanatizados como representantes y realizando la voluntad de Dios.
Cuando se actúa en nombre de Dios para legitimar la guerra o la violencia, la palabra se declara ineficaz.
Este es el tema central del artículo : demostrar que el manejo impune de las palabras no contribuye a la paz sino que alienta la guerra, porque crea una versión mentirosa de la actuación israelí. En Israel hay todavía un parlamento.

En la comparación de Hitler y Sharon es muy simple la tergiversación que se propone: nuevas elecciones tendrán otros candidatos, gran diferencia con Hitler que era el único y para el cual el pueblo judío debía desaparecer. Ningún israelí, salvo grupos muy definidos y poco numerosos entre los que se cuentan los colonos que justifican su presencia en términos de pertenencia o sea por motivos religiosos, y no especulativos( indemnización), sabe que es posible la desaparición de todo el pueblo palestino.
Plantear a Israel como nazista, fomenta la agudización de la política israelí y la impunidad de los árabes. Los judíos cuando fueron a los campos de concentración de los nazis, insisto en que no habían hecho nada. En cambio los árabes sí: se negaron a aceptar programas de solución al problema del estado palestino, atacan con piedras y con armas, y con niños que es un arma muy pesada. Son suicidas y matan cantidades, e interfieren en cualquier proceso de paz. No es la única posibilidad. No está claro si Arafat estuvo o esta en condiciones de negociar, a partir de los ofrecimientos incluso del mismo Barak.
Israel transmite la certeza de que puede defenderse sin necesidad de ayuda, y Sharón apoyado en la visión de Bush de que todo es terrorismo, trata a todo el pueblo palestino de terrorista. De ninguna manera es el único condenable del Medio Oriente.
Arafat es el eterno líder palestino, dispuesto a morir como un mártir en la encrucijada en la que se encuentra. Fiel a si mismo más que al pueblo palestino, también es portador de un doble discurso, de reclamar un cese de fuego y de violencia, mientras sus fanáticos se inmolan asesinando a cuantos judíos puedan, aunque en el camino queden cadáveres de chicos, mujeres, árabes, etc.
En esa guerra de imágenes percibo que la muerte de un niño palestino produce un impacto emocional mayor que la de un niño israelí. Eso contribuye más a la muerte de niños palestinos. No es la causa de la muerte, pero la estimula. Una foto de un niño muerto que sale en la primera plana de los diarios es una batalla ganada para los árabes. No ocurre lo mismo con los israelíes. No hablo de aquellos que pertenecen a un pueblo ni al otro, salvo los EE.UU., del cual un adolescente palestino dijo en un reportaje que Israel es su hijo, la mayor parte de la opinión pública europea e internacional está a favor de los árabes.
No digo que sea injusto, sino que digo que favorece el uso de un arma de mayor potencia de la que se le adjudica, que es un niño. El niño es un arma, y como tal se utiliza. El mismo que manda a un suicida, manda a un chico.
En un reportaje a una madre palestina ella dijo: - nuestros hijos no nos preguntan si pueden ir a la guerra, porque saben que les diríamos que no. Van sin preguntarnos.

El adolescente completo: - Yo amo la guerra porque nací y crecí en ella.

Otro palestino más radical contestó: - En el Corán dice que todos los judíos tienen que morir, por eso nunca habrá paz.

Considero de que todos los palestinos no piensan de que los judíos tienen que morir, aunque no sea frecuente de escuchar de boca de los árabes.
Tanto la paz como la guerra nos tiene involucrados. A diferencia del discurso árabe que tiene claro cuál es su enemigo, nuestra soberbia nos obliga, desde la condición de pueblo elegido, a ver enemigos en todas partes, incluso entre nosotros.
Cerremos este análisis con lo obvio: Los judíos no tenemos ninguna condición particular para vernos como una unidad. Por el contrario, a medida que se produce la diferenciación, se fortalece una guerra que no permite que ese diversidad se manifieste. Es cómplice de esta guerra el que inventa la unicidad, y prevé para todos el mismo destino. No está en la derecha únicamente, sino que está también en la izquierda. Está en todo lugar en el que el poder se disfraza de justicia. Nadie puede obligarnos a vernos como si todos fuésemos Sharons, para desde ahí explicar lo que ocurre en Medio Oriente, y quién es la víctima y quién es el victamario.

