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Aportado por: Aizik
Fecha de creación: 2002-03-05 12:30:00
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¡Basta ya Shimon!

Intifada de Al Aqsa

Por Gabriel Ben-Tasgal

La división entre las posiciones internas en la cúpula del gobierno israelí provoca daños a la posición de nuestro país frente a los palestinos y en la arena internacional. Como un monstruo de dos cabezas, una de ellas, la del canciller laborista Shimón Peres, obstruye la acción de la otra, la del premier Ariel Sharón, al seguir con su ilusión de un Nuevo Medio Oriente. Este, en tanto, se dedica a aguantar la tormenta hasta que pare, sin una política precisa y conducente.

Las cámaras de televisión del prestigioso informativo israelí "Encuentro con la prensa" enfocaban al octogenario (78 para ser más exactos) ministro de Relaciones Exteriores sonreír plácidamente. Sí, sin duda se mantiene excelentemente bien para su edad. Sin duda, posee una energía y una ilusión sorprendente para impulsar las convicciones que han guiado su carrera política durante las últimas dos décadas.

Cuesta mucho atacar a Shimón Peres. Viéndolo exponer sus ideas de manera tan esperanzadora, nuestro hidalgo y bien condecorado Premio Nobel de la Paz nos repite que la función de un estadista es modificar la realidad a través de iniciativas políticas. La opinión pública es algo efímero y volátil – nos dice – "las encuestas hay que olerlas y apreciar su aroma como un buen perfume más nunca beber su contenido".

Las encuestas hablan por sí solas. El diario Maariv del 10-8-2001 preguntó: "Hay quienes afirman que no se debe dialogar con la dirigencia palestina cuando hay enfrentamientos militares. Por otro lado, hay quienes dicen que dialogando con Yasser Arafat se logrará un cese de fuego. ¿Con cuál de estas afirmaciones está de acuerdo?"

* No se habla con Arafat cuando hay guerra: 58%
* Se habla con Arafat aunque haya enfrentamientos: 35%
* No sabe: 7%
* Entre votantes de la derecha, el 79% está en contra de hablar y el 17% a favor.
* Entre los votantes de izquierda, 32% en contra y 66% a favor.


Una semana más tarde, el mismo periódico presento otra pregunta: "¿Usted cree que las negociaciones entre Shimón Peres y los líderes palestinos traerá un aumento del terror, un descenso del terror o simplemente no cambiará nada?"

* Aumentará el terror 10%
* Descenso del terror 25%
* No cambiará nada 59%
* No sabe 6%


No se presentaron datos acerca de la división derecha-izquierda en esta pregunta.

Por el momento, la mayoría de la población opina que no se debe hablar con Arafat cuando continúan los actos terroristas y en caso de que Shimón Peres se reúna con la dirigencia palestina los encuestados opinan que no lograra modificar demasiado. Las encuestas dicen, pero un verdadero estadista tiene que guiarse por sus convicciones y no por el sentir popular que fluctúa con la velocidad de un suspiro. Más aún, para los que estamos convencidos que la sociedad israelí está dispuesta a realizar serias concesiones territoriales para conseguir una paz verdadera, el estado de las encuestas actuales sólo puede comprenderse como el sentir pasajero de una población defraudada y harta de los atentados terroristas de nuestros supuestos "partners" de paz.

Conflicto por Generaciones

Lo que el ministro de Relaciones Exteriores parece no comprender es que la Intifada que hoy sufrimos es consecuencia directa de la misma estrategia que basó los acuerdos de Oslo. La Intifada de Al-Aksa no fue provocada por la visita de Sharón al Monte del Templo ni por ningún otro suceso circunstancial. "Su" visión ideológica, "Su" proyecto de moldear un Nuevo Medio Oriente, "Sus" garrafales errores estratégicos, los mismos planteamientos que guían sus actuales convicciones, son los responsables de la actual ola de violencia que sacuden la región.

Para nosotros, los amantes de la paz, resulta mortificante asumir que el conflicto con los palestinos continuará (si Dios no quiere) durante generaciones, ya que en las actuales circunstancias, el pueblo palestino no está preparado para erigir una dirigencia dispuesta a erradicar de raíz la instigación a la violencia, los valores antidemocráticos que guían las endebles instituciones de la ANP, el odio y el terror.

Para nosotros, los amantes de la paz, resulta doloroso verificar que los principios que guiaban a Shimón Peres estaban totalmente equivocados.

