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De la AMIA a Nueva York ida y vuelta: atentados del 11 de septiembre del 2001

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Aportado por: Aizik
Fecha de creación: 2002-03-03 10:51:03
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Las clases de Sharona: los atentados del 11 de septiembre 2001

Por Sharona Fredericko
y Marcelo Kisilevski

Es difícil entrar en la mente de un terrorista, que además tiene los medios para perpetrar sus megacrímenes, y llegar a entender qué lo moviliza. Aquí sólo podemos entender por qué no fue el atentado. E intentar trazar algunas líneas, resolver algunos malos entendidos, y rendir desde aquí, desde Hagshamá, nuestro humilde homenaje a las víctimas y sobrevivientes.

-Sharona, ¿qué opinión te merece la lectura de que el cuádruple atentado en Nueva York y Washington tuvo que ver con la brecha entre ricos y pobres y con la globalización? Según esta lectura, el horroroso ataque múltiple al corazón de la opulencia y el poder militar occidentales fue el grito del mundo pobre contra un mundo rico e indiferente.


-Sí, y ¿por eso decidieron atentar contra un público que era en su mayoría negros, mejicanos y portorriqueños que trabajaban en el lugar? Los que murieron son en su mayoría, justamente las víctimas de ese capitalismo. Los que hacían guardia en el World Trade Center eran portorriqueños y chicanos. Qué importante era matar al pobre portorriqueño que toda su vida ha sufrido por el capitalismo para demostrar una cuestión. Bueno, vamos...

Lo primero que quiero destacar es que, como tú y todos los lectores saben, lo ocurrido me toca muy de cerca, porque soy de Nueva York. Lo segundo está dirigido en especial a mis lectores argentinos: tuve la misma sensación que tuvo el porteño hace siete años, con la AMIA. La diferencia es que, con todo lo inseguro que puede sentirse el neoyorquino a nivel personal en la calle, el porteño ya tenía en su inconsciente colectivo que Buenos Aires podía ser bombardeada: cierta revolución “libertadora” ya lo había hecho. El neoyorquino no.

Ahora lo de ricos y pobres. Sabes bien que soy socialista con tendencias marxistas que sigo enarbolando. Por eso se trata de una cuestión espinosa, que quiero desarmar de una vez y para siempre.

La gente de Osama Bin Laden no es como el Comandante Marcos o como el Che Guevara que luchan por una redistribución de los bienes del mundo. Eso no está en su agenda. No sólo no lo quieren sino que, de acuerdo con su agenda, quieren imponer la ley coránica, religiosa islámica, que dictamina una división sumamente tajante entre ricos y pobres. Y de acuerdo con la agenda de todos los grupos fundamentalistas, su meta declarada es imponer la visión de la Sharia, que es la ley coránica, en todo el mundo. De dónde sacaron en el Tercer Mundo la creencia de que el terrorismo fundamentalista quiere repartir algo, no tengo idea.


-Lo que podría alegar esta visión tercermundista, es que la ideología de Bin Laden puede ser la que fuere, pero que aprovecha la pobreza existente para encontrar candidatos a perpetrar estos atentados. Sin tanta pobreza y falta de horizontes, no podrían encontrar tanta gente dispuesta a inmolarse, como ocurre acá también en Israel.


-Claro, está bien. El problema es que Osama Bin Laden y el Sheij Iasín son parte de la clase opresora, que es la que está destrozando la vida de esos pobres. Bin Laden no es marxista. Es ultraelitista, de la clase aristocrática de Arabia Saudita. Igual que aquel legendario terrorista de los años ’70, Carlos, Bin Laden no sabe lo que es la pobreza. Es un multimillonario que en ningún momento ha declarado su oposición al capitalismo como tal. Lo que le da asco son las libertades, incluyendo el libre acceso a altos estudios para mujeres, para negros y para todos los cristianos. No es como el Comandante Marcos de Chiapas, que ha condenado la estructura capitalista, pero que jamás en su vida pondría una bomba en el centro de México City, porque sabe diferenciar muy bien entre gente civil y una estructura de poder. Por eso es importante que los marxistas de veras, y no los intelectuales pseudo-izquierdistas que se toman un cafecito de vez en cuando y luego vuelven a sus casitas burguesas, han condenado este atentado.

