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El Fracaso de la Intifada de Al-Aqsa, incluso en los Medios

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Aportado por: aizik
Fecha de creación: 2002-03-17 09:51:59
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El Fracaso de la Intifada de Al-Aqsa, incluso en los Medios

A un año de Camp David
Por Marcelo Kisilevski

A un año de la fracasada cumbre de Camp David, y a diez meses del comienzo de la Intifada de Al Aqsa, la situación de Israel en el plano internacional no es tan desesperada como parece. Se entiende la angustia que sufren las comunidades judías de la Diáspora cuando ven lo que sale por televisión sobre lo que aquí ocurre. Pero el temor se entiende porque Israel está más expuesto que nunca a la cobertura periodística y eso asusta. Pero los palestinos, en verdad, no han logrado hacer comprender su causa.

Vayamos por puntos. Una cosa son los medios de comunicación, y otra bien distinta son los centros de toma de decisión. Y dentro del área de los medios, una cosa son los mensajes que intentan formar opinión pública, y otra cosa es la opinión pública. Lo cierto es que, lejos de lo que se siente en la calle judía, a Israel le ha estado yendo bien en todos esos planos.

El conflicto con los palestinos se libra en el campo de batalla de la opinión pública. La piedra o la bomba suicida no está destinada a matar israelíes tanto como a mostrar al mundo la desesperación del débil. La conducción palestina no cuenta los muertos israelíes como medida de la victoria, sino precisamente los muertos palestinos. Un escenario ideal para Yasser Arafat es aquel en el que al premier Ariel Sharón se le escape una masacre del tipo Viñas de Ira, en 1996. Por entonces, Hizballah lanzaba misiles Katiusha contra el norte de Israel desde una vivienda aledaña al campo de refugiados Kanah en el sur del Líbano. Israel respondió con fuego de artillería, dando por error en el campo de refugiados y matando a 101 palestinos inocentes. Shimón Peres, entonces primer ministro, y preocupado por dar una imagen de hombre militar que vela por la seguridad de Israel, con vistas a las elecciones que se acercaban, debió suspender todo el operativo.

Si Arafat tiene la suerte de que Sharón pierda la cabeza y cometa el mismo error, podrá lograr su objetivo de internacionalizar el conflicto, llevando a las potencias, en especial EE.UU. y Europa a obligar a Israel a permitir el ingreso de observadores o monitores internacionales, y no sólo de la CIA, como lo son actualmente. Eso y más, la dinámica de una eventual matanza llevaría a la necesidad de Israel de hacer concesiones como no las hace, precisamente, desde Camp David. O aún más.

Pero por el momento, la Intifada de Al Aqsa había entrado en un callejón sin salida de violencia inercial. Uno o dos atentados por día, algún colono de los territorios que moría baleado en una emboscada en alguna ruta, Israelque liquidaba a algún militante y planificador de atentados terroristas del Fataj o del Hamás. Sólo de tanto en tanto algún atentado suicida, como el del Dolfinarium en Tel Aviv, o el de Biniamina, el mismo día de la apertura de las Macabiadas, lograban poner de nuevo a la Intifada en los titulares de los diarios del mundo, y no precisamente a favor de los palestinos. Un solo muerto o dos, no era suficiente, ya no era noticia.

Situación Palestina Desastrosa

Para los palestinos la situación es desastrosa. La meta de máxima en la Intifada de Al Aqsa, echar a los israelíes de los territorios como lo hizo Hizballah, desde su punto de vista, desde el sur del Líbano, no es posible de alcanzar. Los países árabes, fuera de declaraciones más o menos enérgicas, no apoyan en bloque y con medidas concretas a la causa palestina, y se niegan por ahora a la realización de una cumbre árabe. Y la sociedad israelí, tradicionalmente dividida entre la derecha y una izquierda que apoya el fin de la ocupación, se muestra hoy unificada contra la metodología palestina de recurrir a la violencia cuando podrían tener hoy ya su estado independiente con Jerusalem como su capital.

Pero por otro lado, la conducción palestina tampoco puede cesar la Intifada por improcedente e inútil. En un encuentro en Gaza entre la cúpula palestina y una delegación del partido de izquierda Meretz, Nabil Shaat, que encabezaba las negociaciones, dijo: "Supongamos que paramos el fuego y que empezamos a hablar. ¿Pero sobre qué? Cuando Sharón habla de un 42%, ¿de qué se puede hablar? ¿Cuánto tiempo llevará hasta que lleguemos a un callejón sin salida y el diálogo estalle nuevamente? ¿Entonces qué? ¿Empezaremos de nuevo los ataques? ¿Y encima nos culparán a nosotros de que hicimos estallar las negociaciones? Si Sharón está dispuesto a hablar, que hable de todo, empecemos desde el punto en que dejamos en Taba. Si esa va a ser la base, adelante. Si no, ¿entonces para qué?" No hay una meta asequible por la cual pelear, pero tampoco la hay para dejar de hacerlo. Los palestinos pelean porque es su Guerra de la Independencia, con visos más simbólicos-históricos que reales.