¡No Shimón!, a pesar de que Yasser Arafat se comprometió a no utilizar la violencia como medio para conseguir logros políticos, hoy vemos que no solamente fomenta la violencia sino que además desde el inicio de la Intifada ha puesto en libertad a más de 200 presos de los grupos fundamentalistas Hamas y Jihad Islámica que hacen el trabajo de atentar sangrientamente contra objetivos civiles en Israel.

¡No Shimón!, a pesar de lo que acordamos con ellos, la incitación a la violencia y el odio en la calle palestina no sólo no cesa sino que ha aumentado radicalmente. Colonias de vacaciones y programas de televisión infantiles nos muestran a orgullosas criaturas que en vez de jugar tiernamente nos cantan sus deseos de transformarse, también ellos, en Shaidim (terroristas suicidas).

¡No Shimón!, no sucedió lo que deseabas. Arafat no se transformó en un dirigente político respetado que esté dispuesto a dejar a un lado los patrones psicológicos y de conducta de un líder revolucionario o terrorista, ni está dispuesto a impulsar un sistema social occidental basado en valores democráticos en donde la economía reforzada estimula la colaboración zonal y previene las aventuras armamentísticas, ya que los líderes comprenden que ahora, cuando dirigen nada menos que una Autoridad Nacional, ya no se encuentran en el exilio y tienen muchas cosas que perder. No existe democracia alguna y las personas sospechosas de haber colaborado con Israel son ejecutadas para servir como ejemplo a los demás. La economía es débil porque entre otras cosas, la ANP es un ejemplo de corrupción y populismo barato más interesado en comprar apoyo popular repartiendo beneficios que tomarse el trabajo en invertir el capital de las cuantiosas donaciones en crear puestos de trabajo que brinden estabilidad a largo plazo.

Y por último, ¡no Shimón!, no consuela en absoluto la excusa de decir que valía la pena probar y que de lo contrario ahora estaríamos peor aún. No sólo no consuela... tampoco es cierto.

Daños casi irreparables

Dejando a un lado la cruel cantidad de víctimas mortales que se han cobrado los terroristas desde la firma del pacto de paz de Oslo, resulta necesario preguntarnos en qué sentido estaríamos peor de lo que estamos ahora. ¿Desde el punto de vista de seguridad personal? Dudo que temer subirse a un autobús o evitar entrar a un restaurante por el temor de ser la víctima de otro atentado suicida sea considerada por muchos como un progreso en dicha materia. ¿En el aspecto militar? Es realmente difícil declarar que hemos mejorado al reemplazar las piedras por armas y morteros. ¿Desde el punto de vista político y diplomático? En este aspecto el daño ha sido casi irreparable.

Hasta los acuerdos de Oslo, Israel era un país criticado por su política de ocupación en Cisjordania y Gaza y por la creación de asentamientos en dicha región. Hoy, no sólo continúa siendo criticada por las mismas razones y por otras muchas sino que, por la naturaleza del acuerdo de Oslo, hemos ayudado a fomentar la legitimidad internacional de un, hasta entonces, terrorista. Yasser Arafat era una figura despreciada por varios gobiernos, entre ellos las distintas administraciones norteamericanas que vetaban la entrada a los Estados Unidos, mientras que hoy Israel debe hacer frente a un líder político que continúa fomentando el terror pero que ahora lo dirige desde pocos kilómetros de las principales ciudades de Israel y que, para colmo, es una figura reconocida y respetada por interesados gobiernos del mundo.

En la actualidad, Israel es criticada por sus acciones militares destinadas a erradicar la amenaza terrorista. Los críticos argumentan que se trata de acciones de violencia desproporcionada y que se está entrando en la jurisdicción de la ANP.

Antes sabíamos y podíamos explicar quiénes eran los buenos y quiénes los malos, quiénes los terroristas y quiénes no. Ahora está división moral se difumina en la arena internacional y en los medios de comunicación los terroristas son redenominados como guerrilleros o extremistas.

¡La alternativa a Arafat era el terrorismo fundamentalista! –nos dirá Shimón- ¿Y hoy que tenemos? –preguntaran otros- ¿En que ha mejorado la situación?