Por eso cito al comandante de los comandantes. Gracias a que me enseñaste a navegar por Internet he entrado al sitio de Granma, el diario oficial del régimen cubano. Quiero destacar a mis lectores que la enérgica condena al terrible atentado superó por bien lejos al estupidísimo discurso de George Bush que parecía de cualquiera menos de un líder. Hasta diría que ojalá trajéramos a Fidel a la Casa Blanca en estos momentos.

Fidel habló como marxista ortodoxo. Su condena se centró en tres cosas. Primero, los que lideraron el atentado no están ligados para nada con la causa de la justicia en el Tercer Mundo, sino con la perpetuación de la opresión allí, porque son parte del “cartel del petróleo”, que es lo más capitalista que hay.

Punto dos recalcado por Fidel, los principales blancos fueron las mismas víctimas del capitalismo, lo que ya destaqué antes. Nueva York es la ciudad menos “WASP” (sigla de White Anglosaxon and Protestant: blanco, anglosajón y protestante, que señala a la clase fundadora del país y por ende la elite) de todo Estados Unidos.

Punto tres, dice Fidel, se trató de un atentado que busca destruir la democracia. No se olviden que él se considera demócrata, eso se podría discutir. Dice que atenta contra el Tercer Mundo. El como tercermundista, y lo dice, no puede compartir ninguna visión teocrática. Fidel vuelve a citar a nuestro amigo Carlos Marx, “la religión es el opio de los pueblos”. Y se los recuerdo a muchos amigos que son marxistas de café, que toman demasiado café: ellos se olvidaron de lo que es el verdadero marxismo, como dice el Comandante: ningún verdadero marxista puede apoyar a gente cuya meta es la instauración de la teocracia. Es un ultraderechismo de lo más reaccionario. Gracias, Comandante.


-¿Creés que los ataques en EE.UU. son la culminación de una cadena de modus operandi inaugurado con la embajada israelí en Buenos Aires y la AMIA?


-Definitivamente. Fíjate lo que pasa con un fenómeno como Memoria Activa, que después de siete años siguen reclamando cada lunes frente a Tribunales. Ellos demandan que se haga justicia, por un igualmente horrendo atentado, que los culpables, que sabemos que también fueron musulmanes fundamentalistas con la ayuda de elementos dictatoriales y antisemitas locales, sean traídos ante la justicia. El hecho de que por siete años no haya habido reacción del sistema en la Argentina., y cuando la hubo fue casi obsena, como que el nombrado por Menem hace cuatro años para investigar el caso, Francisco Barra, haya tenido que dimitir por haber sido en su juventud miembro de la organización de ultraderecha antisemita Tacuara, tal como lo reveló el periodista argentino Jorge Lanata. Para los que no la conocen, Tacuara fue una organización neonazi muy violenta que operó en la Argentina en los años ’60 hasta principios de los ’70. Esa fue la respuesta que tuvieron los argentinos que exigieron justicia.

Todos tuvieron miedo en la Argentina de cercar y aislar a los elementos musulmanes fundamentalistas, siempre ligados a la ultraderecha nacionalista. Ejemplo: tu militar preferido, Mahoma Alí Seineldín, un coronelito un tanto alborotador en el ejército argentino, que ha intentado varios golpes de estado, por suerte sin éxito o con éxito relativo. Pues bien, después del atentado en la AMIA, Seineldín se regocijó y congratuló abiertamente. Dijo que no es que apoyaba en un ciento por ciento el atentado pero uno “lo tenía que entender”.