La situación en los medios no es tanto mejor para los palestinos. Es cierto que acusan erróneamente a Sharón de haber provocado la Intifada con su visita al Monte del Templo, como si una visita, por provocativa que sea, pudiera desencadenar una revuelta de diez meses de duración y que no tiene visos de culminar. Y ahí están organizaciones viejas o nuevas como Camera, Prensa Veraz, la Liga Antidifamatoria, etc., echando chispas cada vez que se nombra a Sharón y a su visita. Sólo que desde el punto de vista propagandístico esto juega finalmente a favor de Israel.

La Intifada de Al Aqsa se inició porque las propuestas de Barak no se acercaban ni a los talones de las aspiraciones palestinas, y porque Barak exigía que a cambio de tanta "generosidad" Arafat firmara el fin del conflicto entre los dos pueblos y que nunca más habría nuevas demandas palestinas. En criollo se le estaba diciendo: agarre lo que le doy, que nunca le ofrecieron tanto, y pelito para la vieja. Por lo demás, no al retorno de los refugiados; no a la soberanía efectiva sobre Jerusalem oriental; no al regreso a las fronteras de 1967; no a la evacuación de los asentamientos; no a la continuidad territorial del futuro estado palestino.

¿Objetividad? Hasta el final

Pero los medios no recuerdan esto, porque no tienen espacio. La cobertura de los medios es coyuntural, no histórica. La exigencia judía de que los medios den el contexto en el cual empezó el conflicto (los palestinos rechazaron la partición del '47, etc.) es absurda, cuando no inconveniente. Si se recuerda 1947 habrá que recordar también Jerusalem, los refugiados, los asentamientos. Habrá que mencionar la pobreza, la humillación a manos de los soldados israelíes en las barreras, los bebés enfermos que debían llegar al hospital pero que murieron por ser retenidos en las mismas, habrá que explicar las torturas a manos del Shabak, el ahogo económico, el sitio las ciudades palestinas de la era Oslo. ¿Cobertura veraz y con perspectiva histórica? Entonces hasta el final.

Pero desde el punto de vista de la técnica periodística no se puede estar recordando la Partición del '47 ni ninguna otra historia cada vez que muere un niño palestino. Sencillamente, no tiene nada que ver. La noticia del día es el niño muerto, no cómo empezó todo. Tampoco se puede acusar, en una crónica de hechos, a los padres de enviar a sus niños a la línea de fuego. Eso es opinión, no crónica de hechos. Si los judíos quieren objetividad en la prensa, deben pedirla también hasta el final. Que los medios digan: "¡Qué mal los padres, que mandan a sus hijos a la línea de fuego!" puede ser bueno para los judíos, pero no es objetividad. Dicho sea de paso, los medios sí han cubierto hasta el hartazgo los campamentos de entrenamiento militar de niños palestinos, y la manera manipulativa en la que se los induce a ofrecerse como suicidas para ser shahidim, mártires. Pero algunos sectores de las comunidades diaspóricas son insaciables, y han visto estas coberturas como ensalzamiento hacia los palestinos, y no como la denuncia que es.

No es que los medios de comunicación no ataquen a Israel, muchas veces con verdadera mala intención (y queda pendiente la cuestión de qué medios son serios y dignos de ser monitoreados y cuáles son marginales, sirviendo para alimentar nada más nuestra paranoia). Pero lo hacen por cosas como el uso desmedido de fuerza. Ninguno ha dudado que los palestinos comenzaron la violencia, ni que practican el terrorismo ni que es difícil comprender la esencia de esa violencia a la luz de la generosa oferta de Ehud Barak. A los ojos de la prensa, los palestinos son los buenos, pero no porque tengan razón, sino porque son los débiles. La imagen es la del hermanito menor, que molesta al mayor, más maduro. Cuando éste, fuera de sí, le pega, se lo recrimina, pero no porque el chiquito tenga razón. Se le dice, en cambio: "No le pegues, que es chiquito, vos sos más grande, tenés que entender". Como dijera un corresponsal extranjero, hoy en día las guerras son ganadas por los débiles, e Israel ganó muchos puntos en la batalla con su política, ahora en receso, de autocontensión.

En los centros de toma de decisión, los gobiernos occidentales no han comprado la versión de Arafat. En ese plano, Ehud Barak tuvo un éxito inmenso al quedar como un Papá Noel generoso frente a un Arafat infantil, que no está preparado para el cambio mental de dejar las armas, porque eso lo obligaría a enfrentar y resolver las penurias verdaderas de su pueblo. En Occidente saben de la corrupción del líder de la OLP, en Europa se preguntan adónde fue a parar el dinero de los países donantes para la Autoridad Palestina, y se han negado a regalarle un centavo de Euro más. Saben también de la censura, del apoyo al terrorismo y de las violaciones a los derechos humanos. Saben que la Intifada fue también la forma que encontró Arafat para desviar la furia de su pueblo hacia el enemigo externo pero visible, en lugar de hacia la propia Autoridad Palestina, que en siete años de existencia sólo condujo al empeoramiento de la vida cotidiana de los palestinos.

