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Un Museo para la Polmica

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Aportado por: Aizik
Fecha de creación: 2002-03-03 09:40:26
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Un Museo para la Polémica

Por Egon Friedler

La apertura del Museo Judío de Berlín marca una nueva etapa en la intrincada relación entre los judíos y los alemanes después de la Segunda Guerra Mundial. Sólo en estas ocasiones la intelectualidad alemana, a través de su prensa recorrida en este artículo, baja al pueblo para debatir sus dilemas acerca de Alemania después del Holocausto. La apertura del Museo también habla de otra relación: la que se da entre Alemania y los propios judíos, que la vuelven a habitar.

El 9 de setiembre pasado se inauguró el nuevo Museo Judío de Berlín con la participación del presidente de Alemania, Johannes Rau, el canciller Gerhard Schröder y 850 invitados especiales. El diario conservador Die Welt observó irónicamente que la lista de invitados fue estudiada en algunos círculos con tanta atención como una circular del palacio de Buckingham entre la nobleza inglesa o como la lista de invitados del famoso baile de Lady Astor en Nueva York, en los círculos de la sociedad norteamericana.

Pero obviamente el acontecimiento fue mucho más que un acontecimiento social que reunió a la élite política, cultural y económica de Alemania así como a dirigentes de la comunidad judía. Su importancia simbólica fue debidamente subrayada por los oradores. El presidente Johannes Rau dijo que a partir del iluminismo en el Siglo XVIII, los judíos realizaron una contribución muy importante a la cultura alemana y europea. Las raíces de Europa no sólo están en el cristianismo, también pertenecen a ella la cultura judía y en cierta medida también la islámica." Refiriéndose a los objetivos del Museo, dijo el presidente que éste no es un museo del Holocausto, si bien el tema es debidamente destacado. A su juicio debe quedar bien claro que el Holocausto no constituye la suma de la historia judía alemana".

Por su parte, el canciller Gerhard Schröder, según la versión de la Süddeutsche Zeitung dijo que "era un milagro que los judíos hoy en Alemania nos vean como amigos", mientras el director del Museo, Michael Blumenthal destacó que la historia judeo-alemana ofrece ejemplos tanto positivos como negativos de convivencia entre personas de diferentes tradiciones culturales y religiosas e hizo hincapié en la necesidad de una actitud vigilante frente a demagogos de la derecha radical.

Refiriéndose al contenido del Museo escribió Martina Meister en la Frankfurter Rundschau: "Se muestra la vida judía en Alemania. Pero como el Museo abarca 2.000 años de historia es inevitable que figure en un lugar destacado la destrucción, la ruptura. La destrucción del judaísmo alemán es el doloroso subtexto de la exposición. El Museo propone a los visitantes un espejo que no sólo ofrece los 3.900 objetos que exhibe sino también una rica enseñanza imposible de encontrar en otro lugar."

Para Maister el Museo no sólo es un símbolo sino también un síntoma: "un síntoma de la nostalgia por lo perdido, o con mayor precisión, por los judíos aniquilados. Es el síntoma de una historia enferma."

Pero al parecer el interés por esa historia es cada vez más vivo. Berlín es el museo judío más grande pero no el único. Meister cuenta que en Dorsten se va a ampliar la casa existente, en Halberstadt pronto se inaugurá un museo local y en Munich se decidió construir uno.

Monumento Pretencioso y Genial

El costo del edificio del Museo fue de 120 millones de marcos que equivalen a 61,3 millones de euros. Sobre su arquitectura hay notorias discrepancias, a pesar de que el arquitecto norteamericano-israelí Daniel Liebeskind ganó el concurso en buena ley. Para Dieter Opitz en la Berliner Morgenpost el edificio es genial mientras Gideon Samet en Haaretz lo califica de "monumento pretencioso".

Respecto al contenido del Museo tampoco faltan las críticas. Por ejemplo, Alan Posener y Hannes Stein escriben en Die Welt: "En el Museo Judío hay una especie de torre del Holocausto. Esta es una habitación con paredes muy altas, con paredes desnudas al final de un corredor largo y algo sombrío. El visitante entra, luego cae detrás suyo con un sonido melodramático una pesada puerta de metal. Al parecer, cuando el Museo todavía estaba vacío, hubo gente que quedó impresionada y comenzó a llorar. En realidad todo esto tiene algo de extravagante y hasta infantil: jugamos al Holocausto."