Seineldín salió ileso de toda la historia. Nadie investigó sus lazos con Monser Al Kassar, el ciudadano sirio amigo de Menem que entraba y salía del país libremente poco antes del atentado, acusado de tráfico internacional de armas, etc.

La cumbre de la cadena que vimos hace tres días en Nueva York y en Washington, empezó con Al Kassar en la Argentina. Sus no investigados lazos con Bin Laden, son una prueba de la flaccidez de Occidente a la hora de atacar y -voy a utilizar una palabra muy fea, que ya la usó Fidel- eliminar a elementos ultra teocráticos que atentan no solamente contra la libertad sino también contra la justicia social y económica.

Mis lectores más maduros recordarán quién es Al Kassar. Un terrorista sirio, íntimamente ligado con la familia Yoma -la familia de la ex esposa del ex presidente Menem-. Al Kassar entró y salió de la Argentina más de 20 veces, primero, antes del atentado a la embajada israelí en Buenos Aires, en 1992. Nunca lo agarraron. En 1994, en los meses previos al atentado en la AMIA, Al Kassar entró y salió del país diez veces de forma documentada, y existe la sospecha de que lo hizo unas siete veces más.

El 18 de julio de ese mismo año volaba la AMIA, y a pesar de que periodistas argentinos reportaron fielmente que había campamentos de entrenamiento para fundamentalistas musulmanes en la zona de Iguazú, nunca se hizo nada. Y Carlitos Menem, con todos sus contactos con elementos terroristas en el mundo árabe, tampoco hizo nada.

Marcelo, vemos cierto modelo, por el cual la Argentina es siempre campo de prueba para cosas más grandes que pueden pasar después. Ya en los años ’70, el estupidísimo gobierno de Richard Nixon vio en los elementos menos democráticos de la ultraderecha argentina, fieles aliados a los Estados Unidos. Ese país apoyó a las más violentas dictaduras latinoamericanas. Y se dieron fenómenos muy lamentables, voy a decir algo muy feo para la comunidad judía chilena, que terminaron apoyando a Pinochet, pensando que finalmente sería “bueno para los judíos”. Sólo que la política de apoyar a los sectores neofascistas en ese y otros países, iba a terminar fortaleciendo a los elementos más reaccionarios en el mundo árabe.

Argentina es campo de prueba. Desde los años ’60 las principales oficinas de la Liga Arabe eligieron a Buenos Aires como campo de prueba para todos sus operativos. Como ejemplo, y aquí seguro que los argentinos mayores sabrán de quién hablo, el director de la Liga Arabe, el señor Hussein Tricky, que formó una alianza muy fuerte con la Juventud Hitlerista de Tacuara en esa década. Hussein Tricky sirvió como nexo de esa fusión tan hermosa que ha conocido la Argentina entre la propaganda neo-nazi y la propaganda árabe extremista. Hubo un montón de actividad terrorista y antisemita en la Argentina de los ’60. Esos grupos neonazis, a su vez, estaban vinculados a elementos golpistas militares argentinos. El acto culminante de esta alianza fue un acto multitudinario y público en el Teatro Colón, el centro máximo de la alta cultura en la Argentina, de la alianza neonazi con la juventud de la Liga Arabe, el 20 de abril de 1964.

Pero EE.UU. no se dio cuenta o no le importó, pensando que la ultraderecha en Latinoamérica es buena para los norteamericanos en su lucha contra el comunismo. Fue el mismo pensamiento estúpido de la comunidad judía chilena, en su representación en la CREJ. Mis alabanzas desde aquí al adalid espiritual de Der Ruf, Yoram Rovner, que junto con muchos otros jóvenes, como los de Hashomer Hatzair, lucharon contra eso.

Gente, ni la ultraizquierda mogólicamente trotskista en América Latina, que siempre apoyó a elementos palestinos de lo más sangrientos, ni la ultraderecha, que no solamente apoyó a los factores palestinos más reaccionarios, fundamentalistas y sangrientos, sino también al neonazismo, ninguno, pero ninguno, es “bueno para los judíos”.

