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Mordechai Richler: Despedida a un gran escritor satrico judo

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Aportado por: aizik
Fecha de creación: 2002-03-17 09:47:23
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Despedida a un gran escritor satírico judío

Cultura judía
Por Egon Friedler


El fallecimiento del escritor Mordechai Richler en su natal Montreal dejó huérfana de un guía literario, cuando no espiritual, a una generación de escritores que lo admiraron como colega y de lectores que lo siguieron con fruición. Un crítico social de los más ácidos, se ganó el rencor de judíos y no judíos por su sinceridad. Criticaba aquello que amaba: "Siempre me interesa criticar más aquello que realmente me importa. Esto puede ser considerado como una especie de amor perverso, pero esa es mi forma de amar."


Un cable de Associated Press fechado en Montreal el 3 de julio informó acerca del fallecimiento, a los 70 años de edad, de uno de los escritores y críticos sociales más conocidos de Canadá, Mordechai Richler, autor entre otras obras de El aprendizaje de Duddy Kravitz, que fue llevada al cine con Richard Dreyfuss como protagonista.

La información señalaba que Richler, autor de diez novelas, se destacó por sus obras acerca de la vida judía en Montreal, entre ellas La versión de Barney, El jinete de St. Urbain y Salomon Gursky estuvo aquí.

Richler también era considerado un influyente ensayista y escritor sobre temas sociales y colaboró con numerosos diarios y periódicos a partir de la década del cincuenta. Conocido por su sarcasmo y su ácido y explosivo sentido del humor, tuvo abundantes detractores, entre ellos los nacionalistas de Quebec de cuyo separatismo era un duro crítico. Pero paradójicamente su irreverencia sistemática le ganó muchas más simpatías y obtuvo no sólo el reconocimiento de sus admiradores sino también varios premios oficiales, entre ellos la Orden de Canadá.

Richler nació en Montreal en 1931. Su padre, Moses, un comerciante de chatarra, se separó de su madre, Lea, cuando Mordechai tenía 13 años. En un artículo autobiográfico, el escritor cuenta que debe el haber nacido en Canadá a una curiosa casualidad. Su abuelo canjeó un pasaje de tren a Chicago a donde se dirigía, por otro hacia Montreal. Cuando aún era un muchacho rechazó la educación religiosa que se le quería imponer y fue a un liceo en el barrio judío de St. Urbain al que más tarde inmortalizó en sus novelas. Hizo cursos universitarios pero nunca se graduó, comenzando a trabajar desde joven en el periodismo. En 1950 viajó a Europa donde estuvo, con varias interrupciones en las que regresó a Canadá, hasta 1972. Su carrera de periodista y escritor de guiones radiales le permitió vivir en el viejo continente pero como escritor fue un virtual desconocido hasta 1959,cuando publicó El aprendizaje de Duddy Kravitz, el retrato de un judío arribista y amoral, ansioso por ganarse un lugar en una sociedad cerrada y prejuiciosa.

Al igual que Philip Roth, su irreverencia y su visión crítica de la sociedad judía canadiense, le valieron muchos ataques del establishment judío y de círculos tradicionalistas, pero cuando fue reconocido como un escritor canadiense de nivel internacional, las críticas se hicieron más suaves y espaciadas. En una entrevista con el periodista Donald Cameron a comienzos de la década del 70, Richler explicó su actitud: "Siempre me interesa criticar más aquello que realmente me importa. Esto puede ser considerado como una especie de amor perverso, pero esa es mi forma de amar."

Un moralista irreverente

Richler se casó dos veces. Del primer matrimonio, que tuvo poca duración, tuvo un hijo. Del segundo, con Florence Wood, celebrado en 1960 tuvo cuatro. La novelista Barbara Gowdy, gran admiradora de Richler, contó una anécdota que describe de manera bastante elocuente el matrimonio del escritor. Lo vio en una reunión de escritores en Nueva York coqueteando visiblemente con una atractiva mujer que no dejaba de sonreír. ¡Otro escritor más que aprovecha un viaje para traicionar a su mujer y tener una aventura!, pensó. ¡Otro ídolo destruido! Tuvo una gran sorpresa cuando la mujer que flirteaba con Richler, que ya entonces era muy famoso, se presentó como Florence, su esposa.