A juicio de los articulistas, quienes proyectaron la exposición tuvieron dos propósitos: en primer lugar, no exigir un esfuerzo mental demasiado importante a los visitantes; en segundo lugar, debían narrar historias."De este modo, escriben, los visitantes pueden seguir en vivo como se arma una hoja del Talmud en una superficie de vidrio iluminado en la que van apareciendo letras hebreas. En una jaula de metal se exhiben películas de video sobre el Judío Süss Oppenheimer. En un momento se pensó en sentar a un actor que haga de Judío Süss en esa jaula. Felizmente se abandonó la idea. Por lo pronto, no llegó a concretarse la temida posibilidad de que la exposición habría de transformarse en una especie de Disneylandia de la historia judía alemana".

Por supuesto, uno de los mayores entusiastas del Museo es el padre de la criatura: el arquitecto Daniel Liebeskind. En un artículo publicado en Neewsweek como complemento de un extenso reportaje sobre la Berlín renovada, dice Liebeskind: "Yo siempre creí que el Museo Judío debía ser no sólo expresión de su turbulento pasado sino también de su futuro imprevisible. De hecho, después de la guerra el futuro de Alemania estuvo radicado en su disposición a enfrentar el pasado y asumir la responsabilidad por él. Yo diseñé el Museo alrededor de una serie de ‘vacíos’ físicos, espacios abiertos desprovistos de luz o de una forma regular, representando el silencio dejado por el Holocausto. Pero también pretendí celebrar las alturas alcanzadas por la cultura judía-alemana antes de la guerra. Yo quise que los visitantes pudieran apreciar la singularidad de esta historia, no como algo abstracto y teórico, sino como algo vivo y vigente, con hondas raíces tanto físicas como espirituales. …"Casi medio millón de habitantes visitó el Museo Judío cuando éste aún estaba vacío y no había ni artefactos ni exposiciones. Ellos vinieron para reafirmar su esperanza de que era posible exhibir el pasado a la luz del futuro y el futuro a la luz del pasado. El Museo Judío representa la lucha para que la gente no sólo conozca a los berlineses más famosos, los Einstein, Liebermann, Schoenberg, Benjamin, Lang., Mendelssohn o Wilder, sino también todos esos berlineses desconocidos que están hondamente ligados a la identidad de esta ciudad. Creo que el nuevo Museo Judío en Berlín brindará el marco para que el público se familiarice con una cultura judía, que a pesar de los trágicos acontecimientos del pasado, sigue teniendo un lugar especial en la capital de Alemania. Es un símbolo de esperanza."

Antisionismo, la solucion "honorable"

En la prensa alemana el acontecimiento sirvió para volver una vez más al análisis del tema más general de la relación entre judíos y alemanes. Por ejemplo, Michael Neumann, en un artículo titulado sugestivamente "Lo que queríamos olvidar", publicado en el semanario Die Zeit, hace un balance desde el "descubrimiento" alemán del Holocausto a fines de la década del sesenta con la famosa serie televisiva norteamericana hasta la última polémica sobre el libro de Daniel Goldhagen y la discutida proclamación del escritor Martin Walser de su "hartazgo de la culpabilidad alemana", y termina con una nota de cauteloso optimismo: "Berlin no debe convertirse en la capital del arrepentimiento", protestó alguna vez el ex-alcalde Eberhard Diepgen. Pero es y fue la capital en la que vivían 173.000 integrantes de la comunidad judía antes de la guerra. La función del Museo será relatar cómo vivían, pero también como murieron. Asimismo contará la historia de los otros judíos que vivieron durante casi dos mil años entre los cristianos alemanes, la mayor parte del tiempo en condiciones precarias, hasta el crepúsculo final. Las conclusiones que cada visitante pueda extraer de este encuentro con la cultura judeo-alemana definirá el carácter de la así llamada "cultura del recuerdo". En caso de que estimule el interés intelectual y la tolerancia, se ganará mucho más que todo lo que puede lograrse con discursos festivos. El Museo Judío señala un camino tanto para nuestro presente como para nuestro futuro. Su mera existencia, habla bien de ambos."