Como bien lo dijo Marcos Aguinis en su libro “Los iluminados”, lo que necesitamos es “la vieja democracia”. Con todas sus lacras al final es lo único que nos protege. Y si vemos lo que pasó con este atentado en Nueva York y con la pérdida de tantas vidas, los que lo justifican son como los yanquis que justifican la bomba de Hiroshima. Yo condeno totalmente el fascismo japonés, y he dicho más de una vez que no debemos olvidar que Japón ha tenido una trayectoria muy sangrienta en la Segunda Guerra Mundial. Pero eso no justifica Hiroshima.

Pero volvamos a lo que pasó en Nueva York, porque estando aquí y escuchando la noticia, yo volví mentalmente a otro momento, a aquel en el que tú y yo escuchamos juntos la noticia del atentado en la AMIA, trabajando en cierto lugar de la Sojnut. Y recuerdo que cuando recibimos la noticia todos los argentinos, y tú incluido, tuvieron la sensación de que “no, eso no puede ser”. Porque con el atentado en la embajada pudimos entender qué pasó, pero con la AMIA no, porque era la vida de la comunidad judía.

Aquí tengo que aclarar que ningún neoyorquino veía en Nueva York una ciudad segura. Los que hablan del “sueño americano” tienen que recordar que solamente el 30% de la población yanqui vive el sueño americano. Ninguna minoría lo vive. El negro no la vive, el portorriqueño no lo vive, y el WASP constituyen el 48% de la población, es decir que la mayoría de los norteamericanos no lo son.

Si te vas al sur norteamericano y hablas con un WASP, por ejemplo el sheriff del pueblo en Alabama te va a decir: “¿Nueva York? Eso no es parte de los Estados Unidos, eso es donde viven los judíos y los negros”. Pero créanme que las palabras que va a emplear para decir judíos y negros son mucho menos diplomáticas.

Lo cierto es que Nueva York, aunque es muy admirada por su prosperidad y por sus aportes culturales -que son hechos justamente por esas minorías- también es un lugar odiado por muchos sectores anglosajones en EE.UU., que ven en Nueva York un escudo del poder económico judío.


-¿Estás insinuando aquí que la misma alianza entre factores ultrafundamentalistas fanáticos y factores locales de ultraderecha que se dio en la Argentina también se tuvo que haber dado en EE.UU.?


-Sí, sí. Creo que es algo que para los mismos norteamericanos puede ser algo difícil de entender. Como era difícil entender para los judíos estadounidenses que las juntas militares que su país apoyaba eran también antisemitas. Cuando sectores progresistas en la comunidad judía yanqui colaboró para sacarlo al periodista Jacobo Timerman de las mazmorras de la dictadura argentina, lo trajeron a la comunidad judía de EE.UU. para despertarles la conciencia justamente con respecto a la junta militar argentina. Porque había una tendencia, no solamente en la CREJ chilena sino en la comunidad judía argentina incluida la DAIA y también en la comunidad judía norteamericana, a decir: “Parece que la Junta argentina no es antisemita”. Pero la Junta era muy antisemita, aunque no tocaran abiertamente a la comunidad en un principio. Eso hubiera sido sólo cuestión de tiempo.

Que nadie se llame a engaño. Hay en EE.UU. más de 300 milicias ultraderechistas hipercristianas que luchan por el advenimiento del Armagedón, y que ven en cualquier acto masivo de destrucción como el que vimos en Nueva York, que justamente atentó contra las minorías que ellos odian, como el cumplimiento de la palabra de Dios.

Pero ya los argentinos -que en esta me entienden más profundamente que el resto de mis amigos latinoamericanos- entienden que detrás de las palabras puden haber acciones, que cuando Seineldín decía “no es que me guste lo de la AMIA pero hay que entenderlo”, no eran sólo palabras, él sabía bien quién había aparcado la camioneta bomba.