Una de las críticas que se formuló a su obra es que creó muy pocos personajes definidos. Muchos parecen cortados por la misma tijera. Por ejemplo, se dijo que su mujer fue el modelo para todas las esposas felices de sus novelas.

Como todos los grandes escritores satíricos, era, en el fondo, un moralista. En una entrevista para el Star de Toronto dijo: "En una época en la cual no hay un acuerdo sobre los valores, estamos obligados a crear nuestro propio código de honor y un sistema de creencias que nos permita vivir una vida lo más honorable posible."

Para el escritor canadiense Guy Vanderhaeghe, uno de los muchos amigos del escritor entre sus colegas, Richler era una especie de George Orwell canadiense, siempre dispuesto a correr riesgos y a romper con las convenciones establecidas. Refiriéndose a la descripción de Richler del barrio judío de St. Urbain siguió diciendo Guy Vanderhaeghe en un reportaje a The Globe and Mail: "Richler hacía enojar a los judíos y hacía enojar a los no-judíos, pero ambos podían verse retratados en sus obras. Cada grupo desea tener una imagen positiva. Pero cuando Richler señala los defectos de los no-judíos, su antisemtismo y su falta de decencia elemental, tuvieron que confrontarse con su propia historia y esto los puso furiosos. Por otra parte, muchos judíos sentían que se había pasado de los límites de lo permitido al ridiculizar a su propia gente. Pero esto en esto radica su grandeza como escritor: en su disposición a decir todo lo que pensaba y sentía. La mayoría de nosotros tiene un pequeño censor dentro de nuestro cerebro. Yo pienso que él no tenía nada semejante. Eso era parte de su enorme valentía. Realmente era un escritor de un coraje admirable."

El crítico Christopher Lehman-Haupt, en su comentario para el New York Times de la octava novela de Richler Joshua entonces y ahora, a la que calificó de "extraordinario logro agridulce", dice lo siguiente de su conducta como escritor: "El ha sido descrito a menudo como una figura controvertida, pero él no buscaba la controversia por sí misma. El siempre trató de decir la verdad. Su verdad no era la de todo el mundo. Yo discrepé a menudo con él, pero siempre le tuve un gran respeto porque sabía que actuaba con profunda convicción."

Por su parte el columnista del diario Star de Toronto, Philip Marchand escribió: "Mordechai Richler amaba los deportes, por lo cual, en cierta manera es justo utilizar una metáfora deportiva para describir su carrera: él fue el primer escritor canadiense que jugó en la primera división de la literatura. Sin discusiones, sin necesidad de reclamar su lugar, sin pedir disculpas.

"El era un maestro, un novelista cómico inmensamente disfrutable que también fue un serio cronista de los infortunios y triunfos de su comunidad, el barrio de la clase obrera judía de St.Urbain en Montreal. El convirtió ese pequeño territorio en parte del panorama mental de numerosos lectores en todo el mundo."

Por último, en un homenaje titulado "El Diógenes de Montreal", la famosa novelista Margaret Atwood escribió en The Globe and Mail: "Como todos los grandes escritores, su gran tema fue la mortalidad humana. La naturaleza humana en toda su desnudez, su mezquindad, su ridiculez, su avaricia, su grosería, su fealdad, y su maldad pura y simple, la conoció de manera minuciosa, desde un escenario tan privilegiado como una zona pobre de Montreal durante la Depresión. Y luego fue testigo no sólo de las atrocidades sino también de las hipocresías de la Segunda Guerra Mundial, a las que siguieron en su vida, las azarosas peripecias de la vida literaria de Londres vista desde abajo.

"El era un consumado profesional con altos standards y poca paciencia para los tontos, pero también era una persona cálida amada por todos aquellos que lo conocieron bien, respetado por sus colegas, los escritores, y querido por sus numerosos lectores. Para mi generación, fue un guía que logró forjarse un lugar único en nuestra vida y nuestra literatura. Lo echaremos mucho de menos."

Para nosotros, lectores lejanos de una parte ínfima de su obra, la muerte de Mordechai Richler no es un fin sino un comienzo. Tenemos todo un mundo a descubrir.

Bibliografía

Tomado de Hagshama E-zine  



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