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Antisemitismo, lacra social

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Aportado por: Aizik
Fecha de creación: 2001-11-27 13:31:37
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Antisemitismo lacra social

Introduccion

Los prejuicios en contra de los distintos grupos humanos son lacras que el hombre ha arrastrado a lo largo de su historia. Este rechazo que se dirige, en la mayoría de los casos, hacia el conjunto de individuos que tiende a comportarse en forma diferente, ha fomentado virulentas formas de discriminación y represión que han desembocado en masacres de enormes proporciones. Las consecuencias de este tipo de prejuicios van más allá de las motivaciones originales ya que, eventualmente, rebasan al grupo discriminado y afectan a la sociedad en su conjunto; tal es el caso de las persecuciones de los curdos en Irak, los baháis en Irán y los sikhs en la India, reflejo de las tensiones sociales que padecen estos países.

En este contexto el prejuicio de grupo más antiguo es, sin duda, el antisemitismo. Desde hace más de dos mil años los judíos han sido perseguidos por infinidad de causas. Han fungido en numerosas ocasiones como chivos expiatorios al ser culpados de las crisis que se viven en determinadas sociedades.

Los movimientos de carácter antisemita representan una afrenta para el pluralismo y la democracia en el mundo. Han logrado anular el sentido de justicia y el ejercicio de los derechos humanos.

El odio hacia los judíos data de siglos atrás, pero el antisemitismo como concepto, surgió en el año de 1879 con el panfleto La Victoria del Judaísmo sobre el Germanismo escrito por el periodista alemán Wilhelm Marr, quien señaló que la cuestión judía no constituía un antagonismo religioso sino racial.

El antisemitismo se origina en el mundo pagano. En la sociedad griega se permitía la libertad de cultos siempre y cuando no se atentara en contra de la legitimidad de sus dioses. Sin embargo, los conceptos judíos del monoteísmo y la igualdad entre los hombres representaban una amenaza para la estabilidad del sistema clasista que imperaba en aquella época.

Más adelante, cuando los romanos asumieron el control sobre Judea en el año 63 a.e.c., reconocieron al judaísmo como una religión lícita, pero la insistencia de los judíos en negar a los dioses del Imperio y en vivir de acuerdo a sus leyes -que los separaban del resto de la población- antagonizó a las autoridades romanas que empezaron a manifestar su rechazo hacia este grupo.

Algunos emperadores, filósofos y pensadores expresaron ideas negativas sobre éstos últimos, como fue el caso de Cornelio Tácito quien afirmaba:

"Los judíos consideran como profano todo lo que para nosotros es sagrado y adoran lo que aborrecemos". (1)

Por su parte, el emperador Calígula acusó a los judíos de ser los enemigos de los dioses; eran los únicos que se empecinaban en negar la divinidad del gobernante y estos mismos judíos insistían en adorar a un Dios cuyo nombre no pronunciaban. (2)

La situación para los judíos se recrudeció cuando en el año 313 e.c. el cristianismo se convirtió en la religión oficial del imperio romano. En la campaña para ganar nuevos adeptos, la Iglesia recién formada utilizó los sermones para desacreditar al judaísmo. Con rapidez se difundió el argumento de que los judíos constituían el pueblo deicida y se condenó a todas las generaciones de judíos a ser portadores de la marca de Caín. Así se creó el estereotipo antisemita basado en la religión, mismo que ha perdurado por más de 16 siglos.

Para el siglo XI, cuando el papa Urbano II inició las Cruzadas, la Iglesia había convertido a la gran mayoría de los habitantes de Europa a su fe. El fervor religioso agitó a las masas con consignas como:

"Debemos ir a combatir contra los enemigos judíos, raza más enemiga de Dios que ninguna otra". (Gilbert de Nogent, cronista) (3)

Fruitolf (4), otro cronista de la época, describió cómo pasaban los cruzados por las ciudades, matando u obligando al bautismo forzado a los judíos. Para el año de 1096 la población enardecida de Europa masacró brutalmente a decenas de miles. El antisemitismo se intensificó a tal grado que a los judíos se les acusó de cometer crímenes rituales. Así se conformó el estereotipo antisemita basado en la superstición.

Este estereotipo adjudicó a los judíos características diabólicas. Se popularizó la imagen del judío sobrenatural que perdía su forma humana y, en las muestras de expresión culturales y artísticas se le representó como un ser viejo y feo. Esto llegó a proyectar al judío como un ser malévolo, ya que en el medievo la apariencia física era considerada como reflejo del alma.

