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Judaismo en la Ex URSS

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Aportado por: Aizik
Fecha de creación: 2001-08-27 16:31:19
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El Judaismo en la Ex-URSS: Comunidades en Transición

A finales de 1991 la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas dejó de existir para ser reemplazada por estados independientes. El proceso de transformar el antiguo sistema comunista en un nuevo orden basado en la economía de mercado generó múltiples conflictos tanto sociales como políticos y étnicos. A lo largo del territorio de la exURSS resurgió el nacionalismo, el fervor religioso, el extremismo y la nostalgia por el pasado.

El colapso de esta estructura dio pie a que un movimiento antisemita cobrara nuevos bríos. Los elementos conservadores adjudican, hoy en día, a los judíos la responsabilidad de una situación política caótica y del deterioro económico. Los comunistas, quienes desean reestablecer el control y eliminar a los reformadores liberares, utilizan el antisemitismo como una herramienta útil en su campaña. Los nacionalistas radicales, que creen en los principios de la ortodoxia y la autocracia, acusan a los "judíos-sionistas" de ser los responsables de "todas las tribulaciones del pueblo ruso" en los últimos 76 años.

Así el resurgimiento de la intolerancia, la xenofobia, el nacionalismo extremo han conllevado la intensificación de conflictos de toda índoles y de una tensión social generalizada. A pesar de estos factores en las repúblicas de la exURSS se experimenta un renacimiento cultural y religioso sin precedente en la historia del judaísmo en esa zona.

Historia

La tradición y las leyendas indican que los primeros judíos arribaron a esta región con las Diez Tribus Perdidas en 721 a.e.c. o a raíz del exilio babilónico en 586 a.e.c. Existe evidencia que se remonta al período helénico de la presencia de importantes colonias hebreas en aquella época, mismas que se fortalecieron con la inmigración de judíos provenientes del Imperio Bizantino.

Durante los siglos posteriores las comunidades judías fueron objeto de manifestaciones de xenofobia por parte de la sociedad y del gobierno rusos, como el resto de las minorías que eran marginadas al ser consideradas herejes y enemigos del Estado. La Iglesia Rusa Ortodoxa fue un bastión de poder estatal bajo los zares y como tal propagó el estereotipo del judío deicida. Por años, a lo largo de todo el territorio, se promulgaron diversos decretos prohibiendo la entrada de los mercaderes judíos y ordenando la expulsión de las comunidades hebreas. En 1795 Catalina la Grande publicó un edicto confinando la presencia judía al "Palio de Residencia", o sea, a los territorios polacos anexados, excluyéndolos así del resto del Imperio Ruso.

En 1815 Rusia concluyó la anexión de la zona oriental de Polonia y más de 1,200,000 judíos quedaron bajo el régimen zarista. Las autoridades entonces decidieron resolver el "problema judío" a través de la asimilación o la expulsión. Se promulgó un "estatuto judío" por medio del cual se permitía su ingreso a las escuelas rusas y se autorizaba el establecimiento de sus propios colegios con la condición de que impartieran las lecciones en ruso, alemán o polaco. A la vez se prohibió su residencia en las ciudades y se les concedió el permiso de dedicarse a la agricultura.

En 1822 comenzó la expulsión sistemática de los judíos de las ciudades rusas y bajo Nicolás I (1825-55), reconocido por su crueldad, se intensificó la represión y la coerción. En 1827 los jóvenes judíos, desde los 12 años, fueron obligados a inscribirse en el sistema militar en condiciones infrahumanas. Los miembros de las comunidades judías fueron divididos en dos categorías: útiles (comerciantes, agricultores, artesanos) y no útiles (clases humildes).

Alejandro II (1855-1881) inició importantes reformas en toda Rusia. Adoptó una política menos rígida hacia los judíos y les otorgó ciertos derechos entre los que se incluía el de residencia. Bajo esta nueva atmósfera los judíos comenzaron a participar en la vida intelectual, económica y cultural del país, alcanzando destacadas posiciones.

Mil ochocientos ochenta y uno fue un año decisivo para los judíos rusos. El zar fue asesinado y la confusión se generalizó. Los revolucionarios invitaban al pueblo a rebelarse y las autoridades culparon a los judíos de los problemas. El antisemitismo alcanzó niveles nunca antes conocidos. Se organizaron violentos ataques en los que murieron miles de judíos. El pogrom -término derivado del verbo ruso progromit, que significa romper, atacar, conquistar- simbolizó para los judíos el humillante recordatorio de que eran considerados parias, extranjeros temidos y odiados. Bajo la administración del nuevo zar, Alejandro III, se estableció que la "explotación judía" constituía el origen de los pogroms y como resultado se decretaron en 1882 las "Leyes Temporales de Mayo" que prohibían a los judíos establecerse en las ciudades, especificaban las zonas de residencia y limitaban su ingreso a las instituciones educativas.

