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Judasmo y universalismo

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Aportado por: Aizik
Fecha de creación: 2002-03-05 14:15:15
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Judaismo y Universalismo

Los puentes del judaísmo
Por Gustavo D. Perednik


Uno de los conceptos peor interpretados de la tradición judía es la de Pueblo Elegido. Un concepto de arrogancia e incluso de racismo, se dice, cuando la verdad es bien otra. La cosmovisión del pueblo judío y su tradición acerca de los pueblos del mundo y de lo universal, bien pueden darnos algunas lecciones de vida que aún no parecen haber sido aprendidas.

Aunque una buena parte de los judíos no observa las leyes de Shabat o las de Kashrut, no es frecuente que se las ridiculice, o que se desprecie la sabiduría y la profundidad de las mismas. No ocurre lo mismo con el concepto de Pueblo Elegido, que es de los más distorsionados y vilipendiados de la tradición de Israel.

Algunos malintencionados censuran la idea bíblica del Pueblo Elegido como si fuera un eufemismo de los judíos para arrogarse privilegios o expresar superioridad racial. La mala intención deriva de saltear tres datos:

  1. que no hay fuentes judías que planteen esos privilegios. Al contrario: el pueblo más criticado en la Biblia es el pueblo judío, y esto deriva de que su elección implica responsabilidades adicionales, y no derechos sobre otros;
  2. que el concepto de elección en otras tradiciones (cristiana, islámica, drusa) es mucho más rígido, y sin embargo la crítica se descarga exclusivamente contra la versión más leve del mismo, la judaica. El cristianismo y el Islam se atribuyen la verdad universal que virtualmente no deja lugar para la salvación sino a sus fieles. Por el contrario, el judaísmo permite un amplio marco de religiosidad para los no-judíos, y no exige de éstos convertirse al judaísmo para ser puros y salvos. Esta flexibilidad se debe precisamente al milenario concepto del Pueblo Elegido;
  3. que el antirracismo tiene su fuente inspiradora en los profetas de Israel, de los que continuó en el Talmud. Este explica que Dios decidió que los humanos tuvieran a Adán como único ancestro, con el objeto de nadie pueda jamás atribuir superioridad a sus antepasados. El hecho de que el judaísmo se oponga a los matrimonios con no-judíos no tiene nada que ver con racismo (de hecho una persona de cualquier raza y origen podría convertirse al judaísmo) sino con una elemental preservación cultural.

La afirmación de que el pueblo judío fue elegido por el Creador para cumplir con Su Torá y transmitirla, ha obrado históricamente como una barrera contra los más diversos imperialismos, que bregaron en cada siglo por someter a todos los pueblos a una misma norma. Así es que precisamente los judíos debieron enfrentar a imperios poderosos y totalitarios. En la temprana antigüedad, el egipcio, el asirio y el babilonio; más tarde, el griego y el romano; en la época moderna, el alemán, el ruso y el panárabe.

En la visión bíblica, la culpa en la que cae todo imperio es justamente el intento de homogeneizar a los seres humanos. A partir de este intento se termina o bien en un mundo de opresión que imponen los poderosos (el arquetípico resultado fue el Diluvio), o bien en una civilización tecnológica que se arroga poderes divinos (la torre de Babel).

El estandarte de Israel, ergo, se levantó y se levanta en contra de la opresión que consiste en igualar a la gente por la fuerza, de poner a todos los seres humanos en una misma categoría, sea ésta la raza, el corte de pelo o el partido político.

La elección del pueblo judío es el inevitable corolario de ese estandarte monoteísta. Dios es la realidad para cada persona particular, ama a las personas individualmente, por sus diferencias, y no nos ordena que todos creamos lo mismo y obremos de igual modo. Cada persona (y cada pueblo) encontrará ergo su forma de diálogo con el Eterno, y entenderá su rol en la historia de una manera que le es única y singular. En ese contexto, Israel fue elegido para conservar la Torá.

Los relatos del Génesis son una concatenación de elecciones: Abel y no Caín, Abraham y no Nimrod, Isaac y no Ismael, Jacob y no Esaú. El Exodo lo lleva a términos nacionales: los esclavos israelitas y no la realeza egipcia.

Con todo, la elección de uno no implicaba necesariamente el rechazo del otro. Se trataba de otorgarle al elegido un papel central para que con él pudiera hacer su contribución a todos. "Por ti serán bendecidas todas las familias de la Tierra", promete Dios a Abraham. No excluye, no rechaza. Abraham se siente elegido, pero para llevar a cabo una labor ética que traiga bendición a todos, no a él exclusivamente.

Entre la Tribu y la Aldea Global

El Pacto con Israel, su Elección, señala el rechazo de dos excesos en los que cayó la humanidad. En un extremo, el tribalismo, que supone que cada nación tiene su dios, como dicta la cosmovisión pagana. En el otro extremo, el universalismo, que, aunque parece fraterno cuando plantea un solo Dios para todos los hombres, concluye implacable cuando establece un solo camino para servir a ese Dios (sea el Dios de la revelación o el de la razón).