Las falacias que se difundieron durante esta época provocaron que en 1215 el papa Inocencio III ordenara que los judíos llevaran un signo que los diferenciara del resto de la población. Esta disposición se estableció en el IV Concilio de Letrán (art. 67-70):

En las regiones en que los cristianos no se distinguen de los judíos por su vestimenta, los cristianos tuvieron relaciones con los judíos. Con el objeto de que tales enormidades no puedan excusarse en lo futuro, alegando error, se ha decidido que de ahora en adelante los judíos de ambos sexos se distingan de los otros pueblos por su vestimenta.

A los judíos se les expulsó de la sociedad feudal y se les marginó de muchas actividades laborales. Se les prohibió la concesión y posesión de tierras, y tan sólo se les permitió dedicarse a la usura, lo cual provocó el rechazo del resto de la población.

A partir de esta época surgió la imagen del judío usurero y explotador, y así, se creó el estereotipo antisemita basado en nociones económicas.

A pesar de que esas formas de discriminación prevalecieron durante la Edad Media los judíos tenían cierta libertad para profesar su credo. No fue sino hasta 1478 cuando la situación cambió: el papa Sixto IV creó la Inquisición con el objeto de castigar a los herejes.

En 1482, en España, el Gran Inquisidor Tomás de Torquemada ordenó que los herejes debían ser el eliminados. Por su parte, en 1492, los Reyes Católicos firmaron el Edicto de Expulsión de los Judíos de España . Los que pretendían quedarse tenían que convertirse al cristianismo y se establecieron los Tribunales del Santo Oficio con el objeto de investigar la legitimidad de estas conversiones.

Algunos de los judíos fieles a su religión huyeron de España, Portugal y de otros sitios en donde la Inquisición se había establecido.

Los que permanecieron adoptaron fingidamente el cristianismo y recibieron el nombre de criptojudíos. Muchos de ellos murieron en la hoguera al ser descubiertos y acusados de judaizantes.

Más adelante, en el siglo XVIII, los postulados de la revolución francesa promovieron la emancipación legal y social de los judíos, quienes obtuvieron la igualdad de derechos en Europa occidental.

Esta emancipación que por primera vez permitía la integración de los judíos a una sociedad cristiana generó actitudes de hostilidad. En teoría, las ideas de igualdad les permitían ascender en todos los ámbitos de la nación, pero en la práctica provocaron una mayor competencia y fomentaron una actitud de rechazo. Incluso figuras de la Ilustración, como Voltaire, expresaron ideas antisemitas. Esto se evidencia en ciertos pasajes de su Dictionnaire Philosophique, en donde 30 de los 118 artículos versan sobre los judíos y casi siempre los describe en forma negativa. Tal es el caso del siguiente inciso:

"Judíos: son un pueblo completamente ignorante y bárbaro en el que hace tiempo coinciden la avaricia más sórdida, la más detestable superstición y un odio insuperable hacia todos los pueblos que los toleran y les permiten enriquecerse" (Dictionnaire Philosophique de Voltaire, 1769, edición de J. Benda-R. Naves 1936).

A mitad del siglo XIX la Europa occidental sufrió una gran transformación al entrar en la era de la Revolución Industrial. Las estructuras tradicionales se vieron seriamente afectadas y se produjeron cambios demográficos y sociales; crecieron las ciudades, se debilitó la religión y la clase media perdió la posición que había obtenido. Era éste un clima propicio para que los sentimientos antisemitas latentes por tantos siglos en la sociedad europea afloraran con toda su fuerza. No fue la primera vez ni sería la última en que se manifestaría este patrón de conducta. De esta manera se señalaba a una minoría plenamente identificada como responsable de los momentos difíciles que se vivían.

Fue en estas circunstancias cuando surgió en Francia una de las manifestaciones más dramáticas del antisemitismo moderno. Alfred Dreyfus, oficial del ejército francés, fue acusado injustamente de vender secretos de Estado a los alemanes simplemente por el hecho de ser judío.

Destacados intelectuales como Emile Zolá reconocieron en estas difamaciones un acto vergonzoso para el pueblo francés que se dejó arrastrar por corrientes discriminatorias. En su famosa carta titulada Yo Acuso, Zolá denunció al gobierno y al pueblo francés por lo que consideraba un crimen contra la humanidad.

Para los antisemitas de principios de siglo XX, el judaísmo era todo aquello que se oponía a la conservación de las jerarquías sociales. Las nuevas corrientes fueron acumulando muchas visiones negativas del judío y el odio latente encontró por fin el terreno fértil para su evolución en Adolfo Hitler, quien pretextando la pureza racial planeó exterminar a los judíos. Encontró eco entre decenas de miles de seguidores.