Hoy, el ministro de Relaciones Exteriores Simón Peres continúa guiando la diplomacia israelí por el mismo sendero. Según nos explica, la alternativa a Arafat sigue siendo un mal peor y por lo tanto no sirve de nada debilitarle o destruir la ANP; en cambio, hay que dialogar para conseguir un cese de fuego.

Ehud Barak, ex primer ministro del mismo partido político que Peres, criticó la impaciencia del ministro de Relaciones Exteriores por encontrarse con Arafat. "No puede ser que mientras la diplomacia israelí intenta convencer a los gobiernos del mundo que Arafat es un terrorista sea la mano derecha del primer ministro quien haga todo lo contrario", dijo Barak.

Peor aún, la estrategia de los cuerpos de esclarecimiento del estado sugerían atacar la corrupción y accionar de la ANP y de su líder. Mientras que otros organismos paralelos (como fuentes militares) aplaudían dicha estrategia, Shimón Peres era el encargado de desbaratar toda iniciativa en éste sentido por las razones antes mencionadas.

El primer ministro Ariel Sharón, en tanto, parece no poseer ninguna estrategia. Más bien, parece que posee una serie de tácticas a corto plazo. Los pasos a seguir se basan en los siguientes principios: 1- Es necesario aguantar los ataques terroristas por mucho tiempo; 2- Arafat es un líder ilegítimo, ya que violó los principios a los cuales se comprometió; 3- Hay que presionar a Arafat militar, diplomática y económicamente; 4- La presión hará que el líder palestino vea cómo peligra la integridad de la ANP y su poder obligándole a optar por desaparecer políticamente de la región o bien, emprender una lucha sin cuartel para eliminar todos los focos de terrorismo que, además, hacen peligrar su propia legitimidad como líder palestino.

Las Negociaciones como Peligro

Mientras que Sharón propone presionar (no eliminar físicamente, ya que esto solo dañaría internacionalmente y en el mundo árabe a Israel), el ministro de relaciones exteriores desea "negociar".

Lamentablemente, negociar con Arafat en estos momentos puede provocar casi los mismos perjuicios que el anterior error de revivirlo políticamente cuando descansaba en Túnez (antes de Oslo). Shimón Peres no solamente se presentaría a negociar un cese de fuego sino que además; y como él mismo confesara en la conferencia de prensa del 20 de agosto; se dialogaría sobre nuevas propuestas políticas. El peligro principal reside en el hecho de que el lado palestino interprete las concesiones de Peres como un logro político que justifique la explosión de violencia que ellos mismos provocaron. O, como bien ha dicho el prestigioso analista Zeev Schiff (diario Haaretz, 17 de agosto), "No son las negociaciones de cese de fuego las que deben preocupar a Israel, sino la predisposición que estamos viendo a pagar (por Israel) un soborno político por dicho cese de fuego". Dicho soborno nos condenará inexorablemente a sufrir nuevas explosiones terroristas.

Los palestinos, en tanto, observan con desconfianza las súplicas diplomáticas del ministro de Relaciones Exteriores de Israel. Por un lado, aceptan gustosos los favores diplomáticos que les está haciendo Peres. Por otro lado, no se engañan, saben que Peres no puede ofrecer nada concreto y que la última palabra la tiene Ariel Sharón.

Este es un gobierno con dos cabezas que es a la vez una Unión Nacional con dos estrategias diferentes. Por el momento, Ariel Sharón disfruta del apoyo del Partido Laborista y de la fama internacional de su ministro de Exteriores que resulta indispensable para moderar posturas antiisraelíes de ciertos gobiernos del mundo. A cambio, debe pagar el precio de los equivocados delirios de un Nuevo Medio Oriente personificado en los errados postulados que guían a Shimón Peres.

Ayudar a calificar a Arafat como líder terrorista sería como asumir que Oslo fue un gran error. Negociar concesiones cuando la ANP promueve acciones terroristas es totalmente lógico desde los principios que basan la iniciativa de paz de Peres. Especular concesiones en estos momentos probablemente no modificará nada a corto plazo y dañará la posición israelí. "En el pasado se demostró que cuando Yasser Arafat se sentía aislado, comenzaba a actuar y a pesar diferente", declaró Ehud Barak.

Parecería ser que Shimón Peres ha cumplido su papel en la historia política de Israel. Parecía ser que la única manera de no repetir los errores de Oslo es suplicar un respetuoso: ¡Basta ya, Shimón!, ya has causado demasiado daño.

Bibliografía

Tomado de Hagshama E-zine  



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