Del mismo modo en EE.UU., las milicias estadounidenses, que están coordinadas entre sí, constituyen una amenaza que el yanqui prototípico no ha querido ver y que les ha explotado en la cara. Yo no digo que el argentino común sí lo vea, pero el argentino cuerdo, en especial si es judío, ya lo ve. Creo que ese argentino cuerdo se siente hoy bastante inseguro en la Argentina.


-Como ahora el norteamericano...


-Sí, eso va a empezar también en EE.UU., porque esta ultraderecha no titubea en colaborar con otro lunático ultraderechista aunque éste sea islámico. ¿Por qué? Porque ese ultraderechista islámico también mata a marxistas, como bien lo señaló el Comandante Fidel. Y como bien lo dijo Fidel, el que mata a un marxista, sea el asesino cristiano o musulmán, es enemigo del pueblo. Y ojo, tampoco eximo a Fidel de todos los pecados que él cometió, y no lo veo como gran demócrata, lo digo para los lectores que deben estar diciendo “Anda, Sharona deja de cantar Guantanamera, también hay problemas en Cuba”. Pero cito el análisis de Castro porque me parece muy atinado en este sentido.

Marcos Aguinis, en su libro Los Iluminados, dibujó bien cierta alianza muy extraña que existía entre agrupaciones de milicias anglosajonas anti-hispanicistas en Estados Unidos, con miembros de las juntas militares en Sudamérica. ¿Cómo es esto posible, si esos ultraderechistas anglosajones odian a los hispanos? Y la respuesta es justamente que no tienen problema, si el objetivo es el Armagedón, hacer una alianza coyuntural con ellos.

Aguinis describe una alianza entre un cubano de la ultraderecha y un pastor protestante hipermilitante yanqui de la ultraderecha, super racista, de un racismo de lo más recalcitrante que hay en EE.UU., que ni tomaría la mano de un hispano, pero que ve en una alianza temporaria una ventaja que decide aprovechar.

Por eso pido a mis lectores que vean en este atentado, más allá de todo el horror que yo misma voy a vivenciar en unos días cuando viaje hacia mi ciudad natal, como un punto culminante, aunque quizás no el punto final, de la horrible indiferencia que el mundo mostró al destino de la AMIA. Porque si el mundo hubiera querido llegar al fondo de lo que ocurrió con la AMIA, no hubiera ocurrido el atentado en Nueva York y Washington.

Porque acá hubo una infraestructura enorme a lo largo de las Américas, Marcelo, las Américas son grandes, lo sabemos de la historia, cuando en el siglo XVI los cripto-judíos huían a las Américas porque la Inquisición se iba a ver en mayores dificultades para agarrarlo. Si tú logras construir una cadena que tiene bases desde la Argentina hasta Yanquilandia, es que has estado trabajando muchos años. Y si ello le hubiera interesado a organizaciones como Interpol (perdón, pero ¿dónde estuvo metido el Interpol?) esto no habría podido seguir.

El problema -y ese fue siempre el problema de Occidente- es que nunca toman en serio lo que pasa en Sudamérica. Y lo que pasa en Sudamérica, finalmente va a suceder en los países más nórdicos. Si hubieran visto en Sudamérica un lugar propio y no un patio de juegos de Occidente, entonces todos los negros y portorriqueños que murieron hace dos días no se hubieran muerto.


-¿Qué otros eslabones colocas en la cadena que va desde AMIA a Nueva York?


-Naturalmente Kenya y Tanzania, los atentados contra las embajadas de Estados Unidos en esos países. En Africa vemos mucho de lo que es también la actitud occidental en Sudamérica. Para el anglosajón típico, Sudamérica no es el continente de Borges y García Márquez, eso es para los intelectuales neoyorquinos izquierdoides como yo. Para el anglosajón prototípico Sudamérca es “mañana”, un sombrero grande y plátanos fritos. No ocupa un lugar de envergadura, hay mucho racismo en esto.