Hoy en día, el antisemitismo ha adquirido una nueva vertiente: el antisionismo. Con esta bandera se niega a los judíos el derecho a su autodeterminación y a poseer su propio Estado. Al sionismo, movimiento de liberación del pueblo judío, se le ha asociado con las corrientes políticas más retrógradas como el colonialismo y el racismo.

El antisemitismo es un fenómeno acumulativo que se ha alimentado de las hostilidades generadas por las circunstancias propias de cada época. A su vez, ha tenido la enorme capacidad de transformarse para satisfacer las necesidades catárticas de sociedades en crisis.

Este documento pretende explicar los orígenes y el desarrollo de los distintos estereotipos del antisemitismo y mostrar los fundamentos que contradicen estos infundios.

Estereotipo Religioso

Acusación: Los judíos crucificaron a Jesús

Los hechos:

En el año 63 a.e.c., los romanos asumieron el control sobre Judea e impusieron su gobierno a través del terror. Los judíos sufrían los malos tratos de las autoridades del Imperio y se veían obligados a pagar altos impuestos. Estas condiciones provocaban constantes sublevaciones por parte del pueblo subyugado, que creía en los predicadores que vaticinaban la inminente llegada del Mesías que los liberaría del gobierno tirano.

Entre estos hombres destacó la figura de Jesús perteneciente a la secta judía de los esenios. Su prédica fue recibida por los romanos como un llamado a la rebelión, por lo que Poncio Pilatos -Procurador de Judea- ordenó que Jesús fuera arrestado por el delito de sedición, y que con objeto de evitar una sublevación, fuera crucificado.

Ya que en Judea reinaba un clima de insurrección (y cualquier motivo sería suficiente para provocar un levantamiento) los romanos consideraron que los hechos concernientes a la crucifixión de Jesús no debían presentarse de manera exacta sino mixtificada. Decidieron mostrar a Pilatos como un ser débil e inocente y adjudicaron el asesinato al Sanhedrín, tribunal judío.

Con la institucionalización del cristianismo la tesis de los judíos deicidas se difundió con rapidez. La Iglesia se basó en la acusación de que los judíos crucificaron a Jesús con el fin de marginarlos del resto de la población que empezaba a acoger al cristianismo como la "Religión verdadera". Sobre ellos-aducían- había caído una maldición que se transmitiría de generación en generación. Fue así como se utilizó este argumento para legitimar la tortura y la muerte de los judíos por más de dieciséis siglos.

El odio a los judíos se convirtió en un dogma inculcado a través del catecismo.

El 28 de octubre de 1965, durante el Segundo Concilio Vaticano a través de la Declaración "Nostra Aetate", se reconsideraron las posturas teológicas medievales referentes a la muerte de Jesús.

También se hacía un llamado a mejorar y a intensificar las relaciones entre los judíos y cristianos. Esto se expresa en la Declaración de la siguiente manera:

"Aunque las autoridades de los judíos con sus seguidores reclamaron la muerte de Jesús no se puede culpar de lo que sucedió durante su pasión a todos los judíos que entonces vivían ni a los de hoy. Además, la Iglesia deplora los odios, persecuciones y manifestaciones de antisemitismo de cualquier tiempo y persona contra los judíos".

Desde entonces las relaciones judeo-cristianas en el mundo han adquirido un impulso significativo que se ha traducido en un diálogo constante y permanente basado en puntos comunes entre ambas religiones.

Estereotipo Supersticioso

Acusación: 1. Los judíos tienen cola y cuernos, y un olor especial. Son acompañantes e intermediarios del diablo.

Los hechos:

Para evitar que las masas se convirtieran al judaísmo, la Iglesia medieval estableció la imagen del judío antinatural y misterioso como la encarnación del diablo. Millones de cristianos en Europa asimilaron con rapidez esa idea, ya que carecían de elementos para comprobar la veracidad de lo que las autoridades eclesiásticas afirmaban: no tenían contacto con el pueblo judío.

Este estereotipo se relaciona íntimamente con el religioso debido a que al personificar al judío como el Anticristo, era más fácil creer que éste era el culpable directo de la muerte de Jesús.

En la Edad Media las condiciones de vida de la mayoría de la población eran muy precarias por lo que la religión cristiana constituía el único medio de consuelo. Como consecuencia, el hecho de que los judíos persistieran en sus creencias religiosas provocó el resentimiento generalizado.

Acusación: 2. Los judíos asesinan niños cristianos para beber su sangre en los rituales de la pascua judía.

Los hechos:

El más antiguo cargo de asesinato ritual se sitúa en la época helénica, con los escritos de Demócrito, quien alegaba que cada siete años los judíos capturaban extranjeros y los llevaban al templo de Jerusalem para sacrificarlos.

