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Aportado por: Aizik
Fecha de creación: 2001-08-21 17:15:15
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UNA PUBLICACION DE Tribuna Israelita

Glasnost y la minoría judeo-soviética: nuevos cauces de expresión

Durante las últimas décadas, y en especial a raíz del rompimiento de relaciones entre la URSS e Israel motivado por el triunfo de éste último en la Guerra de los Seis Días de 1967, la de ya por sí precaria situación de la minoría judía de la URSS sufrió un deterioro aún mayor. La política soviética de emigración se vio restringida y se intensificó la represión local en un afán por borrar todo indicio de identidad judía. Pero, además de la anulación de los lazos soviéticos-israelíes, la tensión desmedida que se vivía entre oriente y occidente afectaba la condición de muchas de las etnias que componen el mosaico de la URSS. El caso particular de los judíos era utilizado como carta negociadora entre las grandes potencias del orbe, y este intento de genocidio cultural representó una de las más serias violaciones a los derechos humanos que se han cometido a lo largo de la historia.

La llegada de Mijael Gorbachov al poder, con sus ideas verdaderamente revolucionarias del glasnost y la perestroika, ha representado el inicio de una era de distensión en el mundo, lo que augura un mayor desarrollo para muchos pueblos incluyendo al soviético. La apertura mostrada hacia el exterior se ha vertido también al interior, y las minorías silenciadas por tantos años, han dado rienda suelta a sus aspiraciones nacionales o a la reafirmación de su identidad cultural.

Evidentemente, estos cambios han encontrado resistencia por parte de los sectores más tradicionalistas y reaccionarios que han visto su ámbito de poder amenazado. Además, las nuevas ideas tardarán en institucionalizarse y en afectar las estructuras y principios del sistema que cuenta con complicados mecanismos para autoperpetuarse.

En lo que respecta a la cuestión judía, a pesar de que se han eliminado algunas de las actitudes discriminatorias, el antisemitismo histórico todavía forma parte de las posturas prevaleciente como lo ha evidenciado el surgimiento del partido Pamyat de franco corte antijudío. Al mismo tiempo, el nuevo acercamiento entre las naciones soviética e israelí todavía deberá recorrer un largo trecho antes de cristalizar en plenas relaciones diplomáticas, no obstante que intercambios de otro tipo se están gestando.

Las autoridades soviéticas, mientras tanto, han dado cabida al renacimiento en el interés por el judaísmo en todas sus vertientes, y comunidades alrededor del mundo, están trabajando conjuntamente con las locales con el fin de crear la infraestructura necesaria para encauzar estas nuevas posibilidades de vida judía en la URSS.

Para comprender en su justa dimensión cuáles son los escollos, tanto históricos como políticos como psicológicos, que interfieren en este esfuerzo por consolidar la identidad judeo-soviética, es necesario remontarnos a las raíces, el origen y el carácter del antisemitismo generalizado que ha existido en esta región del mundo desde muchos siglos atrás, y que está íntimamente entrelazado con las circunstancias específicas de la historia y de la idiosincrasia rusas.

Historia

Aunque ya durante siglos, empezando por el helenísmo, generaciones judías se desarrollaron en esta zona en un clima de incertidumbre caracterizado por períodos tanto de sufrimiento como de bonanza, fue hasta el siglo XVI cuando una ola migratoria a gran escala, proveniente de Polonia y Lituania, sentó los fundamentos de la comunidad judía.

En el principado de Moscú -núcleo del futuro imperio ruso- los judíos, al igual que otros extranjeros, no eran tolerados. Con una marcada actitud xenofóbica se les consideraba herejes y agentes enemigos del estado. No obstante, durante los siguientes dos siglos, los

judíos obtuvieron autorización para establecerse como comerciantes en la zona, a pesar de la existencia de decretos que prohibían su entrada.

En 1742, la zarina Elizabeth Petrovna ordenó la expulsión de los judíos que vivían en su reino y posteriormente, con Catalina II, el senado votó por restablecer la entrada de los judíos. Pero, la hostilidad de la opinión pública hacia este grupo, le impidió revertir la orden. A pesar de esto, algunos judíos entraron a Rusia durante este período y las autoridades no intervinieron. Más aún, extraoficialmente, recibieron el apoyo para establecerse en esos territorios.

La situación cambió diametralmente como consecuencia de las particiones de Polonia y de la anexión de grandes territorios por parte de Rusia. Centenares de miles de judíos que habitaban en Polonia-Lituania fueron puestos bajo daminio de los zares, quienes optaron por aceptarlos como "elemento sospechoso".

El régimen zarista y la tradicional sociedad rusa -que se centraban en el poderío económico de los nobles- consideraron conveniente para sus intereses el dejar de culpar a los terratenientes cristianos de la pobreza del campesino, y a su vez acusar a los judíos de supuestamente ser los causantes de la explotación de las masas y de sus miserables condiciones de vida

La intolerancia religiosa y la tradición cultural comunes a todas las naciones europeas, así como la especificidad de la sociedad rusa que se había mantenido aislada de las corrientes ideológicas derivadas de la Ilustración y del siglo de las Luces nutrieron la animosidad popular hacia los judíos. Esto se expresó con todas sus fuerzas en el primer "Estatuto Judío" proclamado en 1804, a través del cual, se prohibía la residencia de los judíos en las aldeas y su participación en diversas actividades. Se les negaba, además, el acceso a las escuelas rusas.