Cuando los líderes mundiales critican o atacan a Israel lo hacen porque no es politically correct atacar al débil, pero lo hacen en puntos menores: de nuevo el uso excesivo de fuerza, la crítica al castigo colectivo al cerrar los territorios, el no reembolso del dinero de impuestos a la Autoridad Palestina. Los temas ligados a Jerusalem, la evacuación de asentamientos y el retorno de los refugiados, han sido regresados, gracias a Barak y a la propia Intifada de Al Aqsa, al archivo del conflicto hasta nuevo aviso.

Provocación servida en bandeja

La provocación de un grupo de exaltados judíos, Los Fieles del Monte del Templo, en su intento por colocar la piedra angular del Tercer Templo de Jerusalem el día de Tisha BeAv dio a Arafat una oportunidad de oro para devolver a la Intifada al lugar que nunca debió abandonar: los titulares en los medios. No sólo eso: el viraje de la Intifada hacia el terrorismo oficial por parte de la AP ha hecho que la gente, el palestino común, haya dejado la arena a las facciones armadas y se quede en su casa. La ceremonia de colocación de la piedra angular es en realidad vieja, se repite todos los años para esta fecha, y la policía participa del ritual, escoltando al grupo delirante con su piedra ida y vuelta, para que no pase a mayores. Sólo que este año la policía se olvidó que el contexto era bien otro, y el ritual mecánico se convirtió en provocación de ribetes internacionales, que jugó a favor del lado árabe. Y Arafat, que sabe jugar sus cartas, logró sacar otra vez la gente a la calle.

Para tratar de salir del callejón sin salida en que se encuentra su revuelta, y al mismo tiempo mantener su fuego vivo, Arafat ha inaugurado en Tisha BeAv una nueva táctica: disturbios controlados, en los que no haya en lo posible víctimas fatales, en colaboración parcial con las fuerzas de seguridad israelíes. Esto le permitirá sacar a la gente a la calle, por un lado, y por otro mantener la puerta abierta con los israelíes.

En el plano estratégico, en lugar de tener una sola meta de máxima que es por el momento inalcanzable, el fin de la ocupación israelí, se trata ahora de fijar pequeñas metas de corto plazo, que sí sean asequibles. En este momento las metas son tres.

Una, lograr la realización de una cumbre árabe donde se decidan medidas concretas contra Israel, idealmente la reanudación del boycott económico; por el momento, sólo ha logrado que el rey Abdallah de Jordania envíe una delegación a Washington para presionar a la administración Bush contra Israel, y que en Damasco la Convención del Boycott amenace con reabrir sus oficinas, pero de cumbre, ni hablar.

Dos, lograr que Occidente imponga a Israel la presencia de una fuerza internacional de observadores que lo obliguen a moderar la represión. Para ello, los observadores no deben ser sólo norteamericanos, sino también europeos. Y la vigilancia sobre los israelíes debe incluir también teconologías modernas, como la observación desde satélites. La fuerza tendría también poder de aplicación de normas, no sólo la tarea de observar y reportar. Ariel Sharón ha dejado bien claro a Arafat que puede olvidarse de tal fuerza internacional, y que sólo aceptará que la CIA, que de todos modos ya está aquí, amplíe su personal.

Tres, es imperioso para la Autoridad Palestina quebrar el consenso en la sociedad israelí en contra de la Intifada. A diferencia de la Intifada anterior, la izquierda israelí no apoya al lado palestino en la actual confrontación. Incluso los más altos exponentes israelíes de la autodeterminación de los pueblos se han visto imposibilitados de explicarse la falta de pragmatismo palestino, que ya les va costando unas 450 vidas humanas, al rechazar la posibilidad de fundar de una vez su estado, sin más ni más. Sólo en la medida que la izquierda vaya adoptando la versión palestina de lo ocurrido en Camp David, y vuelva a demandar el fin de la ocupación y el regreso a las líneas de 1967, el campo palestino podrá mostrar al mundo que "incluso del lado israelí ven que tenemos razón". En la AP han otorgado importancia suprema a este punto, y han nombrado un encargado especial de esclarecimiento hacia la sociedad israelí.

Pero si bien una versión alternativa de lo ocurrido en Camp David comienza a asomar tímidamente recién en las últimas semanas, lo cierto es que el frente israelí permanece inusitadamente unido detrás del autocontenido Ariel Sharón.

Por el momento, sin embargo, con los medios de comunicación a su favor como una madre que defiende a su hijito menor de los golpes del mayor, la Intifada de Al Aqsa no ha tenido grandes éxitos, tanto en el largo como en el corto plazo. Los palestinos, desesperados de verdad, siguen con ella porque no tienen otra, y a Arafat, preso de su propia trampa, se le acaba el tiempo.

Bibliografía

Tomado de Hagshama E-zine  



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