Esta acusación permaneció latente y surgió espontáneamente en 1144 en Norwich, Inglaterra, cuando se encontró en un bosque el cuerpo de un joven y corrió el rumor de que había sido asesinado por los judíos. No obstante, como no hubo evidencias para comprobar el crimen, ningún judío fue juzgado. Las autoridades no dieron crédito a la queja y se esforzaron por proteger a los judíos.

A pesar de que la acusación no tuvo consecuencias inmediatas, la propagación del mito y sus efectos a largo plazo fueron devastadores. En el siglo XIII la calumnia se extendió como mancha de aceite provocando la muerte de miles de judíos. Ante la gravedad de la situación, el emperador alemán Federico II asignó a una comisión de altos dignatarios la tarea de establecer los orígenes de la acusación. Después de una larga investigación la comisión dictaminó que no había nada en las Escrituras hebreas que hablara de que los judíos estuvieran ávidos de sangre, sino que por el contrario sus leyes prohibían estrictamente dicho uso:

"Estatuto perpetuo será dentro de vuestras generaciones en todas vuestras moradas, que no habéis de comer ni sebo ni sangre. (Levítico 3:17).

Como respuesta, en 1236 el Emperador promulgó su Bula de Oro con la que intentó liberar a los judíos de tan terrible acusación.

En 1247 el papa Inocencio III también apoyó estos esfuerzos a través de una bula, pero todo fue en vano. Los casos de asesinato ritual sustituyeron gradualmente a las cruzadas como pretexto de exterminios masivos.

Para el siglo XIV la acusación se transformó. Se alegaba que los judíos necesitaban asesinar a un niño cristiano inocente con el fin de incorporar su sangre -que tenía propiedades mágicas- al pan ázimo que consumían durante su Pascua. El mito se perpetuó durante siglos y cientos de miles de judíos fueron enjuiciados, torturados y masacrados por supuestos crímenes rituales.

A partir del siglo XVII, estos cargos contra los judíos se difundirían por Europa oriental, principalmente en Polonia y Lituania, en donde conforme se deterioraba la situación aumentaban los casos. El libelo se asociaba con la antigua creencia de la capacidad medicinal de la sangre y las supuestas cualidades hechiceras de los judíos.

En el siglo XIX los sentimientos antijudíos transformados en el antisemitismo moderno incorporaron el libelo de sangre con el fin de incitar a las masas contra las minorías judías. Tal fue el caso del Libelo de Damasco (1840) en el que se difundió el rumor de que un sacerdote franciscano había sido mutilado por los judíos para satisfacer sus necesidades rituales.

En Rusia, particularmente, factores medievales y modernos se combinaron para dar pie al surgimiento periódico de este tipo de acusaciones, que culminaron con el "Caso Beilis" en 1911. En esta ocasión, en una cueva cercana a Kiev, se descubrió el cuerpo mutilado de un muchacho de 12 años. De nuevo, a pesar de no contar con ninguna prueba, un humilde superintendente judío, Menajem Beilis, fue culpado. El caso atrajo la atención internacional. Pensadores y liberales defendieron su inocencia y tras un largo proceso Beilis fue liberado.

Los nazis también utilizaron este libelo como parte de su estrategia antisemita. El 1º de mayo de 1934, dedicaron la edición completa del diario Der Stürmer al cargo de asesinato ritual judío y semanalmente incluían ilustraciones alusivas al tema.

Con la llegada del antisemitismo europeo al Medio Oriente durante la primera mitad del siglo XX las acusaciones antijudías se dispersaron en este región. Entre 1969-70 el libelo fue diseminado por algunos sectores árabes, como fue el caso del rey Faisal de Arabia Saudita quien aseguraba que los judíos celebraban anualmente su Pascua asesinando a un no judío y consumiendo su sangre.

Acusación: 3. Los judíos son culpables de la peste negra porque envenenan los ríos y los pozos.

Los hechos:

Esta creencia tuvo sus orígenes entre 1348 y 1349 cuando la población europea se vio diezmada por la peste negra.

Posiblemente por la dieta que seguían los judíos fueron los menos afectados. Como se carecía de conocimientos de bacteriología, se pretendía explicar su tasa más elevada de sobrevivencia con base en una "complicidad con el diablo".

Acusación: 4. Los judíos profanan las hostias.

Los hechos:

La primera acusación formal de profanación de la hostia tuvo lugar en Berlín en 1243. Para fines del siglo XIII el libelo se había generalizado y adquirió proporciones desmesuradas. El último caso serio se presentó en l510, pero aún en 1836 persistían las acusaciones en Rumania.

Durante el IV Concilio Laterano en 1215 Inocencio III reconoció oficialmente la doctrina de la Transubstansiación como dogma de fe obligatorio para todo cristiano. Según esta teoría el cuerpo y la sangre de Jesús se encuentran presentes físicamente en la hostia y el vino por lo que se les adjudicaron poderes milagrosos.