Estoy seguro de que aquellos que en nombre del bien victimizan al pueblo palestino, al pensarlos sin otro interés que la paz, fomentan la guerra en nombre de la paz.

¿ De que manera? Legitiman el terrorismo árabe; fortalecen la idea de represión de la derecha israelí de la cual el primer ministro es ilustre representante; inclinan a sectores de la derecha israelí a una posición más extrema, y crean dudas en los sectores progresistas de la sociedad israelí.

Creer en las piedras que tiran los chicos, es pensar que los chicos se mueven por la justicia, y no por el odio.
La ceguera de la cual Saramago es un fiel representante, como escritor y como portador, de la posición de los países de Europa, inclina a Israel y a EE.UU. a ser casi lo mismo, como lo demuestran los jóvenes islámicos que viven en los suburbios de París, para quienes todos los israelíes y judíos del mundo son Sharons, por lo cual justifican todos sus actos antisemitas que son cientos, contra instituciones judías en Francia.
Es probable que Saramago sea un antisemita más, o que mienta con alevosía. ¿Pero que ocurrió en la mente de este escritor para hacer una denuncia con una contundencia que aparece como el Dios laico, cuando escribe que si bien no espera que los creyentes dejen de creer en Dios, les sugiere que lo hagan? ¿Cómo aparece desde ese lugar de poder, cuando en " El evangelio según Jesucristo", Jesucristo en el momento de la crucifixión denuncia a Dios como un despótico?

¿ Esta tan convencido que todos los palestinos quieren la paz con Israel, desde un sentimiento nacional? ¿Cómo explica el suicidio en nombre de las promesas que le hicieron, cuando pretende que todos seamos laicos?
Me refiero a los dirigentes palestinos, que como todos los dirigentes, en contadas oportunidades representan las palabras del pueblo.
En "Matar en nombre de Dios" Saramago dice: " En algún lugar de Israel mientras algunos soldados israelíes inmovilizan a un palestino, otro militar le parte a martillazos los huesos de la mano derecha. El palestino había tirado piedras".
Cuando en una semana explota un terrorista lleno de explosivos y mata 20, 25, 3, 15, además de heridos graves, y cientos de heridos menos graves, ¿sólo tiran piedras?
Si la misión que se propuso fue la de aportar a la paz, sus palabras dichas con la impunidad que le da el haber recibido el premio Nobel, fomenta más la guerra.
Saramago aclara en otro artículo: "Los dioses pienso yo, sólo existen en el cerebro humano, prosperan o se deterioran dentro del mismo universo que los ha inventado, pero el "factor Dios", ése, está presente en la vida como si efectivamente fuese dueño y señor de ella".
No parecen muy distantes de ese "factor Dios" las palabras de Saramago. Es como si cuando hablara de Medio Oriente, se fanatizara de la misma manera que los fundamentalistas árabes e israelíes, cuando todo su discurso se sostiene en un alegato contra el fundamentalismo.
Cuando recibió el premio Jerusalem, Susan Sontag, también pro palestina, alude al tema palestino de una manera distinta:
" Creo que la doctrina de la responsabilidad colectiva, como razón fundamental para el castigo colectivo, no está nunca justificada, ni militar ni éticamente. Me refiero al uso de una desproporcionada potencia de fuego contra civiles, a la demolición de sus casas, a la destrucción de sus huertas y arboledas, a la privación de sus medios de vida y del derecho a un empleo, a tener educación y recibir atención médica, y acceso irrestricto a ciudades y comunidades vecinas... todo ello como castigo por actividades militares hostiles que podrían o no estar en la vecindad de esos civiles.

También creo que no puede haber paz aquí hasta que no se detenga el establecimiento de comunidades israelíes en los Territorios, y que esto sea seguido - más temprano que tarde- por el desmantelamiento de tales establecimientos y el retiro de las unidades militares concentradas allí para custodiarlos. Apuesto que estas dos opiniones mías son compartidas por muchas personas reunidas aquí en este salón".

¿Pero sostengo estas opiniones como escritora? ¿O acaso las sostengo como una persona con consciencia y utilizo entonces mi posición como escritora para agregar mi voz a otras que opinan igual?".