¿Y te parece que al mundo occidental le importa lo que ocurre en Africa? ¿Te parece que, si le importara, el SIDA estaría galopando allí? Sabemos que las empresas farmacéuticas podrían comerciar en Africa sus productos más barato de lo que lo hacen, pero no les interesa.

Entonces, el fundamentalista musulmán, igual que el neonazi sudamericano, sabe muy bien eso, que lo que sucede en Africa no importa al ciudadano de Occidente, así como piensa el neonazi, que decide hacer su congreso mundial en Santiago de Chile, que no le va a importar demasiado al yanqui.

Africa importa aún menos que Sudamérica, y los atentados en Kenya y Tanzania no fueron por casualidad.

Si los fundamentalistas musulmanes hubieran atentado, por ejemplo, contra la base militar yanqui en Puerto Rico, Vieques, eso hubiera provocado una reacción fulminante. Puerto Rico es territorio Yanqui, el 98% de los portorriqueños vota para que lo siga siendo. Perdón que meta algo de humor, pero tenemos que seguir viviendo. Una vez hablando con un amigo argentino de mis tendencias anarquistas y semi-marxistas, le dije: “¿Sabes qué? A veces me vienen ganas de quemar el pasaporte yanqui”. Y él me contestó: “Sharona, una cosa es ser anarquista, y otra bien distinta es ser estúpida. No lo hagas”.

Pero fíjense cómo llaman en inglés al Africa: “the dark continent”, el continente oscuro. ¿A qué se refieren, si no al color de piel de la gente?


-A eso y a que la piel de la gente va acompañado a algo que no se conoce, temible y bestial.


-Sí, es racismo puro. No olvidemos, por otro lado, como lo dijo un activista de derechos humanos, también comediante afroamericano, Dick Gregory, que la esclavitud negra comenzó en el mundo árabe. Fueron los musulmanes los que empezaron a hacer razias en Sudán en la Edad Media y a vender esclavos negros a Europa, que los explotaba. A nadie le importó la suerte del pobre negro: ni a Europa ni al mundo árabe. Dejemos, pues, de romantizar al árabe. El árabe en el siglo XVI era el negrero, el que vendía negros a Europa para ser esclavos.

Por lo tanto, como decía Gregory, no hablemos más de Tercer Mundo: hablaremos del Tercero y Cuarto Mundo. El mundo árabe es Tercer Mundo. El mundo latino y el africano son el Cuarto Mundo. Muchos intelectuales africanos ya lo señalan así, no lo estoy inventando yo.

Si se mueren veinte millones de africanos por el SIDA, qué nos importa. Pero si se muere Rock Hudson, aquel actor homosexual norteamericano, ¡oh, no!

Mira, no sé cuántos lectores sabrán que hace ya cuarenta años que la población árabe en Sudán está masacrando a la población negra. Y nadie hace nada, porque a quién le importa “otro millón de negros muertos”.

La cadena, es cierto, empieza en Sudamérica, pero no sigue demasiado allí. Porque la conciencia norteamericana por lo latino está creciendo mucho, donde la quinta parte de la población es hispanohablante, y con más de 20 canales de televisión en español. En los últimos cinco años lo latino está haciendo una revolución y han llegado a un primer plano en la sociedad. En Estados Unidos los latinos ya son Primer Mundo, no tercero ni cuarto. Yo crecí allí en la época en que a los latinos los trataban como trapos, y eso está cambiando. No digo que no hay racismo, pero está cambiando en grande. Fíjate lo que ocurre en Hollywood, que influye más que nada en la mente yanqui, quiénes son los nombres: Ricky Martin, Jennifer López, Gloria Stefan, Antonio Banderas, Cristina Aguilera. En una época para ser estrella te tenías que cambiar el nombre a anglosajón. Hoy en día se dice que debes cambiártelo a judío o latino.