Surgieron rumores de que supuestamente los judíos veían en la hostia un elemento que favorecía la repetición simbólica de la crucifixión. Se acusó a los judíos de robarse las hostias de las iglesias y posteriormente, a través de un acto demoniaco, de mutilar, perforar y quemar la hostia utilizando así métodos crueles para rememorar la muerte de Jesús.

Pruebas contundentes permitieron demostrar que los judíos, al no creer en el carácter divino de la figura de Jesús, no consideraban a la hostia como un elemento milagroso ni pretendieron dañarlo. Sin embargo, a pesar de la falta de fundamentos, las masas se sublevaron quemando sinagogas y masacrando a cientos de judíos.

Estereotipo Económico

Acusación: Los judíos son usureros y explotadores

Los hechos:

Durante varios siglos los judíos que vivían bajo el dominio del imperio romano gozaban de los mismos derechos que otros ciudadanos. Sin embargo, cuando se adoptó el cristianismo como religión oficial, los judíos comenzaron a perder lo que por ley les pertenecía. Se les prohibió poseer y cultivar tierras, ser artesanos u ocupar cargos administrativos. La única alternativa disponible para ellos fue la de dedicarse al comercio que no era considerado una actividad importante.

Para el siglo X las ciudades habían crecido y la navegación facilitaba el intercambio. Gracias a esto el comercio se convirtió en una práctica conveniente y los cristianos quisieron participar del nuevo auge económico. Venecianos y bizantinos, entre otros, ingresaron en la actividad comercial.

Para eliminar la competencia judía y que así sus adeptos pudieran obtener beneficios del comercio, la Iglesia prohibió que los judíos se dedicaran a esta actividad. De esta manera las puertas del comercio se cerraron para ellos.

En la Edad Media, la Iglesia manejaba la economía y el dinero era considerado como maldito por su asociación con el dominio de lo material. Fue por esto que en 1179 el papa Alejandro III publicó un decreto en el que establecía que los cristianos no debían prestar dinero con intereses por considerarse un sacrilegio. Como a los judíos se les consideraba no creyentes esta disposición no se aplicó a ellos. Para vivir en las ciudades medievales, por carecer de derechos ciudadanos, los judíos requerían del permiso de los señores feudales, quienes sólo se los concedían a cambio de ciertos servicios como el de recolectar los impuestos o actuar como intermediarios en los préstamos. Como consecuencia, entre la población se generó un intenso resentimiento hacia los judíos.

De este modo algunos judíos se convirtieron en prestamistas ya que era una de las pocas actividades que se les permitía llevar a cabo. Considerando que la gente que acudía a un prestamista era porque tenía mucha necesidad, los judíos fueron vistos como seres malvados que se aprovechaban de la desgracia ajena.

Además, los únicos usureros que se conocían públicamente eran judíos, ya que los cristianos corrían el riesgo de ser excomulgados de acuerdo con el Concilio de Viena de 1311, por lo que operaban en secreto para no ser castigados.

A pesar de las estipulaciones de la Iglesia proliferaron los usureros cristianos quienes eventualmente fueron aceptados por la sociedad. La imagen del judío usurero, en cambio, pasó a ser un simple estereotipo negativo.

En 1378, el autor florentino Giovanni Fiorentine afianzó el estereotipo del despiadado acreedor judío. Dos siglos después Shakespeare inspirado por esto y por El Judío de Malta de Christopher Marlowe crea el personaje de Shylock, el judío usurero que presenta en el Mercader de Venecia.

Años después, los Estados recién creados tuvieron que buscar fuentes para cubrir sus necesidades administrativas y burocráticas.

Como el sistema feudal había caído, la población emigró a las ciudades por lo que la posesión y el cultivo de la tierra dejaron de ser importantes. Así se dio pie a un gran auge comercial en que se permitía la libre participación de todos, inclusive la de judíos.

El incipiente capitalismo creó agudas tensiones sociales ya que la brecha entre los que tenían y los desposeídos se hizo cada vez más honda. En este contexto, la imagen del judío fue asociada con la burguesía y los nuevos ricos, y se generaron hostilidades por las condiciones de injusticia social. Las autoridades frecuentemente atribuían a los judíos las constantes crisis que se vivían, lo que intensificó los sentimientos antisemitas.

El estereotipo del judío rico resulta ser una simplificación de la realidad, puesto que en diversas regiones del mundo existe y ha existido un numeroso proletariado judío.

Como todo grupo humano los judíos no constituyen un ente monolítico, por lo que aplicarles criterios unidimensionales resulta a todas luces injustificable.