Su expulsión sistemática comenzó en 1822. Conjuntamente, se inició un intento por convertirlos al cristianismo, prometiéndoles el apoyo gubernamental para su emancipación. Pero, las ilusiones judías se truncaron con el obscuro capítulo que representó el reinado de Nicolás I (1825-55), notorio en la historia rusa por su crueldad. El Zar pensó en solucionar el problema judío a través de un régimen de represión y coerción. En 1827, ordenó el reclutamiento de todos los jóvenes desde los 12 años y por un período de 5 lustros, para el servicio militar. Esta ley provocó una profunda desmoralización entre las comunidades judías de Ucrania y Lituania.

Durante el mandato del zar Alejandro II (1855-81), la presión contra los judíos disminuyó y sintieron que efectivamente se estaban acercando a un movimiento emancipatorio como sus correligionarios en el resto de Europa. Iniciaron así su participación en la vida intelectual y cultural rusa y destacaron en distintas profesiones. Su presencia en ámbitos previamente desconocidos ocasionó una fuerte reacción en la sociedad rusa. Intelectuales y revolucionarios los acusaron de ser un elemento ajeno, con una influencia negativa y poseedores del control económico y cultural.

El año de 1881 fue crucial para la historia de las comunidades judías en Rusia. Los revolucionarios asesinaron al Zar y la confusión reinó. Se generalizaron las revueltas y para protegerse, las autoridades nuevamente encauzaron el odio hacia los judíos por ser los "culpables de las desgracias del pueblo". Se inició una ola de violentas masacres. Turbas desentrenadas asesinaron a miles de judíos ante la indiferencia gubernamental. En mayo de 1882, el zar Alejandro III publicó las Leyes Temporales, por medio de las cuales se restringía, aún más, el derecho de residencia de los judíos.

Nicolás II (1894-1918), último zar, continuó con la misma política. Los pogroms se convirtieron en parte de la vida judía de principios de siglo y es en estas circunstancias cuando surge “Los Protocolos de los Sabios de Sion”, documento antisemita por excelencia, en el que se expresa el mito de la conspiración judía para apoderarse del mundo. Los pogroms se sucedieron uno tras otro y el ejército, en esta ocasión, se sumó a las masas enardecidas. La terrible situación provocó que en muchos judíos surgiera el deseo de emigrar hacia otras naciones en busca de mejores condiciones de vida. Para 1914, dos millones de judíos habían huido de Rusia hacia Estados Unidos y Palestina, principalmente.

Aunque la emigración sirvió como válvula de escape, muchos judíos encontraron una respuesta alterna a la opresión, en el sionismo que surgió a raíz de los múltiples pogroms. Aparecieron grupos como los Amantes de Sión (Ahabat Sion), quienes consideraban a Palestina como el ámbito ideal para la regeneración cultural y económica del pueblo judío. El sionismo transformó la esperanza pasiva del retorno a la tierra santa en una fuerza social que impulsó a la acción a millones de seres que ansiaban lograr la libertad.

Durante el período de la revolución, el gobierno provisional de 1917 abolió todas las restricciones contra los judíos y se les abrieron nuevas oportunidades de desarrollo. Bajo el postulado de una completa integración a la sociedad circundante, participaron en todas las esferas, tanto como ciudadanos de un estado como grupo nacional. El odio hacia el judío que había servido como arma política para los antiguos regímenes, se envestía en un elemento incompatible con los principios revolucionarios.

De este modo los judíos pasaron a desempeñar un papel prominente en la vida del estado ruso, en su sociedad, en su cultura, y aún en la dirección del partido comunista. Figuras como L. Trostsky, L.B. Kamenev y D. Minor, -judíos todos- contribuyeron, en gran medida, a la consecución del logro revolucionario.

Pero conforme se fue debilitando el gobierno provisional y aumentó la anarquía, el antisemitismo resurgió acompañado de nuevas persecuciones. El país se enfrascó en una guerra civil y los judíos fueron aterrorizados y culpados de todos los males soviéticos. Se puso en marcha una violenta campaña contra la instrucción religiosa y contra toda forma de manifestación cultural judía, incluyendo el uso del hebreo. Se desmembraron las organizaciones religiosas judías y para 1919, se disolvieron las comunidades y sus propiedades fueron confiscadas.

Para 1921, las teorías y prácticas del Partido Comunista en el poder, redefinían el destino de las comunidades judías. Como otros partidos, dentro de sus principios el Bolshevik repudiaba el antisemitismo y propugnaba la emancipación de los judíos, entre otras minorías. Pero, en la práctica, la solución soviética a la integración se daría a través de la asimilación y Lenin basado en Marx, afirmó que: "No hay bases para la existencia de una nación judía separada ya que una cultura nacional judía es simplemente el slogan de los enemigos".