En 1891 se inició la expulsión sistemática de los judíos de Moscú y las medidas administrativas adoptadas superaron la violencia de los pogroms. La prensa orquestó una campaña de propaganda antisemita y dicha política continuó con Nicolás II (1894-1918). De hecho en 1903 se publicó la primera versión del clásico antisemita “Los Protocolos de los Sabios de Sión”, documento que afirma la supuesta existencia de un gobierno judío secreto que a través de una red universal de instituciones y organismos tiene bajo su dominio a partidos políticos, gobiernos, medios de comunicación, economía y opinión pública en general. Dicho libelo fue difundido masivamente por la policía zarista para provocar el encono popular contra los judíos.

Los pogroms continuaron y para 1905, al promulgarse la Constitución, la policía y el ejército abiertamente apoyaban y protegían a las turbas asesinas. La violencia, las medidas restrictivas y la presión administrativa dio pie a que se organizara una masiva inmigración a Estados Unidos en la que cerca de dos millones de judíos abandonaron Rusia.

Los primeros meses de la revolución bolchevique de 1917 ofrecieron nueva esperanza a los judíos. En teoría la Constitución Soviética reconocía los derechos de las distintas minorías y garantizaba sus tradiciones, lenguaje, historia y cultura. Pero en la práctica las prerrogativas de los judíos nunca fueron salvaguardadas. Desde 1919 los escritores, líderes religiosos e intelectuales de origen judío fueron encarcelados y asesinados y a partir de 1928 se prohibió toda publicación de libros en hebreo y las actividades de los grupos sionistas fueron declaradas ilegales.

No obstante las doctrinas socialistas ejercieron una enorme influencia entre las masas de judíos reprimidos. Con la aspiración de constituir una sociedad progresista y libre, intelectuales judíos rompieron vínculos con la vida comunitaria y se unieron al movimiento comunista, convencidos de que el antisemitismo era producto del capitalismo y que desaparecería en la nueva sociedad. Sin embargo el apoyo judío al nuevo régimen no redujo el antisemitismo y la hostilidad fue aún mayor cuando un creciente número de judíos ocupó puestos importantes en la administración pública

Entre 1941 y 1945 cerca de 500,000 judíos lucharon con el ejército soviético en contra de los nazis. Alrededor de 200,000 murieron, 60,000 fueron condecorados y miles se unieron a los partisanos rusos en la batalla. No obstante el sentimiento antisemita nunca desapareció y en noviembre de 1944, poco después de que las tropas soviéticas fueran liberadas, se llevó a cabo un pogrom en Kiev.

La ambivalencia por parte de las autoridades soviéticas hacia la minoría judía se patentiza en dos hechos cercanos aparentemente paradójicos. Por un lado en 1947 Andrei Gromyko, jefe de la delegación soviética en las Naciones Unidas, públicamente apoyó el establecimiento de Israel. En su mensaje habló del sufrimiento judío durante la guerra, de los cientos de miles de sobrevivientes que no tenían hogar y de la necesidad de impulsar la partición de Palestina. La URSS avaló el nuevo Estado con el envío directo de armamento y ayuda económica. El interés soviético se centraba en la promoción del debilitamiento británico e imperialista en general y como consecuencia su apoyo al nacionalismo judío en un principio, que pretendía la construcción de un Estado con tendencias socialistas en la zona.

Por el otro lado la participación judía en el gobierno soviético fue limitada durante los 50's. La prensa implementó una virulenta campaña a través de la cual 25 miembros del Comité Antifascista Judío, incluyendo líderes intelectuales, fueron acusados de mantener vínculos con el sionismo y el "imperialismo" americano y fueron ejecutados secretamente en agosto de 1952. Meses después el gobierno anunció el arresto de un grupo de prominentes doctores. en su mayoría judíos, quienes en base a los delirios paranoicos de Joseph Stalin fueron acusados de haber asesinado a líderes rusos.

Las relaciones entre la URSS e Israel no tardaron en deteriorarse en el contexto de la guerra fría, ya que la nación judía no resultó el bastión socialista que se pensaba y se alineó a Occidente. Las autoridades soviéticas rechazaron la inmigración al flamante Estado judío y el apoyo inicial se fue erosionando gradualmente. Entre 1956 y 1963 la URSS adoptó una política abierta de apoyar el rechazo árabe a la existencia de Israel y en junio de 1967, al finalizar la guerra de los Seis Días, la URSS rompió relaciones diplomáticas e inició una campaña propagandística contra el Estado israelí.