Estereotipo Racial

Acusación: Los judíos son una raza inferior

Los hechos:

Las bases ideológicas del antisemitismo nazi que se desencadenó en el siglo XX se remontan a Martín Lutero quien, en 1542, publicó un libelo titulado "Contra los Judíos y sus Mentiras", en donde los acusa de ser usureros, parásitos y ajenos a la nación germana:

"En verdad, los judíos siendo extranjeros, no deberían poseer nada y lo que posen debería ser nuestro. Sin embargo tienen nuestro dinero y nuestros bienes, y se han convertido en nuestros dueños en nuestro país, en donde quiera que se hallen".

A la vez, Lutero propuso una serie de medidas punitivas contra los judíos que incluían el quemar sus sinagogas, confiscar sus libros y expulsarlos de sus tierras.

Siglos después, Johann Fichte (1793) (5) afirmó que era necesario expulsar a los judíos del territorio alemán:

"Sólo hay un medio para protegernos contra los judíos, reconquistar la tierra prometida y enviarlos todos allí.

Incluso llegó a proponer la decapitación colectiva de todos los judíos, actitud que se puede relacionar con la "Solución Final" que Hitler trató de implementar posteriormente.

También a fines del siglo XVIII, el conde Arthur de Gobineau propuso la Teoría de la Supremacia de la Raza Blanca, que establecía que la mezcla de la raza germana pura con otras inferiores producía la decadencia de la civilización.

A mediados del siglo XIX el compositor Richard Wagner escribió un libro en el que difamaba a los judíos, afirmando que eran incapaces de componer música aria, además de ser individuos que contaminaban el ideal de esta raza. En una carta que envió al rey Luis II de Bavaria, Wagner dijo:

"Yo considero a la raza judía como el enemigo nato del hombre puro y de todo lo noble que hay en él. Y especialmente nosotros, los alemanes, nos hundiremos a causa de ellos, es cosa segura".

Posteriormente, Houston S. Chamberlain habló de la hegemonía nórdica. Publicó el libro Los Fundamentos del Siglo XIX en donde aseguró que los germanos eran los verdaderos creadores del destino de la humanidad. Para él, "los judíos son maestros de la intolerancia, del fanatismo de la religión y del asesinato por religión, y apelan a la paciencia cuando se sienten muy oprimidos".

A finales del siglo XIX, Friedrich Nietzche propuso su teoría del super-hombre que se encuentra por encima de la moralidad, misma que sirvió para afianzar los conceptos sobre el ideal germano.

La ideología nazi retomó las teorías anteriores para afirmar que los judíos eran por naturaleza una raza inferior cuya composición genética determinaba permanentemente sus escasas posibilidades.

El estereotipo racial afirma que la judía es una raza decadente y que no puede cambiar ya que esta decandencia es parte inherente a su ser sin importar la identidad que asuma. De acuerdo con estas ideas, ni la conversión ni la asimilación podrían cambiar al judío. Había que exterminarlo.

Estereotipo Político

Acusación: El sionismo es una forma de racismo.

Los hechos:

El antisemitismo ha adoptado diversas formas de acuerdo con la época de que se trate. En la Edad Media, a los judíos se les perseguía por su religión y se les ofrecía la igualdad de derechos si se convertían a otro credo. En el siglo XIX los judíos eran culpados de la crisis económica y social del momento, y en el siglo XX fueron torturados y asesinados por ser supuestamente una raza inferior.

Aún antes del Holocausto los antisemitas expresaban abiertamente su odio al judío. Sin embargo, al finalizar la segunda guerra mundial, cuando se hicieron públicos los crímenes nazis, los antisemitas quedaron seriamente desacreditados y el término adquirió una connotación negativa.

Fue entonces cuando surgió el antisionismo que es una versión modificada del antisemitismo. Sus defensores arguyen que implica la oposición al sionismo y a una nación judía, mas no a los judíos.

Con la creación del Estado de Israel en 1948 y el rechazo a la existencia de un Estado independiente, el antisionismo adquirió proporciones importantes. Los antisionistas se justificaron diciendo que el sionismo es un movimiento político y que el judaísmo es una religión, por lo que se puede negar su derecho a la autodeterminación sin odiar a los judíos.

El sionismo como movimiento de liberación nacional del pueblo judío, nació en 1879 como una respuesta política a las persecuciones y a la dispersión en la que habían vivido los judíos durante tantos siglos.

En 1964 con la creación de la Organización para la Liberación de Palestina, y a partir de la década de los setentas, los países árabes y el bloque soviético iniciaron una intensa campaña para difamar al sionismo, asociándolo con la agresión, el colonialismo y el racismo.