Por eso los fundamentalistas cambian su teatro de operaciones de Sudamérica al Africa, por el crecimiento de la conciencia yanqui acerca de lo latino. Se escucha allí más especialmente acerca de la Argentina, de México y de Brasil. Por supuesto también de Puerto Rico.


-Ahora los fundamentalistas han dejado de “ensayar”. Ya no lo hicieron en lugares que “no importan”, sino en el corazón del que ven como el enemigo.


-Sí, y la pregunta que nos hacemos aquí en Israel es cuáles van a ser las repercusiones. Porque EE.UU. seguramente va a tomar represalias, y eso nos acerca mucho a Israel. Yo creo que este país lo va a sentir.


-Te iba a preguntar precisamente por la manera en que se va a resignificar lo que ocurre aquí. El embajador francés en Israel llegó y dijo: “No se puede comparar lo que pasó en Nueva York con el terrorismo de los palestinos. Hay terrorismo y lo condenamos, pero aquí hay un conflicto entre un pueblo oprimido e Israel, que no se va a resolver en el futuro cercano”. Aquí se armó un desbarajuste total. Políticos de la izquierda y la derecha le contestaron que “terrorismo es terrorismo”. ¿Podemos comparar o no podemos comparar?


-Sí, muchos israelíes y judíos dijeron: “Ah, ahora todos van a entender lo que es el terrorismo, van a comprender lo que estamos pasando aquí”. Primero que eso es un dicho estúpido, porque Yanquilandia ha ayudado ya tanto a Israel que honestamente el israelí no tiene el menor derecho de exigir que el yanqui sufra exactamente lo que él sufre aquí. Me parecie terrible, inhumano, pensar así.

Pero digamos que lo que guiaba ese dicho no era mala intención sino un pedido de mayor comprensión al mundo de lo que nos ocurre aquí. Bueno, de acuerdo con tu cita del embajador francés, vemos que no.


-Sí, y toda la Unión Europea prácticamente está en el mismo tono. No entendieron ni jota.


-Sí, pero aquí quiero señalar algo interesante. Primero que dentro de la Unión Europea existen divisiones inmensas. Joska Fischer, el primer ministro de Alemania, por ejemplo, que es del partido Socialdemócrata, a diferencia de este derechista francés, él sí es hiper-proisraelí. Y sí dice, como lo dijo Ran Cohen de Meretz, que el terrorismo es el terrorismo. También, definitivamente, lo dijo Tony Blair de Inglaterra. También la presidenta de Irlanda. Francia tiene un pasado bastante dudoso con respecto a Israel y en general. No nos olvidemos que el país europeo occidental que tuvo el más alto grado de colaboración con los nazis fue precisamente Francia. Hoy más del 10% del electorado francés vota por Jean Marie Le Penn.

Pero Israel en este sentido tiene que tener mucho cuidado. Los israelíes que creían que los Estados Unidos nos iban a decir: “Ah, ahora hazles lo que quieras”, se equivocaron de cabo a rabo. Collin Powel lo dijo inmediatamente después: “Quédense quietos, chicos”…


-...Israel tiene que hacer la paz con los palestinos, hablen, hagan la paz, y no molesten a lo que se viene.


-Exacto. Gente, tenemos que encontrar una solución, y ojalá el liderazgo palestino cambie y actúe con altura, no como esta gente estúpida o manipulada que festejó el atentado en Nueva York en las calles. Ojalá que ocurra con el liderazgo palestino lo que me dicen muchos amigos árabes que tienen miedo de hablar, que sea un liderazgo que quiere realmente la paz. Amigos árabes cuyos nombres tristemente no puedo citar porque de hacerlo serían asesinados por los fundamentalistas. Tal vez, como en la Guerra del Golfo, que dio paso a la Conferencia de Madrid y luego a Oslo, esta crisis terrible dé lugar a un nuevo capítulo de paz. Esperemos.

Bibliografía

Tomado de Hagshama E-zine  



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