En los años posteriores la publicación de artículos antisemitas en la prensa, el cierre de sinagogas, el arresto y la ejecución de individuos por supuestos "crímenes económicos" fueron parte integral de la política antijudía en la URSS. Dicha campaña -sustentada en un antisionismo virulento que condujo al extremo de equiparar al sionismo con el racismo- se difundió al resto del continente y al mundo en su totalidad a través de fuerzas de izquierda y de los satélites soviéticos. La llamada "cortina de hierro" separó a estos judíos del resto del mundo. Aunque participaron activamente en muchas esferas de la sociedad soviética se les impidió cultivar su identidad cultural lo que provocó el despertar de una nueva conciencia que impulsó el estudio del idioma y de la cultura hebreos, fomentando además el anhelo del retorno a la tierra de sus antepasados.

Con el glasnost de Michael Gorbachov en los 80's se dio un renacimiento cultural y se abolieron las restricciones. Fue así que dio inicio una ola migratoria que permitió que para marzo de 1994, 500,000 judíos se estableció en Israel. La nueva política de perestroika y democratización en el seno de la sociedad soviética reprimida pero estable, desató a fuerzas polarizadas. En la mayor parte de la exURSS el antisemitismo clásico sustituido durante el régimen soviético por el antisionismo, nuevamente volvió a levantar cabeza y se mezcló con un nacionalismo revitalizado y el fervor religioso.

Hoy en día las manifestaciones antisemitas son comunes y carecen de control de las autoridades locales o centrales. Una variedad de periódicos y revistas con ideología antisemita se venden en todo el territorio. La propaganda antijudía es parte de la lucha orquestada por los opositores del régimen. Estas fuerzas incluyen a organizaciones políticas y a elementos contrarios a los vientos de cambio que identifican en el antisemitismo un medio para incitar a las masas. Han aumentado considerablemente las actividades de las organizaciones nacionalistas y antisemitas bajo el argumento de la supuesta manipulación judía de la economía y política del país.

A partir de 1990 se registraron más de 120 movimientos extremistas del tipo de Pamyat (que literalmente significa remembranza). Integrados por fanáticos, chauvinistas y antisemitas, estos grupos buscan el retorno al esquema zarista y el restablecimiento de la "Madre Rusia". En el programa del Partido Ruso -el más numeroso- 19 de los 22 puntos básicos se refieren a los judíos. Por su parte las organizaciones ultra nacionalistas representan también una fuerte amenaza para los judíos. Tal es el caso del Partido Democrático Liberal (PLD) de Vladimir Zhirinovsky quien obtuvo en las elecciones de diciembre de 1993, 23.2% de los votos. Su retórica -expansionista, antisemita y antidemocrática- ha alarmado a muchos sectores de la población y de la opinión pública mundial.

El antisemitismo también se encuentra presente en los organismos conservadores, como el Sindicato de Escritores Rusos. A su vez los "neo-Stalinistas", cuyos elementos son parte de las fuerzas armadas y de la policía, se muestran hostiles a los judíos.

Un Mosaico de Realidades

La posición de la minoría judía en la exURSS varía en las distintas repúblicas.

RUSIA. A pesar de que las manifestaciones antisemitas han aumentado son consideradas como hechos marginales. Las condiciones para los judíos -alrededor de un millón- son favorables para el desarrollo de una vida comunitaria. En septiembre de 1991, por ejemplo, en el Instituto de Historia y Archivos de Moscú se inauguró un departamento de "Estudios e Historia Judíos". En ese mismo año se establecieron tres escuelas hebreas en las que se autorizaba la observancia del shabat. Una antigua yeshivá (academia de estudios talmúdicos) confiscada en el verano de 1941 para ser utilizada como hospital militar, fue recuperada por la comunidad. Así mismo, se creó un centro de información y cultura sobre Israel y se publicó el primer ejemplar de Menorá, diario de la comunidad judía de Moscú.

En la ciudad de San Petersburgo, antes Leningrado, la Universidad Judía -clausurada en 1917- fue reabierta y en Kazán el gobierno ha otorgado el reconocimiento a la comunidad hebrea.

UCRANIA. A finales del siglo XIX la población judía que habitaba en esta región se componía de casi dos millones de individuos. En enero de 1918 Ucrania declaró su superación de Rusia para ser reconquistada en 1920 por el Ejército Rojo. En el corto período de vida independiente los judíos gozaron de ciertos derechos políticos. Tras la segunda guerra mundial el antisemitismo se expresó libremente se cerraron sinagogas y se suprimieron todos los aspectos de la vida judía.