Esto influyó para que la comunidad internacional adoptara la resolución 3379 el diez de noviembre de 1975 en la ONU, misma que afirma que el "sionismo es una forma de racismo y de discriminación racial".

Los principales promotores del antisionismo, que incluyen a las facciones más radicales dentro del mundo árabe y del bloque soviético trataron de lograr el consenso de que los judíos no tienen derecho a la autodeterminación y que por lo tanto tiene que desaparecer el Estado de Israel.

Los antisionistas producen mensajes y diversos tipos de literatura que son consumidos tanto por organismos de extrema derecha como de extrema izquierda. De esta manera, con el paso del tiempo, se han ido borrando las sutiles diferencias entre antisemitismo y antisionismo.

A través de fuertes campañas propagandísticas los antisionistas han logrado que el sionismo sea visto negativamente y que se asocie con la discriminación, el autoritarismo, el apartheid y los regímenes totalitarios. El antisionismo es una técnica que sirve para calumniar a los judíos. Es una adopción de la terminología de los Protocolos de los Sabios de Sión para decir al mundo que Israel pretende dominarlo.

Para los antisionistas, el sionismo es un asesinato político y el Estado judío es el causante de los problemas internos y externos de los árabes. De esta manera, hoy en día, Israel es el chivo expiatorio de los males que sufre el mundo, tal y como lo fueron los judíos en otras épocas.

Hoy en día, a la luz de las profundas transformaciones estructurales e ideológicas que experimenta el mundo, se ha iniciado una campaña para anular la resolución de las Naciones Unidas que equipara el sionismo con el racismo a la que se han unido algunos países como la URSS que en 1975 votaron por su adopción.

Antisemitismo Árabe

Los fundamentos del antisemitismo árabe se sitúan en el siglo VII e.c. cuando Mahoma -según cuenta el Corán- tuvo un encuentro con Dios y dio origen al Islam. La primera comunidad musulmana se estableció en Medina, sitio en donde existía una considerable población judía. A través del constante contacto, Mahoma recibió influencia del judaísmo; por ejemplo, los árabes rezaban en dirección a Jerusalem, que es la ciudad sagrada para los judíos. Celebraban el ayuno de Yom Kipur y observaban las restricciones dietéticas judías, además de practicar la circuncisión.

Mahoma se veía a sí mismo como un Moisés y adoptó la idea monoteista de los judíos. Al considerarse como el más grande profeta pensó que los judíos reconocerían su persona y se convertirían al Islam. Cuando los judíos rechazaron sus ideas decidió luchar contra ellos y nunca los perdonó. Jerusalem fue substituida por la Meca como centro espiritual y en el Corán plasmó su violenta reacción contra el pueblo judío.

"La religión, ante Dios, consiste en el Islam. Aquellos a los que se les dio el Libro no han discrepado sino después de que les vino la sabiduría, por iniquidad mutua. Quien no cree en Alá será castigado". (17/109)

"¡Oh, los que creéis! No toméis a los judíos y cristianos como amigos: los unos son amigos de los otros. Quien de entre vosotros los tome por amigos será uno de ellos. Dios no conduce a la gente injusta". (56/51).

El Corán fue considerado la palabra de Dios y se utilizó como base del antisemitismo árabe ya que el mensaje de Mahoma representaba la culminación de los profetas anteriores. De aquí surgió un sentimiento de superioridad con respecto a las otras religiones. Los musulmanes consideraban que los judíos eran ciudadanos de segunda clase, tolerados o dhimmis a los que se les aplicaron impuestos especiales y restricciones de otro tipo.

A pesar de que los judíos eran seres inferiores para los musulmanes tenían la libertad de practicar su culto. Como los judíos no representaban un desafío para la supremacía árabe, no fueron torturados ni expulsados pero exceptuando la época de la España Mora, vivieron denigrados.

Las ideas antisemitas que durante siglos se engendraron en Europa fueron transferibles a los árabes a raíz de las conquistas en la zona y lograron que la actitud negativa hacia los judíos se convirtiera en una intensa hostilidad.

Más tarde, el Mundo Musulmán se rebeló ante el colonialismo europeo y se crearon los Estados Arabes. Cuando se fundó el Estado de Israel en 1948, los árabes se negaron a que un país no musulmán, considerado como dhimmi, viviera entre ellos.

La conjunción de las ideas cristianas antisemitistas de Europa con el odio al joven país judío y los sentimientos de superioridad árabe dio pie al antisemitismo árabe actual. Algunos líderes árabes colaboraron y mantuvieron estrechos lazos con los nazis. Tal es el caso de Haj Amín el Hussein, Mufti de Jerusalem, quien se alió con Hitler y ayudó a asesinar a muchos judíos en Israel.