Durante la segunda guerra mundial, la situación de los judíos se fue deteriorando. Muchas de las diversas nacionalidades de la URSS decidieron colaborar con Hitler, y a todo lo ancho del territorio, se dejó sentir la influencia de la propaganda antisemita de los nazis. Más aún, el número de judíos salvados por la población soviética durante el Holocausto fue inferior al del resto de Europa occidental.

En un intento por mejorar su imagen ante occidente, Stalin creó el Comité Antifascista dirigido por judíos. Sin embargo, poco después, cuando se reanudó el terror y las purgas violentas, los principales líderes de este organismo fueron asesinados.

Con la muerte de Stalin, en el período de postguerra resurgió la cultura judía, paro el clima se revirtió y la pesadilla se reanudó. El establecimiento del estado de Israel, que en su momento fue apoyado, impulsando el renacimiento de la cultura judía, fue considerado como peligroso porque fortalecía el nacionalismo judío.

Con Nikita Kruschev, en 1960, el ánimo antijudío cobró nueva fuerza y se implementó la política soviética de acelerar el proceso de asimilación. Todas las manifestaciones de la cultura y religión judía fueron suprimidas por su carácter nacional y su vínculo con Israel.

En 1965, la campaña antisemita adquirió un nuevo cariz. Se inició una política antisionista sin precedentes que tuvo gran aceptación a nivel mundial. A raíz de la guerra de 1967, la URSS rompió sus relaciones diplomáticas con Israel y recrudeció su postura anti-sionista. Los soviéticos buscaban mantener su influencia en Medio Oriente a través de los vínculos amistosos con las naciones árabes. En la década de los setentas, con Brezhnev en el poder, el antisemitismo seguía prohibido oficialmente. Sin embargo, la hostilidad antijudía se había instalado a todos los niveles. Este sentimiento impulsó a cientos de miles de judíos a aplicar para obtener la visa para emigrar. Como respuesta, las autoridades pretendieron limitar este movimiento y a la vez, reprimieron todo intento de desarrollo cultural.

Actualidad

Con Gorbachov en el liderazgo, se iniciaron una serie de reformas que prometen nuevas oportunidades pero también representan riesgos latentes para los judíos soviéticos, ya que paradójicamente la apertura conllevó la explicitación de lemas antisemitas tradicionales.

Entre los diversos cambios puestos en marcha destaca la modificación en la política de emigración. En un acto de buena voluntad, el gobierno soviético ha otorgado a los refuseniks, (aquellos que han aplicado para emigrar y su petición ha sido rechazada), y otros aplicantes, un mayor número de permisos para salir. Es el final feliz de una historia de terror para los líderes más destacados del movimiento, cuyos nombres todos conocen: Ida Nudel, Nathan Scharansky y Yosef Begun.

No obstante, aunque en el último año han salido un mayor número de judíos, la política de Gorbachov no puede juzgarse exclusivamente por las estadísticas de emigración. Es necesario cuestionar ¿qué ofrece el glasnost a los judíos que deciden permanecer en la URSS?

A pesar de que aún subsisten barreras para el libre desarrollo de la identidad y cultura judías, se ha iniciado un reconocimiento oficial por parte del gobierno soviético del derecho de los judíos a participar en su herencia nacional. Como muestra, en febrero del presente año, se inauguró el primer centro cultural judío ubicado en el corazón de Moscú

La nueva postura soviética ha motivado que multitud de comunidades judías del resto de la diáspora utilicen todo tipo de recursos para coadyuvar a este renacimiento cultural. En México, particularmente, una delegación oficial de la comunidad judía viajó a la URSS para conocer y estrechar lazos personales con los activistas judíos de Vilna, ciudad que fue considerada la Jerusalem de la diáspora por su efervescencia cultural y espiritual. Así mismo, se pretende ayudar a estas comunidades a restablecer sus sistemas educativos, culturales y religiosos para así permitir la continuidad en la transmisión de los valores y símbolos de la tradición judía, que durante años fuera limitada.

La liberalización del régimen soviético ha creado expectativas en la población de origen judío hacia una posible reconciliación entre el proyecto nacional de la URSS y las demandas específicas de esta minoría, que como muchas otras, durante un largo período vio cancelada la posibilidad de desarrollar una actividad cultural autónoma del poder central.

El reto aún existe. Las autoridades soviéticas se encuentran frente al enorme desafío de demostrar que el glasnost es una realidad permanente y que sus reformas se aplicaran a todos los sectores de su sociedad. Las miradas de occidente están puestas, más que nunca, en esa región del mundo.

Bibliografía

Tomado de Tribuna Israelita

Cohn, Norman

El Mito de los Sabios de Sion

Editorial Candelabro, Buenos Aires, 1982

Anti-semitism in the Soviet Union

Freedom Library Press USA, 1984

La Actitud Soviética frente a la Minoría Judía

Asociación Cultural B'nai B'rith, México, 1971




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