En la Biblia, la Unidad es privativa de la divinidad. Por eso es única y esencial. Pero el hombre, él es plural. Tiene muchos caminos a su disposición, y formará muchas naciones que contribuyen con su color específico a la policromía humana, y conocerá muchas religiones que forjan un mosaico teológico que debería ser de mutuo respeto y enriquecimiento espiritual, y no de "salvación" por la espada o guerras "santas".

La Torá nos ordena amar al prójimo una vez (dicho sea de paso, no faltan quienes suponen erróneamente que ese precepto está en el Nuevo Testamento y no en la Biblia hebrea). Pero frente a ese mandamiento único de amar a nuestros congéneres, hay una categoría especial del prójimo, el extranjero, para quienes la Torá nos advierte acerca del buen trato que le debemos, no ya una vez, sino cincuenta y ocho. Así lo establecieron nuestros rabinos en el Midrash Tanjuma. (Rabí Eliezer Hagadol especifica en el Talmud que son unas cuarenta veces). Este cariño hacia el extranjero tan reiterado en la tradición de Israel, también puede derivarse de la responsabilidad que acarrea la Elección.

Mientras a los judíos la Torá nos prescribe 613 preceptos, para los no-judíos establece siete. En efecto, el tratado talmúdico de Sanhedrín cierra una de sus páginas enumerando los preceptos que están destinados a toda la humanidad y no sólo al pueblo judío. Siete mandamientos les dieron a los hijos de Noé, el primero es la única obligación, los otros seis son las prohibiciones de: 1) blasfemia 2) idolatría 3) incesto 4) asesinato 5) robo 6) ingestión de animal vivo.

El rabí Iojanán explica que los siete preceptos derivan de un único versículo bíblico: "Y mandó el Eterno Dios al hombre diciendo de todo árbol del huerto podrás comer" y otros rabíes proponen otras variantes de cuáles son los siete preceptos noaicos.

La última de las prohibiciones (la ingestión de partes de un animal vivo) intenta obviamente lograr que las formas de comer de la humanidad respondan a un mínimo de civilización que nos haga más sensibles ante la depredación de la naturaleza que perpretamos constantemente, y ante el sufrimiento del mundo animal que provocamos. De por sí esto debería insuflar en nosotros, con mayor fuerza, la intención de evitar en especial el dolor humano.

Las prohibiciones del robo y del asesinato son parte del derecho natural que no requiere mayor explicación. La del incesto, es una norma universalmente aceptada y que pretende separar el amor familar del erótico a fin de poder destacar cada uno de ellos por separado. En cuanto a la blasfemia, podría ser considerada como el desprecio de los ideales máximos de la raza humana, o bien la justificación del mal por medio de ese desprecio. Una de las más originales exégetas bíblicas contemporáneas, Nejama Leibowitz, ha sabido descubrir en la Biblia misma cómo la justificación del mal es un peldaño moral más bajo que el mal espontáneo. Lémej es considerado peor que Caín porque, además de asesinar como éste, se jacta de su asesinato. Por allí también pasa la blasfemia.

Y finalmente, en lo que concierne a la idolatría, diremos que es el sometimiento del ser humano a fuerzas que él debería dominar, tales como las que él mismo construye o las que son parte de la naturaleza que se ha puesto bajo su dominio. La idolatría es vista como la peor esclavitud.

Las guerras mitológicas de los dioses en el mundo pagano, las fuerzas obscuras y arbitrarias que dominan en la naturaleza, son reemplazadas en la religión israelita por la lucha histórica del hombre frente a la palabra de Dios. En lugar de la pugna entre dioses buenos y malvados hay otra clase de contienda cósmica, un diferente acontecer del drama divino. Este drama se desarrolla en la dimensión de la historia y de la moralidad, ya que Dios mismo implantó la libertad para rebelarse, como concomitante necesario del libre albedrío que le otorgó a Adán para hacer de él una criatura moral.

Aún no hemos mencionado la primera de todas las leyes que, de acuerdo con el judaísmo, deberá cumplir la humanidad en pleno y no solamente los judíos. Esta es lo que en escueto lenguaje talmúdico se denomina dinín, y comprende la administración de la justicia, la creación de tribunales, el imperio de la ley o, en términos modernos, del estado de derecho.

La fe judía, durante sus cuatro milenios de presencia activa, no fue misionera y no pretendió convertir al mundo al judaísmo. Su misión no fue hacer más judío al mundo, sino hacerlo más humano.

El judaísmo se entiende a sí mismo como la verdad para los judíos, pero junto con ello respeta la verdad de otros pueblos y grupos y sus distintas idiosincrasias para alabar al Creador. Los justos de todas las naciones tendrán su parte en el mundo venidero, reza la máxima judaica. Convertirse al judaísmo no depara ningún mérito adicional sino mayores responsabilidades.

El no-misionerismo judío fue un precio que el judaísmo pagó adecuadamente para mantener puros sus ideales monoteístas, ya que la incorporación de masas al seno de la religión judía conllevaba el riesgo de atraer con ellas también conceptos y prácticas paganas.

Y ese también es un óptimo instrumento para interactuar con el mundo desde una posición de respeto al ajeno, comprensión por el extranjero, y amor por la humanidad a partir de asumir nuestra propia Elección.

Bibliografía

Tomado de Hagshama E-zine  



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