Para 1993 la comunidad hebrea en Ucrania contaba con cerca de 750,000 miembros. Las autoridades oficiales se han esforzado por integrar a sus minorías a la nueva república. A pesar de ello la actividad antisemita se ha fortalecido.

BIELORRUSIA. Los primeros pobladores judíos quienes se establecieron en esta zona en el siglo XV, fueron objeto de continuos pogroms y conversiones forzadas y vivieron en condiciones de extrema pobreza. Con el transcurso de los siglos y particularmente a partir de la revolución de 1917 el judaísmo experimentó un desarrollo inusitado. Pero conforme se fue consolidando el régimen soviético nuevas olas de antisemitismo oficial invadieron el país.

A la fecha Bierlorrusia es la república soviética más hostil a esta minoría. Aún así el judaísmo ha florecido y 150,000 judíos tienen la oportunidad de aprender el idioma hebreo y de fomentar la publicación de libros.

MOLDAVIA. En 1991 el gobierno de Mirceau Sneger aprobó la creación de un programa especial para el desarrollo de la cultura judía. No obstante las actividades antisemitas continúan y cerca de 60,000 judíos habitan en este territorio inmersos en una atmósfera tensa.

GEORGIA. Durante su corto período de vida independiente la República de Georgia, establecida en 1918, otorgó a la población judía derechos políticos y le permitió ocupar posiciones destacadas. Actualmente existe una atmósfera amistosa entre las autoridades y la comunidad judía. Sin embargo las condiciones económicas y la guerra civil obstaculizan el desarrollo judío.

LITUANIA. La vida judía en esta zona comenzó a materializarse hasta el siglo XVII cuando se incrementó el establecimiento de escuelas religiosas. El período comprendido entre 1919 y 1922 fue la época dorada del judaísmo lituano, con el otorgamiento de la ciudadanía a esta minoría. Lituania adquirió la reputación de ser "el segundo Israel" por la cantidad de escuelas hebreas en funciones.

A partir de 1923 las condiciones se modificaron y con la invasión nazi una gran parte de la población judía fue masacrada y muchos de los sobrevivientes abandonaron el país. A fines del siglo XX el judaísmo florece nuevamente en Vilna, la "Jerusalem de Europa".

LATVIA. En septiembre de 1990 el Parlamento adoptó una resolución expresando su dolor por la muerte de los 80,000 judíos latvios asesinados durante la segunda guerra mundial y reconociendo la cooperación de sus ciudadanos con las tropas nazis. El judaísmo evoluciona en esta república, particularmente en su capital, Riga, se han creado instituciones para la enseñanza del idioma y la cultura hebreas.

ARMENIA. Los casi 700 judíos que habitan en este país no cuentan con una sinagoga ni un rabino. No obstante existe una historia de buenas relaciones entre la comunidad judeo-armenia y las autoridades y el antisemitismo no es una preocupación real.

AZERBAIJAN. Cerca de 50,000 judíos residen en esta república musulmana. Desde 1917 las escuelas hebreas tradicionales fueron clausuradas y reemplazadas por instituciones gubernamentales. A raíz del desmembramiento de la URSS los judíos de Azerbaijan enfrentan una serie de problemas entre los que destaca el de ser minoría en un país con mayoría musulmana.

UZBEKISTAN. Existe un alto nivel de violencia contra la comunidad judía. El antisemitismo permea todos los niveles de las estructuras gubernamentales y como resultado de las persecuciones muchos judíos han abandonado el país.

KAZAKISTAN. Los integrantes de esta comunidad hebrea, son descendientes de los cantoneses, niños conscriptos al ejército ruso en el siglo XVIII. La mayor parte de los 8,500 judíos residen en la ciudad de Alma Ata, capital del país y cuentan con una pequeña sinagoga y un centro cultural.

El destino de la población judía en esta región dependerá, en gran medida, del grado de estabilidad política, económica y social que se logre. La continua incertidumbre, la tensión, el incremento en el precio de los productos básicos y el deterioro en los niveles de vida se ciernen como una amenaza al endeble proceso de democratización y apertura que se ha iniciado.

El nacionalismo ruso, el populismo, las tendencias antidemocráticas y la intolerancia en general, con el antisemitismo como uno de sus paradigmas, constituyen un peligro potencial para las minorías. El fin del sueño socialista presenta una variedad de posibilidades aún por definirse que significarán la desaparición del judaísmo arraigado en esta zona por más de mil años o su revitalización en el seno de una sociedad pluricultural, democrática y tolerante.

Bibliografía

Tomado de Tribuna Israelita

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Ben-Sasson, H.H.

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Comay, Joan

The Diaspora Story

Steimatzky, Israel, 1988

Encylopaedia Judaica

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Ittelson, Marc

Jewish Life in the Soviet Succesor Repulblics

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