Amos Oz, escritor israelí y candidato al premio Nobel, en un reportaje publicado en el diario La Nación contesta a un periodista que le pregunta:
-¿Qué actos israelíes le habría gustado que fueran diferentes?   - Creo que el principal error israelí en este conflicto fueron los asentamientos en los territorios ocupados. Yo los rechacé y los objeté desde el principio, en 1967, y todavía pienso que es el error más trágico que cometió Israel a lo largo de este conflicto. No menciono los trágicos errores palestinos porque no es ésa la pregunta, pero ellos también han cometido algunos errores terribles.  .....Lo más sintético que puedo decir es que el conflicto entre israelíes y palestinos es un choque entre lo justo y lo justo, no entre lo justo y lo injusto. Eso significa que es una tragedia y no una película de cowboys. Por supuesto que, en el trágico choque entre lo justo y lo justo, yo creo en el derecho israelí a defendernos y a pelear por nuestra vida y nuestra libertad. Toda batalla, toda guerra peleada por cualquier cosa que vaya más allá del derecho a la vida y a la libertad, es injusta. A los palestinos que luchan por la liberación de Palestina, yo los respeto y puedo contemporizar con ellos. Con los palestinos que luchan por exterminar a Israel no puedo dialogar, de ellos voy a defenderme. Entonces la línea divisoria pasa entre los que luchan por la autodeterminación de Palestina en una parte del territorio y los islámicos fanáticos que reclaman la totalidad del territorio. Lo mismo se aplica, por supuesto, a judíos moderados y judíos fanáticos. ....... No somos una sola familia sino dos, y no estamos felices juntos. Así que necesitamos trazar una línea y dividir el país en dos países. No va a ser fácil, va a doler como el infierno, pero será la solución. ... Solo puedo decir que tarde o temprano ésa será la solución, les guste o no al señor Sharon y al señor Arafat. A los dos parece no gustarles, pero ellos pasarán y las dos naciones se habrán constituido. Arad, 2001

Puede aparecer excedido en un artículo que no tiene pretensiones intelectuales, incluir párrafos largos de distintos escritores. Son dos los motivos que tengo conscientes: el primero, que hay distintas maneras de acercarse, sin juzgarlo, al conflicto árabe - israelí, y la segunda, una intención manifiesta de difundirlos.

Quisiera arriesgar la hipótesis que cuando mas extremista se vuelve un ser, o rígido en su concepción de la vida, hablando en nombre propio o en nombre de la justicia, miente, y además pierde el espíritu. Creo que en la materia el conflicto árabe - israelí no tiene solución, en el espíritu, sí.
El primer acto espiritual que tendrían que tener los religiosos que viven en Israel y que tanto desean la guerra, es ir al ejército. Es paradojal: lo único que los haría portadores de un espíritu, es los que los libera de ir a la guerra, además de creer que es justo de que otros israelíes mueran por ellos, estando la mayoría en desacuerdo con la existencia de los asentamientos.

Es legítimo que cada uno tenga una opinión. A veces las opiniones pueden transmitirse como certezas, como el caso de Susan Sontag en otro párrafo de su discurso:
"La misión principal de un escritor no es tener opiniones, sino decir la verdad... y negarse a ser cómplice de mentiras e informaciones inexactas. La literatura es la casa del matiz y de la oposición a las voces de la simplificación".

A modo de cierre, quisiera relacionar el comentario de José Saramago, Amos Oz, y Susan Sontag, con las palabras de Tom Segev:

Relacionar el juicio con la justicia, genera la injusticia. Tratar de resolver un conflicto entre lo justo y lo justo, crea la posibilidad de que haya justicia.

Creer que aquello que parece, es, fomenta la mentira. Creer que aquello que se parece, pero aunque se parezca no es, introduce a la verdad.
No siempre lo que es justo es verdadero, ni tampoco lo verdadero aparece como lo justo.

La única posibilidad de palestinos e israelíes es que puedan compartir el triunfo y la derrota, en ese caso no habrá victoria pero es posible que haya paz.



31 de marzo del 2002

*Medico psiquiatra
Psicólogo social
Escritor




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