Mucho más incisivo es Rafael Seligmann en un artículo en la Frankfurter Rundschau titulado: "El cráneo alemán y su ojo judío". En un pasaje clave escribe: "El conflicto entre el inconsciente y la actitud racional tiene consecuencias absurdas. Si bien un 40% de los alemanes tiene prejuicios anti-judíos (lo que está dentro del promedio europeo), el antisemitismo es un tabú después de Auschwitz. Aunque casi la mitad de la población opina que los judíos tienen demasiado poder, de que se aprovechan indebidamente de las reparaciones, etc. nadie admite ser antisemita. Nadie quiere colocarse en el mismo nivel de Eichmann y sus carniceros. Pero hay una solución "honorable": el antisionismo alemán. Si bien a los alemanes los palestinos no les intreresan más que los indios, los habitantes de Timor o los hutus, el indignarse por los soldados israelíes que disparan contra niños árabes es una forma de minimizar la culpa alemana. Los sionistas, es decir los judíos de hoy, hacen presuntamente a los palestinos lo mismo que la generación de los padres y los abuelos hizo a los judíos de su tiempo.

"Aquí estamos en el centro del trauma judío de los alemanes. El alma nacional alemana busca desesperadamente barrer el recuerdo colectivo del genocidio bajo la alfombra, pero este intento está condenado a fracasar. La salida es una aceptación parcial del judaísmo tal cual existe hoy."

Pero todas estas reflexiones en las que sin duda hay una buena dosis de verdad, no desmienten el hecho concreto de que la apertura del Museo Judío coincide con una realidad sociológica indiscutible: la alemana es hoy la comunidad judía de más rápido crecimiento en la diáspora.

En un artículo publicado en el Washington Post el 10 de setiembre, el día siguiente a la apertura del Museo, Peter Finn escribía en un artículo titulado "Renacimiento judío en Alemania":

"Una ola de inmigración de la ex Unión Soviética ha triplicado el número de judíos en Alemania en 10 años. En 1990 había 29.000 judíos en Alemania Occidental y 370 en Alemania Oriental, en comparación con 500.000 en 1933, el año en que los nazis llegaron al poder. Hoy, el Consejo Central de los Judíos en la Alemania reunificada tiene 90.000 miembros ; otros 60.000 ex-judíos soviéticos y sus familiares no-judíos llegados junto con ellos no están registrados en la comunidad. Se están construyendo sinagogas en todo el país, incluso en la ex ciudades de Alemania del Este, Chemnitz, Dresden y Leipzig."

Es una paradoja más de las muchas que jalonan la historia del pueblo judío.

Bibliografía

Tomado de Hagshama E-zine  



Algunas evaluaciones hechas por los miembros de Jinuj.net:

Autor Fecha del mensaje

****- edunelxeeg 5/7/2007 3:48 PM
De jovn en mi trabajo tuve un jefe alemn que haba luchado en la II Guerra. En la ciudad vea a ciudadanos judos de edad avanzada que tenan tatuado en la parte interior del brazo unos nmeros. Este jefe alemn me indicaba que ellos eran sobrevivientes de algn campo de concentracin. Tena sentimientos encontrados. Leyendo mi Biblia, llegu a leer el libro de Lamentaciones escrito por el profeta Jeremas. Cuantas coincidencias encontraba de aquellos trgicos eventos que narra el libro con lo ocurrido en el Holocausto de la II Guerra. Pero, pienso que lo ocurrido en los das del profeta Jeremas fue por la decisin de Dios; en cambio lo ocurrido en el Holocauso de la II Guerra fue por la voluntad del enemigo de Dios para oscurecer ms an el camino del arrepentimiento. Hasta qu punto necesita la humanidad de que se le muestre cosas materiales para creer que algo pas, y no llegar a conocerlas a travs del propio discernimiento, como es la lectura del libro de Lamentaciones, por ejemplo. No lo s.
Gracias por darme la oportunidad de expresar mi opinin

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