La simpatía hacia los nazis continuó aún después de terminada la segunda guerra mundial. En 1956, por ejemplo, el periódico "Al Mahar" de Damasco afirmaba: "No debemos olvidar que en contraste con Europa, Hitler ocupó un lugar de honor en el mundo árabe". Por otra parte, en la década de los cincuentas Gamal A. Nasser reclutó a varios nazis para colaborar con él.

Muchos países del Medio Oriente como Siria, Egipto, etc., sirvieron de refugio a líderes nazis que escaparon de Alemania al finalizar la guerra.

La desaprobación árabe a la creación del Estado de Israel se ha hecho evidente a través de la difusión de literatura antisemita y de los constantes ataques terroristas a diversos objetivos judíos en todo el mundo.

A partir de 1948, cientos de miles de judíos radicados en los países árabes tuvieron que emigrar. Actualmente, las comunidades judías en la mayoría de los Estados Arabes han virtualmente desaparecido y los pocos que quedan son reprimidos, sufren todo tipo de vejaciones y fungen como rehenes políticos.

Los Protocolos de los Sabios de Sión:

La primera versión de Los Protocolos de los Sabios de Sión se publicó en Rusia en 1905 en un diario antisemita. La obra contenía las supuestas actas del Congreso Sionista de Basilea de 1897 en donde se establecieron los "planes secretos de los líderes judíos para dominar el mundo".

En 1921 Phillip Graves, corresponsal del London Times, demostró que Los Protocolos de los Sabios de Sión eran falsos, que estaban basados en los trabajos de Maurice Joly, un abogado francés que en 1865 publicó un libro que pretendía desacreditar al Segundo Imperio de Napoleón III a través de un diálogo entre Montesquieu y Maquiavelo, motivo por el cual fue encarcelado.

El texto de Joly no tenía relación con los judíos. Fue copiado por Sergei Nilus, un terrateniente que, habiendo perdido toda su fortuna en Francia, regresó a su natal Rusia y permaneció en diversos monasterios.

En 1900 Nilus escribió un libro muy bien acogido en el que relataba cómo se transformó en creyente. Gracias a esta obra llegó a convertirse en confesor de los Zares.

Nilus adoptó la obra de Joly para culpar a los judíos de los males que aquejaban al pueblo agregando, además, que la revolución rusa era una obra inspirada y dirigida por éstos últimos.

A pesar de que se ha demostrado que Los Protocolos de los Sabios de Sión son un fraude éste ha tenido una extraordinaria difusión, ya que existen diversas versiones en varios idiomas que circulan por todo el mundo. Los argumentos que utilizan los Protocolos de los Sabios de Sión han sido empleados constantemente para fomentar el antisemitismo en Rusia antes y después de la Revolución. También tuvieron amplia difusión en la Alemania nazi y hasta nuestros días siguen ejerciendo su perniciosa influencia en diversos sectores de la opinión pública internacional.

En 1990 fueron prohibidos en el panorama editorial de Francia a raíz de la ola antisemita que cimbró a esa nación.

Se ha comprobado que, en realidad, las actas del Congreso de Basilea sólo contienen las propuestas judías para asentar su hogar en Palestina. Sin embargo, en la actualidad, este documento forma parte de la literatura antisemita clásica distribuida tanto por grupos de extrema derecha como de izquierda. Incluso algunos líderes árabes como Muamar Khadaffy lo regalan a sus visitantes en un supuesto afán de explicar las causas del conflicto árabe-israelí.

NOTAS BIBLIOGRAFICAS

1 ) Prager & Telushkin. Why the Jews? P.P. 29

2) Prager & Tewshkin. Ibidem P.P. 87

3) Poliakov, León. Historia del Antisemitismo. P.P. 56

4) Poliakov, León. Ibídem P.P. 65

5) Poliakov, León. El Siglo de las Luces P.P. 181

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Algunas evaluaciones hechas por los miembros de Jinuj.net:

Autor Fecha del mensaje

***** normg. 31/8/2006 8:06 PM
Espero comprendan mi punto de vista, califiquenme como deseen, mis ancestros fueron obligados a separarse de sus raices, hoy dia trato de reparar en lo posible ese error (Horror), quien puede entender el odio, el antisemitismo, yo no, nunca e podido encontrar una razon verdadera, no la hay simple y llanamente, aquellos que lo promueven se desvirtuan a si mismos momento a momento, se valen de la ignorancia, del ser inculto, o temores que no tienen asidero, donde vivo es tranquilo, pacifico realmente, pero el antisemitismo, no escapa, aqui tambien se critica a la gente, se le margina, es una lastima, a su vez se contradicen, mas no deseo hacer mas largo esto.
Gracias.

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